LA MUERTE DE CARLOS FUENTES (y 2)

Carlos Fuentes (1928-2012)

Carlos Fuentes fue, indudablemente, uno de los más prolíficos y brillantes escritores que ha producido Hispanoamérica. Especialmente como periodista, cuentista, columnista de opinión, crítico y novelista, pues a partir de 1954 hasta el día de su muerte había publicado 52 obras, que fueron: Los días enmascarados (1954), que contiene seis narraciones de corte fantástico: Chac Mool que trata de un personaje que se encuentra con el dios maya yucateco; En defensa de la Trigolibia es una sátira mordaz contra la guerra fría; Tlactocatzine, del jardín de Flandes es sobre un hombre que por órdenes de su jefe se muda a una vieja casona donde se encuentra con el fantasma de una anciana; en Letanía de la orquídea Muriel, su protagonista se despierta una mañana con una inexplicable hinchazón en la rabadilla, de la cual brota una orquídea tropical; Por boca de los dioses es un relato surrealista de un hombre que persigue por toda la ciudad a una boca que se ha escapado de un cuadro y lo conduce a un encuentro indeseado con las viejas divinidades aztecas; y El que inventó la pólvora es una historia corta de ciencia ficción enla que Fuentes hace una crítica muy dura al consumismo. Este libro no fue afortunado ni con la crítica ni con las ventas.

Es innegable que amaba a México, su patria, aunque nació en Panamá cuando su padre desempeñaba allá un cargo diplomático allá, Carlos Fuentes siempre expresó duras críticas a su país por la enorme brecha que hay entre la situación burguesa que se vive en las ciudades y la miseria que se vive en el campo, y que la burguesía trata de imitar la forma de vida de los Estados Unidos. La región más transparente (1958) consiste en un relato crítico a la sociedad mexicana que se convierte en un rompecabezas gigantesco de pedazos dispersos, sin orden lógico ni cronológico que desmenuza para convertirse en un ensamblaje desordenado de canciones populares, notas periodísticas, trozos de discursos, anuncios publicitarios y los más variados comentarios acerca de las horas agitadas y violentas que ha vivido el país, y el falso resplandor de la Ciudad de México, llamada “Ciudad de los Palacios”, ante la cruda realidad nacional de los años cincuenta y de varios personajes representativos que pueden ser fácilmente reconocidos, entre ellos un banquero que se hizo millonario a la sombra de la Revolución, con su esposa advenediza que disimula sus orígenes plebeyos, heredera arruinada, etcétera, y todos evolucionan en una ciudad donde –desmintiendo la leyenda y el título del libro, que parece una burla a lo que antes dijo Alfonso Reyes–, la atmósfera está viciada y el sol ahogado. Asimismo, penetra en la atmósfera deprimente de los barrios populares, en el mundo silencioso de los indios que vagan a orillas de los palacios y de los edificios ultra-modernos, en la pajarera charlatana y perfumada de la dolce vita de la ciudad, en el ámbito de los negocios y la especulación, en el México post-revolucionario gobernado por políticos corruptos que no tienen conciencia social y únicamente se interesan en enriquecerse. En el segundo plano aparece, como en La muerte de Artemio Cruz, el subconsciente colectivo, acompañado de exploraciones hacia el pasado por medio del análisis o del sueño. La obra se enriquece con este plano misterioso, donde el pasado precolombino resurge y lanza una luz perturbadora sobre el México contemporáneo. La novela se puebla de seres mágicos  y ambiguos, detrás de los palacios coloniales de la llamada “Ciudad de los Palacios” y de modernos rascacielos que se levantan en las grandes avenidas de la Ciudad de México, se perfilan los templos, los inquietantes palacios precolombinos que renacen de la laguna donde los aztecas fundaron Tenochtitlán cuando vieron sobre una piedra a un águila con una serpiente en el pico, lo cual les había sido profetizado. Esta novela tuvo mucho éxito en las librerías, pero le costó muy caro al autor, porque recibió muchas duras críticas en los medios de comunicación y fue duramente atacado y calificado de “anti nacionalista” y “mal mexicano”, como si se tratase de un linchamiento intelectual, lo cual es sumamente peligroso en un país donde el patriotismo es tan exacerbado. Porque dió la impresión de que se estaba mofando de lo que dijo Alfonso Reyes en su ensayo Visión de Anáhuac: “Viajero: has llegado a la región más transparente del aire”, y de allí la tomó Carlos Fuentes para titular su célebre novela La región más transparente.
Pero en esas difíciles circunstancias recibió el respaldo de amigos muy reconocidos, como los escritores Salvador Novo, que era el Cronista de la Ciudad, José Lezama Lima, el argentino Julio Cortázar y los guatemaltecos Luis Cardoza y Aragón, que era considerado como uno de los más autorizados críticos, y del escritor Miguel Ángel Asturias, quien además le acogió en Buenos Aires, donde residía durante los años sesentas, antes de haber sido embajador en Francia y de recibir el Premio Lenin de la Paz y el Premio Nobel de Literatura, y le apadrinó en el mundo intelectual de Buenos Aires, donde Carlos Fuentes se sintió muy bien durante varios años en esa metrópoli que por entonces era la más moderna de América Latina, y compartiendo en tertulias con la intelectualidad argentina y asistiendo a estupendas librerías como El Ateneo. Y cuando regresó a la Ciudad de México ya no la calificó más como “la región más transparente”, sino como “la región más turbia”. En una entrevista de febrero de 2008 dijo que esa novela “ha resistido el tiempo, lo cual no esperaba. Había muchas voces que decían: “Esto dura un mes y se acabó”, pero no fue así” y con una sonrisa agregó: “¡En cambio, esos críticos están muertos!” .

Carlos Fuentes con el escritor portugués José Saramago

Después publicó una sorprendente cantidad de obras: Las buenas conciencias (1959), La muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962), Cantar de ciegos (1964), Zona sagrada (1967), Cambio de piel (1967), La nueva novela hispanoamericana (1967), El mundo de José Luis Cuevas (1969), Cumpleaños (1969), Todos los gatos son pardos (1970), Casa con dos puertas (1970), Tiempo mexicano (1971), Los reinos imaginarios (1971), El tuerto es rey (1971), Terra Nostra (1975), Cervantes o la Crítica de  la lectura (1976), La cabeza de la Hidra (1978), Una familia lejana (1980), Agua quemada (1981), Orquídeas a la luz de la luna (1982), Gringo Viejo (1985), Cristóbal Nonato (1987), Valiente Mundo Nuevo (1990), La Campaña (1990), Constancia y otras novelas para vírgenes (1990), Ceremonias del alba (1991), El espejo enterrado (1992), Geografía de la novela (1993), El naranjo o los círculos del tiempo (1993), Diana la cazadora solitaria (1994), Nuevo tiempo mexicano (1995), La frontera de cristal (1995), Retratos del tiempo (1998), Los años con Laura Díaz (1999), Los cinco soles de México (2000), Instinto de Inez (2001), En esto creo (2002), La silla del águila (2003), Liceo Nobél Gabriela Mistral (2004), Inquieta compañía (2004), Contra Bush (2004), Todas las familia felices (2006), Cuentos sobrenaturales (2007), Cuentos naturales (2007), La voluntad y la fortuna (2008), Viad (2010), Adán en el edén (2010), La gran novela latinoamericana (2011), Carolina Grau (2011) y El siglo que despierta (2012). Además, se dice que dejó editada otra que se llama Federico en el balcón, que es una especie de diálogo que sostiene con el filósofo alemán Federico Nietzche. Y también se ha dicho que dejó otras dos obras sin publicar.

Junto con Emmanuel Carballo y la valiosa colaboración de Octavio Paz, Carlos Fuentes fundó en 1955 la Revista Mexicana de Literatura, que pretendía ser un foro abierto de expresión para los jóvenes creadores de la época. También fue coeditor de “El espectador” (1959-1961) y, desde 1960, colaborador de las revistas “Siempre!” y “Política”. A los veintiséis años se dio a conocer como escritor con el volumen de cuentos “Los días enmascarados”. Pero su inclinación por las letras era evidente desde mucho antes: a los siete años comenzó una pequeña revista con crayones en que comentaba películas y libros o los acontecimientos de su familia. A los once años dio forma a su primer cuento y en la preparatoria participó en un concurso de literatura cuyo único requisito era someter trabajos anónimos y se llevó los primeros tres premios. “Empecé muy joven. Yo tenía esa vocación muy clara que me inculcó mucho mi padre”, dijo en una entrevista para la Cadena de lectores de la Editorial Alfaguara. Su primer libro notable fue “La región más transparente” que escribió a los veintiseis años de edad.

En 1975 se hizo diplomático durante el período del licenciado Luis Echeverría Alvarez y desempeñó el cargo de embajador de México en Francia. Dijo que lo hacía como “un homenaje” a su padre. Pero dos años más tarde, en 1977, renunció como protesta porque el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, bajo cuyo mandato ocurrió la matanza de estudiantes en Tlatelolco, fue designado embajador en España por el gobierno de José López Portillo y Pacheco. Pero no había tenido empacho en aceptar el cargo cuando era presidente quien había sido Secretario de Gobernación cuando ocurrió la matanza estudiantil en Tlatelolco y se le había señalado de ser uno de los responsables de ese trágico hecho.

Carlos Fuentes saluda en la Ciudad de México, el 10 de julio de 1968, al escritor mexicano Jorge Luis Volpi Escalante, perteneciente a la llamada generación del crack literario, mientras observa su esposa, la periodista Silvia Lemus

Su novela “Gringo viejo” (1985), fue llevada al cine en Hollywood bajo el título de “Old Gringo” (1989) y la protagonizaron Gregory Peck y Jane Fonda. Lo mismo pasó con su novela “La cabeza de la hidra” en 1981 dirigida por el mexicano Paul Leduc bajo el título de “Complot Petróleo: La cabeza de la hidra” con cuyo guión colaboró. Además trabajó en la filmación de la serie televisiva “El espejo enterrado”, que se transmitió en 1992 y sobre cuya base publicó un libro homónimo.

En 1998 editó “Retratos en el tiempo” libro en que expuso sus reflexiones sobre veinticinco personajes seleccionados a partir de fotos que fueron tomadas por su hijo Carlos Fuentes Lemus, entre ellos los escritores Salman Rushdie, Norman Mailer y Juan Goytisolo. Su prolífica obra ha sido reconocida en todo el mundo de habla hispana, y escribió novelas, una ópera, obras de teatro, cuentos, guiones de cine, tratados de política y una biografía, además de innumerables ensayos, columnas de opinión y críticas literarias, aunque no todas sus novelas tuvieron la misma calidad que  otras, es indudable que fue un gran valor de la literatura mexicana e hispanoamericana, por lo que recibió muy altas distinciones, tales como el Premio Rómulo Gallegos (1977), el Premio Cervantes (1987), y en 1994 le entregaron el Premio Príncipe de Asturias, la Medalla Picasso de la UNESCO y el Premio Grinzane Cavour. También recibió  la Legión de Honor del gobierno de Francia en 1992,  el Premio a la Libertad de Expresión de la Fundación Roosevelt en 2006, y en 2008 la Medalla 1808 que concede el gobierno del Distrito Federal de México, mientras que en el 2009 obtuvo la Gran Cruz de Isabel La Católica.
Le concedieron por lo menos quince doctorados Honoris Causa importantes universidades como Harvard, Cambridge y la Nacional Autónoma de México (UNAM) y fue catedrático en casas de altos estudios de Sudamérica, los Estados Unidos y Europa. Fue un gran trabajador en todos los campos de la literatura y su obra, sin ninguna duda, será perdurable.

Carlos Fuentes había sido galardonado con el Premio Rómulo Gallegos en 1977, el Premio Cervantes en 1987, y en le entregaron 1994 el Príncipe de Asturias, la Medalla Picasso de la UNESCO y el Premio Grinzane Cavour. También recibió en 1992 la Legión de Honor del gobierno de Francia, en 2006 el Premio a la Libertad de Expresión de la Fundación Roosevelt, y en 2008 la Medalla 1808 que concede el gobierno del Distrito Federal de México, mientras que en el 2009 obtuvo la Gran Cruz de Isabel La Católica. Cuando visitó la República Dominicana en el año 2010, como invitado especial de la Feria Internacional del Libro, fue investido con el título de Doctor Honoris Causa en Letras por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), y el presidente Leonel Fernández le impuso la Orden Duarte Sánchez y Medalla en el grado de Caballero.

Carlos Fuentes con su bella esposa Silvia Lemus y sus hijos Carlos y Natasha

La vida le dio la gloria literaria a Carlos Fuentes, pero también le causó grandes dolores, como el de perder a sus dos hijos, Carlos y Natasha. Carlos era hemofílico y falleció a los 25 años de edad, y Natasha  aparentemente se suicidó con barbitúricos y murió a los 30, fue encontrada muerta en el barrio marginal de Tepito. Felizmente, tuvo siempre a su lado a la bella periodista Silvia Lemus, su mujer y mejor amiga. Le sobrevive otra hija, Cecilia Fuentes Macedo, nacida en 1962, fruto de su primer matrimonio, con la actriz Rita Macedo.

Silvia Lemus, Carlos Fuentes y su hija Natasha Fuentes Lemus.

La periodista Silvia Lemus y el escritor Carlos Fuentes se casaron en la capital francesa en 1973, donde también nació su hijo Carlos, quien falleció de hemofilia a los 25 años de edad. Después de pasar un año en Estados Unidos, Fuentes regresó a París donde entre 1975 y 1977 desempeñó el cargo de embajador  en Francia, nombrado por el Presidente Luis Echeverría Álvarez. Pero renunció dos años más tarde cuando se enteró que el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz había sido nombrado embajador en España por el gobierno de José López Portillo para reanudar relaciones diplomáticas con ese país, las cuales se rompieron durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas del Río al ser derrocado el gobierno Republicano por el General Francisco Franco.

El autor de “El espejo enterrado” había dicho en Buenos Aires, poco tiempo antes de morir, que tenía lista su tumba en el cementerio de Montparnasse, donde descansan también figuras de la literatura mundial como Julio Cortázar, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Samuel Beckett. “Tengo un monumento muy bonito esperándome”, dijo a la prensa argentina durante su visita para la Feria Internacional del Libro. “Se acerca el momento de ir a ocuparlo”. En las redes sociales circulan imágenes de una lápida blanca con el nombre de Carlos Fuentes y su año de nacimiento (1928), para completarlo con la fecha de su muerte, ocurrida el 15 de mayo del 2012. Debajo aparece el nombre de Silvia Lemus, nacida en 1945, y luego, con los años de nacimiento y muerte, Carlos Fuentes Lemus (1973-1999) y Natasha Fuentes-Lemus (1974-2005).

Carlos Fuentes entre el ex Rector de la UNAM Dr. Ramón de la Fuente y Gabriel García Márquez, su entrañable amigo “Gabo”.

Carlos Fuentes con su entrañable amigo Gabriel (“Gabo”) García Márquez, quien, por cierto, no asistió a ninguno de los actos fúnebres porque se dice que está padeciendo de la enfermedad de Alzheimer.

Carlos Fuentes abraza a Gabriel García Márquez mientras observan sonrientes el presidente Felipe Calderón Hinojosa y su esposa, Margarita Zavala.

En lo político, Carlos Fuentes siempre se manifestó como un severo crítico de los sucesivos regímenes mexicanos, pero fue partidario de los regímenes dictatoriales comunistas, o similares, como cuando expresó su admiración y simpatía por el dictador cubano Fidel Castro, aunque poco tiempo después le hizo algunas críticas. Asimismo, fue partidario de los movimientos subversivos pro comunistas de Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Sin embargo, él siempre se codeaba con la más alta burguesía mexicana e internacional. Y aún con las realezas de España y Gran Bretaña. Es indudable que fue un caso típico de esas personas que piensan con los liberales pero comen con los conservadores.

Carlos Fuentes con el hombre más rico del mundo, Carlos Slim Helú.

Viajó a Nicaragua para ser condecorado por el presidente Daniel Ortega Saavedra

En una oportunidad coincidí con Carlos Fuentes en una cena en la embajada de Italia, junto con el poeta y escritor Octavio Paz, cuando yo desempeñaba el cargo de embajador en México y él acababa de renunciar a la embajada de México en Francia, y se expresó elogiosamente del gobierno sandinista de Daniel Ortega, y nos contó que pronto iba a viajar a Nicaragua para ser condecorado por él, y Octavio Paz, no obstante que en su juventud había sido izquierdista tendiendo a comunista, pero ya se había percatado de la realidad y decepcionado del comunismo y lo rechazaba, comentó que a él no le simpatizaban los sandinistas, pero mucho menos Daniel Ortega porque había traicionado a muchos de los que habían participado con él en el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Y entonces el embajador de Italia, nuestro anfitrión, Francesco Spinelli, que era buen amigo mío, dijo que él no iba a expresar su opinión, pero quería saber la mía. Y yo le respondí que coincidía con la opinión de Octavio Paz. Y Carlos Fuentes se disgustó y me dijo: “¡Claro!, de tí no se podría esperar otra cosa porque eres embajador de los militares anticomunistas de Guatemala”. Y yo simplemente le respondí: “¡Tienes razón! Y supongo que tú dices lo que dices de Ortega para justificar que vas a ser condecorado por él”. Lo cual no la hizo mucha gracia, pero ya no dijo nada más y cambiamos de tema.

Le fascinaba acudir a las librerías a firmar autógrafos a quienes compraban sus obras. Según Jaime Barrios Carrillo, en un excelente artículo publicado en el Suplemento Literario de La Hora del sábado, Carlos Fuentes estuvo en Guatemala en el año 2002, para firmar autógrafos, pero yo no me enteré, porque si lo hubiese sabido me habría gustado mucho acercarme a saludar a la encantadora Silvia Lemus. Pero fue mejor que no me haya enterado.

Carlos Fuentes con la guatemalteca Rigoberta Menchú premio Nobel de la Paz

En ocasión de la dolorosa tragedia ocurrida el 30 de enero de 1980 en las oficinas de la embajada de España, en una recepción en la embajada de Francia se me acercó Carlos Fuentes cuando yo estaba platicando con el Subsecretario de Relaciones Exteriores, licenciado Alfonso de Rosenzweig Díaz y me expresó su “enérgica condena” por lo que había sucedido, y yo le respondí: “¡Qué bueno que coincidimos Carlos! Yo también lo condeno enérgicamente. Y tal vez más que tú, porque en el incendio murieron el ex vice presidente de Guatemala, licenciado Eduardo Cáceres Lehnhoff y el ex Canciller, licenciado Adolfo Molina, así como el secretario de la embajada, Jaime Ruiz del Árbol y los tres eran mis muy queridos amigos“. Entonces se le puso roja la cara y me dijo: “¡Pero el incendio lo causaron los policías de Guatemala con napalm!”. No pude contener la risa y le dije que esa absurda versión la hicieron correr en México y en todo el mundo los elementos subversivos. Entre ellos Rigoberta Menchú, justamente dolida porque su papá murió en la llamada “Operación Subida”. Pero que el incendio lo causaron los cocteles molotov que llevaban quienes participaron en la “Toma pacífica” de la embajada de acuerdo con el embajador español Máximo Cajal y López. Y que a mí no me lo habían contado, como a él, porque lo ví personalmente, parado frente a las oficinas de la embajada de España. Ante lo cual dio media vuelta y se retiró. En otra ocasión me dijo que le gusta mucho venir a Guatemala y sobre todo visitar la Antigua, pero le entristece mucho ver lo miserablemente que viven los indígenas. Entonces yo le pregunté si alguna vez había ido a ver cómo viven los indios tarahumaras o huicholes de México. Con lo cual le tapé la boca.

Carlos Fuentes dictando una conferencia

Quienes han sido mis frecuentes lectores saben que siempre he expresado mi profunda admiración por México y mi simpatía por los mexicanos, entre otras cosas por su comprobado nacionalismo, por su acendrado amor a su patria, entre muchas otras cosas. Pero una de las características que me parecen más admirables de los mexicanos es que saben reconocer los valores que tienen y saben aplaudirles  en vida y rendirles honores cuando mueren. Lo he visto en muchos casos, como cuando fallecieron el “Charro Cantor” Jorge Negrete y Pedro Infante y mi entrañable amigo Mario Moreno “Cantinflas”, y recientemente también a mi querido amigo el actor Julio Alemán. A Carlos Fuentes, tanto el Presidente de la República, licenciado Felipe Calderón Hinojosa, como el Jefe del Gobierno de la Ciudad de México, licenciado Marcelo Ebrard, y el pueblo mexicano en general, le rindieron un tributo póstumo impresionante en el Palacio de Bellas Artes, antes de que sus restos mortales fuesen cremados y las cenizas le fueran entregadas a su viuda, la bella señora Silvia Lemus, para que sean enterrados en el Cementario de Montparnasse, en París, a petición expresa del escritor. El deceso de Fuentes unió a la comunidad política en múltiples reconocimientos, por lo que la Comisión Permanente del Congreso anunció que le rendirá un homenaje post mortem y propondrá que su nombre sea inscrito en letras de oro en el muro del Senado, junto al de otros escritores cuyos nombres ya están grabados, como Octavio Paz.

Numerosa concurrencia acudió al Palacio de Bellas Artes a rendir un homenaje al escritor Carlos Fuentes.

En espera de formar la primera guardia, el Jefe del Gobierno de la ciudad, su bella esposa la ex embajadora hondureña Rosalinda Bueso, y en el otro lado la periodista Silvia Lemus, el presidente Felipe Calderón Hinojosa y su esposa Margarita Zavala.

El presidente Felipe Calderón Hinojosa, acompañado de su esposa, haciendo guardia de honor al féretro de Carlos Fuentes en el homenaje que se le rindió en el Palacio de Bellas Artes. Detrás del presidente está la bella esposa del Jefe del Gobierno de la ciudad, la ex embajadora de Honduras Rosalinda Bueso de Ebrard. Al otro lado la periodista Silvia Lemus.

Otro aspecto de la primera guardia

Una mujer deja unas flores sobre el féretro de Carlos Fuentes

Una persona se arrodilla a llorar ante el féretro de Carlos Fuentes

Silvia Lemus hace guardia y detrás de ella están la señora Margarita Zavala y el Jefe del gobierno de la ciudad Marcelo Ebrard.

Numeroso público llegó a rendir homenaje a Carlos Fuentes

El carro fúnebre aguarda la salida del féretro del Palacio de Bellas Artes

Sacan el féretro del Palacio de Bellas Artes

En lo personal, Carlos Fuentes podía ser muy agradable, un gran conversador, sumamente culto y erudito, con gran sentido del humor, por lo cual tuvo muchos amigos.Pero también podía ser desagradable, altanero e impertinente. Lo puedo decir por experiencias propias. Si bien en algunas oportunidades compartimos algunos buenos momentos, en los que ambos expusimos libremente nuestras opiniones, también hubo ocasiones en las que fue en extremo vanidoso, desagradable, impertinente y agresivo. Pero no se le puede negar que fue un gran valor de la literatura mexicana e Hispanoamericana. Y el gobierno y el pueblo de México lo supieron reconocer para homenajearle.

El cortejo fúnebre saliendo del Palacio de Bellas Artes

El pueblo en las calles saludando al cortejo fúnebre de Carlos Fuentes

El impresionante cortejo fúnebre de Carlos Fuentes recorre el periférico.

Para terminar este largo artículo, que he escrito y publico para rendir un merecido homenaje a Carlos Fuentes por su valor intelectual y literario, reitero que en nuestras vidas hubo mucho en común. Comenzando porque ambos nacimos el 11 de noviembre de 1928. El nació en Panamá, cuando su padre era funcionario de la misión diplomática mexicana en ese país, y yo viví un año en Panamá. Ambos comenzamos a escribir desde muy jóvenes, por influencias de nuestros padres, y aunque yo jamás he publicado ni siquiera un libro, si juntáramos todas las páginas que he escrito durante 62 años de ejercer el periodismo y escribiendo casi todos los días, indudablemente conformaríamos muchos libros. Él vivió en Washington cuando su padre trabajaba en la embajada mexicana y yo vivi allá cuatro años mientras estudiaba en la universidad Georgetown. Él amaba Chile porque pasó allá unos años cuando su papá era funcionario de la embajada mexicana, y yo amo a ese país porque allá nació mi padre y he estado varias veces allá. Él fue embajador de México en Francia y yo fui embajador de Guatemala en México. Él fue un hombre muy enamorado y afortunado en el amor, como lo fui yo. Él se casó con la bella actriz mexicana Rita Macedo, con quien yo tuve un romance. Él vivió varios meses en París con la estrella cinematográfica estadounidense Jean Seberg, con quien yo también tuve un romance en París. Él se enamoró apasionadamente de Arabella Árbenz, para quien le escribió un argumento cinematográfico, y probablemente sostuvieron una relación amorosa, y yo viví con ella en París, en Nueva York y en México durante casi dos años. De hecho, ella dejó París para venirse conmigo a México. Y, finalmente, él se casó con la periodista Silvia Lemus, de quien yo estuve enamorado y sostuvimos un breve romance. Sí, no cabe duda de que tuvimos algunas cosas en común. Pero la principal diferencia es que él fue un prolífico genio literario reconocido mundialmente, y yo he dedicado casi toda mi vida al difícil, incomprendido, peligroso y mal remunerado oficio de periodista, y no creo que mi labor sea reconocida algún día ni siquiera en mi país. Él hizo una fortuna con sus libros y yo siempre he cobrado salarios miserabes. Su muerte mereció la atención meditática mundial y se le rindió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes al que asistieron personalidades como el Presidente de la República y el Jefe del Gobierno de la Ciudad, Él recibió el homenaje del pueblo y el gobierno de su patria, y cuando yo muera quizás ni siquiera será publicada una esquela, ni se me rendirá un homenaje en ningún palacio, ni habrá un velorio, ni un cortejo fúnebre. Y aunque tenemos en común que él ya fue cremado y yo tengo pagado el servicio de cremación cuando muera, sus cenizas van a estar en un monumento en el Cementerio de Montparnasse de París, y mis cenizas serán lanzadas un poco al lago de Atitlán y otro poco sobre una montaña de Guatemala. Pero hay una importante diferencia que me favorece, y es que él ya murió y yo todavía estoy vivo. Quién sabe por cuánto tiempo más.

Ahora, les invito a ver y escuchar la última entrevista que concedió a la periodista Carmen Aristegui de la cadena CNN en español, que se encuentra en este interesante You Tube que tiene una duración de 2 minutos y medio. Tiene 2 minutos y medio de duración.

Imagen de previsualización de YouTube

¡Que descanse en paz el escritor Carlos Fuentes!

Twitter: @jorgepalmieri