Viajes de Gulliver y del Dr. Espada

El ingenio popular chapín anda diciendo que el Vicepresidente de la República, doctor Rafael Espada, se presentó inesperadamente en la terminal aérea internacional La Aurora y el director de Aeronáutica Civil, después de saludarle, le preguntó: ?¿Va o viene, doctor??. Es probable que algunas personas no comprendan en qué radica el humor negro de esto, y no me extrañaría que disguste la alusión a una guapa sudamericana entendida en artes marciales japonesas, pero quienes están enterados de lo que acontece en nuestro país saben que alude al constante va y viene de este afamado cirujano cardiovascular transformado en político, quien durante los seis meses que han transcurrido desde que asumió ese cargo se ha mantenido viajando de arriba para abajo, cual si fuese yo-yo. Lo cual se presta a que los mal pensados le agreguen una buena dosis de veneno a la información y digan que el Presidente de la República, ingeniero Álvaro Colom Caballeros, procura que su segundo de a bordo haga todos esos viajes para que no se mantenga aquí dando constantes declaraciones innecesarias e inconvenientes sobre los más diferentes temas, hasta algunos que no le van ni le vienen.
Esto viene a cuento porque el susodicho excelente cirujano cardiovascular y novel aprendiz de político ha viajado esta vez a Santo Domingo, capital de la República Dominicana, país que comparte una isla con Haití. En tiempos pasados esa capital era llamada Ciudad Trujillo, en autohomenaje al sanguinario dictador de origen afrohaitiano Rafael Leónidas Trujillo (1891-1961), alias ?El Chivo?, alrededor de quien el prolífico escritor peruano Vargas Llosa (cuyo primer nombre es Jorge Mario Pedro) escribió la amena e interesante novela ?La Fiesta del Chivo?, que les sugiero leer. El ?generalísimo? Trujillo fue dictador de la República Dominicana en los períodos 1930-1938 y 1942-1952.
La ?justificación? que ha dado el Dr. Espada para hacer este viaje es que va a ver el funcionamiento del Metro que se va a inaugurar en estos días. No creo que él entienda algo sobre transportes colectivos, pero esa ha sido la ?justificación? que ha dado para hacer este viaje acompañado del ministro de Energía y minas, ingeniero Carlos Meany Valerio.
Gulliver y el Dr. Espada
El titulo de este artículo se debe a que se dice que el famoso Gulliver hizo muchos viajes sobre los que se han escrito varias novelas, y es evidente que el doctor Espada es un émulo de él. Ojalá que antes de emprender el viaje a ese país haya tenido el cuidado de consultar la Enciclopedia Wikipedia, de Google de Internet, para enterarse un poco de la historia de ese bello país.
Historia del «generalísimo»
Rafael Leónidas Trujillo Molina fue un hombre de origen sumamente pobre. Nació el 24 de octubre de 1891 en la población de San Cristóbal. Sus padres fueron José Trujillo Valdez, pequeño comerciante descendiente de un sargento español, posiblemente de origen canario, del cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Español que llegó al país en 1861, y de Altagracia Julia Molina Chevalier, hija de Pedro Molina, campesino dominicano, y de Luisa Ercina Chevalier, hija a su vez de un oficial haitiano de los tiempos de la ocupación de 1822. Su abuela Villeta Chevalier también era de origen afro-haitiano.
El 18 de diciembre de 1918 ingresó al Ejercito Dominicano bajo los auspicios de la Infantería de Marina de los Estados Unidos, que en esa época ocupaba el territorio dominicano. Su carrera militar fue brillante. Fue ascendido rápidamente a segundo teniente para lo que prestó juramento el 11 de enero de 1919. Trujillo se convirtió en el teniente número quince de los dieciséis que existían entonces en la Guardia Nacional. Ingresó en el ejército con el propósito de realizar una carrera militar y ascender. Fue recogida una frase que pronunció antes de ingresar a las filas del ejército: ?Voy a entrar en el ejército y no me detendré hasta ser su jefe?, lo que confirma que fue una persona dueña de sí misma, y que sabía lo que hacía. Ascendió rápidamente en la escala jerárquica de la Guardia Nacional, atropellando, en El Seibo, a sus compatriotas que se levantaban contra la intervención.
En 1921 ingresó en una Academia Militar fundada por el Ejército de Ocupación y el 22 de diciembre de ese mismo año fue designado para desempeñar la jefatura de la Guarnición de San Pedro de Macorís. Mientras se encontraba ahí fue ascendido a capitán sin pasar por el grado de primer teniente, algo irregular tomando en cuenta el escalafón militar, pero explicable debido a los «servicios» prestados por Rafael Leónidas a la ocupación estadounidense. Este ascenso fue acompañado por la reorganización de la Guardia Nacional, que se convirtió en la Policía Nacional Dominicana, en la que ocupó muy poco tiempo después el mando de la 10.ª Compañía.
También ahí fue elogiado por sus servicios y en los meses de mayo y agosto de 1923, antes de su nombramiento como Inspector del Primer Distrito Militar, participó como estudiante en la Escuela de Oficiales del Departamento del Norte. En esta época, a pesar de que su formación era militar, comenzaron a manifestarse sus inclinaciones políticas.
Al llegar 1924 fue promovido en forma temporal al mando de la Guarnición del Departamento del Norte, y en septiembre de ese mismo año recibió el nombramiento definitivo, siendo ascendido al rango de Mayor. Mientras estuvo en el ejército fue muy popular y trató de hacer de la policía un ejército nuevo; conservó las enseñanzas recibidas de los militares estadounidenses y aprendió todo lo que pudo, pero muchas cosas las aprendió por sí solo.
Su enseñanza militar lo llevó rápidamente a ocupar puestos de alto mando en la Guardia Nacional transformada en Policía Nacional Dominicana. Con rango de Mayor, dirigió el Departamento Norte de esa institución en 1924. Al triunfar Horacio Vásquez en las elecciones que siguieron a la desocupación de las tropas estadounidenses en 1924, Trujillo recibió la petición de permanecer al frente de la Policía Nacional. El 6 de diciembre de ese mismo año el Presidente Vásquez lo promovió a Teniente Coronel y lo nombró Jefe del Estado Mayor.
Trujillo se divorció entonces de su esposa Aminta Ledesma, que obtuvo la custodia de su hija Flor de Oro y una pensión de 100 pesos mensuales para la manutención de ésta. En 1925 contrae de nuevo matrimonio, esta vez con Bienvenida Ricardo, joven perteneciente a una destacada familia de Monte Cristi, lo que no impidió que continuara con sus amoríos extramaritales. El matrimonio cayó en una severa crisis al enamorarse Trujillo de la que sería su tercera y última esposa, «La Españolita» María Martínez, perteneciente a una familia respetada aunque de baja escala social, con quien procreó dos hijos: Angelita y Radhamés. Ramfis, su hijo mayor, era hijo de María y de la unión con el cubano Rafael Dominicis, amante de ésta antes de casarse con Trujillo.
El 13 de agosto de 1927 Trujillo fue promovido a General de Brigada, cuatro días antes de la formal transformación de la Policía Nacional en Brigada Nacional. «Su constitución subsiguiente como Ejército Nacional, conforme a la Ley número 928, del 17 de mayo de 1928, completó el camino recorrido por Trujillo desde el grado de Segundo Teniente hasta el de General de Brigada y Comandante en Jefe del Ejército Nacional -todo ello en menos de diez años- al tiempo que señalaba su aparición como figura de notorio relieve en el panorama nacional.» (Grassweller)
En la vida política
Después de que Trujillo y su aliado Estrella Ureña dieran el golpe de Estado el 23 de febrero de 1930, procedieron a organizar las elecciones del 16 de mayo. Una de las candidaturas presentaba a Trujillo para presidente y a Estrella Ureña para la vicepresidencia, apoyada por una buena parte de las élites nacionalista, liberal y republicana del país; en tanto que la otra presentaba a Federico Velázquez y a Ángel Morales a la presidencia y vicepresidencia, respectivamente.
La campaña electoral se condujo bajo un clima de terror producido por Trujillo y su banda paramilitar ?La 42?, dirigida por el Mayor del ejército Miguel Ángel Paulino, dedicada a perseguir, intimidar y matar a sus enemigos. Hasta los miembros de la Junta Central Electoral se vieron forzados a renunciar el 7 de mayo, siendo sustituidos por personas que respondían a la voluntad de Trujillo, quien ya era un dictador. Así, el 24 de mayo de 1930 se proclamó presidente de la República a Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Sus negocios
Pronto se apoderó de la mayoría de los siguientes negocios del país:
* Sal. En 1931 se adueñó de la producción y venta de sal. Esto le reportaba unos 400,000 pesos netos anuales.
* Carne, las que le proporcionaban ingresos anuales de unos 500,000 pesos.
* Arroz. Prohibió la importación de arroz y sólo permitió el consumo del arroz criollo que distribuía una de sus tantas empresas personales.
* Central Lechera.
* Compañía Anónima Tabacalera.
* Fábrica Dominicana de Calzados.
* Pinturas Dominicanas.
* Ingenios Porvenir, Ozama, Amistad, Monte Llano, Barahona, Consuelo, Quisqueya, Boca Chica, Las Pajas, Santa Fe, Catarey y Río Haina.
* Seguros San Rafael.
* Licorera La Altagracia.
* Sociedad Industrial Dominicana.
* Refinadora de Aceite de Algodón.
* Molinos Dominicanos.
* Fábrica Dominicana de Cemento.
* Fábrica de Sacos y Cordelería.
* Fábrica de Vidrio.
* Industria Nacional del Papel.
* Atlas Comercial Co.
* Caribbean Motors.
* Compañía Dominicana de Aviación.
* Ferretería Read.
* Periódico La Nación.
* Industria Caobera.
* Aserradero Santelises.
* Naviera Dominicana.
* Industrias Niguas.
En la OEA
El 5 de diciembre de 1952 Trujillo viajó a a Estados Unidos ostentando el rango de embajador plenipotenciario ante la Organización de Estados Americanos (OEA), y permaneció en territorio estadounidense solamente durante 3 meses y 15 días.
Con el dictador Franco
Posteriormente, el día 2 de junio de 1954, a bordo del transatlántico Antillas llegó al puerto de Vigo, en Galicia, para dar inicio a un largo e histórico viaje a España e Italia donde fue recibido con honores militares por una ceremonia encabezada por el ministro de asuntos exteriores de España, Alberto Martín Artajo y otros funcionarios del gobierno español. Al día siguiente viajó por tren a Madrid para ser recibido horas más tarde en la estación del Norte por el generalísimo Francisco Franco, y su esposa Carmen Polo, así como altos funcionarios del gobierno, el cuerpo diplomático y representativos de diversos sectores de la sociedad española.
Desde la estación, Trujillo y Franco se pasearon por las calles de Madrid escoltados por la Guardia Mora hasta ser llevado al lugar donde sería hospedado en el Palacio de la Moncloa.
Franco y Trujillo tenían características similares en sus respectivos gobiernos, las acciones de ambos estaban motivadas por razones parecidas. Ambos, aliados al fascismo en el pasado y héroes anticomunistas en ese momento.
Trujillo con el papa Pío XII
El 15 de junio de 1954 Trujillo llegó al puerto de Nápoles y desde ahí siguió junto a su comitiva a la ciudad del Vaticano donde firma el concordato. El 16 de junio, luego de firmar el concordato, el Papa Pío XII lo recibió en audiencia privada otorgándole la Gran cruz de la Orden Papal donde Trujillo quedó investido como miembro de la Orden del Vaticano. Acompañaron a Trujillo, Joaquin Balaguer, Anselmo Paulino Alvarez, Virgilio Trujillo, Atilano Vicini entre otros.
Los derechos humanos
Tal como expresó el doctor Jesús de Galíndez, un exiliado vasco, profesor universitario y víctima de la tiranía, quien murió asesinado por haber publicado un libro sobre la situación que se vivía en la República Dominicana, la dictadura de Trujillo «no era una tiranía de las del pasado, a la vieja usanza», sino que se sustentaba aparentemente en el cumplimiento de los acuerdos internacionales y las leyes nacionales. No ha de extrañar por qué la República Dominicana suscribió la Conferencia de San Francisco que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas (ONU); igualmente era miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Durante 31 años todos los estamentos del Estado aparentemente funcionaban, sin ningún tipo de «violación». Toda tortura o condena era borrada, negada. Una muerte era encubierta en un accidente o sus supuestos autores encarcelados.
No existió el más mínimo respeto por la vida humana. La única persona que tenía la tranquilidad asegurada era el propio Trujillo y tal vez todos los que tenían su apellido. Más de 30 mil personas perdieron la vida durante su gestión y otros tantos se exiliaron para no sufrir la misma suerte.
Trujillo y Duvalier
El 22 de diciembre de 1958, en la frontera dominico-haitiana entre Jimaní y Mal Pase, Trujillo y el dictador de Haití François (Papa-Doc) Duvalier firmaron un acuerdo de mutua protección. El acuerdo establecía, entre otras cosas, que ninguno de los dos gobiernos permitiría que en sus respectivos territorios hubiesen actividades subversivas en contra de alguno de los dos, ni que los exiliados políticos realizaran propaganda sistemática incitando al empleo de la violencia en contra de sus estados.
Fin de la Era
Cuando John F. Kennedy tomó posesión como Presidente de los Estados Unidos de América, el viernes 20 de enero de 1961, los planes de la CIA para derrocar a Trujillo ya estaban en marcha. A pesar de eso, el Presidente Kennedy envió al diplomático Robert D. Murphy para que se entrevistara con Trujillo y lo convenciera de que se retirase pacíficamente del poder. Murphy llegó a Santo Domingo el sábado 15 de abril de 1961: sería el cuarto y último emisario del gobierno estadounidense que trataba de convencer al dictador de que se retirara por las buenas, pero Trujillo seguía firme en su posición: ?¡A mí sólo me sacan en camilla!.?
Aunque el gobierno de los Estados Unidos inicialmente ofreció su apoyo en armas y logística a quienes buscaban poner fin a la dictadura, luego decidió retirar dicha oferta, lo que causó que los organizadores del golpe siguieran solos; si bien el plan puso fin a la vida de Trujillo, también supuso la muerte horrorosamente sádica de casi todos los involucrados, ya que quedaron solos sin apoyo internacional.
El martes 30 de mayo de 1961, en la carretera de Santo Domingo a San Cristóbal, el automóvil en el que viajaba Trujillo fue ametrallado en una emboscada, habiendo recibido más de 60 impactos de balas de diversos calibres, de los cuales siete dieron en su cuerpo causándole la muerte; su chofer Zacarías de la Cruz recibió también varios impactos, pero no perdió la vida, aunque los ajusticiadores lo dieron por muerto.
Las armas proporcionadas por la CIA habían sido previamente ocultadas por Simon Thomas Stocker, ciudadano estadounidense, contactado por la CIA bajo el nombre código de «Héctor» y residente en la República Dominicana desde 1942. Stocker rehusó la remuneración de la CIA por sus esfuerzos, aduciendo su convicción moral. Las armas fueron ocultadas por más de dos meses, a riesgo personal y de su familia, dentro de un armario pequeño en su estudio, en su residencia privada, recientemente demolida, ubicada en un solar en el lado del sur de la Avenida Independencia, próximo a la avenida principal Máximo Gómez.
Hay opiniones que estiman que dichas armas nunca llegaron a las manos de los organizadores del ajusticiamiento del dictador, debido la supuesta falta de una autorización explícita de la CIA para su entrega. Esta opinión fue implícitamente contradicha por testimonios de viva voz, emitidos por Stocker a familiares y personas de confianza, afirmando que las armas fueron entregadas por él a un nacional dominicano, luego de haberlas ocultado en su propiedad por unos tres meses, según su relato de confirmable veracidad.
Algunos analistas mencionan que el interés de Estados Unidos de acabar con Trujillo se debió a que la represión de su gobierno podría traer una revolución a República Dominicana de forma similar a la Revolución cubana, consecuencia de la represión del dictador derechista cubano general Fulgencio Batista Zaldívar.
Descripción de la muerte de Trujillo
Entraron en acción esa noche: Eric Perez Herrand, Huáscar Tejeda, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert Barrera, Antonio de la Maza, Roberto Pastoriza Neret, Pedro Livio Cedeño Herrera, Amado García Guerrero quienes fueron las personas que avisaron a los demás involucrados en la conspiración, que el dictador saldría esa noche para San Cristóbal, incorporándose todos, momentos antes del atentado.
El primer disparo contra Trujillo, que fue de escopeta, hecho cuando el automóvil que conducía Antonio Imbert y en el cual se encontraban Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá y el teniente Amado García Guerrero, todavía estaba detrás del de Trujillo y no, como según las versiones de tres de los participantes: Antonio Imbert, Huáscar Tejeda y Salvador Estrella Sadhalá, cuando éste estuvo al lado del de Trujillo. Ese primer disparo hirió al dictador. Por otras versiones se sabe que quien lo hizo fue Antonio de la Maza, quien estaba en el asiento delantero derecho del vehículo.
Zacarías le sugirió a Trujillo que huyeran del lugar, pero el dictador insistió en que se parasen a pelear. Salvador Estrella Sadhalá, ya preso, dijo que Trujillo le ordenó: «¡Párate a pelear!».
Desde el vehículo con los cuatro agresores y mientras rebasaban el automóvil del dictador se hicieron varios disparos con un fusil M-1. Algunos pudieron haber impactado a Trujillo. Por otra versión se sabe que quien le disparó fue Amado García Guerrero, que estaba en el asiento trasero derecho.
Al ordenar Trujillo que se detuvieran, el vehículo conducido por Imbert les rebasó y éste luego tuvo que frenar y volverse. Entonces el vehículo de los agresores dobló y bloqueó el lado derecho de la autopista. Zacarías trató de volver su automóvil hacia Ciudad Trujillo, pero no lo hizo pues Trujillo, aunque malherido, optó por bajarse del carro y pelear en la intemperie, sin la protección del interior del vehículo. Eso cuadra con la declaración que hizo en la cárcel Huáscar Tejeda.
La única arma que utilizó Trujillo fue un pequeño revólver 38 de bolsillo.
Zacarías le advirtió a Trujillo que él también había sido herido. Como su vehículo ya se había detenido, pudo disparar con un rifle M-1. El dictador, ya fuera del automóvil, también disparó con su revólver, avanzando 3 ó 4 metros desde el frente de su automóvil, moviéndose al descubierto hacia los vehículos que le atacaban. De pronto cayó de bruces, inerte, presumiblemente muerto.
Ya solo, Zacarías siguió disparando con su M-1 y después con una ametralladora Luger. Vio cuando uno de los agresores avanzó hacia el cuerpo de Trujillo, lo que aprovechó para tirarle y herirle. De los cuatro tripulantes del automóvil de los agresores, tres recibieron heridas leves: Amado García Guerrero, Salvador Estrella Sadhalá y Antonio Imbert.
Al acabársele los tiros a Zacarías, salió del vehículo para buscar una ametralladora que estaba en el asiento de atrás del mismo y entonces fue herido por un tiro en la cabeza y se desmayó. En total recibió nueve impactos. De creerse su versión, los atacantes no lo vieron ni lo remataron cuando se acercaron al vehículo. Eso es improbable, luce más bien que Zacarías se ocultó en la finca que bordeaba la autopista.
Zacarías no cita la llegada del segundo vehículo, manejado por Huáscar Tejeda y donde estaban Pedro Livio Cedeño y Fifí Pastoriza. Debió haberse desmayado antes, por lo que la grave herida que sufrió Pedro Livio entonces fue hecha por uno de sus compañeros. Luis Salvador Estrella, en su libro, probablemente en base a lo narrado por Salvador Estrella la misma noche del 30 de mayo, antes de esconderse, coincide en que el segundo vehículo llegó después de muerto Trujillo y que fue Salvador quien, por error, hirió a Pedro Livio, quien en efecto fue herido con una pistola 38. El único que usó ese arma esa noche fue Salvador.
Esta versión de los hechos difiere en algunos detalles importantes de lo declarado por Antonio Imbert a la prensa y también de lo dicho por Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño, Roberto Pastoriza y Salvador Estrella Sadhalá bajo interrogatorio cuando fueron detenidos y de lo que luego contaron a sus amigos en la cárcel, antes de ser asesinados en noviembre de 1961.
Varias horas después de la muerte del generalísimo, su hijo Rafael Leónidas Trujillo Martínez, Ramfis, quien se encontraba en París, alquiló un avión y regresó a Santo Domingo en las primeras horas del miércoles 31 de mayo, poniéndose de inmedianto al frente de la situación y convirtiéndose en el hombre fuerte del país. El Servicio de Inteligencia Militar, y todos los servicios de seguridad del Estado realizaron amplias redadas en todos los sectores de la ciudad buscando a los participantes en el magnicidio.
Funerales del dictador
El 2 de junio de 1961 se realizaron los funerales del generalísimo en el Palacio Nacional, y miles de personas de todos los estratos sociales desfilaron ante el féretro que contenía los restos, del «hombre que había sido sembrado en sus mentes como su protector y guía, el hombre que, aparentemente, lo podía todo, y ya estaba muerto».
El cortejo fúnebre partió del Palacio Nacional a su pueblo natal, San Cristóbal, para recibir cristiana sepultura en la iglesia de su ciudad natal, como había sido su última voluntad. Luego de la misa de cuerpo presente, donde se le perdonaron los pecados al difunto, el Dr. Joaquín Balaguer procedió a leer el panegírico de lugar. En unas de sus partes dijo: «El momento es pues propicio para que juremos sobre estas reliquias amadas que defenderemos su memoria y que seremos fieles a sus consignas manteniendo la unidad. Querido jefe, hasta luego. Tus hijos espirituales, veteranos de las campañas que libraste durante más de 30 años, miraremos hacia tu sepulcro como un símbolo enhiesto y no omitiremos medios para impedir que se extinga la llama que tú encendiste en los altares de la República y en el alma de todos los dominicanos». Terminadas las ceremonias, su cadáver fue trasladado a un panteón especial debajo del altar mayor de la iglesia que él mismo mandó a construir en vida.
Gobierno de Transición
Después de la muerte de Trujillo el país quedó bajo la dirección del Dr. Joaquín Balaguer, en calidad de Presidente constitucional de la República, y del General Rafael ?Ramfis ?Leónidas Trujillo Martínez, hijo del dictador y Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.
Para observar la situación de los Derechos Humanos y la transición, el de 7 de junio de 1961 llego al país una subcomisión de la OEA presidida por el embajador colombiano Augusto Arango y otros 12 integrantes. Arango se entrevistó con Ramfis y seguidamente Balaguer anunció que habría elecciones libres para 1962 y ofreció garantía a los exiliados políticos para que regresaran al país a iniciar sus actividades políticas.
Después de varios intentos de los familiares de Trujillo por tomar el poder, y del golpe de Estado que derrocó al nuevo Presidente, Joaquín Balaguer, protagonizado por el Comandante de la Fuerza Aérea, General Pedro Rodríguez Echavarria, un Consejo de Estado puso en marcha una apertura política que culminó el 20 de diciembre de 1962 con la celebración de elecciones libres, las primeras en las que los partidos políticos pasaron a representar un papel significativo. Los comicios dieron la victoria al Partido Revolucionario Dominicano, cuyo candidato presidencial, Juan Bosch, obtuvo el 59,5% de los votos escrutados.
Muerte de los ajusticiadores
Del 30 de mayo al 18 de noviembre, más de 19 personas perdieron la vida como consecuencias directas del ajusticiamiento de Trujillo. A excepción de Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barrera, murieron en combate desigual el teniente Amado García Guerrero, el 2 de junio, en la casa de su tía, en la calle San Martín, casi esquina con la calle Leopoldo Navarro.
Entre los sobrevivientes, gestores y de acción del 30 de mayo, viven aún Antonio Imbert Barrera, Miguel Angel Bissié y Manuel de Ovín Filpo. Luis Amiama Tió murió recientemente.
Participación de Trujillo en Guatemala
El generalísimo Trujillo tenía un viejo resentimiento contra el gobierno revolucionario del doctor Juan José Arévalo Bermejo, porque éste era un hombre de firmes convicciones democráticas y en lo personal era amigo del dirigente de izquierda Juan Bosh, enemigo jurado de Trujillo, y contribuyó a que un grupo de osados revolucionarios originarios de varios países, que integraban la Legión del Caribe, entre quienes había algunos políticos dominicanos, identificados como enemigos de la dictadura trujillista, trataran de llevar a cabo una invasión a la isla por el Cayo Confites, pero fracasó el intento y Trujillo juró que Arévalo y todos sus colaboradores se las iban a pagar muy caro.
Cuando el doctor Juan José Arévalo Bermejo cumplió su período y entregó la presidencia al Coronel Jacobo Arbenz Guzmán, también le dejó heredado a su sucesor el juramento de venganza de Trujillo, quien para cumplir su amenaza contribuyó a la invasión a Guatemala que encabezó el coronel Carlos Castillo Armas de las fuerzas de La Liberación compuestas por unos cuantos guatemaltecos anticomunistas y numerosos mercenarios nicaraguenses aportados por el dictador de Nicaragua, General Anastasio Somoza García. Realmente a quienes Trujillo apoyaba por ser anticomunistas y opositores de los regímenes de la Revolución de Octubre, era a los coroneles retirados Roberto Barrios Peña y José Trinidad Oliva, quienes aportaron a la ?liberación? el odio y el apoyo del generalísimo Trujillo.
Pero para obtener ese apoyo se le había prometido al dictador dominicano que una vez instaurado el gobierno del coronel Carlos Castillo Armas se le iba a invitar a venir a Guatemala donde iba a ser recibido con los máximos honores y se le iba a condecorar con la Orden del Quetzal en su máximo grado. Para asegurarse de que le cumplirían esta promesa que le llenaba su inmensa vanidad, Trujillo envió como embajador aGuatemala a un señor de apellido Robirosa y como agregado militar al temible asesino Johnny Abbes García, y cuando estos exigían al gobierno de Castillo Armas que cumpliese la promesa, el ministro de Relaciones Exteriores era el licenciado Jorge Tuna Skinner-Klée, quien aconsejó a Castillo Armas que no lo invitara ni lo condecorara porque iba a tener un resultado contraproducente. Y pocos días después de que se informó de esta decisión al embajador Robirosa, Castillo Armas fue asesinado en un corredor de Casa Presidencial. Y hay quienes aseguran que en el crimen participaron el coronel José Trinidad Oliva y el militar dominicano Johnny Abbes García.
Por cierto que a medio día del mismo día en el que ocurrió ese magnicidio me encontré por casualidad en el Café París de la sexta avenida de la zona 1 con el embajador Robirosa y Abbes García, quienes sabían que yo era opositor a este gobierno y en forma por demás sospechosa me dijeron que no me preocupara porque no iba a durar mucho tiempo, pero que estuviese atento porque esa misma noche iba a ocurrir algo de suma trascendencia, aunque no qusieron adelantarme qué. Pero era fácil darse cuenta de que algo estaban tramando. Para mí que ambos participaron en alguna forma en el magnicidio, o por lo menos ya sabían lo que iba a ocurrir.
Poco tiempo más tarde Johnny Abbes García era agregado militar de la embajada de la República Dominicana en Haití y fue asesinado con toda su familia por los temibles sicarios de Papa Doc Duvalier denominados tonton macutes, porque el dictador haitiano descubrió que el militar dominicano estaba alimentando intenciones golpistas de enemigos de su gobierno.

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