Sería una imperdonable cabronada

A pesar de todo lo que se ha venido argumentando en contra, el Presidente de la República, ingeniero Álvaro Colom, y su comitiva oficial emprendieron el vuelo muy temprano esta mañana en un avión de TACA rumbo a Caracas para firmar con el mandatario venezolano, comandante Hugo Chávez Frías, la adhesión de nuestro país al controversial proyecto denominado Petrocaribe, por el cual nuestro país compraría a Venezuela muchos millones de dólares en derivados del petróleo, a un crédito de 25 años plazo con el módico interés de 1 por ciento y dos años de gracia. La ceremonia tendrá lugar en Maracaibo, el próximo domingo 13.
No quiero decir que por el simple hecho de firmar esta adhesión Guatemala comenzará a comprar a Venezuela millones de dólares en derivados del petróleo, porque antes será indispensable que lo apruebe el pleno del Congreso de la República, y aún hay esperanza en que, a pesar del intenso cabildeo que ha hecho y de los desayunos que ha ofrecido en Casa Presidencial a los diputados de las diferentes bancadas de los partidos políticos, el presidente no logrará obtener los 80 votos que necesita para que sea aprobado. Aunque por los vientos que soplan en el Palacio Legislativo, no me extrañaría que finalmente los consiga.
De ser así, nuestra querida Guatemala contraerá innecesariamente una nueva deuda externa multimillonaria gracias a lo cual el actual gobierno podrá disponer de una fabulosa cantidad de dinero supuestamente para ?gastos sociales? los cuales el actual gobierno tendrá que pagar al contado la mitad y el gobierno que haya dentro de 25 años la otra mitad, más los intereses acumulados al 1% anual. Lo que, en mi opinión será una cabronada ?perdonen la expresión- para aquel gobierno y para las generaciones futuras que tendrán que pagarla.
Pero para el Gobierno de Álvaro Colom será como sacarse la lotería porque dispondrá para gastar en lo que quiera esos millones de dólares de la mitad que no será pagada al contado, y no tendrá que dar explicaciones a la Contraloría General de Cuentas, ni a nadie, porque no estarán incluidos en el presupuesto de gastos de la Nación.
Esta es una buena oportunidad para referirme a un impertinente correo electrónico que recibí hace pocos días en el cual una persona que ni siquiera tengo la menor idea de quién es se permite llamarme ?don Palmis?, como me bautizó ?el gran Moyas? Miguel Ángel Asturias y me han llamado únicamente unos pocos amigos como el licenciado Clemente Marroquín Rojas. Y después me dice:
«Antes del último proceso electoral usted se dedicó a alabar al actual gobierno afirmando que Álvaro Colom y la UNE serían la panacea que este país necesitaba y que en poco tiempo convertirían a Guatemala en un paraíso?. Y agrega que entonces expresé ?calificativos ofensivos, humillantes y que incluso rayaban en el insulto hacia los candidatos Giammattei y Pérez Molina, afirmando que Colom tenía las cualidades de un gran estadista y defendiendo a capa y espada a la esposa de éste cuando alguien la criticaba».
En primer lugar, yo no me dediqué a ?alabar al actual gobierno? porque todavía ni siquiera estaba integrado, ni afirmé que ?Álvaro Colom y el partido UNE serían la panacea que este país necesitaba?; ni -¡mucho menos!- que ?en poco tiempo convertirían a Guatemala en un paraíso?. Me limité a decir que entre los muchos contendientes a la Presidencia de la República prefería al ingeniero Colom porque en los diferentes cargos públicos que ha desempeñado ha adquirido la experiencia que garantiza su conocimiento de la problemática del país. ¡Jamás dije que él y su partido UNE serían ?la panacea que este país necesitaba?! Por otra parte, en lo que se refiere a la señora Sandra Torres Casanova de Colom, esposa del entonces candidato presidencial, lo que hice fue defenderla de injustos y cobardes ataques inmerecidos que le hicieron, lo cual no significa que me haya comprometido a justificar todo lo que ella pueda hacer ahora que su marido es el Presidente de la República y ella es «la primera dama de la Nación».
Pero, evidentemente, ese bellaco creyó justificar su recriminación al agregar: «Realmente veo una gran contradicción entre su pensar y su actuar. Hace años yo recuerdo el triste caso de un periodista de Siglo 21 (no recuerdo su nombre) quien antes de las elecciones del 99 se dedicó a alabar y a hacerle propaganda a Alfonso Portillo, cuando Portillo ganó la presidencia, este periodista, como premio a su lambisconería, recibió una embajada en Europa y cuando terminó ese nefasto régimen regresó a Guatemala por la puerta trasera, y por un tiempo fue (creo) columnista del diario LA HORA; ahí escondido en un rincón oscuro de ese vespertino, disfrutó de sus últimos días como periodista ya que por el hecho de haber pactado con el diablo creo que hoy NINGÚN periódico lo contrata.»
A lo cual le respondí diciéndole: ?En este párrafo usted insinúa que estoy resentido porque Colom no me dio ningún empleo, lo que es francamente insultante y estúpido de su parte y lo rechazo firme y categóricamente. Aparentemente, usted trata de decir que yo alababa a Colom para que me diese un empleo como premio a mi lambisconería».
Él se refiere al caso del licenciado Mario Alberto Carrera, quien durante la campaña política para la elección presidencial de 1999 publicó en sus columnas periodísticas varios artículos alabando al candidato Alfonso Portillo, y cuando éste llegó a la Presidencia de la República continuó alabándole hasta que le nombró embajador en Italia. Sobre esto le respondí que aunque ese señor jamás ha sido mi amigo, ni yo he sido amigo de él, sino todo lo contrario, y además me cae mal y hemos sostenido varias fuertes polémicas, es una persona de extraordinaria cultura que merece respeto porque ha sido catedrático universitario y ha publicado varios libros. Y concretamente le aclaré que no es que él haya «regresado por la puerta trasera y está escondido en algún rincón», como usted dice, sino lo que le pasó es que sufrió un derrame cerebral y fue operado del cerebro, pero no quedó totalmente bien. ¡Lo que usted dice es una cobarde infamia, fruto de su ignorancia!?
Y a pesar de que no tenía necesidad de darle ninguna explicación le informé que cuando Colom fue declarado presidente electo me llamó por teléfono para pedirme que aceptara ser su embajador en México, y le agradecí la muestra de confianza pero rechacé su oferta, y agregué que después Colom vino a mi casa acompañado de su esposa Sandra e insistió en que aceptase ser de nuevo embajador en México, y volví a decirle que no. Y aunque no tengo que dar explicaciones a ese sujeto abusivo que me escribió esas majaderías, tampoco tuve inconveniente en explicarle que cuando el presidente electo me preguntó por qué no aceptaba regresar como embajador a México si es un país que me gusta tanto, le contesté que porque ya estoy demasiado viejo para aceptar una responsabilidad como esa porque cuando fui embajador, hace 29 años, yo solamente tenía 50 años de edad, pero es mucho el trabajo si acaso uno quiere trabajar y, además, en el Distrito Federal ya hay demasiada gente, demasiado tránsito de vehículos motorizados y demasiado smog. Y le sugerí que mejor nombrara al «Chino? José Luis Chea.
Para terminar su estúpida carta, me dijo: «Afirmo que no es mi intención que usted mencione mi nombre, que usted publique parte de este correo (el cual es una comunicación privada entre usted y yo) ni tampoco es mi intención utilizarlo como caja de resonancia, es más, yo le suplicaría que por favor, no comente este correo en su columna diaria.»
A lo que le respondí que no teníá el menor deseo o interés en publicar su carta ni menos mencionar su nombre, pero, al mismo tiempo, le solicité que no vuelva a escribirme porque no acostumbro sostener correspondencia con desconocidos. ¡Mucho menos cuando son personas tan ignorantes y atrevidas! Pero agregué: «Lo que sí le digo es que si usted comete el abuso de volver a escribirme voy a ponerle en evidencia públicamente diciendo la opinión que me merece. Así que, por favor, olvídese de mi dirección electrónica y de mí, porque no quiero tener más disgustos con sus pendejadas?.
Lo único que puedo agregar es que no me arrepiento de haber apoyado la candidatura presidencial del ingeniero Colom y oponerme a la candidatura del general Otto Pérez Molina, su principal contendiente, porque éste militar me demostró cuando fue jefe del Estado Mayor Presidencial que es un hombre autoritario. ¡Pero no por eso me comprometí a apoyar en todo al gobierno de Colom!
Y, como les consta a muchos que me han leído en muchos años de mi larga carrera periodística de más de 60 años, siempre he expresado con toda franqueza mis opiniones, sin compromiso con ninguno de los gobiernos. Y creo que tengo derecho a seguir haciéndolo. Por eso es que aplaudo al gobierno de Colom cuando creo que merece un aplauso y lo critico cuando creo que merece una crítica.
Y, en mi opinión, ahora merece ser criticado por su empecinamiento en adherirse al proyecto de Hugo Chávez denominado Petrocaribe, porque con ello estaría endeudando desautorizadamente aún más a Guatemala y después de 25 años las futuras generaciones tendrán que pagar la deuda con impuestos. Lo cual, insisto, sería una imperdonable cabronada. Perdónenme de nuevo la expresión.

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