Artículo de ayer del Dr. Armando de la Torre

En mi entrega del lunes de la semana pasada, al referirme al brillante artículo titulado Presidente, Crítica y Preocupación, del doctor Luis Enrique Pérez, columnista del matutino Siglo Veintiuno, expresé que en el transcurso de más de 60 años de dedicarme a esta actividad periodística, unas cuantas veces he tenido oportunidad de leer algunos artículos que me habría gustado haber escrito yo, y que ese era uno de ellos. Y hoy tengo el agrado de decir lo mismo por el artículo titulado EL FRACASO DE ÁLVARO COLOM, que publicó ayer en la página de Opinión de Siglo Veintiuno el doctor Armando de la Torre en su acostumbrada columna dominical Mi esquina Socrática. Me impresionó tanto que, inmediatamente después de leerlo detenidamente dos o tres veces, llamé por teléfono a su casa para felicitarle cordialmente y pedirle su autorización para reproducirlo hoy en este blog, para beneficio de quienes todavía no lo hayan leído por algún motivo. Porque considero sinceramente que todos los guatemaltecos deberían leerlo. Autorización que él me concedió.
Espero que después de leer cuidadosamente este artículo tan ecuánime, tan respetuoso, de carácter totalmente doctoral -como acostumbra escribir el prestigiado doctor Armando de la Torre- ni el Presidente Constitucional de la República, ingeniero Álvaro Colom Caballeros, ni su esposa Sandra Torres Casanova de Colom, ni sus numerosos parientes incrustados en la burocracia, ni ninguno de sus colaboradores más serviles, podrán sospechar que el objetivo de este brillante artículo sea contribuir a «desestabilizar» al actual régimen, como es la cantaleta que han venido empleando últimamente contra sus críticos… además de los gratuitos insultos y las ridículas acusaciones de conspirar contra la estabilidad del régimen. Confío en que los antes mencionados allegados al mandatario y a su esposa todavía no han perdido los sentidos de la realidad y de las proporciones y se podrán percatar de que tampoco se trata de denigrarles, ni de desprestigiarles por razones ideológicas, o partidarias. Espero que todavía estén a tiempo para comprender que deben enderezar cuanto antes todo lo que está torcido en este Gobierno si quieren continuar gobernando el país durante los próximos tres años que faltan para que concluya el mandato presidencial.

MI ESQUINA
SOCRÁTICA

EL FRACASO DE ÁLVARO COLOM

Armando de la Torre(*)
adelatorre@sigloxxi.com

En el caso de don Álvaro,
me sorprende más porque
se afanó tres veces
en sucesivas campañas
presidenciales.

En su Gabinete figuran
hombres probos y capaces,
pero no son quienes parecen llevar la
voz cantante.

A un año de su inauguración, otro gobierno fallido, por razones muy parecidas a las de los anteriores.
El común denominador de todos, desde 1986, la improvisación.
En el caso de don Álvaro, me sorprende más porque se afanó tres veces en sucesivas campañas presidenciales, durante las cuales alardeó de tener programa y equipo de gobierno integrados y listos.
No se ha mostrado así. No lo creo mendaz sino más bien un hombre bueno y bien intencionado, pero menos preparado y más débil de carácter de lo que había anticipado. Al fin y al cabo, la mera ingeniería industrial no prepara a nadie para los altos vuelos filosóficos, históricos, económicos y jurídicos que entraña la conducción de los pueblos.
Su insensibilidad, empero, hacia el sufrimiento de todos por los altísimos niveles de inseguridad que sufrimos ?mayores aún que en los peores días de la insurgencia, mucho antes de la firma en 1996 de aquellos embustes solemnes con que nos prometieron ?paz firme y duradera?? me ha dejado de veras atónito.
Su desconocimiento de la importancia capital para una verdadera república de la estricta separación de poderes me asombra y desalienta. Y su indiferencia hacia la oprobiosa impunidad diaria de toda clase de malhechores ?que roza el nivel de la de los tiempos de Portillo?, me es, como a muchos, indignante.
El espacio que inconstitucionalmente ha abierto en la cosa pública a su esposa Sandra se me antoja suprema arbitrariedad, copiada hacia abajo a todo lo largo y ancho del partido UNE, convertido en agencia de empleos para incapaces y aprovechados del erario.
Añade un descarado nepotismo hacia clanes de allegados, los Torres Casanova, por ejemplo, y los Fuentes Mohr.
Sus reacciones hepáticas ante críticas sensatas hasta me han hecho dudar de sus convicciones democráticas, y sus presentaciones orales ?incluidas ante el Congreso? se han evidenciado, tristemente impulsivas, superficiales y caóticas.
Todo ello lo ha intentado disimular con el más deleznable de los recursos políticos: la demagogia, incluso a través de una propaganda oficial que a ratos raya en un culto infantil a su personalidad. Lo cual, sea dicho de paso, transparenta a su vez lo tenue y frágil de su comprensión del mercado y lo corto de su visión de Estado, para rematar.
Su pacto con Joviel Acevedo ?que se tradujo en el aniquilamiento de Pronade?, y su negligencia al dejar al Ministerio de Relaciones Exteriores semiparalizado por falta de fondos son errores imperdonables, lo mismo que sus coqueteos hacia el extranjero con un gran charlatán, otro fracasado, Hugo Chávez.
Su Vicepresidente, cirujano de nota escogido por él, no por su partido, deja ver a cada rato su muy escasa familiaridad con las realidades de un país del que estuvo ausente por décadas.
En su Gabinete figuran hombres probos y capaces, pero no son quienes parecen llevar la voz cantante. Su Ministro de Finanzas, persona decente, no reconoce otro horizonte que el de la burocracia internacional a la que ha pertenecido por años. Por eso también ha terminado por descargar con ligereza sobre los hombros del pueblo, y en plena crisis financiera internacional, un aumento descomunal a un presupuesto de por sí deficitario que, naturalmente, habrá de empobrecer aún más a los más pobres.
El ?remedio? argüido con Mi Familia Progresa (?repartir pescados, no enseñar a pescar?) ha devenido en insulto a la inteligencia de cualquiera medianamente alfabetizado.
Sus bruscos cambios en la jerarquía militar, y en la de su propia seguridad personal, han puesto de manifiesto su insuficiente temple de carácter para tomar decisiones bien meditadas.
Y todo esto, lo que se desprende de tan sólo su primer año de gestión?
¿Zozobrará en los tres que le quedan de mandato esta nuestra barquita chapina, zarandeada por tantos vientos de quiebras económicas y de criminales internacionalmente organizados?
A peores, sin embargo, hemos sobrevivido?
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(*) Doctor en Filosofía

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