HOY HACE 50 AÑOS

John Fitzgerald Kennedy

Hago una pausa en las crónicas de mi viaje a México acompañado de mis queridos amigos de La Cofradía de los Viernes para festejar mi 85 cumpleaños, para recordar un trágico episodio histórico de trascendencia mundial ocurrido hace 50 años en los Estados Unidos de América, que consistió en el asesinato del presidente John F. Kennedy, el cual tuvo lugar a las 12:30 pm. en la calle Elm de la Ciudad de Dallas, Texas, mientras realizaba una visita política en su campaña de reelección para un segundo período presidencial y se desplazaba a bordo de un automóvil convertible en compañía de su carismática esposa, Jacqueline Bouvier Kennedy, y del gobernador de Texas John Connaly y su esposa. Una hora después fue declarado muerto y poco tiempo más tarde fue juramentado a bordo del avión presidencial y sin pérdida de tiempo asumió la Presidencia de la poderosa Unión Americana el vicepresidente Lyndon B. Johnson, un texano de larga experiencia politica que no buscó la reelección cuando supo que su contrincante iba a ser Robert Kennedy, el brillante hermano del presidente asesinado, con quien era sabido que no se llevaban nada bien. Pero «Bobby» Kennedy no llegó a ganar las elecciones ni mucho menos llegó a na ser presidente de los Estados Unidos porque también fue asesinado a balazos con un revólver calibre 22 Iver-Johnson Cadet, tres años después que su hermano JFK, el 5 de junio de 1968, en el hotel Ambassador de San Francisco, California, durante su campaña electoral, minutos después de haber ganado las lecciones primarias presidenciales de California. El sicario que le mató fue un joven cristiano palestino de nombre Sirhan Bishara Sirhan, nacido el 19 de marzo de 1944. Desde el 29 de octubre de 2009, Sirhan está confinado en la prisión estatal de Pleasant Valley en Coalinga, California, donde permanece en régimen de aislamiento. De 1992 a 2009, Sirhan estuvo encarcelado en la Prisión Estatal de California (CDR por sus siglas en inglés) situada en Corcoran, California, y vivió en la Unidad de Protección COR Vivienda hasta que fue trasladado a un aislamiento más severo en COR en 2003. Antes de 1992 había estado en el Centro de Entrenamiento Correccional (CTF por sus siglas en inglés), en Soledad, California.

(*) Asimismo, antes de terminar me propongo recordar las tristes circunstancias en las que yo me encontraba cuando me enteré del magnicidio a bordo de un avión que me llevaba de nuevo al exilio en México, porque esos hechos dejaron en mi memoria una huella imborrable que hasta la fecha no he podido superar ni mucho menos olvidar. Y no quiero morirme con ese resentimiento en mi corazón.

JFK  con su esposa Jacqueline Bouvier y otros acompañantes se conducían en un Cadillac convertible a pesar de que había sido advertido de no visitar Dallas.

Momento en el que recibió el primer impacto de bala en la cabeza

Su esposa Jacqueline tratando de auxiliarle

John F. Kennedy nació en Brookline, Massachusetts, el 20 de mayo de 1917 y murió el 22 de noviembre de 1963, a los 46 años de edad. Fue el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. El segundo presidente más joven después del presidente Theodore Roosevelt. Su nombre completo era John Fitzgerald Kennedy, pero era conocido como John F. Kennedy o como Jack Kennedy por sus parientes y amigos y popularmente solo como JFK.

Durante su truncado gobierno tuvo lugar la fallida invasión a Bahía de Cochinos en la isla de Cuba y por unos valientes cubanos anticomunistas con la mira de derrocar al régimen comunista de Fidel Castro, la crisis de los misiles rusos en Cuba, la construcción del Muro de Berlín, el inicio de la Carrera Espacial y la consolidación de los Derechos Humanos en ese país, así como los primeros eventos de la Guerra en Vietnam.  

Kennedy fue elegido miembro de la Cámara de Representantes por el estado de Massachusetts en 1947 y en 1952 venció al candidato republicano Henry Cabot Lodge, Jr. en la elección por el cargo de Senador desde 1953 hasta que asumió la presidencia, en 1961. A la edad de 43 años fue el candidato presidencial del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de 1960 en una de las votaciones más ajustadas de la historia presidencial de ese país, en las que derrotó al candidato del Partido Republicano, Richard M. Nixon, quien desempeñaba el cargo de vicepresidente en el gobierno del general Dwight D. Eisenhower. Kennedy había sido la última persona en ser elegida presidente mientras ejercía el cargo de Senador. También ha sido hasta la fecha el único católico en ser elegido presidente de ese país, así como también el único nacido durante la Primera Guerra Mundial y el primero nacido en el siglo XX.

En su memorable discurso inaugural pronunció una de sus frases más famosas: «No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país.» También solicitó a las demás naciones del mundo que lucharan en conjunto contra lo que él llamó el «enemigo común del hombre: la tiranía, la pobreza, las enfermedades y la guerra misma.«21 Al final, se explayó sobre su deseo de un mayor internacionalismo: «Finalmente, tanto si son ustedes ciudadanos de los Estados Unidos como si lo son del mundo, exijan de nosotros la misma generosidad de fuerza y sacrificio que nosotros les pedimos a ustedes

Kennedy deseaba continuar en la Casa Blanca por un segundo período por lo que ya había comenzado su campaña electoral y cuando anunció su propósito de ir al estado de Texas, de historial republicano, de donde era originario el vicepresidente Lyndon B. Johnson, fue aconsejado que no lo hiciera por su consejero Arthur M. Schlesinger, Jr. (1917 – 2007), pero él confiaba en su carisma y en la simpatía de su esposa. Y primero hizo escala en Fort Worth, donde fueron muy bien recibidos y era seguro que habían logrado un éxito, pero es sabido que Schlessinger le aconsejó no ir a Dallas porque era una ciudad eminentemente republicana donde habían muchas antipatías por los demócratas. No obstante, el presidente Kennedy insistió en visitar Dallas y programó en su agenda almorzar ahí. Schlessinger fue también quien le aconsejó no inmiscuirse en la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, en lo que sí le había hecho caso.

Al pasar la caravana de automóviles por la Plaza Dealey frente a la cual se encuentra el edificio del depósito de libros donde Oswald trabajaba, se oyeron tres disparos, uno de los cuales alcanzó a Kennedy sin matarlo, pero otro, probablemente el último de los tres, le hirió mortalmente en la cabeza.

El policía Marrion Baker, miembro de la Dallas Police Department, oyó los disparos y corrió hacia la entrada del Depósito de Libros, porque percibió que parecía que los disparos venían de allí. Comenzó a subir escaleras y al llegar al segundo piso, donde funcionaba la cafetería, vio a un individuo que entraba corriendo hacia un cuarto que tenía una máquina expendedora de bebidas gaseosas. Era Lee Harvey Oswald.

A Baker le pareció sospechoso ese individuo y le ordenó que se detuviera. Pero al mismo tiempo llegó el encargado del personal del Depósito de Libros, Roy Trully, quien informó al policía que Oswald trabajaba allí. Baker dejó ir a Oswald, quien sacó un refresco de la máquina expendedora y después se retiró y desapareció del lugar con rumbo desconocido. Pero casi inmediatamente se inició su búsqueda como principal sospechoso, siendo arrestado porque se descubrió una huella palmar de Oswald en un fusil Carcano M91/38 con mira telescópica que fue encontrado en una oficina en el sexto piso del Texas Book Depository, lugar preciso que se presumía como el origen de los disparos. También se encontraron huellas dactilares de Oswald en las cajas de cartón y en bolsas de mano en el piso en el que trabajaba.

Al ser interrogado, Oswald negó en todo momento haber participado en el asesinato de Kennedy y afirmó en público que era un «patsy» (término usado por la mafia para describir a alguien a quien se trata de inculpar en un crimen que no cometió), algo así como «chivo expiatorio».

Ochenta minutos después del magnicidio, el ex marine Lee Harvey Oswald fue capturado en el interior de una sala de cine, acusado de haber sido quien disparó los balazos que mataron al presidente Kennedy desde una ventana del sexto piso del Depósito de Libros, situado en la calle por donde pasaba la comitiva presidencial, y de que después había matado al policía J. D. Tippit cuando éste trató de detenerle.

Lee Harvey Oswald nació en Nueva Orleans sin conocer a su padre, Robert Edward Lee Oswald, porque murió antes de su nacimiento. Su madre fue Marguerite Claverie, quien lo crió junto a sus otros dos hermanos mayores y junto a su hermano Robert y su hermanastro John Pic, hijo del primer matrimonio de su madre. Antes de haber cumplido 18 años, había vivido en 22 residencias diferentes y asistió a 12 colegios distintos, principalmente en el área de Nueva Orleans y Dallas. La madre de Oswald era de ascendencia francesa y alemana y le educó en la religión protestante. Se dice que Oswald fue un niño retraído y temperamental. A raíz de una pelea a la edad de 14 años con su hermanastro, John Pic, fue diagnosticado por el psiquiatra Renatus Hatogs de tener una personalidad esquizoide y tendencias agresivas, lo cual llevó a su madre a regresar a Nueva Orleans desde Nueva York, lo que evitó que Oswald recibiera el tratamiento médico prescrito por el psiquiatra. Posteriormente, fue diagnosticado como disléxico, lo cual explicaba algunos rasgos de su carácter. A la edad de 15 años, se unió brevemente a la Civil Air Patrol donde es posible que allí tuviera contacto con David Ferrie, un piloto homosexual con estrechas relaciones con la Central Intelligence Agency (CIA). Fue compañero de Barry Seal. Oswald se enroló en en el cuerpo de Marines el 24 de octubre de 1956, apenas cumplió 17 años. Idolatraba a su hermano mayor, Robert, y en una fotografía, después de su arresto por la policía de Dallas, le muestra usando el anillo de los Marines de su hermano. Un testigo testificó ante la Comisión Warren que el alistamiento de Oswald también puede haber sido un escape a su madre sobreprotectora.

La formación inicial de Oswald fue como operador de radar, una posición que requiere una habilitación especial de seguridad. Un documento de mayo de 1957 señala que se le concedió aprobación final para manejar información o clasificada que incluía material altamente confidencial después de cuidadosa verificación de los registros locales que no había revelado ningún dato negativo. En el curso de Control y Advertencia de Aeronaves terminó séptimo entre una clase de treinta. El curso incluía instrucción en la vigilancia de aviones y el uso de radar. En julio de 1957 fue asignado primariamente a la Estación aérea del Campo de Marines El Toro, para ser trasladado después al Servicio Aeronaval de Atsugien Japón, como parte del Escuadrón de Control aéreo Marine.

Como todos los miembros de la Infantería de Marina, Oswald fue entrenado y probado en tiro, anotando 212 puntos en diciembre de 1956, ligeramente por encima del mínimo para la calificación como buen tirador, pero en mayo de 1959 cayó su marca a 1919, aunque últimamente se ha dicho que era un experto tirador. Oswald fue juzgado en Corte Marcial después de dispararse accidentalmente en el codo con una pistola 22 no autorizada y, a continuación, nuevamente juzgado por pelear con un sargento, llamado Miguel Rodríguez, quien pensó que era responsable de su castigo en el asunto del tiro. Fue degradado de soldado de primera clase a soldado raso y encarcelado brevemente. Más tarde fue castigado por un tercer incidente: mientras cumplía labores de centinela nocturno en las islas Filipinas, inexplicablemente disparó su fusil en la selva. De complexión débil, Oswald fue apodado El Conejo de la Suerte por la caricatura animada, o algunas veces Oswaldskovich por sus simpatías prorrusas ampliamente conocidas.

En octubre de 1959, tras un accidentado viaje en barco desde Nueva Orleáns hasta Finlandia, Oswald desertó  y se refugió en la Unión Soviética donde permaneció hasta 1962. Los soviéticos, cautelosos, observaron siempre en él alguna clase de anormalidad psiquiátrica. Residió en Minsk, donde se casó en 1961 con la bella hija de un coronel que fue miembro de la temida KGB, Marina Nikolayevna Prusakova, nacida el 17 de julio de 1941 en Molotovsk, Unión Soviética, con quien tuvo una hija. En 1962 la pareja se marchó a los Estados Unidos y residió en el área de Dallas y Fort Worth, Texas.

A su retorno a Estados Unidos, se instaló en el área de Dallas y Fort Worth, cerca de su familia, donde tuvo contactos con el conde y magnate George de Mohrenschildt y su esposa Jeanne Le Gon, socia del ruso blanco Abraham Zapruder, que se haría famoso por filmar el asesinato de Kennedy, y con un grupo de rusos anticomunistas exiliados, miembros de la organización, conocida como AFABN (Amigos Americanos de las Naciones del Bloque Antibolchevique), financiada por la CIAm lo cual era la antítesis de la pobreza de los Oswald. Amigo de George H. W. Bush, formaba parte de la élite petrolera de Texas. En octubre de 1962 De Mohrenschildt se convirtió en el mejor amigo de Oswald, en Fort Worth. A sugerencia de él, la familia Oswald decidió mudarse a Dallas. Pero poco tiempo después la familia vive entre Dallas y Nueva Orleáns y Oswald se convirtió en activista de izquierdas y se une al denominado Fair Play for Cuba Committee.

Tiempo después, su esposa Marina testificó que el 12 de abril de 1963 Oswald intentó asesinar al general Edwin Walker, un líder político de ultraderecha. En su declaración, Marina Oswald manifestó que cuando preguntó a su marido qué pasaba, el respondió que: «…había tratado de dispararle al general Walker. Le pregunté quién era el general Walker y esperaba que me diera detalles acerca de su vida pero solamente me dijo “Bueno, ¿que hubiera pasado si alguien hubiese detenido a Hitler en el momento preciso? Asi que si no sé nada acerca del general Walker, ¿cómo puedo hablarles al respecto?.” Lo único que me dijo es que el general Walker era algo parecido a un fascista.”

Poco tiempo después, Oswald cruzó la frontera a México, donde trató infructuosamente de obtener en la Embajada de Cuba una visa para la Unión Soviética, en un confuso conjunto de acciones en las que es difícil trazar un hilo conductor. Posteriormente la conocida escritora mexicana Elena Garro contó que su sobrina Silvia Tirado de Durán, funcionaria de la embajada de Cuba, sostuvo una relación amorosa con Oswald. Hecho que, inexplicablemente, jamás mereció atención de parte de los investigadores. Aunque sí se supo que Oswald estuvo tratando de obtener en la embajada de Cuba una visa para ir a la Unión Soviética, país por el cual tenía simpatías.

El 24 de noviembre de 1963, la policía de Dallas decidió trasladar a Oswald a la cárcel del condado. y mientras era trasladado por los estacionamientos subterráneos del cuartel de la policía, un mafioso propietario de bares, de nombre Jack Ruby, ligado a los mafiosos Giancana, Hoffa, Marcello y Trafficante, enemigos mortales de los hermanos Kennedy, se abrió paso violentamente entre la multitud de periodistas, fotógrafos y camarógrafos presentes y disparó a Oswald en el pecho, hiriéndole de muerte. Oswald murió en el hospital poco después. Ruby fue encarcelado, pero poco tiempo más tarde murió de cáncer. Por primera vez en la historia mediática, inexplicablemente este crimen ocurrió ante las cámaras de televisión, lo cual hizo sospechar a muchos que así se había hecho a propósito para que todos los televidentes del mundo pudieran ver con sus propios ojos cómo era asesinado el presunto asesino del presidente Kennedy, por lo que ya no se le pudo interrogar para que confesara quién o quiénes le habían contratado para hacerlo. Por esta razón ese magnicidio ha quedado en la impunidad hasta esta fecha. Pero era obvio que callando a Oswald para siempre nunca se sabría quienes fueron los autores intelectuales del magnicidio. No me cabe la menor duda de que Ruby actuó como sicario de los mafiosos Jimmy Hoffa, Carlos Marcello, Santo Trafficante y Sam Giancana.

Tras de lo cual se constituyó una comisión para «certificar, evaluar e informar sobre los hechos que rodearon al asesinato del presidente John F. Kennedy» La comisión, integrada por 7 miembros, estuvo presidida por el ex Gobernador de California y Secretario de Justicia Earl Warren y la conformaron las siguientes personas: el Senador Gerald Ford, años más tarde presidente de Estados Unidos tras la renuncia de Richard Nixon; el Director de la CIA, Allen Dulles, y los abogados John McCloy, John Sherman Cooper, y Thomas Boggs. Esta comisión llegó a la conclusión final que el asesinato de Kennedy fue cometido solo por un hombre: Lee Harvey Oswald.

Sin embargo, el Fiscal del distrito de Nueva Orleáns, Earling Carothers Garrison (1921 – 1992) quien cambió su primer nombre a Jim en los años 60 se destacó por sus investigaciones sobre el asesinato de Kennedy, desarrolladas durante de 1966 a 1968. Sus pesquisas llegaron a la conclusión de que no se fundamentaba en las pruebas la teoría oficial, defendida por la Comisión Warren, acerca de la autoría en solitario del asesinato de parte de Lee Harvey Oswald. Uno de los puntos en los que hizo más hincapié fue que el elevado número de heridas producidas por el atentado no podían haberse producido únicamente por tres disparos. Este hecho era fundamental para la teoría del asesino solitario, ya que en el tiempo en que se escuchan los disparos, un tirador de élite y, según los informes sobre Oswald, él no lo era, sólo habría podido ejecutar como máximo 3 disparos.

Para ello, era necesario que una de las balas disparadas por Oswald hubiera realizado más de una decena de heridas, serpenteando desde el cuerpo de Kennedy primero hasta el del Gobernador Connally después, rebotando numerosas veces y realizando bruscos y vertiginosos cambios de trayectoria: es la llamada «teoría de una sola bala» también conocida popularmente como «teoría de la bala mágica» o «bala zigzagueante». Garrison argumentó que esta teoría era un absurdo, y en ello se fundamentó para afirmar que tenía que haber al menos un cuarto disparo y, por tanto, un segundo tirador, probablemente desde una valla en una colina cercana, e incluso, en un triple tiro cruzado de por lo menos tres tiradores.

También se basaba en el hecho de que las medidas de seguridad fueron mínimas, entre ellas el hecho de viajar en un automóvil descubierto, o que el coche tuviera que reducir drásticamente la velocidad por el giro en la calle Elm al pasar frente al edificio del Depósito de Libros de Texto. Todos estos indicios, aparte de la propia investigación realizada por el gobierno de los Estados Unidos, testigos que se obviaron, o cuyas declaraciones se modificaron, detalles pasados por alto, y el hecho de que Oswald probablemente perteneció a la CIA, apuntarían, según Garrison, a una conspiración a nivel de los servicios secretos norteamericanos, implicando a la CIA, al FBI, el ejército, y, aceptando a posteriori los hechos, al mismo Lyndon B. Johnson, que habría matado a Kennedy para evitar su política de progresiva disminución de tropas en la guerra de Vietnam, todo ello suponía la pérdida de una gran fuente de ingresos para empresas asociadas al ejército y, en definitiva, la pérdida de poder de los servicios secretos y el Ejército, que durante la época del general Eisenhower habían sido quienes definieron la política armamentista nacional.

De esta teoría no sólo se han hecho eco los habituales fans de la teoría de la conspiración. De hecho, ya ha habido algún prestigioso periodista norteamericano que ha defendido la tesis acerca de que la guerra ha sido, durante muchos años, uno de los grandes motores económicos de EEUU, siendo la presencia de un Kennedy que planeaba incluso la salida de Vietnam un factor que ponía en peligro esa política de contiendas iniciada en la Segunda Guerra Mundial, y que persistiría a lo largo de la Guerra Fría -Vietnam, Corea-, Nicaragua o incluso Irak. El hecho es que en una encuesta celebrada en los años 90, más de la mitad de los norteamericanos no creían que el asesinato de JFK hubiera sido llevado a cabo por una sola persona, sino como producto de una conspiración.

En cuanto a la posibilidad de la participación en la conspiración de Lyndon B. Johnson, era bien sabido que éste no tenía buenas relaciones con el Fiscal General Robert Kennedy, ni tampoco con su hermano el presidente, y había trascendido en los círculos cercanos a los Kennedy que para su segundo período Kennedy no iba a llevarle en su papeleta como vicepresidente, sino que el candidato vicepresidencial sería su viejo amigo, también sureño (del Estado de Luisiana) De Lesseps («Chep») Morrison, que en el tiempo de la II Guerra Mundial fue el general de aviación más joven en la Fuerza Aérea, había sido alcalde de la Ciudad de Nueva Orleáns durante 14 años y en ese momento embajador de Estados Unidos ante la OEA, quien, dicho sea de paso, al poco tiempo del asesinato de Kennedy murió en un extraño accidente de aviación cerca de Ciudad Victoria, Tamaulipas, México, cuando volaba sobre una propiedad que había adquirido. Y cuando se investigó la causa del accidente se descubrió que había azúcar en el tanque de combustible.

Otra versión del asesinato de Kennedy es que fue una conspiración de los cubanos anticastristas en venganza por haberles «traicionado» al abandonarles sin protección aérea durante la invasión a Bahía de Cochinos, razón por la cual murieron masacrados muchos valientes patriotas cubanos anticomunistas que durante mucho tiempo fueron entrenados por la CIA en la finca Helvetia en el departamento de Retalhuleu, que entonces era propiedad de Roberto Alejos Arzú, consejero del presidente Ydígoras Fuentes, y hoy es propiedad de otro Alejos, el magnate y político Gustavo Alejos Cámbara (ninguna relación familiar entre ellos). Pero debe quedar claro que la expedición para invadir Cuba por Bahía de Cochinos no partió de Guatemala, como se ha dicho, sino partió de Corinto, Nicaragua, porque el presidente Ydígoras se vio obligado a ordenar que salieran del territorio nacional por una de las condiciones que impusieron los alzados el 13 de noviembre. Para lo cual envió a decírselo a Kennedy a su hijo Miguel Ydígoras Laparra y a mí, aprovechando la visita a Guatemala, en su avión privado, del multimillonario Bob Skakel, propietario de la empresa Great Lakes Coal mines, hermano de Ethel Skakel, esposa de Robert Kennedy. Y aunque se nos había dicho originalmente que Kennedy nos iba a recibir en la Casa Blanca de Washington, pero al aterrizar en la base militar Andrews se nos informó que el presidente se había trasladado a la «Little White House» (Pequeña Casa Blanca) en West Palm Beach, por lo que regresamos de inmediato para darle el mensaje del presidente Ydígoras Fuentes. Nos recibieron el Presidente Kennedy y su hermano el Fiscal General y sus esposas, y nos dijeron que estaban informados de que los cubanos ya no estaban en Guatemala sino en Nicaragua, pero el mandatario estadounidense hizo hincapié en que esa operación de la CIA no había sido idea de él sino de su antecesor, el general Eisenhower y dijo reiteradamente que él creía que era mala idea y que él no estaba comprometido en ella ni su gobierno iba participar en ella. Yo le dije que esos cubanos iban a ser masacrados sin protección aérea, y su respuesta fue «¡Lo siento mucho!». Entonces le pregunté si podría publicar lo que nos dijo y me respondió con una seriedad que no le había visto antes: «Si usted se atreve a decirlo yo diré que no lo conozco y nunca he hablado con usted». Y sin decir más se retiró del lugar sin despedirse de nosotros. Pero debo agregar que durante la corta conversación pude darme cuenta de tres cosas: una la influencia que ejercía sobre él su hermano Robert, otra que su principal consejero, Arthur Schlessinger Jr., le había aconsejado no dar apoyo aéreo a la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos y otra, que le tenía antipatía al presidente Ydígoras Fuentes desde el día que éste le reclamó en público en el Teatro Nacional de San José de Costa Rica, al finalizar la sesión en la que  se expulsó a Cuba de la OEA, que no estaba cumpliendo su promesa de apoyar a Guatemala en su reclamación a la Gran Bretaña del territorio de Belice. Antipatía que  demostró en el golpe militar que derrocó al Presidente Ydígoras Fuentes la noche del 31 de marzo de 1963, el cual contó con la previa aprobación de Washington. Cumpliéndose así –una vez más en la Historia– el dicho aquel: «Así paga el diablo a quien bien le sirve», porque el general Ydígoras estuvo a punto a ser derrocado por unos militares que le reclamaron que permitiese que los cubanos anticastristas se entrenaran en la Finca Helvetia de Retalhuleu para participar en la fallida expedición de Bahía de Cochinos.

Otra versión que circuló fue que la conspiración provenía de la Mafia, en especial de los gángsters Sam Giancana, jefe de la Mafia en el estado de Illinois, Carlos Marcello, jefe de la Mafia en Nueva Orleáns y sus alrededores y Jimmy Hoffa, presidente del sindicato de los Teamsters. El gángster siciliano Salvatore Giancana (1908-1975), también conocido como «Momo», «Mooney,» «Sam the Cigar,» y «Sammy» estaba resentido con Kennedy porque, aunque le había ayudado económicamente para su campaña y con su influencia para ganar la elección presidencial en el estado de Illinois, a solicitud de Joe Kennedy, el patriarca de los Kennedy, con quien había estado asociado en el negocio de contrabando de whisky de Canadá durante la época de «La Prohibición», desde que los Kennedy llegaron al poder le estaban persiguiendo. Además, Kennedy y Giancana compartían el amor de una bella pintora de nombre Judith Campbell Exner (1934-1999), nacida en Nueva York con el nombre de Judith Eileen Katherine Immoor, ex esposa del actor William Campbell, quien ha confesado que actuó de mensajera entre el presidente Kennedy y la Mafia, llevando regularmente sobres al mafioso Sam Giancana sobre el plan para asesinar al dictador comunista cubano Fidel Castro.

La bella morena de ojos verdes Judith Campbell Exner, enferma de cáncer en el pecho, murió en California el 24 de septiembre de 1999, hizo esa confesión en el último número de la revista People porque «quiero morir en paz y no creo que deba hacerlo con el secreto de lo que hice por John Kennedy o lo que él hizo con el poder de la presidencia». Judith Campbell fue presentada a John F. Kennedy por el cantante y actor Frank Sinatra. Tenía entonces 26 años. En 1975, un informe del Senado la identificó como un «amiga íntima» del presidente asesinado, y ella dijo que era su amante, al que había compartido con Giancana y con el propio Sinatra. En 1962, el director del FBI, Edgar G. Hoover, pidió a Kennedy que dejara de ver a Judith por sus contactos con la Mafia, según la revista People, y el romance de Kennedy con ella concluyó ese verano. De hecho, la relación entre Hoover y los hermanos Kennedy nunca fue buena. Judith asegura que, aunque no leyó el contenido de los sobres que le entregaba Kennedy para los mafiosos, cree que el entonces candidato utilizó dinero de la Mafia para financiar su campaña presidencial. Dijo también que la Mafia trabajó con Kennedy para intentar asesinar a Fidel Castro. Judith Campebell Exner dijo que el 12 de abril de 1960, en plena campaña para la Casa Blanca, consiguió una entrevista de John Kennedy con Sam Giancana en el hotel Fointainebleau de Miami Beach. Posteriormente arregló una decena de reuniones más entre ellos dos. En 1975 Judith Campbell Exner se casó con un jugador profesional de golf de quien pronto se separó, afirma que el 7 de marzo de 1960, la víspera de las primarias de New Hampshire, se acostó con Kennedy en el hotel Plaza de Nueva York. En 1975, Campbell negó públicamente que el ex presidente conociera sus relaciones con la Mafia. «Mentí, pero él lo sabía todo de mis contactos con Sam Giancana y Johny Roselli porque los estaba viendo para él». Y agregó: «Mentí ante el Senado porque temía por mi vida». La historia de las relaciones de Kennedy con Judith Campbell y su conexión con la Mafia son un secreto a voces en Estados Unidos, donde varios libros sobre los Kennedy han contado esta relación. Pero nunca con los detalles que ofrece ahora Judith. Pero en 1977 publicó un libro titulado «Judih Cambell: mi historia» en el que confesó todas sus intimidades con Sinatra, el presidente Kennedy y con Giancana. En aquella época el adulterio de un presidente no era tan peligroso políticamente como lo es ahora. Personas próximas a la familia Kennedy desmintieron sus confesiones. Campbell afirmó que en 1960 y en 1961 llevó, en aviones y trenes, por todo el país, sobres de Kennedy para Giancana y Roselli. Los tres personajes de esta historia murieron asesinados: Kennedy, en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, Giancana de siete balazos en la cabeza antes de testificar ante un Comité del Senado que investigaba, en 1975, supuestas vinculaciones de la CIA con intentos de asesinar a Castro, y Roselli, el hombre de confianza de Giancana, contra el que declaró ante dicho comité, apareció muerto, en 1976, en un bidón de gasolina lastrado con cadenas en aguas de Miami. Judith Campbell Exner, que poco tiempo antes de morir afirmó que le quedaban «sólo tres años de vida», reveló que Kennedy estaba fascinado por Sinatra, y éste por el presidente: «Ambos tenían además la misma fantasía: acostarse a la vez conmigo y otra mujer, a lo que siempre me negué porque no soy lesbiana», afirmó. En el año 2002 las memorias de Judith Cambell Exner fueron adaptadas a la televisión y al cine en la película titulada «El poder y la belleza» dirigida por Susan Seidelman, en la que el papel de Judith Campbell estuvo a cargo de la actriz Natasha Henstridge. Algún material se le agregó después de la publicación de su libro en 1977.

Carlos Marcello «El pequeño hombre» Marcello (1910.1993) fue un mafioso nacido en la ciudad de Tunez con el nombre Calogero Minacore, de padres sicilianosl Marcello fue llevado a los Estados Unidos en 1911 cuando su familia fue instalada en una decaída plantación cerca de Metaire, Luisiana, donde tenía su residencia. Sin embargo, rápidamente se dedicó a cometer pequeños crímenes en el Barrio francés. Fue puesto en prisión por comandar una banda de gángsters adolescentes que efectuaban robos armados en pequeños pueblos en los alrededores de Nueva Orleáns. En ese tiempo, los periódicos locales lo comparaban con el carácter de Fagin de la novela de Charles Dickens Oliver Twist. Sin embargo, al año siguiente fue convicto el 29 de noviembre de 1929 por asalto y robo y fue ingresado en la Penitenciaría Estatal de Luisiana por 9 años. Pero fue liberado a los 5 años. En 1938, Marcello fue arrestado por vender 23 libras de mariguana. A pesar de recibir otra larga condena y $76,830 de fianza, sirvió menos de 10 meses en prisión. A su liberación, Marcello se asoció con el gánster Frank Costello, el líder de la familia Criminal Genovese, en la Ciudad de Nueva York. En esa época, Costello estaba involucrado en el transporte de máquinas ilegales de apuestas desde New York a Nueva Orleans. Marcello proveía los músculos y los arreglos de las máquinas para ser colocadas en negocios locales. A finales de 1947, había tomado control de la red de apuestas ilegales de Luisiana. También unió fuerzas con el asociado mafioso judío Meyer Lansky para sacar dinero de los más importantes casinos del área de New Orleans. De acuerdo a ex miembros del Chicago Outfit, Marcello también había sido asignado para esquilmar dinero desde los casinos de Las Vegas por proveer «músculo» en los tratos de propiedades en Florida. Por este tiempo Marcello había sido elegido como «El Padrino» de la Mafia de New Orleans, por los capos de la familia y la Comisión. Afirmó que había estado en esa posición por 30 años. En 1948, Marcello asistió a la Conferencia Gobal de la Mafia para regular en Narcotráfico Global, la conferencia de La Habana. Marcello continuó la fiera tradición familiar de independencia de los mafiosi de otras áreas. Actuaba como policía para evitar que otros mafiosos visitaran Luisiana sin su permiso. El 24 de marzo de 1959, Marcello apareció ante un comité del Senado de los Estados Unidos que investigaba el crimen organizado. Sirviendo como Jefe del Consejo de ese comité estaba el abogado Robert F. Kennedy, en ese entonces miembro del equipo del Senador Joe MacCarthy. Su hermano, el Senador John F. Kennedy, era miembro del comité. En respuesta al cuestionamiento del comité, Marcello invocó la Quinta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que protege a las personas procesadas de declarar contra sí mismas, rechazando responder preguntas a su pasado, parientes o actividades. Después de ser electo Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy nombró a su hermano Robert Fiscal General de Estados Unidos. Los dos hombres trabajaron en conjunto en un intento de combatir el crimen organizado. En marzo de 1961, Robert Kennedy, actuando em su calidad de Fiscal General, en requerimiento que había hecho la Administración Eisenhower por el ex superintendente de policía de Luisiana, Francis Grevemberg, deportó a Marcello a Guatemala aduciendo que era el país que Marcello había listado como su lugar de nacimiento falsamente en su pasaporte. Marcello tenía fuertes relaciones de negocios y con la CIA en Guatemala desde la Operación PSUCESS para derrocar al gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán. El 4 de abril de ese año, Marcello fue arrestado por las autoridades migratorias y llevado a la fuerza a Guatemala en un avión migratorio. El Fiscal General Robert Kennedy le mandó a tirar (literalmente) a la pista de la base de la Fuerza Aérea. Pero en realidad esa fue una maquinación ilegal del Fiscal General Robert Kennedy, alegando a espaldas del gobierno del general Ydígoras Fuentes que Marcello había nacido en San José Pinula. Pero cada vez que se le mencionaba el nombre de esa población, Marcello se sorprendía y pregunta intrigado: «What’s that Pinula business?», Por lo que el presidente Ydígoras Fuentes me mandó a investigar al registro de nacimientos en San José Pinula en la municipalidad de ese municipio y comprobé que se había arrancado una hoja del libro de registros de nacimientos y se había agregado otra en la que aparecía acta de nacimiento evidentemente falsa a nombre de Carlos Marcello, y después de una investigación se llegó a la conclusión que habían colaborado en la falsificación por solicitud de Robert Kennedy el Procurador General, licenciado Antonio Valladares Aycinena y el Ministro de Gobernación, licenciado Eduardo Rodríguez Genis, razón por la cual fueron despedidos por el presidente Ydígoras Fuentes. Marcello se había hospedado en el hotel Biltmore de esta capital a donde hizo venir a su hija y a dos de sus abogados, quienes hicieron los arreglos para que el piloto «Mozote» Amado le trasladara a México y allá otro piloto mexicano le trasladara a Texas, donde le esperaba un amparo de Habeas Corpus que le permitió permanecer en Estados Unidos para pelear legalmente su caso. Como consecuencia de lo cual, de parte de informantes encubiertos se supo que Marcello hizo varias amenazas contra la vida de John F. Kennedy y su hermano Robert, y que hizo la ceremonia de amenaza de muerte siciliana que consiste en decir «Toma la piedra de mi zapato». Los que le conocían, sin embargo, sugieren que Marcello no conocía el italiano tan bien como para hacer dicha amenaza. En septiembre de 1962, Marcello contó al investigador privado Edward Becker que «Que un perro te continúa mordiendo, aún si le cortas su cola» (lo que significaba Robert Kennedy) pero si tu cortas la cabeza» (lo que significaba el Presidente Kennedy) «cesará de causarte problemas». Becker reportó que Marcello claramente afirmó a un informante que el Presidente Kennedy sería asesinado de alguna manera. Y afirmó a otro informante que debería tomar un seguro en caso de que el asesinato fallara, «haciendo que un idiota asumiera el intento tal como se hace en Sicilia» Justo antes de que Kennedy fuera asesinado el 23 de noviembre de 1963, el dueño de clubes nocturnos Jack Ruby contactó a Marcello, y al «Padrino» de Tampa, Florida, Santo Trafficante, sobre un problema laboral que estaba teniendo con la American Guild of Variety Artists (AGVA). Ruby era un asociado de largo tiempo del Chicago Outfit y había sido testigo estrella de Richard Nixon ante el Comité de Actividades Antiestadunidenses  y fue enviado a Dallas a abrir negocios ilegales para el Outfit, todos bajo el paraguas de la rama de La Cosa Nostra de New Orleans, cuya esfera de influencia incluía Dallas. Por lo que resulta risible creer que Ruby asesinó a Oswald porque era admirador de Kennedy. No me cabe la menor duda de que que Ruby actuó por órdenes de la Mafia. El 14 de enero de 1992, un reportaje del New York Post afirmó que Marcello, Santo Trafficante Jr. y Jimmy Hoffa habían estado involucrados en el asesinato del presidente Kennedy. Frank Ragano es citado afirmando a comienzos de 1963, que Hoffa le había dado un mensaje para Trafficante y Marcello concerniente a asesinar a Kennedy. Cuando el encuentro tuvo lugar en el hotel Royal Orleáns, Ragano le dijo a los hombres: «No creerían lo que Hoffa me pidió que les dijera. Jimmy les pidió que asesinaran al presidente». Dijo que no le pareció que los hombres se impresionaran demasiado y que ya estaban ejecutando el plan. Después del asesinato de Kennedy, el FBI investigó a Marcello y llegaron a la conclusión de que no estaba involucrado en el asesinato. Por otro parte afirmaron: «No creemos que Carlos Marcello sea significante en la esfera del Crimen organizado, y que Marcello se ganaba la vida como vendedor de tomates y como inversionista en propiedades», cuando todo el mundo tenía claro que era la máxima figura de la Mafia en Luisiana. Como resultado de esta «investigación» , la Comisión Warren concluyó que no había relación directa entre Ruby y Marcello. Pero posteriormente sí hubo pruebas de su relación. En 1966, Marcello después de reunirse con la Comisión Nacional. La reunión fue llamada porque el liderazgo de Marcello estaba siendo amenazado por Trafficante y Antony Carolla, hijo del predecesor de Marcello en la Mafia de Nueva Orleans. La comisión había fallado a favor de Marcello antes de que la policía irrumpiera. Acusado de varias felonías conocidas después de una larga batalla legal, Marcello fue convicto de asalto a un agente FBI a quien él le había pegado en la cara en Louisiana. Por lo que fue sentenciado a dos años de prisión, de los cuales cumplió solo seis meses y fue liberado el 12 de marzo de 1971. George Robert Blakey, Jefe del Consejo y Director del equipo del Comité Secreto de la Cámara de la Cámara sobre Asesinatos, publicó en 1981 el libro The Plot to Kill the President, en el que afirma que existió una conspiración para asesinar al presidente Kennedy y cree que Lee Harvey Oswald estuvo involucrado, pero que fue solo uno de los sicarios que dispararon desde yb punto pero faltando otros que dispararon desde el montículo de hierba. Blakey llegó a la conclusión de que Marcello, Trafficante, Jr. junto al jefe de la Mafia de Chicago Salvatore «Sam Mooney» Giancana fueron cómplices9 en planificar y llevar a cabo el asesinato de Kennedy. En su autobiografía titulada Mob Lawyer («Abogado de los gangsters»), publicada en 1994, co-escrita con el periodista Selwyn Raab), el Fiscal Frank Ragano agregó que en julio de 1963 fue enviado nuevamente a Nueva Orleans para encontrarse con Carlos Marcello y Santo Trafficante para hablar de los planes para asesinar al Presidente Kennedy. Cuando Kennedy fue asesinado, Hoffa aparentemente habría dicho a Ragano; «¡Les dije lo que iba a suceder! ¡Nunca olvidaré lo que Carlos y Santo hicieron por mi!» Y agregó: «Esto significa que Bobby está fuera de ser Fiscal General». Marcello más tarde contaría a Ragano, «Cuando veas a Jimmy (Hoffa), dile que me debe una grande». Marcello fue convicto por un «asunto encubierto» en 1981, pero se mantuvo fuera de prisión hasta 1983 mediante una apelación, pero cuando esta fue denegada fue condenado a prisión. En una conversación interceptada por el FBI, Marcello con el Jefe del submundo en Dallas Underboss acerca de aquellos que lo acusaron de haber asesinado a los hermanos Kennedy «Seguro que tengo argumentos para discutir porque lo que no deben olvidarse es que lo hice con ellos«. En el Año Nuevo de 1989, sufrió severos ataques vasculares cerebrales y a finales de marzo tenía severos signos de enfermedad cardiovascular. Estaba tan desorientado que cuando estaba en el living del hotel en que vivía no podía reconocer a los miembros de la familia con quienes vivía. En julio, en una movida sorpresa la Corte de Apelaciones del 5º Circuito dejó sin efecto la convicción Brillab de Marcello. Un juez negó esta reversión, pero su decisión fue negada por el Pleno. En octubre, después de haber servido seis años y seis meses de sentencia, fue liberado y entregado al cuidado de su familia. «Estoy retirado,» le dijo a los reporteros. «Estoy feliz, todo esta regio para mi» Y regresó a la gran casa blanca, una mansión de dos pisos que tenía con un campo de golf en Metairie. Ahí, vivió los últimos años de su vida, cuidado por un grupo de enfermeras y vigilado por su esposa e hijas. Aparentemente, perdió el habla y regresó a su infancia en Túnez. Nunca más volvió a ser visto en público y murió el 3 de agosto de 1993. La Familia Criminal de Nueva Orleáns frecuentemente se reunía en un conocido restaurante italiano en Avondale, suburbio de Nueva Orleans, conocido como Mosca’s, propiedad de quien fue cocinero del gángster Al Capone. El Chef era fantástico y su comida italiana sencillamente excelente. Lo puedo decir porque cuando pasé por Nueva Orleáns con mi madre y mi hermano Guillermo y su esposa rumbo a Europa, sorpresivamente recibí una llamada telefónica del secretario de Marcello para invitarnos a almorzar en ese restaurante, y pasó por nosotros para llevarnos. Ahí nos esperaban Marcello y su hija, quienes me reiteraron su agradecimiento porque cuando estaba en Guatemala impedí que le extorsionase el temible Jefe de la Policía Judicial, Ranulfo González, apodado «Siete Litros», porque le estaba exigiendo un millón de dólares por su seguridad, y finalmente le ayudé a regresar a los Estados Unidos. El restaurante Mosca’s era el epicentro de actividades para Carlos Marcello y sus socios de la Mafia, por lo que los clientes habituales eran solamente los miembros de las pandillas mafiosas y sus invitados. Tengo entendido que el restaurante todavía continúa en operación, ahora abierto para todo el público, y que se le hicieron muchas reparaciones después del huracán Katrina por la familia Mosca. La familia Marcello y sus descendientes todavía poseen una gran cantidad de propiedades en el sudeste de Louisiana.

James Riddle «Jimmy» Hoffa nació el 14 de febrero de 1913 y desapareció «misteriosamente» el 24 de febrero de 1975, y fue declarado legalmente muerto el 30 de julio de 1982. Fue un poderoso sindicalista estadounidense, presidente de la Asociación de Transportistas de los Estados Unidos, a quien Robert Kennedy ligaba con la Mafia y una vez que trató de interrogarle en la Comisión de Actividades Antiestadounidenses se negó a hablar invocando la quinta enmienda constitucional y a partir de entonces siempre manifestó su odio mortal contra Robert Kennedy. Corrió el rumor de que, ante su imposibilidad de enjuiciarle, Kennedy le hizo secuestrar en un restaurante al que le hizo llegar con engaño y después de haber sido secuestrado fue lanzado al mar en un bloque de cemento para que su cadáver nunca fuese a aparecer.

Volviendo a Jim Garrison, logró llevar a juicio a uno de los supuestos implicados en el caso del asesinato del presidente Kennedy: un tal Clay Shaw, alias Clay Bertrand, pero inexplicablemente éste fue absuelto, aunque años más tarde se admitiría, en contra de lo que se afirmó en su día, que el acusado había trabajado para la CIA en operaciones ocultas. Garrison acabó siendo miembro del Tribunal de Apelaciones de Luisiana. Sus investigaciones sobre el caso Kennedy fueron llevas a la pantalla en la película JFK: caso abierto, del productor y director Oliver Stone, con el actor Kevin Costner, en la cual Garrison desempeñó un pequeño papel interpretando, curiosamente, al ex Fiscal General Earl Warren, presidente de la Comisión Warren.

Entrevista Censurada a Jim Garrison, Por Thomas G. Buchanan

«El asesinato de John F. Kennedy en Dallas fue el primer golpe militar de la historia de los Estados Unidos. Entre los responsables figuraron jefes del Estado Mayor Conjunto.»

Esta grave acusación fue formulada por el fiscal general de Nueva Orleans, Jim Garrison, durante la entrevista que éste concedió en exclusiva a este periodista.

Fue un verdadero problema el conseguir la entrevista. La policía federal vigila el despacho del Fiscal y las casas de sus subalternos. La correspondencia frecuentemente interceptada. Cuando terminó el juicio de Clay Shaw, escribí a Garrison desde Francia solicitando una entrevista.

Me contestó: «Responderé con sumo gusto a sus preguntas por haber sido usted el primero en ver la falsedad de la versión que el gobierno dio sobre el asesinato del presidente Kennedy». La carta de Garrison había tardado cuatro días en llegarme.

El día 22 de abril le escribí de nuevo por correo aéreo certificado y la carta me fue devuelta dos meses después con la indicación «extraviada». De nuevo escribí a Garrison el 24 de mayo y de nuevo me fue devuelta la carta. Entonces recibí una comunicación oficial con la firma del fiscal en la que se me decía textualmente: «Una serie de asuntos urgentes me impiden concederle, por el momento, la entrevista que usted ha solicitado».

Se había cerrado el «dossier» cuando recibí otra comunicación de Garrison en la que se decía: «Si llegan a sus manos cartas con mi membrete particular comunicándole que no tengo tiempo para conceder entrevistas, no haga ningún caso».

Conseguí, al fin, la entrevista por vía indirecta.

El lector podrá sacar las conclusiones que quiera de la investigación del fiscal Garrison; sin embargo, una cosa es cierta: alguien ha intentado impedir por todos los medios que apareciese en la prensa americana lo que sigue.

BUCHANAN:  Señor Garrison, usted ha tenido la amabilidad de concederme la primera entrevista a un reportero desde el fallo del tribunal que juzgó el caso de Clay Shaw. ¿Puede explicarme por qué se ha decidido ahora a hacer una declaración pública?

GARRISON: No me ha sido posible durante mucho tiempo hacer declaración publica alguna a la prensa nacional norteamericana sin el temor de verla tergiversada o mal interpretada. La suya fue la primera petición que se me hizo desde Europa después del juicio de Clay Shaw; por eso acepté. Quería ver si era posible publicar, en algún lugar del mundo, toda la verdad sobre el asesinato. Los europeos han tenido experiencia del fenómeno que representa un estado basado en la industria armamentística, con toda una serie de represiones ocultas y manifiestas.

BUCHANAN: ¿Quién mató al presidente Kennedy?

GARRISON: El presidente Kennedy fue víctima de un golpe de estado. La Agencia Central de Inteligencia fue la encargada de los preparativos del asesinato y de su camuflaje, culpándose a un joven demente, de quien se dijo que había actuado aisladamente, de aquella acción. Es evidente que la CIA había dejado desde hacía tiempo de ser una mera agencia coordinadora de los servicios de seguridad, y que se había convertido, a la vez, en un arma clandestina de los intereses armamentísticos en el gobierno estadounidense.

B: ¿Cuál era el objetivo político de los que conspiraron, en 1963, para asesinar al presidente de los Estados Unidos?

G: El objetivo era el de derrocar a un hombre que estaba tratando por todos los medios de terminar con la Guerra Fría, y que habría reducido con ello el poder económico y político de la industria armamentística en Estados Unidos. La Guerra Fría había representado un negocio sin precedentes para los Estado Unidos.

El complejo militar-industrial se había convertido en la fuerza más poderosa de América. Por otra parte, a partir del desastre de la Bahía de Cochinos, en Cuba, Kennedy se mostró cada vez más desilusionado con los militares. Las diferencias crecieron aun más con motivo de la crisis de Cuba, la crisis provocada por los misiles soviéticos. Kennedy se negó a hacer caso de los jefes del Estado Mayor Conjunto (con la notable excepción del general Shoup, del cuerpo de marines) que le aconsejaban bombardear Cuba inmediatamente.

En el verano de 1963, el presidente Kennedy se había distanciado tanto de los militares que, al mirar ahora hacía atrás, nos damos cuanta de que o uno u otros tenían que ser necesariamente eliminados. El 1 de septiembre de 1963, haciendo caso omiso del consejo de la mayoría de los jefes del Estado Mayor Conjunto, hizo que se firmara, en Moscú, el Tratado de Proliferación Nuclear. Entonces entabló conversaciones de paz con Cuba. Y como remate, y esto es lo que peor sentó a los partidarios de mantener la paz mediante la violencia, el presidente inició la retirada de tropas del Vietnam. Entre el 1 de agosto de 1963 y el 1 de octubre del mismo año, redujo el contingente de militares americanos de quince mil a catorce mil. Entonces ordenó al Secretario de Defensa, MacNamara, que dispusiese la retirada de los últimos hombres destacados en el Vietnam para 1965. Con esta medida, los Estados Unidos se quedarían sin posiciones en Asia y consecuentemente, sin uno de los mejores mercados de la industria armamentística norteamericana, así como una de las mayores razones del poder de la monstruosa combinación Pentágono-CIA en Washington.

En realidad, John Kennedy estaba invirtiendo el desarrollo de la política exterior americana de los años precedentes, que había tenido como resultado el establecimiento de una Paz Americana en las vastas regiones del globo. Kennedy había iniciado un programa de reducción del poder militar norteamericano, inconcebible e inaceptable para los que se habían convertido en centro de gravedad del poder en Estados Unidos. Sus proyectos, que hubiesen ayudado extraordinariamente a terminar con la Guerra Fría, estaban en oposición directa a los intereses de la fuerza más poderosa que actualmente en América (los intereses de la industria armamentística, que incita al gobierno a dedicar un presupuesto cada vez mayor a la defensa de la «seguridad nacional»).

Fue por esto por lo que le eliminaron en una emboscada en Dealy Plaza, de Dallas. La CIA convirtió a Lee Harvey Oswald en chivo expiatorio, animándole a que participara en diversas manifestaciones pro-castristas en Nueva Orleans. El asesinato fue la cosa más sencilla del mundo y la posterior investigación federal, totalmente fraudulenta, fue seguida de una investigación, no menos falsa, a cargo de unos cuantos dignatarios progubernamentales. El objetivo real de la investigación del FBI y de la encuesta de la Comisión Warren era ocultar la participación de los agentes de la inteligencia americana en el asesinato de John Kennedy, aunque, en honor a la justicia, hay que decir que es muy posible que ninguno de los miembros de la Comisión Warren fuese consciente de tal objetivo.

No puede decirse lo mismo de Allen Dulles, ex jefe de la CIA, quien se opuso a la publicación de los resultados de la investigación de la Comisión Warren. La prensa americana divulgó una serie de pronunciamientos oficiales fraudulentos y se infiltraron una serie de noticias, de modo que la muerte del presidente apareció como un desgraciado accidente ocurrido en el curso de un desfile. En realidad, Oswald no mató a nadie aquel día y, en realidad, no existía ninguna prueba contra él cuando fue asesinado a su vez. Pero aquello poco importaba, porque por entonces la falsa información del gobierno, transmitido a todo el mundo por medios electrónicos, había pasado a la historia. Fue en aquel instante, cuando la voz del chivo expiatorio fue acallada para siempre, que el ser acusado de asesinar al presidente y el haberlo asesinado se convirtieron en una misma cosa. En cualquier caso, la ceremonia funeral fue exactamente la misma.

B: ¿Tiene usted alguna razón para suponer una relación entre los asesinatos de John Kennedy, Robert Kennedy y Martin Luther King?

G: En términos de probabilidad, todos están relacionados entre sí y todos han sido consentidos por la misma fuerza: la coalición militares-industria que domina Estados Unidos. Todas y cada una de esas misiones particulares fueron llevadas a cabo, o por lo menos instigadas, por la Agencia Central de Inteligencia, el oculto alter ego de nuestra democracia nominal, que, en virtud de su carácter clandestino, su filosofía totalitaria y su secreto contubernio con el alto mando militar, es libre de hacer muchas cosas que nuestras tradiciones jamás tolerarían.

Cada una de las victimas fue un enemigo altamente eficaz de la guerra del Vietnam y, consecuentemente, contaba con muchos seguidores dentro de los Estado Unidos. La industria armamentística ha llevado a cabo la sistemática eliminación de los enemigos de la guerra del Vietnam, ya que consideraba a éstos como mucho más peligrosos que la conspiración comunista mundial gracias a la cual justifica su costosa existencia. La mayor parte de los americanos no han comprendido todo esto porque los medios de comunicación de masas se han negado a dar publicidad a declaraciones en tal sentido.

El asesinato del senador Kennedy fue cuidadosamente calculado: Robert Kennedy tenía que ser eliminado porque era seguro que se convertiría en un nuevo John Kennedy, es decir, porque compartía el punto de vista del presidente Kennedy, según el cuál el Pentágono no debía decidir la política exterior de los Estados Unidos. Minutos después de ganar las primarias de California fue muerto por un «asesinato solitario»: así se eliminaba de la carrera hacia la presidencia a uno de los más destacados enemigos de la guerra del Vietnam. Aunque es el asesinato de Robert Kennedy se utilizó una técnica diferente de la empleada en el asesinato de John Kennedy, lo cierto es que el instigador y principal responsable fue el mismo.

También en el asesinato de Robert Kennedy encontramos un factor internacional que no concuerda demasiado con el resto de la historia. Otra vez tenemos a un hombre que (por desgraciada que haya sido su adolescencia) ha viajado por diversos países, algo que sólo pueden permitirse algunos americanos. Del mismo modo que Lee Oswald había estado en Rusia y México, James Earl Ray en Canadá, Portugal e Inglaterra, Shiran Shiran había viajado desde las orillas del Mediterráneo hasta Los Angeles. En el caso de Martin Luther King, la técnica empleada ofrece muchas similitudes con la utilizada en el asesinato de John Kennedy. Las semejanzas entre los asesinatos de Kenndy y King (la puntería de los tiradores, las rápidas declaraciones del gobierno, sin investigación previa, de que no se trataba de ninguna conspiración, el evidente empleo de cabezas de turco y la inmediata divulgación de datos falsos) resultan demasiado familiares. Para mí no cabe duda de que el asesinato de Martin Luther King, como el de John Kennedy, fueron obra de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. También creo muy probable que el senador Robert Kennedy y fuese eliminado por la misma organización, aunque con una técnica ligeramente diferente.

Actualmente, la Guerra Fría, incluido el conflicto del Vietnam, es un negocio de unos ochenta mil millones de dólares anuales para los Estados Unidos. Los hombres que se benefician de este negocio y lo que han obtenido un poder increíble como resultado de las constantes tensiones bélicas, no toleran a aquellos individuos que representan, a sus ojos, una amenaza para la continuación de los beneficios que les aporta la Guerra Fría. Como quiera que esta fuerza, aunque poderosa, no está equipada para presentarse a una tribuna pública, tiene que eliminar físicamente a todos lo que la estorben para sobrevivir.

Además, esta fuerza que actualmente controla a los Estados Unidos, cree en la violencia como solución de cualquier problema. De ahí el peligro que representa no solo para América, sino para el mundo entero.

B: ¿Cómo hubiese enfocado usted la investigación sobre el asesinato de Martin Luther King, de haberse producido éste dentro del campo de su jurisdicción?

G:  Es casi imposible llevar a cabo una investigación eficaz de una operación sofisticada de Inteligencia con maquinaria ejecutiva ordinaria. Todo lo que se llega a ver son los resultados: una cabeza rota o una vértebras separadas del cuerpo, seguidos del arresto de un cabeza de turco y la distribución de gran cantidad de información completamente irrelevante para provocar la confusión en las mentes de todos aquellos que pudieran intentar llevar a cabo una investigación seria.

Por ejemplo, la única razón por la que nuestra investigación tuvo éxito (y tuvo éxito a pesar de que los medios de difusión nacionales hayan dicho lo contrario) es que fuimos tremendamente afortunados al principio. Tropezamos, literalmente, con empleados de la CIA en Nueva Orleans ocupados en falsificar datos para convencer al pueblo norteamericano de que Oswald era comunista. Con respecto a Martin Luther King, lo primero que habría que hacer sería rechazar todas las declaraciones del gobierno norteamericano sobre el asunto, ya que todas ellas tienen como único fin el ocultar los hechos del asesinato. Las declaraciones del Departamento de Justicia afirmando que no hubo conspiración alguna deberían reconocerse como una indicación de la existencia segura de una conspiración.

Como resultado de la experiencia que significó para nosotros el asesinato de Kennedy me inclino a considerar la mayor parte de la «información» difundida en relación con el de King como una serie de falsas informaciones fabricadas por el aparato de Inteligencia del gobierno. Se trata de una técnica altamente eficaz destinada a distraer la atención de los individuos reacios a aceptar la explicación oficial. El resultado es que incluso aquellos que tratan de descubrir la verdad bajo la engañosa superficie terminan encontrándose con un montón de hechos que sólo provocan confusión y que les obligan, antes o después, a abandonar. Habría que investigar sobre la base aérea que hay cerca de Memphis, ya que es muy probable que el equipo encargado del asesinato (y no me refiero al cabeza de turco ni a esos individuos que atraviesan el país en Ford Mustang) fuese trasladado en avión desde esa base aérea. Pero toda investigación sería extraordinariamente ardua, que no creo que consten esas salidas. Claro está que se entrevistaría a todos los testigos oculares. Podría añadir que el gobierno federal ya se encargaría de obstaculizar la investigación. El FBI interceptaría las líneas telefónicas, y si persistiesen en sus pesquisas, se les enviarían agentes del Fisco que les informarían de que se estaba llevando a cabo una investigación sobre una presunta violación de las leyes de impuestos en la que parecían haber concurrido.

B: ¿Qué ocurrió en el caso de Clay Shaw, al que usted acusaba de haber conspirado para asesinar al presidente Kennedy?

G:  En el caso de Clay Shaw aprendí la lección de que no es posible presentar una operación sofisticada y clandestinamente de Inteligencia en un tribunal anglosajón, en el que, justamente, las reglas de procedimiento están destinadas a salvaguardar una serie de derechos del acusado.

Yo no cambiaría nuestro sistema legal, porque creo que debería concederse la máxima importancia a la salvaguarda de los derechos del acusado. Sin embargo, el complicado camuflaje y la naturaleza clandestina de una operación de inteligencia imposibilitan virtualmente la comunicación, en un tribunal, de la causa y el efecto necesariamente relacionados con la acusación que se formula.

Si, por ejemplo, a uno se le ocurre trasladar mentalmente a un tribunal a una novela de espionaje de Len Delighton o de John Le Carré, se encontrará con que es algo imposible. Un jurado espera ver más de lo que le deja ver una operación de Inteligencia cuidadosamente preparada; un jurado espera que, más tarde o más temprano, uno de los acusados no pueda más y confiese todas sus culpas (pero una cosa así no puede ocurrir, porque los acusados tienen miedo de que les maten si hablan).

La respuesta más eficaz a un asesinato llevado a cabo por la Inteligencia sería una investigación a cargo de otra «Contra Inteligencia» para llevar a cabo la investigación. De todas formas, un tribunal local no puede pretender tener éxito al juzgar a hombres que han participado en un golpe de estado nacional.

B: Según sus propias investigaciones, ¿cuál era la afiliación política de Shaw?

G: La afiliación política de los individuos que trabajan para una poderosa agencia de Inteligencia no siempre importa demasiado cuando se trata de una misión aislada. En mi opinión, el principal factor motivador de cada uno de los individuos que participaron, de una manera u otra, en el asesinato, fue sencillamente el hecho de sentirse partícipe de una misión. Esto nos ha resultado especialmente claro en relación con los agentes del gobierno federal, que se infiltraron en nuestras oficinas y trataron de obstaculizar nuestros esfuerzos encaminados a descubrir la verdad. Parece que a ninguno en absoluto le importó, el que John Kennedy hubiese sido asesinado. Cada uno de ellos realizaba una misión. Para un técnico que trabaja para un superestado, una misión no es ni moral ni inmoral. La lleva a cabo porque ha recibido órdenes y porque le gusta la posición que ocupa como parte de una poderosa organización.

Eichmann, por ejemplo, no odiaba a los judíos alemanes, aunque ordenó el transporte de millones de judíos a los campos de concentración. Era un técnico; le encantaba jugar aquel papel. América se ha convertido en una nación de Eichmann. Se ha convertido en una nación de técnicos que ejecutan continuamente órdenes del cuartel general de los intereses armamentísticos, y a los técnicos poco les importa que las órdenes se refieran a la intercepción de determinadas líneas telefónicas, a la fabricación de napalm o a la reacción de artículos que confirmen que los asesinatos fueron llevados a cabo por individuos que habían tenido una niñez desgraciada.

B: ¿Ha influido el cambio en la administración de Washington en sus relaciones con las agencias federales que le negaron cooperación?

G: No se ha producido cambio alguno en la base del poder de Washington. Ha habido cambios aparentes, pero la máquina armamentística y sus largos tentáculos locales y exteriores, siguen en intactos. El Congreso puede discutir cómo ahorrar electricidad, y el presidente puede decidir que se pinten todas las habitaciones de la Casa Blanca del primer color que se le ocurra, pero es muy poco probable que los beneficiarios de la industria armamentística y sus aliados en el gobierno pierdan parte de su poder.

El presidente de los Estados Unidos es un funcionario transitorio con relación al conglomerado armamentístico. Sus funciones consisten en actuar como maestro de ceremonias en la concesión de medallas póstumas, servir de representante a los fabricantes de armamento y hablar, cuantas más veces mejor, de los deseos de paz de la nación. No es libre de traspasar el coto de los intereses bélicos ni siquiera de reconocer la existencia de tal organismo. No tiene, debido al poder colectivo, la libertad de destituir al jefe del Estado Mayor Conjunto o a los directores de la CIA o del FBI. Tiene que confirmarlos en sus puestos debido a la reconocida eficacia de todos ellos. Tal es su misión en el juego. Antes, el jefe del Estado Mayor Conjunto era sustituido cada dos años. No se ha producido ninguna sustitución en ese puesto desde el 22 de noviembre de 1963. Y en la prensa no se ha dicho nada sobre esta anomalía. Aparentemente, como muchas de las cosas que han ocurrido en el país desde 1963, no merece la pena.

Hay que comprender que en la era de la Paz Americana, en una época en que el presupuesto militar anual es de ochenta billones de dólares, el control de la política exterior equivale al control de la nación. La política exterior sigue siendo un feudo de los intereses bélicos. Este fue el significado esencial del asesinato del presidente Kennedy: que este poder que tienen América en un puño, no tolerará interferencia alguna con su control de la política exterior estadounidense, con sus programas militares exteriores y su reacción extrema a una serie de supuestas amenazas externas. El gran daño ocasionado por la Comisión Warren a este país fue que convirtió al gobierno auténtico del país – los representantes del pueblo – en un gobierno invisible.

B: ¿Qué papel jugo David Ferrie en las actividades desarrolladas en Nueva Orleans?

G: David Ferrie, piloto de talento, capaz de realizar cualquier misión con un avión, fue empleado por la Agencia Central de Inteligencia a mediados de los años cincuenta. Realizó misiones para la CIA en Nicaragua y en la Isla del Cisne, en el Caribe. Con anterioridad a los sucesos de la Bahía de los Cochinos, entrenó a pilotos cubanos en Guatemala. Hizo vuelos nocturnos a Cuba para la CIA, transportando armas y pasajeros. Una vez casi es hecho prisionero en Cuba, Las relaciones entre Ferrie y Lee Oswald datan de los años cincuenta, cuando Ferrie era capitán de la Patrulla Civil del Aire, y Oswald, cadete. En 1963, cuando Oswald regresó a Nueva Orleans, procedente de Dallas, para cumplir el encargo de dedicarse a «actividades» izquierdistas, fue visto con frecuencia en compañía de Ferrie por una serie de testigos.

Oswald se ocupaba de sus actividades de «Juego Limpio para Cuba» desde el número 544 de Camp Street, sede de la oficina de Guy Banister, ex jefe de la sección de Chicago del FBI. Banister realizaba también actividades clandestinas por encargo de la CIA, sobre todo en el sector del Caribe. Oswald mandó imprimir la dirección «544 Camp Street» en los folletos de propaganda que distribuía y con ello contribuyó a complicar al gobierno en todo el asunto.

Antes que Oswald, Ferrie utilizaba la misma oficina de 544 Camp Street para sus operaciones del «Frente Revolucionario cubano». Se trataba de una operación de la CIA que no gozaba apenas de apoyo de los exiliados cubanos en Nueva Orleans. La misma tarde del asesinato, Ferrie hizo un viaje de nueve horas a Texas, en medio de una gran tormenta. Más tarde explicaría que había ido a patinar. A primera hora de la tarde del sábado 23 de noviembre de 1963, Ferrie se metió en la cabina telefónica de una pista de patinaje, donde se dedicó a hacer y recibir llamadas telefónicas. Aquella noche se trasladó a Galveston. Ferrie estaba en Galveston al sábado por la noche, cuando Jack Ruby llamó poco antes de medianoche.

Durante la investigación realizada por el fiscal de Nueva Orleans, cuando estaba a punto de ser detenido, Ferrie falleció de repente. El forense de Nueva Orleans atribuyó la muerte del piloto y agente de la CIA a causas naturales. Antes de morir, sin embargo, Ferrie dejó dos largas notas en las que hablaba de su suicicio, una de las cuales le dejó en su piano, la otra en su mesa. En ambos casos, la firma estaba mecanografiada.

B: ¿Estaba relacionado Clay Shaw con la Inteligencia del gobierno americano?

G: Preferiría no hacer ningún comentario directo sobre el señor Shaw, porque sigue acusado de perjurio por haber negado que estuvo en Nueva Orleans con Lee Harvey Oswald en 1963. Legalmente, nada me prohibe contestar a esa pregunta; sin embargo, prefiero que en el futuro juicio por perjurio aclare todos estos puntos.

B: ¿Tenía el Mercado Internacional, que Clay Shaw dirigió durante dieciocho años, interés especial para las fuerzas de Inteligencia gubernamental?

G: Si. El Mercado Internacional, en 1963, no era un edificio de oficinas normal y corriente, aunque muchos de nosotros no lo sabíamos. El Mercado Internacional, con excepción de unas pocas oficinas, era un edificio virtualmente lleno de cónsules extranjeros, representantes de gobiernos extranjeros, agencias de importación y agentes de la CIA. Consecuentemente, las fuerzas que el presidente Eisenhower describió como » el complejo de la industria armamentística» se fijaron en este edificio.

Cuando descubrimos que el director de tan extraño edificio había celebrado entrevistas con Lee Harvey Oswald antes del asesinato del presidente, nos encontramos con una complicada operación de inteligencia gubernamental de la que hasta entonces habíamos sido ignorantes. Ni que decir tienen que las presiones a que nos viene sometiendo el gobierno desde entonces son increíbles.

El gobierno se ha esforzado porque la prensa nacional nos desacreditara continuamente, pero no es eso todo. El gobierno sigue tratando de averiguar qué progresos hemos hecho en lo referente a la organización de Inteligencia y el complejo de la industria armamentística en el asesinato.

En cuanto al Mercado Internacional, podemos decir que ha cambiado de dirección. Actualmente, sus ocupantes son mucho más numerosos y no todas sus oficinas están relacionadas con el exterior. Pero en 1963 era un edificio que albergaba en su interior a una serie de elementos dignos de las novelas de Delghton o Le Carré. Casualmente, este edificio aparece como fondo en casi todas las fotografías de Lee Oswald mientras distribuye propaganda procastrista. Es también el edificio en el que Oswald se agenció su billete de barco para Europa: estuvo en Rusia en 1959.

B: ¿Cuál de las agencias del gobierno americano fue la primera en establecer la inexistencia de una conspiración en el asesinato de Kennedy?

G: La primera comunicación en el sentido de que el autor del magnicidio había sido un «asesino solitario» fue transmitida a la Air Force One mientras transportaba al nuevo presidente hasta el Capitolio, poco antes de las seis de la tarde misma del asesinato. Sin embargo, en Dallas no hacía más que hablarse de que eran varios los hombres que habían participado en la emboscada al presidente. La noticia histórica de que un hombre solo había hecho todo – y que, consecuentemente, el asesinato no tenia ningún significado político – no se originó en Dallas, sino en Washington, D.C. La confusión de que hicieron prueba las autoridades de Dallas a la hora de establecer las circunstancias del asesinato no resistió ante la clara visión de Washington sobre cuál había de ser la solución oficial. La comunicación del gobierno a la Air Force One no sólo hablaba de la captura del asesino solitario, sino que añadía que nadie más estaba complicado en el asesinato, que no se trataba de conspiración alguna. Anunciar que el autor había sido un asesino solitario y que no había habido conspiración – la misma tarde del asesinato, antes de que se llevara a cabo ninguna investigación – era como anunciar el resultado de un partido de fútbol nada más producirse el saque inicial. El profético comunicado procedía del Centro de Comunicaciones del Estado Mayor Conjunto, en Washington. El gobierno se ha preocupado de destruir la cinta original del comunicado, como ha destruido todo lo que contradecía el mayor cuento chino de la historia de los Estados Unidos. Sin embargo, la existencia de transmisión está recogida en «The Making of The President, 1964», de Theodore White: «Hay una cinta en los archivos del gobierno que capta fielmente lo ocurrido mientras la nación esperaba un nuevo jefe. Es una grabación con todas las conversaciones en el aire, registradas por el Centro Liberty, del Midwestern Signal Corps, entre el avión Air Force One, en Dallas, en el avión, mientras sobrevolaba el Pacífico y el Centro de Comunicaciones del estado Mayor Conjunto, en Washington. Las voces parecían muy tranquilas, controladas… La llegada a Washington se produjo a las seis de la tarde, segun se comunica. Toda la cinta es como un enmascaramiento de voces que no traicionan emoción alguna, de una perfección casi mecánica».

Poco tiempo después el autor nos habla de la sustancia del mensaje profético del Centro de Comunicaciones del Pentágono: «Durante el vuelo, el equipo se enteró de la identidad de Oswald y de su detención; y para el nuevo presidente empezaron las preocupaciones de consolar a los afligidos y guiar a los impulsivos». Mientras las voces tranquilas y perfectamente controladas de nuestros militares anunciaban que todo estaba bien, el fiscal del distrito de Dallas seguía bajo la impresión de que eran varias las personas complicadas en el asesinato. Henry Wade se dice que declaró el 23 de noviembre que «según informes preliminares, eran varias las personas complicadas en el complot». El fiscal del distrito de Dallas no conocía aún el nombre del juego. Sin embargo, el servicio de «inteligencia» del gobierno federal podría habérselo dicho. Desde este brazo invisible del poderoso Pentágono podía haberle revelado no sólo el nombre del juego, sino también el resultado.

B: ¿A cuántas personas detendría usted como sospechosas de haber operado en el asesinato de Kennedy si se encontrasen todavía dentro de su jurisdicción?

G: Llevo mucho tiempo tratando de convencer a la gente de que el asesinato del presidente Kennedy fue una gran operación, más parecida a la invasión de Inchón en la Guerra de Corea que a un acto aislado a cargo de un individuo armado de un oscuro odio. Nueva Orleans jugó sólo un pequeñísimo papel en el tinglado del gobierno. No obstante, logramos detener a unos pocos sospechosos y pensamos que, sino soltábamos presa, quizá la prensa nacional comprendería por fin la verdad oculta de todo este asunto y la divulgaría. Pero, como puede comprobar amargamente poco después, habíamos sobreestimado el interés de la prensa americana por la verdad. Entre lo mucho que hizo la prensa para complicar el asunto está el haber tratado de presentar nuestra investigación como una «conspiración basada en Nueva Orleans».

Claro que, al tratar de desacreditar nuestra empresa, la prensa no hacía sino servir a los intereses del gobierno de los Estados Unidos al ocultar la realidad del golpe de estado a los ojos de la historia. He de contestar, pues, a su pregunta diciendo que debió haber tanta gente complicada en el asesinato que es estúpido pretender definir el alcance de la operación desde una oficina tan pequeña como la mía. En cuanto a jurisdicciones, la primera jurisdicción del país es Washington D.C., y en Washington sigue prácticamente en poder de los que autorizaron el asesinato de John Kennedy. Y en Washington siguen empeñados en que la verdad no salga nunca a relucir.

B: ¿Cuál ha sido el principal obstáculo para la investigación criminal que usted lleva a cabo?

G: Ha habido dos obstáculos considerables. Primero el propio gobierno. Luego, la prensa. En el primer caso se trata de un obstáculo completamente intencionado. El segundo obstáculo se debe a que la prensa americana, en general, es inconsciente de la gran transformación que han sufrido la naturaleza y el carácter del gobierno norteamericano; la inhabilidad de dicha prensa para reconocer la cada vez mayor influencia que la industria armamentística juega en la política americana. Y lo trágico de este estado de cosas es que hay pocas esperanzas de sobrevivir a su oculta inhumanidad y su tiranía mientras la prensa siga creyendo que nada ocurre.

B: Se ha dicho que la publicación de los documentos de la autopsia practicada a Kennedy, que figuran en los Archivos Nacionales, ofenderían a la señora Onassis. ¿Cuál es, en su opinión, la verdadera razón de este silencio oficial?

G: La posición legal del gobierno sobre este asunto nunca me ha resultado demasiado clara; pero esto no tieme importancia, de todas formas. La publicación de las fotografías de la autopsia pondría en peligro la seguridad nacional (desde dentro) porque todo el mundo se daría cuenta de que se ha mentido. No obstante, es muy probable que se produzca tal contingencia. Del mismo modo que el asesinato fue una operación profesional de Inteligencia y que la publicación de informaciones engañosas constituyó igualmente una operación de Inteligencia, se falsearían los documentos antes de publicarlos.

Es muy probable que en un futuro no muy lejano se publiquen una serie de documentos falsos relacionados con la autopsia de Kennedy. Con estos documentos el gobierno tratará de demostrar que tenía razón al atribuir el asesinato a un solo hombre. Si el gobierno federal se decide a sacar a la luz pública tales documentos, será sólo porque se tratará de falsificaciones realizadas por la CIA, con lo que se dará por terminado una parte importante de la misión.

B: ¿Quién fue el oficial encargado de la autopsia de Kennedy?

G: Es improbable que llegue a saberse alguna vez el nombre verdadero del general de las Fuerzas Aéreas que se responsabilizó de la autopsia. La autopsia debía resultar tremendamente reveladora. Por eso el gobierno tenía que supervisarla y no sólo a través de un doctor, sino también de un individuo que supiese lo que había que ocultar y cuál debía ser la versión del gobierno; un individuo de alta graduación con el poder suficiente para prohibir que la autopsia se llevase hasta el final.

El general en cuestión prohibió a los patólogos que realizaban la autopsia que examinaran la herida del cuello. Según la descripción que hicieron de la herida los doctores civiles del Pakland Hospital, de Dallas, la herida del cuello fue recibida desde el frente. Sin embargo, en la parte posterior del cuello no había ninguna herida por la que pudiese haber salido la bala. El significado inmediato de todo esto es que la investigación federal y el solemne informe de la Comisión Warren son completamente falsos.

Existe, al mismo tiempo, la posibilidad de que en la estructura ósea del cuello del presidente esté alojada todavía una bala. Como semejante bala estará dirigida hacia la parte posterior del cuello, el gobierno ha preferido ocultar este hecho que desacreditaría todas sus tesis sobre Oswald como único asesino. Es comprensible, pues, que el gobierno decidiese resolver sus problemas por medio de la presencia de un general de su confianza durante la autopsia.

El general no permitió, como hemos dicho, que los patólogos examinasen la comprometedora herida del cuello, pero no puso pegas a que mirasen la herida abierta de la cabeza. Consecuentemente, no puede decirse que la autopsia fuese demasiado completa. Del mismo modo que el principal objetivo de la Comisión Warren era ocultar la responsabilidad de Inteligencia en el asesinato, el fin principal de la autopsia era ocultar el hecho de que el presidente había recibido el impacto de una bala desde el frente.

Una autopsia debe ser la búsqueda de la verdad a cargo de científicos objetivos. Es significativo el que las primeras pruebas de que el gobierno no trataba de averiguar la verdad, sino de ocultarla, fuesen aceptadas con la mayor pasividad. La quema de los documentos originales de la autopsia fue aceptada con la mayor pasividad. El descubrimiento del hecho de que un general había impedido una autopsia completa del cadáver fue aceptado también pasivamente. Aquí tenemos repetidos ejemplos de la destrucción de la verdad gracias al ejercicio de un poder totalitario. La aceptación pasiva de tales sucesos por parte de la prensa y el pueblo es indicativa del superestado, en el que la voluntad del pueblo queda completamente aniquilada por la voluntad del gobierno.

B: ¿Por qué han tolerado otros funcionarios del gobierno la ocultación de la verdad en el asesinato de Kennedy?

G: Históricamente, cuando un golpe de estado se ve coronado por el éxito, la fuerza responsable del derrocamiento del dirigente en cuestión se convierte en gobierno. El que uno de los departamentos del gobierno que aún queda se llame «De Justicia» no significa, en absoluto, que de la noche a la mañana vaya a convertirse en un batallón suicida. Como es el caso de las otras agencias del gobierno, sus directivos no responden a un difunto metido en un ataúd, sino a las nuevas fuerzas de poder dentro del país. Consecuentemente, se produce el fenómeno de que el Departamento de Justicia, al igual que otras agencias legislativas del gobierno, dedican sus esfuerzos no sacar a la luz la verdad sobre el asesinato, sino a ocultarla en lo posible y oponerse a los esfuerzos de los que tratan de averiguarla.

Cuando los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King, el Departamento de Justicia anunció la inexistencia de una conspiración antes de que hubieran recibido sepultura. Las viejas agencias del gobierno siempre se unirán en defensa de las nuevas fuerzas que han subido al poder, porque los hombres encargados de los diferentes departamentos y oficinas deben orientarse hacia el nuevo centro del poder, a menos que quieran verse reemplazados. De este modo, las más respetables entre las agencias del gobierno aportan no sólo su fidelidad, sino la respetabilidad acumulada en el curso de los años.

Estas agencias, respetadas por la prensa y el publico por razones históricas, deben ponerse al servicio de todos aquellos que se preocupen de llevar a cabo una investigación independiente y seria en torno a las circunstancias del asesinato. Por ejemplo, si en Louisiana se lleva a efecto una investigación independiente, este estado debe convertirse necesariamente en centro de las atenciones del gobierno federal (todo ello en interés de la justicia, claro está ).

El Departamento de Justicia comenzará a instituir una serie de acciones especiales con respecto a una supuesta proliferación del crimen organizado en Louisiana. Desde Washington se anunciará de forma periódica que Louisiana es uno de los mayores sectores de crimen organizado dentro del país. Se anunciará, igualmente, que para enfrentarse a este problema el gobierno federal tendrá que enviar fuerzas especiales. Esa medida sería tan realista como la de enviar expertos en irrigación para cooperar en el riego de las vastas áreas desérticas de Louisiana.

Si uno considera las conquistas de poder que siguen a un asesinato político que ha tenido pleno éxito, los años misteriosos que siguieron al asesinato de Kennedy pierden algo de su misterio. Lo inadecuado de la investigación federal, la majestad de esa serie de altos funcionarios gubernamentales unidos en la defensa común de unas cuantas mentiras y el desinterés de los medios de comunicación de masas por toda investigación objetiva de la verdad, todo se vuelve transparente cuando uno se da cuenta de lo ocurrido en realidad: un golpe de estado producido el 22 de noviembre de 1963. Las consecuencias de un golpe de estado triunfante están elocuentemente descritas en unos versos ingleses escritos hace cuatro siglos: » La traición nunca puede prosperar, porque si prospera nadie se atreve a llamarla así.» (Fin de la entrevista)

SIGUE EL OSCURANTISMO MEDIÁTICO EN TORNO AL MAGNICIDIO

50 años del asesinato de Kennedy

Cincuenta años después, y tras muchos libros, películas y estudios sobre el magnicidio, la muerte y la vida de JFK sigue despertando un enorme interés. Programas especiales, publicaciones monográficas y actos en su memoria se suceden para recordar al hombre y al político.

Durante su mandato destacan hechos como la crisis de los misiles en Cuba; la fallida invasión de la Bahía de Cochinos, a la que Kennedy cedió tras haberse opuesto reiteradamente; el comienzo de la carrera por conquistar el espacio o el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, que Kennedy apoyó aunque no pudiera ver en vida aprobada la legislación sobre esta materia.

Pero seguramente lo que marcó un antes y un después en la manera de entender la política, fue la convocatoria al servicio público realizada durante su investidura en 1961, con la ya célebre frase; «No preguntes lo que puede hacer tu país por tí; pregunta lo que puede hacer tú por tu país».

En su faceta humana, Kennedy tuvo que soportar intensos dolores provocados por sus lesiones de espalda y sufría de osteoporosis y frecuentes cuadros de colitis, entre otras dolencias

El apuesto presidente se vio envuelto también en rumores de romances, el más famoso, con la actriz Marylin Monroe, quien fue la encargada de cantar a JFK en el Madison Square Garden el celebérrimo «Happy Birthday mister President» cuando éste cumplió 45 años de edad el 19 de mayo de 1962.

Sobre este asunto, un libro de Christopher Andersen asegura que la actriz telefoneó a la mujer de Kennedy para hablar sobre la posible relación entre ambos y decirle que le había prometido que se iba a casar con ella. Además, afirma que Jackie pasaba por alto la existencia de todas las aventuras de su marido siempre que no la pusiera en evidencia públicamente.

UNA CIUDAD ESTIGMATIZADA

Durante estos 50 años sin JFK, los visitantes de todo el mundo han vagado a través de las áreas verdes de la Plaza Dealey, tomando fotos y señalando hacia la ventana del sexto piso del edificio donde Lee Harvey Oswald hizo los disparos que mataron al presidente John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963. Algunos lo consideran un lugar casi sagrado, un sitio para reflexionar sobre la tragedia. Para otros, es una oportunidad para conocer un nuevo chisme o una nueva información que apoye la teoría de la conspiración en el asesinato. Pero para muchas de las personas que viven en Dallas, Dealey Plaza ha estado siempre asociada con la angustia y la vergüenza. «Su muerte cambió para siempre nuestra ciudad, así como el mundo», dijo el alcalde Mike Rawlings en un comunicado emitido antes del 50 aniversario del asesinato que se celebra este viernes. «Queremos conmemorar este trágico día, recordando un gran presidente con el sentido de la dignidad y de la historia que se merece», resaltó.

Líderes de la ciudad han dicho que quieren demostrar que Dallas reconoce su papel en la tragedia y está dispuesta a honrar la vida y el legado de JFK, después de haber sido «la ciudad del odio» y estigmatizada por el resto del mundo como «la ciudad que mató a Kennedy».

Telegrama de la viuda del policía  Tippit a Jacqueline Kennedy.

Dallas ha preparado diversos actos de conmemoración de los cincuenta años del magnicidio. Este año, en el lugar donde pasó la caravana del mandatario y se escucharon los disparos el 22 de noviembre de 1963, habrá una ceremonia solemne, que incluirá breves declaraciones del alcalde y el tañer de las campanas de las iglesias.

Se espera que miles de personas acudan a la ceremonia oficial de la ciudad en memoria del presidente asesinado, aunque sólo 5.000 podrán verlo en Dealey Plaza. El resto deberá conformarse con seguir el evento a través de las pantallas de vídeo que se han instalado en todo el centro de la ciudad.

Ceremonias similares tendrán lugar en Boston, donde la Biblioteca y Museo JFK inaugurará una pequeña exhibición de artículos nunca expuestos antes del funeral de Estado que recibió Kennedy y albergará un homenaje musical cerrado al público.

Entre esas cosas nunca antes expuestas se encuentra un trozo de papel amarillento del telegrama que dos días después del asesinato de JFK recibió su viuda, Jacqueline, de otra viuda: la esposa del policía de Dallas que había sido también víctima del asesino Lee Harvey Oswald ese día.

«Quiero agregar mi simpatía a la de la gente de todo el mundo», dice el telegrama firmado ‘Sra. JD Tippit, Dallas’. «Mi pérdida personal en esta gran tragedia me prepara a simpatizar más profundamente con usted».

Además de los objetos y fotos del funeral de Kennedy, la exposición cuenta con un vídeo sobre los acontecimientos que lo rodearon. Estos eventos incluyen a la viuda de Kennedy arrodillándose y besando el ataúd de su marido cubierto por la bandera.

El vídeo refleja también el papel central que la televisión jugó en la presidencia de Kennedy. Muestra los debates donde el joven y guapo político eclipsó al candidato rival Richard Nixon, quien aparecía sudoroso, así como los tres días en los que muchos estadounidenses se detuvieron para ver la cobertura televisiva en directo de las pompas fúnebres. Era la primera vez que tantos norteamericanos habían participado en un duelo a través de la televisión.

También en Washington se recordará el triste aniversario. Allí, el presidente Barack Obama se reunirá en privado en la Casa Blanca con líderes y voluntarios del programa Cuerpo de Paz, creado por Kennedy.

Por lo que respecta a Dallas, la comisión convocada por Mike Rawlings, actual alcalde de la ciudad, para planear el evento, quería enfocarse «de una forma positiva en el legado del presidente Kennedy», según dijo Ron Kirk, ex alcalde y miembro de dicha comisión.

Se han emitido unos 5.000 boletos para la ceremonia gratuita en la Plaza Dealey, flanqueada por el edificio que alberga el Almacén de Libros de Texto de Texas donde el francotirador Lee Harvey Oswald se agazapó en el sexto piso en 1963. El evento de este viernes incluirá lecturas de discursos del presidente por parte del escritor David McCullough.

En atención al servicio militar prestado por Kennedy, el Orfeón Masculino de la Academia Naval estadounidense entonará ‘The Battle Hymn of the Republic’ (El himno de batalla de la República) y aviones de la Fuerza Aérea sobrevolarán el lugar. Se guardará un minuto de silencio a las 12,30, momento en que el presidente fue tiroteado.

Fecha: viernes 22 de noviembre de 2013 

Kennedy fue asesinado en un viernes, Lincoln fue asesinado en un viernes, La noche del viernes 13 de octubre de 1307 se arrestó o asesinó a miles de Templarios en toda Europa (éste es el origen del mito del «Viernes 13») El viernes es la fecha simbólica usado para los asesinatos rituales de «seres que molestan», el caso más famoso fue el de Jesús que fue crucificado el Viernes Santo. A todos ellos se les aplica la «Solución Final» la misma que se ha vuelto a activar el pasado dia 13 de octubre (igual que en la noche de los Templarios) en la «Consagración del Mundo a Ishtar» en la Plaza de San Pedro.

(*) Triste recuerdo personal

Les dije al principio que iba a contarles las circunstancias en las que yo me enteré del asesinato del presidente John F. Kennedy mientras volaba a la Ciudad de México en un avión de Taca, por haber sido expulsado ilegalmente del territorio nacional por el gobierno de facto del coronel Enrique Peralta Azurdia, fruto del golpe de Estado al gobierno legítimamente constituído del general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes (quien gobernó del 2 de marzo de 1958 al 31 de marzo de 1963). La noche en que fue derrocado el general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, por unos militares que temían que el ex presidente Juan José Arévalo pudiese volver a ser electo para desempeñar otra vez la Presidencia de la República, yo me encontraba en la Ciudad de Nueva York, y cuando me enteré del golpe de Estado y quise regresar a Guatemala, no me dieron visa en el Consulado  de Guatemala a cargo de mi recordado amigo Antonio Arís de Castilla, porque el gobierno militar había girado instrucciones terminantes de que no se me diera visa. Ustedes probablemente no saben que en esa época los guatemaltecos teníamos que sacar visa tanto para salir del país como para regresar a él. Como sucede en los arbitrarios regímenes dictatoriales. Y me dijeron lo mismo en el Consulado de Guatemala en México al negarme la visa, aunque el Cónsul me dijo que le parecía una arbitrariedad.

Entonces decidí ir a celebrar mi 35 cumpleaños, el 11 de noviembre de 1963, a San Salvador (El Salvador) con mi madre y algunos de mis hermanos y amigos, donde el Cónsul, a quien llamaban «Cabrerita», me dijo que él no tenía instrucciones de negarme la visa y me la iba a dar. Con mi pasaporte vigente y debidamente visado para ingresar a mi propio país, regresé a Guatemala por la vía terrestre, sólo y manejando mi carro. Aunque cada vez que me encontraba con algún retén policial o militar temía que fueran a capturarme y encarcelarme, o probablemente desaparecerme. Como era usual en aquella época en que los militares eran tan intolerantes. 

Tan pronto llegué a Guatemala y entré a mi casa, situada en la avenida La Castellana, llamé por teléfono al Jefe de Migración, quien ocupaba ese cargo gracias a que un día me visitó en mi casa para pedirme que le ayudara a conseguir un empleo porque acababa de casarse con una abogada que no gozaba de la simpatía de su padre y éste le había rechazado por lo que estaba sin trabajo y sin apoyo, y yo accedí a ayudarle y conseguí que mi amigo el general e ingeniero Ydígoras Fuentes (1895-1982) le nombrara Subdirector de la Penitenciaría, pero al cabo de corto tiempo me volvió a visitar para decirme que ese trabajo no era de su agrado y me pedía que se le diese otro. Yo volví a pedirle a mi amigo el presidente Ydígoras Fuentes que se le diera otro empleo y, coincidentemente, Ydígoras acababa de destituir a su viejo amigo Arturo Aguirre, quien era Jefe de Migración, porque un grupo de prostitutas salvadoreñas le acusaron de que diariamente les cobraba a cada una cinco dólares por estar en el país ejerciendo su profesión. Y entonces Ydìgoras decidió nombrar en su sustitución a Enrique («Quique») Peralta Duarte.

Lógicamente, cuando regresé a Guatemala yo esperaba que, en agradecimiento por esos favores, el hijo de Peralta a quien yo había hecho nombrar Jefe de Migración, me ayudara a resolver mi situación legal y por eso le llamé para hablar del caso. Evidentemente muy sorprendido, al contestar mi llamada él me preguntó con evidente disgusto: «¿Cómo entró al país?» y yo le respondí que «Legalmente, con visa» y le cité a mi casa a las 6 de la tarde. Entonces me preguntó: «¿Y dónde está su casa?» A lo cual respondí: «En el mismo lugar donde estaba cuando usted me visitó dos veces para pedirme ayuda para conseguir un trabajo en el gobierno». Por fin quedó de visitarme a las 6 y media y vino puntualmente acompañado de una persona que decía ser «muy amigo» de mi hermano Guillermo, pero me trataron como si yo fuese un delincuente y ellos fuesen miembros de «La Santa Inquisición». Actuaban como si ellos estuviesen defendiendo la soberanía nacional y yo fuese quien encabezaba una peligrosa invasión. Pero cuando ya se retiraban le recordé al hijo del dictador de facto que el poder es temporal t cuando llega a su fin se pagan las consecuencias de los abusos cometidos. Y se lo recalqué: «¡Recuerde. el poder no es eterno… es efímero! ¡No lo olvide! 

Cuando le pregunté por qué su papá me negaba la visa a pesar de que sabía muy bien que fue nombrado Ministro de la Defensa gracias a que yo se lo había sugerido al presidente Ydígoras que no nombrara el coronel Gildardo Monzón Peulvé, que era su Jefe de Estado Mayor Presidencial pero me era sumamente antipático por comportarse como un «chafarote» antipático, y el mismo coronel Peralta había ido  visitarme a mi casa al día siguiente de haber asumido el cargo para agradecérmelo, su hijo me contestó «Porque dice mi papá que usted fue muy amigo del general Ydígoras Fuentes y ha tenido mucha influencia en el gobierno», a lo que yo le contesté: «Eso es verdad, pero recuérdele que gracias a ello logré que le nombraran a usted Jefe de Migración y a él Ministro de la Defensa. Si ese es el caso, dígale a su papá que estoy dispuesto a ser amigo de él también». Pero olvidé algo que era cosa bien sabida: que el coronel Enrique Peralta Azurdia no tenía sentido del humor. De hecho, cuando era Agregado Militar en Washington, sólo le hacía reír el cantautor Humberto «Chicuco» Palomo, que era Agregado de Turismo. Razón por la cual el coronel Peralta Azurdia le premió cuando estaba en el poder nombrándole encargado de surtir al Comisariato del Ejército, con lo cual «Chicuco» se hizo inmensamente rico. Lo que nunca ganó con sus canciones, tales como «Dos Palabras», «París del recuerdo» y «Dame un último beso», lo ganó vendiéndole licores al comisariato de los militares. Pero durante ese tiempo, por un lamentable accidente, su esposa puertorriqueña, Teté, un día se cayó de las gradas y le cayó encima a «Chicuco», a raíz de lo cual quedó parapléjico y terminó su vida sentado en una silla de ruedas.

La historia del nombramiento del coronel retirado Enrique Peralta Azurdia ministro de la Defensa a pesar de que ya estaba en situación de retiro, es la siguiente: Yo le había conocido en Washington, D.C,, cuando él era Agregado Militar a la embajada de Guatemala y yo era Agregado de Prensa y, al mismo tiempo, estudiaba en la escuela de Servicio Diplomático de la Universidad de Georgetown, gracias a una beca que me dió el gobierno del doctor Juan José Arévalo y confirmó su sucesor, el coronel Jacobo Árbenz. Y desde entonces me pareció un buen hombre, sobre todo honrado. Y nos hicimos amigos. Al menos eso creía yo. A tal extremo que en tiempos del gobierno de la llamada Liberación del coronel Carlos Castillo Armas, formé parte de un grupo de revolucionarios que conspirábamos contra ese gobierno, y cuando se discutió quien podría ser la persona que encabezara el movimiento, yo propuse al coronel Peralta Azurdia, quien entonces se encontraba en Guatemala y creíamos que estaba sin empleo. A todos les pareció buena idea, así que me comisionaron para ir a hablarle a su casa, que entonces estaba ubicada en la 14 calle entre 9ª y 10ª avenidas de la zona 1. Le pedí cita y me recibió como a las 6 de la tarde, Todo estaba oscuro en una casa estrecha y de muy mal gusto. Cuando le expliqué el motivo de mi visita me respondió: «Lamento decirle que ya es un poco tarde porque esta mañana acepté el cargo de embajador en El Salvador, y ya no puedo echarme para atrás. Pero vuelva a hablarme más adelante». En efecto, más adelante fui a El Salvador para volver a proponerle que encabezara el golpe, pero de nuevo rehusó comprometerse. Pero aunque él no dijo nada al gobierno sobre mi visita, sí lo hizo un simpático coronel de apellido García, apodado «El Gato«, que era Agregado Militar. Y cuando regresé a Guatemala fui a parar de nuevo a la cárcel por unos días, hasta que me fue a liberar el recordado Héctor Alfonso «Pache» Leal, quien era muy amigo de Castillo Armas y de Mario «El Mico» Sandoval Alarcón y ellos ordenaron que me dejaran en libertad, no sin antes amenazarme con que si volvía a complotar contra el gobierno mal llamado «liberacionista» me iba a costar muy caro. 

Cuando llegó a la Presidencia de la República el general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, yo no le conocía personalmente, a pesar de que yo había participado en la campaña electoral del licenciado Mario Méndez Montenegro, candidato del Partido Revolucionario, y no conocía a Ydígoras Fuentes, un día que se cruzaron las caravanas de ambos candidatos y cuando se cruzaron los carros de los dos candidatos, en San Antonio Suchitepéquez, al lado del automóvil en que se conducía el general e ingeniero, candidato del Partido Redención, la famosa Julia Quiñónez Arévalo, una mujer enorme y de armas tomar, ampliamente señalada por ser lesbiana, pariente del general Ydígoras, apodada «La Maciste«, pasó al lado del carro de Méndez Montenegro y gritó adentro de la parte de atrás: «¡Que viva Ydígoras!», a lo que sin pérdida de tiempo contesté también a gritos: «Está bien, que viva… pero que viva lejos!, lo cual hizo que el candidato de Partido Redención asomara la cabeza de la parte trasera de su vehículo soltando una sonora carcajada y se me quedara mirando con simpatía, porque ese señor tenía un extraordinario sentido del humor que fue mal entendido y hubo personas que por ello estaba loco. Después de algún tiempo nos conocimos personalmente y simpatizamos mucho, a tal grado que llegamos a ser muy buenos amigos y élllegó a tener mucha confianza en mí. Gracias a lo cual me permitía llevarle la contra en algunos casos y hasta contradecirle, como en el caso del nombramiento del coronel Gildardo Monzón Peulvé para ministro de la Defensa y proponerle en su lugar al coronel Enrique Peralta Azurdia, que en ese entonces estaba en situación de retiro del servicio activo del Ejército y desempeñaba el cargo de Director del Departamento Agrario Nacional (DAN) a quien en ese preciso momento le ví pasar por el corredor. Para no dar su brazo a torcer, el presidente respondió a mi propuesta: «¡Ese coronel ni siquiera está de alta en el ejército!» A lo cual contesté aprovechando su buen humor: «¿Y acaso no es usted el Comandante en Jefe del Ejército y puede darle de alta si lo desea?»  Ydigoras no me contestó y se limitó a morder una pata de sus anteojos, como solía hacer cuando estaba nervioso y no quería hablar. Así que dí la vuelta y me marché de la Casa Crema. Pero al regresar a mi casa mi amigo «Tono» Díaz me llamó para darme la buena noticia: «Te hizo caso el viejo y ordenó dejar sin efecto el nombramiento de Monzón Peulvé y nombrar al coronel Peralta  Azurdia». Y después Ydígoras le dijo al coronel Peralta que le había nombrado siguiendo un consejo mío, por lo cual éste me visitó en mi casa, el día siguiente, para darme las gracias por el apoyo que le había dado. El cual realmente era fruto de que me caía mal el coronel Gildardo Monzón Peulvé y, en reciprocidad, yo  también le caía mal a él.

No obstante, el coronel Peralta Azurdia me tuvo en el exilio más de dos años y me expulsó dos veces de mi patria. Por eso dicen por ahí que si uno no quiere tener enemigos no debe hacer favores. Pero yo no comparto esa filosofía tan negativa y pesimista. Estoy convencido de que no toda la gente es mal agradecida. Pasado algún tiempo volvimos a encontrarnos y me dio explicaciones del por qué de su comportamiento. Las cuales desde luego rechacé. Pero me contó que había tenido que internar a su esposa en un manicomio de Costa Rica y ahora estaba compartiendo la vida con una señora exiliada cubana a quien amaba. Y se fueron a vivir a Miami, donde supongo que ya murió y deseo sinceramente que descanse en paz. Porque hizo algunas cosas buenas durante su gobierno que se llamó «Operación Honestidad», entre ellas dejó sin efecto la obligación a los guatemaltecos de sacar visa para salir o entrar a Guatemala. Además, averigüé que realmente él no había sido uno de los conspiradores contra su jefe, el general Ydígoras Fuentes, pero se había enterado de que había ese complot, y no hizo nada para impedirlo. Y aceptó encabezar e gobierno porque se lo exigieron sus amigos militares que habían dado el golpe, para que no llegara a ser jefe de Estado de facto el coronel Miguel Ángel Ponciano, motivo por el cual le convencieron de asumir la jefatura del gobierno.

Durante su gobierno de facto denominado «Operación Honestidad», se canceló la Constitución y el Congreso de la República y se prohibió la actividad política, dejando fuera de la ley al Partido Comunista, pero también se prohibió la censura de prensa y promulgó el Código Civil, el Código Procesal Civil y el Mercantil, la Ley de Emisión del Pensamiento y Ley del Orden Público, entre otros. Igualmente, se estabilizó la situación financiera pública y los salarios comenzaron a pagarse con puntualidad a los trabajadores del Estado. Se dio atención prioritaria al problema educativo del país, construyéndose numerosas escuelas.

Volviendo a la visita que me hicieron el hijo de Peralta Azuria y el «amigo» Bolaños, pocos minutos después de que habían salido de mi casa, llegó mi querido amigo «El Gordo» Manuel Zeceña Diéguez, quien fue productor de cine en México y otros países, Guatemala incluída y cuando le dije lo que acababa de suceder me dijo: «Salgamos inmediatamente de tu casa y vamos a esconderte en un lugar seguro porque estoy seguro de que no pasará mucho tiempo antes de que vengan a detenerte y a catear tu casa». Así lo hicimos, en el acto, en el carro de Zeceña, y apenas estábamos dando la vuelta al camellón para enfilarnos hacia el norte vimos llegar un camión con policías y soldados que llegaron en un camión a apresarme y a catear mi casa. Tuvo razón»El Gordo» Zeceña y me llevó inmediatamente a una oficina que tenía situada en la 10 calle y 5a avenida de la zona 1, donde pasé la noche con mucha incomodidad, acostado sobre un escritorio y nervioso cada vez que se oía algún ruido. Al día siguiente muy temprano llegó por mí y me llevó a su bella casa, situada en la montaña de Muxbal, donde desayuné sabrosamente, me bañé y estuve escondido cómodamente en un tapanco muy disimulado, viendo películas, por aquello de que vinieran a buscarme todos los días los agentes de la Policía Nacional, con lo cual mi madre vivía en permanente tensión y acoso.

Después pasé dos días escondido con comodidad y seguridad en el tapanco secreto de la casa de la familia Zeceña, hasta que el 21 de noviembre me llamó por teléfono mi hermano mayor, José Alfredo (JAP) para decirme que necesitaba que nos reuniésemos ese mismo día. Y me citó al final de la avenida Simeón Cañas y alrededor del Parque Morazán, cerca de la casa en la que habíamos vivido muchos años situada en la 5a calle poniente número 1 de Jocotenango. Cuando se apareció, puntualmente, nos dimos cuenta de que venía acompañado de un hombre que me era totalmente desconocido. Y cuando se acercó para hablarnos me dijo que por mi seguridad y para que nuestra madre no estuviese inquieta y preocupada por mi suerte, porque el gobierno militar había girado orden de captura en mi contra «vivo o muerto» y los policías venían todos los días a buscarme y catear su casa, él había «arreglado con el gobierno» (sin mi consentimiento), que yo saldría del país  a más tardar dos días después, pero mientras tanto iba a tener que estar custodiado todo el tiempo por el agente de la Policía Secreta que me iba a acompañar por todas partes a donde fuera. ¡Ese cabrón no se desprendió de mí en ninguna parte! ¡No podía creerlo! ¡Mi propio hermano se estaba prestando a que me expulsaran ilegalmente de mi país! JAP era el mayor de mis hermanos, y yo era el octavo y creo que debió de hacer algún esfuerzo por evitar que me expulsaran del país. En consecuencia, el 23 de noviembre de 1963 abordé un avión de Taca tumbo a México. Para despedirme  y cerciorarse de que no me iban a tender una trampa, llegaron al aeropuerto mis amigos periodistas Pedro Julio García, director del diario «Prensa Libre», y Guillermo («Willy») Figueroa de la Vega, director del noticiario de televisión «Cuestión de Minutos».

Cuando íbamos volando hacia México, el piloto del avión nos informó por el parlante que acababa de ser asesinado en Dallas el presidente John F. Kennedy. ¡Todos los pasajeros nos conmovimos al extremo del llanto! Porque era indudable que se tenía mucha simpatía por ese presidente estadounidense.

Juro que al paso de los años he tratado de comprender y perdonar a mi hermano JAP, pero aun no he podido. Confieso que por eso no quise asistir a su entierro. Pero hoy que estoy en las postrimerías de mi vida, quisiera perdonarle para no morir con ese resentimiento en mi corazón. ¡Pido a Dios que me ayude a lograrlo!

Así fue como tuve que volver a ser exiliado en México, una vez más, aunque con visa de turista, sin dinero, y volver a empezar alguna ocupación para ganarme la vida. Afortunadamente, pronto me coloqué en el programa noticioso «24 Horas» en Televisa, de mi entrañable amigo el licenciado Jacobo Zabludovsy, y al mismo tiempo como articulista en la importante Revista política Siempre! de mi inolvidable amigo José «Pepe» Pagés Llergo, dos auténticos ínconos del periodismo mexicano. Gracias a lo cual pude vivir cómodamente hasta que al gobierno de facto del coronel Enrique Peralta Azurdia le dio la gana permitirme regresar a vivir en mi país con mi familia t mis amigos.

 

Twitter: @jorgepalmieri