Merecidas respuestas a una resentida social

El lunes recién pasado fueron publicados en la Sección de Cartas de elPeriódico, ocho comentarios seguidos en contra del artículo titulado ?Yo blindo a mis hijos?, firmado por Marcela Gereda, en el cual arremete injustamente y con inexplicable dureza contra el Colegio Americano, entre otras razones porque algunos de los niños estudiantes son transportados ?en camionetas con vidrios oscuros y blindados, Suburbans, Mercedes Benz, Volvo, Cherokee, picops subiendo con arrogancia?, lo cual califica en el párrafo siguiente como ?un espectáculo poco común para los escasos espectadores de esta hora: derroche y nulo respeto por los ciudadanos y la ciudad?. Sigue diciendo: ?Dentro de las inmensas Suburbans y demás tragadores de gasolina, cuatro y hasta cinco hombres entacuchados y encorbatados viendo hacia fuera, llevando a niños y jóvenes al Colegio Americano?. Y agrega: ?Se estrella este despilfarro ante mis ojos con lo que leo?.
Comento: confieso que yo todavía no había leído este artículo, pero cuando leí al día siguiente los ocho comentarios que hicieron al respecto otras tantas personas en la Sección de Cartas y recibí un correo electrónico que me envió una persona que me merece respeto y simpatía, conteniendo otro comentario sobre lo mismo, decidí leerlo y de entrada me pregunté: ¿qué tienen qué ver los tipos y las marcas de los vehículos en los cuales son transportados los niños que asisten a ese colegio? Y desde el principio comencé a sospechar que la autora guarda un viejo resentimiento inconfesado contra ese colegio que, por cierto, no hace mucho tiempo fue el centro de injustos ataques de parte de los patrocinadores de unas prostitutas integrantes del equipo e fútbol ?Estrellas de la línea? a quienes no se les permitió jugar en el campo de Futeca. No me extrañaría que Marcela Gereda tenga alguna relación personal con alguno de esos «mafufos».
En seguida, para tratar de justificar el obvio resentimiento y veneno que derrama, a pesar de que reconoce que ella misma estudió en ese colegio, dice en el siguiente párrafo: ?En el mismo escenario donde la desnutrición está matando niños, otros niños comienzan la jornada (los del Colegio Americano), entre escopetas, guardaespaldas, carros blindados, bocinas, celulares, iPods, ajenos al mundo, distraídos del país que les rodea. Hay aquí personas que tienen más seguridad que el Presidente. ¿Cómo es posible tanto desequilibrio??
Comento: ¿a qué viene todo esto? ¿No sabe que sucede algo parecido en muchos otros países en los que, como en Guatemala, hay tanta criminalidad? ¿Pues qué quiere? ¿Que los padres expongan a sus hijos a ser víctimas propicias de la criminalidad? Luego dice: ?Hablando de espectáculo, recuerdo con vergüenza ajena la puesta en escena de una chica de este mismo colegio, que fingió un secuestro, por ?pertenecer?, ?porque los secuestros estaban de moda?. A contratar servicios de inteligencia, el desamparo de la familia, a buscar cómo pagar? ¿Y la niña? Obstinada con ser parte de esa élite secuestrable, repitiendo: I?m cool because I?m in American School?.
Comento: ya no me acordaba de este incidente, pero según tengo entendido, y me lo ha confirmado la autora del correo electrónico que reproduzco más adelante, eso no ocurrió en ese colegio, sino en otro.
Sigue diciendo: ?Con tristeza veo bajar a los niños ayudados por los guardaespaldas que sujetan sus mochilas y loncheras y trato de imaginar qué Guatemala se ensaña detrás de esas aulas, seguro que no la de un conflicto armado, probablemente no se hable de la república bananera, ni de la intervención yanqui?. En el siguiente párrafo dice: ?Recuerdo la indiferencia por la realidad social, política y cultural, la apatía por conocer al ?otro?, las actitudes pretensiosas que caracterizaban a mi generación en el Americano?.
Comento: ¡apareció el peine! Ahora veo a qué se debe ese extraño resentimiento. Es obvia la inclinación ideológica «izquierdosa» de la autora.
Sigue diciendo: ?Cuando empezaba a estudiar antropología, una chava del Americano me preguntó qué era la antropología. Al contestarle, ella me dijo: ?Ala qué virgo, le juro que a mí los inditos me parecen re cool, pues?.
Comento: no dudo que una niña que, lógicamente, todavía ignora muchas cosas le haya podido hacer ese comentario, pero de eso no tiene ninguna culpa la institución en la que estudiaba.
Continúa el artículo: ?La educación debería ser un camino en la comprensión del mundo que habitamos. Pero aquí, en este colegio, no es más que un espacio que legitima su visión cool de ver y estar en el mundo: graduarse con altos niveles de inconsciencia, ignorancia de lo que pasa, despreocupación sobre lo que sucede e incapacidad de pensarse a sí mismos y al mundo que les rodea?.
Comento: no tengo nada que objetar a este punto de vista, pero es evidente que es injusta al aplicar caprichosamente el concepto a todos los estudiantes de ese colegio, porque en un conglomerado no todos los que lo componen son iguales.
Sigue diciendo: ?Miro a los niños que entran al colegio de la mano de los guardaespaldas y pienso: ojalá aprendan a relacionarse como niños y no como categorías, ojalá sepan desaprender los modelos de exclusión que ahí les enseñan. Ojalá puedan liberarse para ser ellos mismos y no ese molde impuesto?. Después dice: ?Me arde que la ciudad se inunde de esta seguridad privada. Todos los guatemaltecos necesitamos seguridad, pero ¿por qué no hacer los buses escolares más seguros entonces? La lógica de los padres es ?yo blindo a mis hijos?. Tanto Municipalidad (sic) como los colegios deberían estimular el uso de buses escolares. Pero aquí, por lo que veo, todos los niños vienen no en uno, sino en varios tragadores de gasolina?.
Comento: si acaso ella tiene hijos de seguro comprenderá las razones por las cuales, en las lamentables circunstancias en las que vive nuestro país, los papás de los estudiantes se sienten más tranquilos sabiendo que sus hijos están más protegidos de la siempre presente posibilidad de ser secuestrados por delincuentes que van a tratarles muy mal y pedirán un elevado rescate para devolverles con vida.
Y en el último párrafo de su injusta diatriba dice: ?La ciudad es de todos. El espacio debería ser una expresión del derecho a la libre locomoción, poder pasear y transitar la urbe sin tanto agobio. ¿Por qué entonces tanto derroche, señores? ¿Qué tal una campaña del sector privado para acompañar los procesos de seguridad alimentaria para los niños desnutridos? ¿Qué tal un poco de responsabilidad empresarial y humana? Que ni un niño más muera de hambre. Creo que podemos comenzar a ver a estos niños con otros ojos. Y si es posible, ¿qué esperamos?. (Fin del artículo)
Los autores de los ocho comentarios que se publicaron el día siguiente en la Sección de Cartas de elPeriódico, como respuesta a este absurdo y venenoso artículo, son los siguientes: Salvador Biguria, Carlos Fernández, Andrés Rodríguez, María Gant, Arturo Garza, Mario Aguiluz, Eugenia Fairhurst y Ricardo Robles, y cada uno de ellos responde de diferentes maneras a lo que publicó Marcela Gereda el lunes 14.
El día siguiente recibí un mensaje por correo electrónico, de parte de la señora Eunice Von Metzger Lima de Chacón, graduada en 1977 del Colegio Americano, hija de mi admirada, culta y querida vieja amiga licenciada Eunice Lima, memorable directora de Bellas Artes durante muchos años, el cual reproduzco a continuación:
?Me parece muy ofensivo el artículo titulado ?Yo blindo a mis hijos? que publicó ayer Marcela Gereda en el diario El Periódico. En primer lugar, generaliza injustamente porque en Guatemala habemos muchas personas que nos esforzamos por dar una buena educación a nuestros hijos, así como mis padres trabajaron para poder ponernos a mi hermano y a mi en el Colegio Americano para que recibiéramos una buena preparación. Segundo, ni nosotros ni nuestros hijos hemos tenido jamás guardaespaldas y siempre hemos utilizado los buses del colegio, para lo cual el mismo colegio motiva constantemente a loa alumnos para evitar las molestias del tránsito. Tercero, la ?autosecuestrable? a la que se refiere no era estudiante del Colegio Americano, sino de otro colegio. La autora de ese artículo se debió informar mejor antes de asegurar algo que no sabía. Cuarto, claro que sí nos enseñan sobre el conflicto armado, ?república bananera? e intervención yanqui, ésto es obligatorio en secundaria, si no recuerdo mal en la clase de Estudios Sociales del 3er curso y el conflicto armado fue el temario de mi hija graduada en el año 2002. Quinto, en el Colegio Americano claro que sí nos enseñaron desde mi época de estudiante que no se dice «inditos», sino indígenas; y claro que sí nos enseñaron lo que es antropología. Sexto, si va a citar un dicho tonto e inexistente que dice que «dicen» los alumnos, por lo menos que emplee buen inglés, pues en la frase que cita I?m cool because I?m in American School, omitió el «the» que es indispensable poner antes de American School; y, además, lo que afirma es totalmente falso. Y, por último y más importante, es que es un artículo en el que causa odio y desprecio hacia TODOS los alumnos y ex-alumnos del Colegio Americano, y es evidente que persigue crear más resentimiento y divisionismo entre los guatemaltecos. Las afirmaciones que ella hace no se pueden generalizar, porque tanto en el Colegio Americano como en muchos otros colegios del país hay casos de niños ignorantes y tontos, y de otros que tienen necesidad de estar rodeados de seguridad, pero esto es debido a la lamentable situación de inseguridad en la que vive nuestro país. Es inconcebible que un medio de comunicación responsable se preste a causar tanta animadversión y odio publicando un artículo como éste.
Eunice Von Metzger Lima de Chacón, promoción 1977 del Colegio Americano de Guatemala?.
Comento: estoy totalmente de acuerdo con lo que dice esta amiga, pero no hay que olvidar que aquí, como en muchas otras partes del mundo, hay periodistas y medios de comunicación que, aunque sobreviven gracias a que el sector privado les paga por la publicidad, por motivos ideológicos exponen cada vez que tienen oportunidad esos resentimietos y odios contra los segmentos más privilegiados de la población, en vez de tratar de armonizar a los diferentes estratos económicos y sociales que conforman la población de nuestro país.
Es evidente que Marcela Gereda tuvo la encomiable intención de plantear una necesaria crítica social -que debe ser analizada sin apasionamientos de ninguna clase, mucho menos con inclinaciones ideológicas o partidarias políticas-, pero es lamentable que ésta haya estado mal orientada y en ella haya generalizado injustamente, olvidando aquello de que no está todas las que son, pero tampoco son todas las que están.
El artículo de Marcela Gereda ha levantado una oleada de comentarios -unos negativos y otros positivos-, y si no hubiese sido tan envenenado seguramente sería digno de tomarse en cuenta. Pero es lamentable que «Yo blindo a mis hijos» sea tan injusto y esté muy desorientado.

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