Mi 80 Cumpleaños en Buenos Aires

ACLARACIÓN IMPORTANTE
Esta columna ya había sido publicada la semana pasada, acerca de lo que hicimos en Buenos Aires el 11 de noviembre para festejar que estaba cumpliendo 80 años de edad; pero, desafortunadamente, por algún error involuntario éste “se borró” misteriosamente (¿?) y ahora me sería imposible rehacerla exactamente, por lo cual voy a reproducir las fotos y a tratar de escribir de nuevo más o menos algunas de las cosas que decía, para beneficio de quienes aún no la habían leído o simplemente para que quede en el archivo.
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Preciso momento en el que llegamos a la Parrilla La Brigada, en el barrio San Telmo, para almorzar con mi querido hijo Alejandro y celebrar que estaba cumpliendo 80 años de edad. No todos los años una persona llega a cumplir 80 años de haber nacido. Mucho menos cuando ha dedicado la mayor parte de su vida al periodismo, generalmente contestatario y combativo, como ha sido mi caso, en un país tan difícil como el nuestro. Porque no hay que olvidar que los guatemaltecos hemos sufrido dictaduras militares y civiles que perseguían, encarcelaban o enviaban al exilio o al otro mundo a quienes se atrevían a opinar en forma contraria a las de ellos. Y si fuese poco, el periodismo es aquí sumamente incomprendido y cualquier persona que se considere aludida por un comentario se enoja por las opiniones que le disgustan y es capaz de darle a uno una paliza o pagar a un sicario para que le mate; y, además, es una actividad muy pobremente remunerada.
Es obvio que ya he vivido la mayor parte de mi vida y que es poco lo que me queda por vivir, por lo cual estoy consciente de que no está lejano el día en que tendré que hacer mutis por el foro para emprender el inevitable viaje final. Así que el hecho de haber llegado a los 80 años me parece algo realmente milagroso, por lo cual agradezco a Dios. Le agradezco que me haya dado una vida tan larga y tan plena, llena de emociones, con tantas alegrías, risas y satisfacciones, aunque también con muchas tristezas, dolores y lágrimas. Pero, sobre todo, agradezco que me haya permitido conocer el amor, porque he sido amado y he amado entrañablemente. Y no quiero terminar este párrafo sin agradecer por el tesoro más grande que se me ha permitido acumular: mis numerosos amigos, a quienes agradezco infinitamente su amistad.
Hace cuatro años, cuando cumpí 76 años, lo festejamos en este mismo restaurante y fue todo tan satisfactorio que publiqué en un artículo que en La Brigada se come la mejor carne de Buenos Aires y probablemente la mejor de todo el mundo, porque la que nos sirvieron se podía cortar con cuchara y, además de suave, estaba realmente deliciosa; el servicio de los meseros fue excelente y el propietario del ?boliche? (como dicen por allá), Hugo Echaverry o Echevarry, me cayó muy bien cuando nos conocimos. Por estos motivos fue que decidí festejar mi 80 cumpleaños en ese mismo lugar, y para hacer los arreglos pertinentes llamé por teléfono de Lima al dueño para invitarle a compartir con nosotros. Sin embargo, al llegar nos enteramos con sorpresa que él no llegó a trabajar y el restaurante estaba a cargo de su hija, que los meseros habían sido cambiados y, además, la carne que nos sirvieron esta vez no estaba tan suave y sabrosa.
Pero por lo menos entre Alejandro y yo brindamos con una botella del excelente vino de nombre Caro, que, como ya he dicho, su precio hace honor a su nombre.
Al retirarnos dejé dicho a Echaverry o Echaverry que es un ?pelotudo? (como se dice poa allá) por habernos dejado plantados y ni siquiera haberme llamado por teléfono para felicitarme. Y uno de los días posteriores, Félix y yo fuimos a cenar al restaurante Don Julio, situado en una esquina de la calle Guatemala, en el barrio Palermo, donde comimos una carne excepcional, mucho mejor que la de La Brigada, y me complace decir que fuimos atendidos por la propietaria de manera por demás agradable.
Además, la última noche que estuvimos en Buenos Aires, previa a nuestro regreso a Guatemala, fuimos a cenar con Córdova Moyano y su amiga Martha al restaurante La Cabaña de las Lilas, en la sección de Puerto Madero y nos atendió personalmente y con toda cordialidad el famoso parrillero Alfonso Nieva, quien nos informó que a principios del año próximo vendrá nuevamente a Guatemala para supervisar el funcionamiento del nuevo restaurante Portal del Ángel, de mi querido amigo Julián Lamadrid, en el recientemente inaugurado centro comercial Fontabella, situado en la 12 calle de la zona 10 de esta ciudad.
Hace cuatro años nos acompañaron a almorzar en La Brigada nuestros queridos mútuos amigos Córdova Moyano y Enrique Moreno, quien radica en Guatemala, donde es ampliamente conocido con el apodo de ?Chacarita?. Lamentamos que en esta oportunidad Félix solamente pudo acompañarnos unos pocos minutos porque tenía que atender un asunto en la Cancillería, donde desde hace tres años desempeña el cargo de Director de Asuntos Consulares, por lo cual lamentamos que no haya podido compartir con nosotros ni siquiera una copa del magnífico vino de nombre Caro… y de precio ídem.
Por cierto que el actual ministro de Relaciones Exteriores o Canciller de Argentina es otro que fue embajador en Guatemala de 1992 a 1996, el doctor en Sociología Jorge Taiana, un hombre con un currículo brillante, quien al terminar su misión en nuestro país desempeñó el cargo de Secretario Ejecutivo de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), de 1996 al 2001. Pero en Google se puede encontrar una nota detractora que dice que él fue uno de los fundadores del grupo peronista ?Los Descamisados?, y se le atribuye que hace 33 años, el viernes 4 de julio de 1975, puso una bomba en el céntrico bar porteño denominado El Ibérico, con el propósito de asesinar a un oficial naval, y que el atentado dejó un saldo de dos parroquianos muertos y varios heridos, por lo que Taiana fue detenido junto con su esposa, Graciela Iturraya (alias “Inés”) y guardó prisión varios años en la cárcel de Rawson, donde escogió trabajar en la panadería hasta que salió con “libertad bajo vigilancia”. Sin embargo, no estoy seguro de que esta información sea verídica.

Con mi hijo Alejandro brindamos por mis 80 años.

La librería El Ateneo, la más grande de Buenos Aires
Pero sigamos con mi narración. Después del almuerzo en La Brigada fuimos a visitar durante un largo rato a la fabulosa venta de libros, discos CD y películas El Ateneo, la mejor librería de la ciudad, situada en las calles Santa Fe y Callao, la cual, sin ninguna duda, es la más grande de todas en las que he estado durante mi vida en todos los países que he visitado. Este edificio había sido originalmente el Cine-Teatro Grand Splendid, pero cuando éste cerró lo transformaron en lo que hoy es: la más grande y mejor librería de Argentina. Y como me resultaría sumamente difícil describir con solo palabras lo que es, les invito a abrir este YouTube para poder admirar ese precioso edificio con su decoración clásica y su bóveda pintada al estilo de la Capilla Sixtina de la catedral de San Pedro, en el Vaticano, y los anaqueles repletos de libros o de discos CD y, de paso, escuchar el tango Vuelvo al Sur interpretado por la cantante Malena. Les insto a verlo y escucharlo.
Imagen de previsualización de YouTube
Lo invito a abrir, ver y escuchar este YouTube
Después de escoger cuidadosamente varios libros, fuimos a cenar a otra librería-restaurante, denominada Clásica y Moderna, situada en el elegante barrio La Recoleta, porque esa noche se presentó el famoso pianista, compositor y arreglista argentino Alberto Favero, con un trío compuesto por guitarra, contrabajo y batería, interpretando la música de la ópera Porgy and Bess del compositor estadunidense George Gershwin. Y qué bueno que lo hicimos porque fue un concierto realmente inolvidable y tuvimos la suerte de que, por una deferencia especial a nuestro amigo Félix Córdova, nos dieron la mesa más cercana a los músicos.


Nos dieron una mesa muy cerca de los músicos.

El gran compositor, pianista y arreglista Alberto Favero.

Alberto Favero con su magnífico trío.

Origen del nombre Buenos Aires
Muchas personas me han preguntado de dónde salió el nombre de la capital de la República Argentina, y para esto investigué también en Google y el resultado está contenido en los siguientes datos:
Alguien puede creer que los primeros expedicionarios llegados a estas tierras encontraron ?buenos los aires de Buenos Aires? y de allí explicar las razones del nombre otorgado a la ciudad. De hecho, algunos artículos científicos argumentan que Buenos Aires está situada en una gran planicie abierta donde soplan vientos de todo tipo que limpian la atmósfera evitando la contaminación.
Sin embargo, debe su nombre a una Virgen sarda llamada “Bonaira”, (es decir, Virgen del Buen Aire) que pertenece originariamente a la ciudad de Cagliari, en Italia.
Cuenta la historia que en 1370 arribó a las playas de esta ciudad de Cerdeña una caja que contenía la imagen de una virgen con el niño Jesús en un brazo, y una candela en el otro. Desde entonces fue venerada como La Virgen de los Navegantes y se la llamó “Bonaira”, o sea “del Buen Aire”.
Llegó a España de la mano de los marineros y fue allí donde su culto se popularizó, especialmente en el puerto de Sevilla, desde donde partían las expediciones hacia las tierras conquistadas en el continente.
Así llegó al Río de la Plata, traída por dos sacerdotes que formaron parte del grupo comandado por don Pedro de Mendoza, quien llevado por su devoción a la virgen, decidió honrarla otorgándole su nombre a la ciudad que fundaba. Por eso es que Buenos Aires fue llamada ?Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire?.
Desde 1932, la ciudad de Buenos Aires rinde culto a la virgen “Bonaira” en la iglesia construida en su nombre ?Nuestra Señora del Buen Ayre?, ubicada en el barrio de Caballito en las calles Gaona y Espinosa.

La historia del Tango
También me han preguntado muchas personas cuál es el origen del Tango, y esta es la explicación que he encontrado, también en Google:
El tango reconoce en su origen a la danza, cuando un hombre y una mujer intentaban dialogar atrevidamente con sus cuerpos en el escenario de un arrabal. Sin quererlo estaban inventando un lenguaje irrepetible que se parece cada vez pero que nunca es igual.
Nació pícaro y prostibulario, profundo y prohibido. Se fue convirtiendo en una danza profunda, en ?ese sentimiento triste que se baila?, como lo definiría años después el compositor Enrique Santos Discépolo. Se popularizó de tal modo que terminó embriagando a pares y diferentes empecinados en hacer propia esa pasión.
Como todo fenómeno cultural espontáneo, que surge como expresión social, es difícil establecer con exactitud la fecha en que nació el tango. Lo cierto es que todos reconocen su origen en el año 1880 cuando en las orillas de la ciudad, en los suburbios y arrabales de la ciudad, sus protagonistas, malevos, pertenecientes a ?La secta del cuchillo y el coraje?, según describiera Jorge Luis Borges en su poema TANGO, tuvieron la directa intención de inventar un baile que pudiera abrazar y conquistar a la mujer.
El estilo comenzó a dibujarse en los pasos que improvisaban con el acompañamiento de músicos callejeros que tocaban estribillos breves musicales que recreaban y popularizaban pero que nunca quedaron registradas. Algunos investigadores aluden a letras improvisadas subidas de tono sin ningún nivel poético, pero se cree que los primeros ensayos ?tangueros? eran instrumentales y destinados específicamente al baile. El estilo era más bien alegre, tan distinto al perfil que lo definió a lo largo de su desarrollo. El fin siempre era conquistar mujeres a través de las destrezas de un baile apretado, pleno de artimañas para el roce de los cuerpos que explotaba en sensualidad. El modo para descubrir secretos de pasos y artimañas se fue desarrollando en la práctica entre los hombres que ensayaban en la esquinas antes de lanzarse con esas mujeres tan pretendidas para la conquista. El ámbito eran los salones de baile llamados ?academias? que tenían fama de ser ?casa de citas?, donde ?atendían? mujeres de mala fama. Dicen que fue allí donde tomó forma y se desarrolló, entre otras músicas que sonaban y se bailaban como la milonga, la habanera, y las canzonetas. Allí concurrían tanto el inmigrante y el criollo, y es indudable que el tango reconoce su origen de la mixtura de sus culturas, especialmente la italiana y la española.
Pero, ¿dónde surge el tango? ¿Cuáles son sus referentes? ¿Cómo se instala y se arraiga en el Río de La Plata? Hay tantas versiones, adeptos y detractores de cada una de ellas como seguidores del género. Entre las más populares están las que encuentran su influencia en La Habanera cubana y su rítmica. Otros sostienen el origen negro que puede explicarse desde distintas hipótesis que tienen que ver con el origen del nombre y su significado. La palabra “tango” significa para los africanos ?palpar o tocar?, de allí proviene la utilización de la palabra ?tan-gó? para el parche de los instrumentos de percusión. Además, en el continente africano existe una ciudad llamada Tango. La comunidad negra en Cuba utilizaba la palabra tango como definición de ?baile?. Con acepciones similares, para el idioma castellano la palabra tango proviene del latín ?tactum?, que significa tocar: a un objeto, o a un lugar (puerto) o a otra persona. Según describe Horacio Ferrer en su libro ?La historia del tango?, su utilización de ?tocar? se extiende a simbolizar las acciones de conmover, golpear, herir, de hacer versos cada tanto y la de tocar un tema. En castellano antiguo, el verbo ?tangir? implicaba tañer o tocar un instrumento.
Hay mucho más por decir y descubrir sobre el significado y el origen de la palabra tango que se encuentra en costumbres e influencias también de Japón y del sur de los Estados Unidos en su comunidad negra.

 Lo cierto es que la sumatoria de todas estas teorías, unidas al fenómeno social del hombre forjado en estas tierras del sur del continente americano, mezcla de nativo con inmigrante y su bagaje cultural, forjó de esa mixtura apasionada al ?porteño? que fue adoptando una identidad, un modo de ser, una forma de sentir, de apasionarse, y que encontró en el tango su máxima expresión. Podemos decir que el tango y el porteño nacieron y se hicieron juntos. Por eso, si usted quiere descubrir la identidad de un habitante de Buenos Aires, debe escuchar varios tanguitos para encontrar la respuesta.

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