Excelente artículo de Luis Enrique Pérez

En el transcurso de más de 60 años que llevo dedicado casi totalmente al periodismo, unas pocas veces he leído algo escrito por otro periodista que me habría gustado haber escrito yo, y ésta es una de ellas. El sábado pasado, el columnista de Siglo Veiuntiuno doctor Luis Enrique Pérez publicó en su habitual columna un excelente artículo que, después de haberle solicitado su autorización, hoy me voy a permitir reproducir para contribuir a que tenga una mayor difusión y para beneficio de quienes aún no lo han leído. Como ustedes van a darse cuenta, con el mismo estilo que acostumbra en todas sus entregas, el culto colega hace honor al nombre genérico de sus columnas ?LOGOS?para explicar pormenorizadamente todas sus conclusiones con filosófico apego a los razonamientos lógicos, porque es un apasionado de la filosofía, la madre de todo conocimiento. Por lo cual siempre le he conceptuado como uno de los más brillantes colaboradores de la prensa escrita y largo tiempo he tenido el privilegio de ser su amigo.
Es tan claro el pensamiento lógico que hay en este artículo que no necesita que se le agregue algo, pero quiero aprovechar esta oportunidad para insistir -por enésima vez- en decir al señor Presidente Constitucional de la República, ingeniero Álvaro Colom Caballeros, y a todos sus colaboradores más importantes y cercanos (en particular a su esposa, la señora Sandra Torres Casanova de Colom), que no deben confundirse creyendo que son soberanos infalibles por el simple hecho de ser los más altos funcionarios públicos, y que hacen mal en siempre rechazar con irritación todo cuanto se les critica. No deben olvidar que los empleados públicos tienen que aceptar su papel de servidores del pueblo y, como tal, no pretender que el pueblo sea quien les debe servir a ellos.
Sin el menor ánimo de menospreciarles, ni -mucho menos- de faltarles al respeto que merecen tanto por los cargos que desempeñan temporalmente, como en lo personal, les recuerdo que nada en esta vida es permanente, sino todo es pasajero, todo pasa, incluyendo el poder que en la actualidad ostentan, el cual les ha sido delegado por el pueblo con facultades limitadas sólo por un período limitado de tiempo, porque en el pueblo radica la soberanía nacional de acuerdo al mandato inapelable de la Constitución de la República que el presidente debe respetar y cumplir en todo lo que haga.
Sin embargo, es lamentable que desde que el ingeniero Colom fue investido con la banda presidencial, el 14 de enero del año pasado, se ha operado un desafortunado cambio en el comportamiento de los susodichos, muy diferente al que tenían cuando el ingeniero Colom todavía era candidato y andaba tratando de conquistar voluntades y votos, pero, en cambio, ahora ya no toleran que se les diga absolutamente nada que no coincida por completo con lo que ellos piensan y hacen, como si fuesen dueños del país y de la verdad. Les irrita tanto todo lo que no les gusta que les digan que en Guatemala se ha vuelto una especie de chiste generalizado que el mayor mal que tenemos es el ?Colom irritable?.
Este desagradable comportamiento del mandatario y su corte es a todas luces políticamente incorrecto y, aunque por ahora él desempeña la función de Presidente Constitucional de la República y Comandante General del Ejército, que le confiere en su artículo 182 la Constitución Política de la República, ésta también establece que ?representa la unidad nacional y deberá velar por los intereses de toda la República?, pero en ninguna parte del texto constitucional dice que el mandatario está autorizado a hacer lo que le da la gana, aunque no le guste a un sector del pueblo, ni tampoco a discriminar y decidir cuáles son las opiniones que valen y cuáles no valen. Quiénes son «gente» y quiénes no lo son.
Me refiero concretamente a esa excesiva y desagradable campaña de propaganda que sus torpes publicistas vienen haciendo con dinero del Estado (vale decir del pueblo), saturando todos los medios de comunicación, particularmente la televisión y la radio, en la que se dice que ?la opinión que vale es la de la gente», para lo cual salen unos infelices compatriotas (indudablemente pagados) a decir por encargo que están felices y contentos con todo lo que dicen y hacen el presidente Colom y su esposa y piden la bendición de Dios para ellos. Y para ajuste agregan que tenemos «un presidente a toda madre», pero hay muchos otros que reaccionan al oírlo diciendo que no tiene madre.
Esto podría resultar una campaña muy arriesgada de propaganda si, para contrarrestarla, patrocinasen otra campaña en contra quienes no comparten ese criterio, que me atrevo a decir que son muchos más que los pocos miembros de los sectores pobre y miserable que se han prestado (o alquilado) para participar en la ya insoportable propaganda oficial. Aunque ya sabemos que esto no sería fácil en este país donde los sectores privados no se comprometen a gastar dinero en esas cosas y cuando se vienen a dar cuenta para tratar de remediar las consecuencias se percatan de que ya es demasiado tarde.
Por cierto que en un reciente anuncio, el «Gobierno de Álvaro Colom» se «solidarizó» con los deudos de las víctimas de la lamentable y dolorosa tragedia ocurrida hace 29 años en las oficinas de la Embajada de España, y el primer nombre que parece en la lista de las 38 víctimas dice Adolfo Molina Cáceres, en vez de Adolfo Molina Orantes, que era el nombre del ex Canciller de la República que, al igual que el ex Vicepresidente Eduardo Cáceres Lehnhoff, cayeron en la vil trampa que les tendió el infame embajador español Máximo Cajal y López al convocarles para que sirviesen de rehenes de los ?invasores pacíficos?(?) a las oficinas de la embajada y, dirigidos por una célula comunista subversiva, entraron a la sede diplomática con el rostro cubierto de pasa montañas y armados de pistolas y cócteles molotov, los cuales fueron la causa del fatal incendio. Me pregunto si la ?solidaridad? del actual gobierno incluye el hecho ilegal de haber invadido esa misión diplomática, aparentemente sin previa autorización, aunque ya es sabido que la acción había sido concertada con el nefasto enviado español durante una visita que les hizo en el Triángulo Ixil, en el departamento de el Quiché y, violando lo claramente lo estipulado en la Convención de Viena, se permitió inmiscuirse indebidamente en los asuntos internos de nuestro país, lo cual produjo muy graves consecuencias, como que les costó la vida a 38 seres humanos que murieron asfixiados por la falta de oxígeno que causó el estallido de las botellas con gasolina. Nada de lo cual habría sucedido si los campesinos, encabezados por el terrateniente Vicente Menchú, uno de los dirigentes del Comité de Unidad Campesina (CUC), brazo armado de las facciones guerrileras y «tata» de la premio Nobel de la Paz (para contrasentido histórico) y dirigidos por una guerrillera comunista estudiante de la facultad de Derecho de la Usac y varios militantes comunistas de la subversión armada, no hubiesen invadido «pacíficamente» y convertido en rehenes a todas las personas que se encontraban en el edificio, comenzando por el propio embajador que era cómplice de la «Operación Subida», el muy estimado ministro consejero Jaime Ruiz del Árbol (quien desde tiempo antes había externado críticas al embajador Cajal por inmiscuirse en los asuntos internos del país), todo el personal administrativo y un visitante, el ex Vicepresidente de la República Cáceres Lehnhoff y el ex Canciller Molina Orantes.
Pero dejemos eso por un lado y les invito a leer muy cuidadosamente el enjundioso artículo de mi estimado amigo y brillante colega Luis Enrique Pérez:
LOGOS

PRESIDENTE, CRÍTICA Y PREOCUPACIÓN
Luis Enrique Pérez (*)
lepereze@sigloxxi.com

>La crítica debe preocuparle
al Presidente de la República,
porque él es falible.

>Preocuparse por la gente
no es una hazaña moral
de la que haya que jactarse.

El presidente Álvaro Colom declaró que no le preocupa la crítica; pero si a algún ciudadano debe preocuparle la crítica, más que a ningún otro, es al Presidente de la República, por dos razones conexas. La primera es que, como cualquier otro ciudadano, él es falible (es decir, puede cometer un error). La segunda es que él posee el mayor poder que confiere el Estado y, por consiguiente, un error de él es un error nacional, cuyo efecto puede ser el infortunio del Estado mismo.
Cualquier crítica debería preocuparle al Presidente de la República; y no debería importarle que quien lo critica sea un adversario político. Tampoco debería importarle el motivo o la intención de quien lo critica. Debería importarle únicamente la pura validez o no validez de la crítica misma, ya para ratificar decisiones, ya para mejorarlas, ya para desistir de ellas, e incrementar la certeza de que las decisiones presidenciales son las más idóneas para el bien del Estado.
El presidente Colom declaró que no le preocupa la crítica sino ?la necesidad de la gente?. Empero, la preocupación por la crítica y la preocupación por la necesidad de la gente no son incompatibles, es decir, no son recíprocamente excluyentes. El presidente Colom puede tener ambas preocupaciones; y si él cree que sólo puede tener una de ellas, entonces carece de un primitivo sentido de la implicación lógica (porque preocuparse por la crítica no implica despreocuparse por la necesidad de la gente). Es una inquietante carencia.
Es evidente que cualquier ciudadano puede preocuparse por la necesidad de la gente. Esa preocupación no es, entonces, una admirable hazaña moral, de la cual pueda jactarse el presidente Colom, y por la cual haya que construirle un faraónico monumento. Y tampoco él fue elegido para preocuparse por la gente como si fuera mesiánico benefactor. Fue elegido para que cumpla las funciones que le adjudica la Constitución Política.
Por ejemplo, su primera función es cumplir las leyes y obligar a que se cumplan. Debe, pues, preocuparle la legalidad; y su preocupación por la necesidad de la gente, en el supuesto de que tiene esa preocupación, debe manifestarse en actos legales. Su segunda función es procurar la defensa y la seguridad del Estado. Debe preocuparle, pues, esa defensa y esa seguridad. Su tercera función es ejercer ?el mando de las fuerzas armadas?. Debe preocuparle, pues, ejercer ese mando. Su cuarta función es ?ejercer el mando de toda la fuerza pública?. Debe preocuparle, pues, ejercer también ese mando.
El presidente Colom, precisamente por ser Presidente de la República, debería ser un ejemplo de ciudadano que admite la crítica, y está dispuesto a corregir errores, y es propenso a tolerar la diversidad de opiniones. Empero, es un ejemplo de hostilidad a la crítica, y de obstinación en decisiones que pueden ser erróneas, y de actitud intolerante. Esa hostilidad, esa obstinación y esa actitud pueden causarle problemas cuya naturaleza y magnitud son impredecibles.
Post scriptum.
El presidente Colom necesita
una urgente mutación psicológica.
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(*) Periodista

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