60 ANIVERSARIO DE UNA IGNOMINIA

Jacobo Árbenz Guzmán, 25º presidente de la República de Guatemala

El 27 de junio de 1954 ocurrió en Guatemala, nuestra sufrida patria, uno de los episodios más tristes y vergonzosos de nuestra historia, que puede calificarse como una ignominia cuando, por cadena nacional de radiodifusión, el 25º Presidente Constitucional de la República, coronel Jacobo Árbenz Guzmán –llamado “Soldado del pueblo”–, leyó en forma lloriqueante su discurso de renuncia, escrito por su principal consejero, el bachiller José Manuel Fortuny, secretario general del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista), argumentando que lo hacía “para evitar un inútil derramamiento de sangre e impedir que se perdieran los logros de la Revolución de 1944”, en vista de la conspiración urdida por el 34º Presidente de los Estados Unidos de America, general Dwight D. Eisenhower (1953 a 1961) y por el Vicepresidente Richard M. Nixon, por el Secretario de Estado John Foster Dulles, socio y abogado de la UFCo, y por su hermano Allen W. Dulles, director de la Central Intelligence Agency (CIA), por el embajador norteamericano en Guatemala John E. Peurifoy, y por la United Fruit Company, con la complicidad del teniente coronel Carlos Castillo Armas, organizador en Honduras del llamado “Ejército de Liberación Nacional” y comandante de la Operación PBS-Success, por el licenciado Juan Córdoba Cerna, ligado a la CIA y al “generalísimo” Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana; por el 39º presidente de Honduras, licenciado Juan Manuel Gálvez (1949-1954), ex abogado de la UFCo.; por monseñor Mariano Rossell y Arellano, arzobispo metropolitano de Guatemala, quien llegó al extremo de declarar “abanderado de la liberación” al venerado Cristo Negro de Esquipulas y pasearlo por toda la república como una muestra de su antagonismo al gobierno y apoyo al movimiento de “liberación”, lo cual convenció a muchos de los católicos del país a oponerse a Árbenz; por algunos de los más grandes latifundistas del país, temerosos de ser expropiados por la Reforma Agraria por tener terrenos ociosos; y por algunos altos jefes del Ejército Nacional pomposamente denominado “Glorioso Ejército de la Revolución” que demostró que no tenía nada de “glorioso”, porque muchos de ellos, supuestamente temerosos del peligro comunista, a la hora de empuñar las armas para defender la soberanía nacional prefirieron adherirse a la conspiración y rendirse al llamado “Ejército de la liberación nacional”. No obstante, estoy convencido de que una buena parte del pueblo guatemalteco –principalmente obreros, campesinos y estudiantes– se habrían integrado en un ejército popular para defender al gobierno constitucional legitimo, producto de las elecciones libres celebradas en 1950 y combatir al ejército invasor. Pero en vez de eso sencillamente renunció. Después de lo cual tuvo que soportar un largo e incómodo asilo con su esposa y sus hijos Jacobo y Leonora en la embajada de México, las humillaciones en el aeropuerto por autoridades aduanales y migratorias irrespetuosas y abusivas, que le obligaron a desnudarse para comprobar que no sacaba dinero ni joyas, y posteriormente un largo peregrinaje de exilio en muchos países y todo el calvario que padeció hasta el día que murió borracho y solo y con el remordimiento del suicidio de su hija Arabella y abandonado por una esposa infiel y sus hijos menores, Leonora y Jacobo, en la Ciudad de México. Algo que podría ser calificado por los creyentes en esas cosas como “carma”.

Y si Árbenz no tenía ninguna posibilidad para encabezar al pueblo para rechazar a los invasores, Árbenz pudo haberse inmolado, suicidándose, como lo hicieron el Presidente Getulio Vargas de Brasil, un político brasileño que fue cuatro veces presidente (1930-1934 en un Gobierno provisorio, 1934-1937 en un Gobierno Constitucional; 1937-1934 en el Estado Novo, provisional  y Presidente electo por voto directo para el período de 1951 a 1954). Por razones nunca establecidas, se suicidó de un tiro en el corazón dentro de su cuarto en el Palacio Nacional de Río de Janeiro, por entonces todavía capital del país. Pero se cree que fue presionado por el conocimiento de una conspiración contra su Gobierno en la que participaba el Gobierno de los Estados Unidos.

Mariano Rossell y Arellano, Arzobispo de Guatemala

El llamado “monseñor” Mariano Rossell y Arellano, Atrzobispo de Guatemala, había nacido en Esquipulas, cuna del venerado “Cristo Negro” del escultor Quirio Cataño, y antes de llegar a ser arzobispo había sido obispo de Esquipulas. Y cuando se inició la invasión a Guatemala por el “ejército de liberación nacioonal”, declaró “abanderado del ejército de la liberación anticomunista” al Cristo Negro y lo llevó por toda la república promoviendo el apoyo a la lucha contra el gobierno constitucional de Árbenz. De hecho él también fue el protector del “caudillo” Castillo Armas cuando se levantaron en armas los cadetes de la Escuela Politécnica el 2 de agosto contra el ejército de mercenarios, acantonados en el predio que hoy ocupa el Hospital Roosevelt a quienes desarmaron y derrotaron, pusieron en un tren de regreso a la frontera con El Salvador. Y después capturaron al teniente coronel Castillo Armas en el Palacio Nacional, donde tres años más tarde fue asesinado presuntamente por el agregado militar de la embajada de República Dominicana, el más sanguinario sicario del generalísimo Trujillo, capitán Johnny Abbes García, con el apoyo del teniente coronel guatemalteco Trinidad Oliva que era agente de Trujillo. Lamentablemente, los cadetes aceptaron la mediación del arzobispo y éste les traicionó, tras de lo cual los cadetes fueron detenidos, encarcelados y exiliados y la Escuela Politécnica fue cerrada por largo tiempo. Algunos de los cadetes afortunados obtuvieron becas para ir a terminar sus estudios en el extranjero, pero otros se quedaron en el exilio, principalmente en México, donde algunos tuvieron que ganarse el pan trabajando como meseros en restaurantes.

El llamado “soldado del pueblo” leyendo su renuncia el 27 de junio de 1954

Este fue el discurso de renuncia del Presidente Jacobo Árbenz Guzmán. Óigánlo con su propia voz quejumbrosa, indigna de quien había sido llamado “Soldado del Pueblo”. Escuchen sus absurdos razonamientos:

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Yo tenía 25 años de edad y era un ferviente revolucionario y decidido arbencista. En lo personal, Jacobo era muy amigo de mi hermano Federico Guillermo y toda mi familia era amiga de doña Octavia Guzmán viuda de Árbenz, su mamá, y sobre todo de Octavia (“la Tavita”), su hermana menor, casada con un gringo de nombre Charles Siemons, cuya única pasión era jugar golf. Para su campaña presidencial mi hermano Federico Guillermo fue el más cercano “ayudante” civil del candidato y piloteaba una avioneta desde la cual lanzaba propaganda peligrosamente porque volaba demasiado bajo para asegurarse de dónde caían los volanted. Los otros ayudantes de Árbenz durante la campaña, pero de formación militar, eran Guillermo Echeverría Vielman, (“Chava”), Amadeo García y Carlos Bracamonte, a quienes poco más tarde se unió el hondureño Francisco Morazán, quien posteriormente llegó a ser Secretario de la Presidencia.

Yo estudiaba en Washington DC., capital de la Unión Americana, becado desde el gobierno del doctor Juan José Arévalo para estudiar en la famosa escuela de Servicio Exterior (Foreign Service) de la Universidad Georgetown y al mismo tiempo colaboraba con la embajada de Guatemala como Agregado de Prensa, primero cuando Guillermo Toriello era el embajador y después cuando este fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores y quedó como Encargado de Negocios el ministro Consejero, Alfredo Chocano. Todos los días trabajábamos hasta altas horas de la noche para atender la crítica situación y reportar a los medios de comunicación del mundo el desenvolvimiento de los acontecimientos en Guatemala. Naturalmente, vivíamos en un estado de tensión, teniendo que soportar las constantes acusaciones de comunista contra el gobierno de Árbenz que hacían los altos funcionarios del gobierno estadounidense y principalmente de la CIA y dando declaraciones a la prensa internacional para desmentirlo. Motivo por el cual, debido a mis atrevidas declaraciones sobre la intervención estadounidense en Guatemala y la forma como la CIA le entregaba dinero a Castillo Armas en Tegucigalpa para pagar a los metcenarios, la CIA me clasificó como comunista y de hecho Alfredo Chocano y yo tuvimos que abandonar el país sigilosamente, por carretera, rumbo a México, porque nos enteramos de que, a pesar de nuestra calidad diplomática, la CIA tenía el propósito de enviarnos repatriados a Guatemala para entregarnos al gobierno de Castillo Armas, donde operaba un secreto Comité Anticomunista que era algo similar a la “Santa Inquisición”. La dirigía un furibundo anticomunista de nombre Carlos Lemus, que había sido miembro del llamado “Ejército de liberación”, a quien se llamaba “El Colorado” por ser pelirrojo, y tenía poderes especiales para meter en la cárcel sin previo juicio a cualquier persona sospechosa de ser comunista o de simpatizar con esa ideología. No era de extrañar que el gobierno de Eisenhower fuese capaz de detenernos y repatriarnos en esa forma porque la verdad es que después de la renuncia de Árbenz la embajada de Guatemala fue prácticamente intervenida por el Departamento de Estado y pusieron al frente de la misión guatemalteca a un compatriota traidor que desempeñaba el cargo de Primer Secretario, de cuyo nombre no quiero ni acordarme, porque el embajador Toriello le había nombrado solo porque jugaba golf con él. Le confió ese cargo a pesar de ser residente en los Estados Unidos desde hacía muchos años y de hecho ya era ciudadano norteamericano. Pocos días antes de la renuncia de Árbenz el Departamento de Estado le arregló una conferencia de prensa en uno de los principales hoteles de Washington, casi enfrente del Departamento de Estado, en la cual ese traidor declaró a todos los medios de comunicación internacionales que había renunciado de su cargo en la embajada porque se había percatado de que el gobierno de Árbenz era comunista y que en la embajada teníamos una línea directa con Moscú para informar de los acontecimientos y recibir instrucciones. Lo cual no solo era totalmente falso sino resultaba chistoso porque en la embajada lo único que teníamos para comunicarnos era un fax. Y no teníamos comunicación oficial alguna con la embajada soviética, salvo por el hecho que yo era amigo personal del embajador soviético que se llamaba Georgy Zarubin, a quien conocí cuando fui presidente del Círculo Cultural Español que reunía a los estudiantes latinoamericanos en Washington. Recuerdo muy bien que la noche que escuchamos por radio en la embajada la renuncia del presidente Árbenz, yo lloré como un niño a quien se le muere una esperanza. ¡No podía creerlo! Jamás creí que el llamado “soldado del pueblo” fuese a resultar tan falto de valentía para no hacer lo que hubiese sido indispensable para luchar contra los invasores. De no haber tenido ninguna oportunidad de hacerlo, porque el llamado “glorioso ejército de la Revolución” le había dado la espalda y se negó a apoyarle por rechazo a los comunistas y porque ya había convencido a los más altos jefes el embajador Peurifoy con la amenaza de una invasión del ejército y la marina de los Estados Unidos. Creo que habría sido más digno que Árbenz se hubiese suicidado como lo hicieron en su tiempo el presidente de Brasil Getulio Vargas y el presidente socialista de Chile Salvador Allende. Getulio Vargas fue probablemente el más importante y polémico político brasileño del siglo XX y su influencia aún existe hasta la fecha. Su herencia política es reclamada al menos por dos partidos actuales: el Partido Democrático Trabalhista (PDT) y el Partido Trabalhista Brasileño O el ejemplo del doctor Salvador Allende Gossens, el primer presidente de ideología socialista del mundo que alcanzó el poder por la vía electoral en un Estado de Derecho, quien se suicidó de un balazo el 11 de septiembre de 1973 en su despacho del Palacio de la Moneda cuando se produjo el levantamiento militar encabezado por el general Augusto Pinochet. Se ha dicho que en este levantamiento militar tuvo participación el Secretario de Estado del gobierno de Richard M. Nixon, Henry Kissinger.  El gobierno del doctor Allende, apoyado por la Unidad Popular, un conglomerado de partidos de izquierda, destacó tanto por el intento de establecer un camino no violento hacia un estado socialista por medios legales –la vía chilena al socialismo–, como por proyectos como la nacionalización de las minas de cobre (algo tan atrevido como la Reforma Agraria en Guatemala), la estatización de las áreas “claves” de la economía y la aceleración de la reforma agraria, en crisis económica  medio de la polarización política internacional de la “Guerra Frí”a y de una grave crisis económica y financiera interna. Su gobierno terminó abruptamente mediante un cruento golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973, en el que participaron las tres ramas de las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros, tres años antes de que terminara su mandato constitucional. Ese mismo día, luego de que el Palacio Nacional de la Moneda fue atacado por aviones y tanques, Allende se suicidó disparándose un balazo en la cabeza con una ametralladora que le había regalado el dictador comunista cubano Fidel Castro durante una visita a Chile. Tras el fin del gobierno de Allende sobrevino una dura dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet, que duró dieciséis años y medio. El coronel Jacobo Árbenz perdió, con su vergonzosa renuncia, la oportunidad que le brindó la historia de convertirse en un héroe nacional si en vez de renunciar y pedir asilo político en la embajada de México se hubiese armado de valor para enfrentarse a Castillo Armas y su insignificante “ejército de la liberación” integrado por un puñado de militares y civiles anticomunistas guatemaltecos y por unos 300 mercenarios reclutados por la CIA en Honduras, Nicaragua y El Salvador, con la complicidad de los presidentes de esos países, Juan Manuel Gálvez, general Anastasio Somoza García, y teniente coronel Oscar Osorio, respectivamente, quienes lo hicieron cumpliendo instrucciones del gobierno de los Estados Unidos y por temor a la posibilidad de que en verdad el gobierno de Árbenz pudiese ser un peligro de infiltración comunista en Centroamérica.

Buen reportaje

El domingo pasado publicó Prensa Libre un buen reportaje titulado “Diez caras de una caída”, de Gustavo A. Montenegro recordando el 60 aniversario de la renuncia del presidente Jacobo Árbenz Guzmán, aunque tiene algunos errores, como poner la foto del licenciado Enrique Muñoz Meany, ex ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del Presidente Juan José Arévalo Bermejo, en vez de la foto del licenciado Guillermo Toriello Garrido, llamado “canciller de la dignidad” por su actuación en la X Conferencia Panamericana de Caracas como canciller del gobierno de Árbenz al habérsele enfrentado provocativamente al Secretario de Estado norteamericano John Foster Dulles. Pero, en realidad, si se examinan sin apasionamiento los hechos, la postura de Toriello fue una torpe provocación a todas luces inconveniente contra el país más poderoso del mundo. En vez de haberse comportado con prudencia diplomática, como un conciliador. Porque ya era sabido que existía el plan en su contra de la CIA norteamericana de tildar de “comunista” y de “cabeza de playa de la Unión Soviética” al gobierno arbencista por el hecho de haber autorizado la inscripción del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista) y tener entre sus altos funcionarios unos cuantos elementos comunistas, por el hecho de “ser bien preparados, buenos trabajadores y no ser corruptos” (como un día me dijo el propio Árbenz) todavía se pudo haber convocado la intervención de la Comisión de Paz de la Organización de Estados Americanos (OEA). Pero, en mi opinión, el comportamiento de Toriello en Caracas precipitó la intervención armada contra el gobierno de Árbenz porque provocó al Foster Dulles. Toriello viajó a Caracas con dos discursos en su portafolio: uno conciliatorio y otro agresivo, con instrucciones de Árbenz de emplear el que creyese más conveniente, pero Toriello escogió el discurso agresivo porque a su llegada a Caracas fue recibido como héroe por los estudiantes universitarios izquierdistas de Venezuela, que en esa forma manifestaban su rechazo al imperialismo norteamericano. Además, este reportaje no comentó que al renunciar Árbenz violó la Constitución de la República al “heredar” la presidencia del gobierno a “su amigo” el coronel Carlos Enrique Díaz, Jefe de las Fuerzas Armadas, en vez de dejarlo al presidente del Congreso, como correspondía legalmente.

Me consta que Toriello llevaba esos dos discursos porque yo fui uno de quienes colaboramos para escribirlos, junto con los destacados comunistas Víctor Manuel Gutiérrez, Carlos Manuel Pellecer, Mario Silva Jonama y un viejo funcionario de la cancillería de apellido Mendoza. Y eso le llenó de vanidad y quiso ser el valiente de la película al provocar peligrosamente al representante del imperio norteamericano, considerado el más poderoso del mundo.

Toriello todavía no era comunista entonces, sino un acaudalado abogado burgués que había defendido a los alemanes residentes en Guatemala y sus descendientes para que les devolvieran sus fincas expropiadas durante la II Guerra Mundial, de las cuales él conservó una de las mejores en pago, y estaba casado con María Mercedes Castillo, hija de uno de los hombres más adinerados del país, conocido como “Palito” Castillo, uno de los fundadores de la Cervecería Centroamericana, pero cuando Toriello falleció en la Habana, Cuba, el 24 de febrero de 1997 ya era miembro del partido comunista cubano, donde había integrado otra familia con una mujer que había sido su secretaria en el ministerio de Relaciones Exteriores y con quien huyó de Guatemala para ir a radicar durante varios años en una mansión en Cuernavaca, México, antes de decidir ir a radicarse a Cuba.

John Foster Dulles, Secretario de Estado de USA

John Foster Dulles era socio de la United Fruit Company (UFCo) de Boston y Secretario de Estado del gobierno del general Eisenhower. Árbenz tenía contemplado en su plan de gobierno la realización de una Reforma Agraria, para lo cual el Congreso emitió el Decreto 900, “Ley de Reforma Agraria”, por la que el Estado se proponía comprar las tierras desocupadas en los precios que estuviesen declaradas en el registro de impuestos. En 1950, el 76% de los habitantes poseían menos del 10% de las tierras; mientras que un 2.2%, el 70% de las tierras. La United Fruit Company era dueña de más del 50% de las tierras cultivables del país, las cuales les habían sido entregadas a muy bajos precios por los dictadores Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico, de las cuales solamente cultivaban el 2.6%; y los campesinos que trabajaban en ellas tenían sueldos miserables. El intento de adquirir la tierra ociosa de la UFCo, como parte del cumplimiento de la Ley de Reforma Agraria, y pagarla de acuerdo a los precios en los registros de los impuestos, le valió la condena del gobierno de los Estados Unidos tildándole de “comunista” y la CIA organizó un complot que culminó con una invasión al territorio nacional hasta lograr la renuncia del presidente Árbenz.

El presidente los Estados Unidos, general Eisenhower, consideraba un atropello y un agravio a los poderosos intereses estadounidenses que el gobierno de Guatemala se tomase en serio los libros de contabilidad de la United Fruit Company cuando Árbenz pretendió pagar, como indemnización por las tierras a expropiar, el valor que la propia empresa había atribuido a esas tierras para pagar los impuestos. Foster Dulles, Secretario de Estado, exigía el pago de veinticinco veces más. Arbenz, acusado de encabezar una conspiración comunista, no se inspiraba en Lenin, sino en Abraham Lincoln. Su Reforma Agraria, se proponía modernizar el capitalismo en Guatemala, por la creencia de que es un país de vocación agrícola, es más moderada que las leyes rurales norteamericanas de hace casi un siglo.

Allen W. Dulles, director de la CIA

Fue el primer director civil de la CIA y también el que desempeñó el cargo durante más tiempo. Fue también miembro de la Comisión Warren que investigó el asesinato del presidente John F. Kennedy. En el tiempo que no realizó trabajos para la administración estadounidense, Dulles ejerció como abogado, siendo directivo del bufete Sullivan & Cromwell y fue miembro del consejo de administración y accionista de la compañía Schroders Inc, compañía financiera multimillonaria británica. Era hermano menor de John Foster Dulles, Secretario de Estado de Eisenhower, Y fue el cerebro que organizó la Operación PBSSuccess de la invasión a Guatemala del llamado “ejército de Liberación nacional” al mando del teniente coronel Carlos Castillo Armo para derrocar al Presidente Jacobo Árbenz Guzmán. En total, Allen W. Dulles, trabajó y lideró operaciones dentro de la COI, la OSS y la CIA durante más de 21 años, participando en todos los casos como parte de las diferentes directivas y desarrollando, estructurando y planificando decenas de operaciones, acciones y proyectos de espionaje, investigación e inteligencia en general, llegando al tope de su carrera con sus operaciones al frente de la CIA, que incluyeron holpes de Estado en Guatemala e Irán y la muy renombrada Operación Paperclip. Dulles fue una de las personas más influyentes y poderosas dentro del gobierno de los Estados Unidos, pasó de ser un hombre con contactos y conexiones políticas, además miembro de alto rango dentro de las entidades y los proyectos iniciales de crear un sistema de inteligencia, a ser un poderoso líder dentro de estas organizaciones, acabando finalmente dirigiendo la CIA, siendo el primer civil en la historia en ejercer dicho cargo y permaneciendo en él por más de ocho años. Fue el responsable de convencer al Presidente Eisenhower de organizar la desastrosa invasion a Cuba por Bahía de Cochinos, a la que Kennedy se oponía a la invasión y se negó a dar apoyo aéreo a los cubanoa anticomunistas que desembarcaron en Cayo Confites. Kennedy le destituyó del cargo. Su aplastante carrera al frente de la Inteligencia estadounidense, se vio empañada por el fracaso del Plan desarrollado por el general Dwight Eisenhower para invadir Cuba, la “Operación Bahía de Cochinos”, la cual debió ser llevada a cabo durante el período de Kennedy, quien obstruyó y debilitó la operación, conduciendo a su fracaso, teniendo como resultado la renuncia bajo presión de sus responsabilidades al frente de la CIA, cuando tenía ya entonces 68 años de edad. Dulles se retiró a su acomodada residencia en Maryland y pasó a vivir esplendorosamente, gozando de los beneficios que su inmensa fortuna le proveía. No obstante posteriormente su nombre salió a colisión, después de que produjese la Crisis de los Misiles Nucleares en Cuba, que sirvió para que la opinión pública pasase a justificar las acciones de Estados Unidos, al intentar invadir la isla, al revelarse Cuba como una amenaza para dicho país. Luego su nombre volvió a la luz pública cuando fue convocado por Lyndon B. Johnson, para que formase parte de la Comisión Warren, la cual tomó bajo su cargo las investigaciones sobre el asesinato del Presidente John F. Kennedy. Allen Dulles es recordado como uno de los más poderosos personaje de Estados Unidos, siendo alguien en extremo influyente y clave para la inteligencia estadounidense, a tal grado que es considerado para la CIA lo que fue J. Edgar Hoover para la FBI y muchas, por no decir casi todas, la acciones internacionales del gobierno estadounidense, durante ese período, lo involucraron. Son muchos los honores que en vida recibió y múltiples otros los que se le confirieron póstumamente. Actualmente, el aeropuerto Internacional de Washington-Dulles, lleva ese nombre en su honor.

Los hermanos Dulles rechazaban lo que el gobierno de Árbenz pretendía pagar por las tierras en manos de la UFCo y exigía que se pagara a la compañía frutera siete veces más del valor declarado para pagar los impuestos, pero el gobierno revolucionario insistía en reconocer como pago el precio en las que esas tierras estaban registradas. La UFCo era propietaria, además de una enorme cantidad de tierras, en Tiquisate al sur y en Bananera al norte de la República, también era dueña de los Ferrocarriles Internacionales de Centroamérica (IRCA), y del único muelle que había en Puerto Barrios, en el Atlántico. Por lo cual otro de los puntos básicos del plan de gobierno de Árbenz era la construcción de una carretera al Atlántico para eliminar el monopolio de transporte del ferrocarril para trasladar personas y carga a Puerto Barrios y de la construcción de un muelle que a la postre es el que actualmente se llama Santo Tomás de Castilla, bautizado así cuando era Presidente de la República el general e ingeniero Miguel Ramón Ydígoras Fuentes.

Licenciado Guillermo Toriello Garrido

El licenciado Guillermo Toriello Garrido fue un típico ejemplo de quienes tienen una doble moral porque piensan con los izquierdistas pero comen con los conservadores. Era miembro de una familia destacada, de la clase alta de Guatemala, hermano del llamado “ciudadano” Jorge Toriello Garrido, participante en la insurgencia del 20 de octubre de 1944 y miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno. Fue un destacado estudiante revolucionario de la Facultad Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de San Carlos de Guatemala, tomó parte en las manifestaciones contra de la dictadura del dictador Jorge Ubico Castañeda y después contra la pretendida imposición del general Federico Ponce Vaides que trató de afianzarse en el poder. Fue embajador en Washington y ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del Presidente Árbenz y asistió a la X Conferencia Interamericana de Cancilleres en Caracas, Venezuela, donde se enfrentó al representante del imperialismo norteamericano, John Foster Dulles, Secretario de Estado del gobierno del general Dwight D. Eisenhower.

Fue representante diplomático de los gobiernos revolucionarios de Guatemala del doctor Juan José Arévalo Bermejo y Jacobo Árbenz Guzmán entre 1944 y 1954. Ocupó diversos cargos en el servicio exterior de su país: fue Embajador en los Estados Unidos, y ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Canciller de la República y Presidente de la delegación guatemalteca ante la X Conferencia Panamericana de Caracas. Desde estos puestos y en diversas tribunas, defendió valientemente el derecho de Guatemala a su autodeterminación y luchó contra de la intervención norteamericana. Como Canciller de Guatemala expuso una y otra vez ante la opinión pública mundial no sólo que la intervención norteamericana era flagrantemente, ilegal e ilegitima, sino que también tenía menos que ver con una supuesta amenaza comunista y más con proteger los poderosos intereses económicos de la compañía norteamericana United Fruit Company (UFCo) y de los latifundistas guatemaltecos. A pesar de los esfuerzos de personas como Toriello por salvar el gobierno constitucional y los logros de los gobierno revolucionarios (“diez años de primavera en el país de la eterna dictadura”) su lucha culminó con el golpe de Estado del 17 de junio de 1954 perpetrado por la CIA (Central Intelligence Agency) en conjunción con los grandes latifundistas, el alto clero conservador, la United Fruit Company (UFCo), y las huestes mercenarias de Carlos Castillo Armas, bajo el nombre de “Movimiento de Liberación Nacional  . Menos de diez años después del golpe de estado de 1954 empezó la guerra civil que hundió a Guatemala en un baño de sangre de más de 30 años de duración y dejó un saldo de más de 200,000 muertos.

General Dwight D. Eisenhower, 34º presidente de Estados Unidos de América

El general de cinco estrellas Dwight S. Eisenhower se hizo mundialmente famoso como jefe de operaciones de las fuerzas norteamericanas que invadieron Europa continental en el “Día D”, por lo que el partido Republicano le postuló como candidato presidencial compitiendo con el intelectual Adlai Stevenson, ex Gobernador del Estado de Illinois, que a pesar de sus muchos méritos intelectuales perdió la elección. Pero durante el gobierno de John F. Kennedy fue brillante embajador ante la Organización de Estados Americanos (ONU) y tuvo un brillante papel cuando la crisis de los misiles soviéticos en Cuba. Eisenhower era un rematado anticomunista y durante su gobierno se empeñó en combatir la expansión del comunismo en diversas partes del mundo.

Richard M. Nixon, Vicepresidente de Estados Unidos de América

Richard Milhous. Nixon fue un apasionado anticomunista y decidido partidario de la conspiración PBSSuccess para derrocar al gobierno del coronel Jacobo Árbenz. De hecho, tras el triunfo de la “liberación” viajó a Guatemala para entrevistarse con Carlos Castillo Armas y otros líderes “liberacionistas”. Justificaba la flagrante intervención armada norteamericana con el peregrino argumento que el gobierno de Árbenz estaba controlado por comunistas, lo que quería decir que estaba en manos de una potencia extranjera, violando la famosa proclamación del ex presidente Theodore Rossevelt de que “América es para los americanos”. Y, por consiguiente, Castillo Armas había liberado a Guatemala de la dominación soviética. A cambio, Castillo Armas le confirió la más alta condecoración guatemalteca, “La Orden del Quetzal”.

Otra cosa que no analizó el reportaje de Gustavo Montenegro en Prensa Libre fue el hecho que Árbenz, además de haberse comportado como un cobarde al no haber luchado por la defensa de su gobierno revolucionario, cometió el delito de “dejar el poder” en manos del coronel Carlos Enrique Díaz, ministro de la Defensa, cuando de acuerdo a la Constitución de la República debió dejar el mando en manos del Presidente del Congreso. El coronel Díaz solamente pudo ser presidente durante un día porque el embajador Peurifoy le exigió la captura y “desaparición” de  por lo menos 50 altos funcionarios del gobierno de Árbenz señalados de comunistas y él se negó a hacerlo diciéndole al embajador: “Ya solo falta que traiga la bandera de las barras y las estrellas y la ponga en el asta mayor del Palacio Nacional”, lo cual le costó el cargo porque en el acto fue obligado a renunciar y a formar parte de un triunvirato militar con los coroneles Elfego H. Monzón y José Luis Cruz Salazar, el cual también duró solamente un día y el coronel Carlos Enrique Díaz tuvo que salir al exilio a México.

Mientras tanto, el coronel Árbenz y su familia, con un buen número de funcionarios de su gobierno se habían asilado en el edificio de las oficinas de la embajada de México en Guatemala, situado en la casa de habitación que fue del general Lázaro Chacón cuando fue Presidente de la República, situada en la 6a. avenida entre 5a. y 6a. calles de la zona 1, a un costado del Palacio Nacional, donde fueron obligados a permanecer hacinados y sin ninguna comodidad durante más de un mes sin que el gobierno de Castillo Armas les concediera el salvoconducto de ley para poder abandonar el país. Y cuando el gobierno finalmente les concedió el salvoconducto, el ex Presidente constitucional de la República, coronel Jacobo Árbenz Guzmán, fue vilmente humillado en el aeropuerto por los funcionarios de migración y aduana porque le obligaron a desnudarse para comprobar que no llevaba escondido bajo la ropa dinero o joyas. Lo cual fue una imperdonable afrenta que el pueblo de Guatemala no debe permitir que ocurra jamás. La dignidad presidencial debe ser respetada siempre. Por más que el ex presidente Alfonso Portillo fue violentamente sacado del hospital y extraditado a Nueva York para ser juzgado acusado de “conspiración de lavado de dinero”, lo cual también debería llenarnos de vergüenza. 

Otra cosa que debió decir el reportaje de Gustavo Montenegro es que el teniente coronel Carlos Castillo Armas puede ser tildado de “traidor a la patria” por haberse prestado a encabezar una invasión armada a su propio país, pero debe también reconocérsele que fue un entusiasta partidario del movimiento armado del 20 de octubre de 1944 y al principio fue partidario de los gobiernos revolucionarios, pero no estaba de acuerdo con la injerencia comunista en el gobierno de la república y por eso participó primero en un levantamiento de la base militar del aeropuerto organizado por el licenciado ultraderechista Juan Córdoba Cerna, en el cual murió un hijo de éste y Castillo Armas fue fusilado, pero no murió de los balazos que recibió y los médicos del hospital militar se dieron cuenta de que no había n¡muerto y le salvaron la vida por órdenes del coronel Árbenz que era ministro de la Defensa. Después de lo cual, cuando se recuperó y fue dado de alta, Castillo Armas fue encarcelado en la Penitenciaría Central pero se urdió un plan por los derechistas del país para que escapara de la Penitenciaría Central por un supuesto túnel (que realmente no existió), y Castillo Armas salió caminando por la puerta principal, ayudado por el entonces Jefe de la Policía Secreta, con el apoyo de la embajada norteamericana, tras de lo cual solicitó asilo en la embajada de Colombia, como había sido previamente arreglado, y salió al exilio. Después se puso en contacto con la CIA y se trasladó a Honduras donde encabezó la integración del llamado “Ejército de liberación nacional” que invadió Guatemala por Chiquimula, pero fue derrotado en el primer encuentro con el ejército, en Gualán, y se retiró de vuelta a Honduras. Pero entonces el embajador norteamericano Peurifoy, el arzobispo Rossell y Arellano y el Nuncio Apostólico, de apellido Verolino hicieron arreglos para que en San Salvador se reuniera con altos jefes del ejército y se concertara el llamado “Plan de Caballeros de San Salvador”, por el que iba a escogerse quién sería escogido para ser presidente de la República entre los líderes anticomunistas que había entonces: el general e ingeniero Miguel Ramón Ydígoras Fuentes, el licenciado Juan Córdoba Cerna y el teniente coronel Carlos Castillo Armas, pero el primero se negó a encabezar un gobierno emanado de una invasión al territorio nacional y el segundo fue eliminado por sus nexos con el generalísimo Trujillo, dictador de la República Dominicana, y debido a la intervención del embajador Peurifoy y del licenciado Luis Coronado Lira, fue escogido el coronel Castillo Armas como líder máximo del movimiento, el cual entró triunfante a Guatemala tras la cobarde renuncia del Presidente Constitucional de la República, coronel Jacobo Árbenz Guzmán, denominado “Soldado del pueblo”, quien no tuvo el valor para vivir su papel histórico y prefirió irse al exilio, primero a Suiza, donde inició un largo peregrinaje que lo conduciría primero a París, donde esperó que el gobierno de la entonces Checoslovaquia le acordara el asilo político. Enseguida viajó a la Unión Soviética donde consiguió educación para sus hijos en institutos comunistas. Hasta que su hija mayor, Arabella, se fugó del internado de la universidad Lumumba y huyó de Rusia, totalmente desencantada del comunismo. No podía ni siquiera soportar al Ballet Ruso, ni a nada que proviniera de la Unión Soviética. Y como consecuencia de su fuga fue castiigada por sus padres y se distanció totalmente de ellos hasta su muerte.

De Moscú, Árbenz se fue a China, de donde regresó a la URSS, pero luego solicitó asilo en Uruguay, viviendo en Montevideo de 1957 a 1960, año en que Fidel Castro le invitó a residir en Cuba para tratar de organizar la resistencia en Guatemala. Pero en Cuba no acomodó en los nuevos planes de la lucha de guerrillas de Guatemala y sin el respaldo político que deseaba decidió abandonar la isla caribeña a fines de 1960, donde le fueron incautados por el gobierno castrista los depósitos de dólares que tenía en los bancos de la isla. Esta vez su demanda de residir en Suiza fue aceptada, pues el activo político ya había dejado de ser un peligro marxista. Arbenz se marchó de Cuba para Suiza, estableciéndose en Lucerna, donde vivió solo y alcoholizado durante 4 años, porque su esposa, la salvadoreña Maria Cristina Villanova, le había sido infiel y le había abandonado para irse a vivir a Costa Rica. En tanto que su bella hija mayor, Arabella, se había suicidado en Colombia; y su hija menor, Leonora, había enloquecido y estaba internada en un asilo para dementes en San José de Costa Rica (y más tarde se suicidó también). Finalmente, Árbenz obtuvo visa para entrar a México, donde murió el 17 de enero de 1971, solo y abandonado por su esposa como consecuencia de un golpe que sufrió en la cabeza al caer en el baño de su casa tras una larga borrachera y un fulminante paro cardíaco que no se sabe si había sido antes o después de caer en la bañera y golpearse la cabeza.. Pensando en la posibilidad de su rehabilitación política deseaba regresar a Guatemala apoyado por la ya entonces URNG, por lo que abandonó Suiza con destino a México, donde reanuda sus contactos políticos con los dirigentes de los grupos guerrilleros de Guatemala y preparaba su ingreso al país, pero ese objetivo no lo pudo realizar.

Fue muy trágica la vida de Jacobo Árbenz Guzmán, pues su padre, oriundo de Suiza, se suicidó en Quetzaltenango después de haber fracasado en una farmacia que poseía y de administrar una pequeña finca de alemanes. Había sufrido fuertes dolores que le obligaban a inyectarse morfina, por lo que se decía que su hijo del mismo nombre era morfinómano, pero en realidad nunca lo fue. Pero la hermana mayor de Árbenz, se suicidó, su esposa, María Cristina Villanova de Árbenz, le fue infiel muchas veces (y él lo supo) y al final lo abandonó en México y ella se fue a residir a Costa Rica, donde falleció a la edad de 93 años. su hija mayor, la Arabella Árbenz Villanova, se suicidó de un balazo en la boca en Bogotá, Colombia como consecuencia de su depresión causada por su adicción al LSD y el hecho  de haber sido expulsada de México y no deseaba regresar a vivir a El Salvador ni, mucho menos, a Guatemala. “¡Ni muerta quiero volver a Guatemala!”, me dijo un día. Por lo cual conseguí que el gobierno del licenciado Luis Echeverría Álvarez autorizara que llevara su cadáver a México para enterrarla y que el actor Rodolfo Landa (nombre artístico del licenciado Rodolfo Echeverría Álvarez, hermano del mandatario y entonces Secretario General de la Asociación Nacional de Actores (ANDA) permitiese que se le diese sepultura en un mausoleo de artistas en el cementerio. Gracias a que había trabajado en una película experimental titulada “Un alma Pura”, al lado del actor Ricardo Rocha, con argumento del escritor Carlos Fuentes. Digo que yo tuve que conseguir esas concesiones para poder enterrarla en México, como era su deseo, porque yo tuve que ir a Colombia por su cadáver en vista de que el hombre a quien había acompañado a América del sur, el mediocre torero mexicano de nombre Jaime Bravo, apenas le había conocido pocos días antes, pero en vista de su desesperación por haber sido expulsada de México, le acompañó a su gira de corridas de toros en América del sur, pero entre ellos no había una vieja relación ni, mucho menos, estaban casados, como dijeron algunos medios; y fue él quien me llamó a Guatemala desde Bogotá para darme la noticia y decirme que él no podría enterrarla en Colombia, ni podría llevar su cadáver a México porque tenía compromisos para torear en Lima, por lo que me pedía que yo me encargara de ello en vista de que había sido mi amante en México durante dos años. Y fue por eso fui a Bogotá a buscar su cadáver para trasladarlo a México y darle sepultura. Para lo cual, además, obtuve permiso para que pudiesen entrar temporalmente a México Jacobo Árbenz, su esposa y sus hijos Leonora y Jacobo, para estar presente en el entierro. Ellos no tenían visa para entrar a México porque estaban viviendo en Cuba, pero obtuve un permiso especial para que pudiesen entrar al país y permanecer durante varios días. Todo esto lo hice porque Arabella y yo habíamos vivido un apasionado romance que tuvo dos años de duración, y vivimos en Paris, Nueva York y México.  Pero solamente llegaron a México Jacobo, María Cristina y Leonora, porque su otro hijo, el menor, Jacobo, no pudo salir de Cuba porque había tenido un accidente automovilístico en el que había muerto una persona y todavía estaba en el proceso.

Posteriormente, su hija Leonora se volvió loca en San José de Costa Rica y fue internada en un sanatorio para dementes, hasta que finalmente también se suicidó. Triste fue la vida que Jacobo Árbenz tuvo que sufrir, por lo que insisto en que habría sido mejor que se suicidara para pasar a la historia como un mártir, en vez de renunciar a la presidencia cuando sus colegas militares se negaron a respaldarle y defender a su gobierno de la conspiración organizada por la CIA y la United Fruit Company.

Twitter @jorgepalmieri