LA DICHA DE LLEGAR A VIEJOS

Queridos amigos:

Aunque un poco tarde, este domingo quiero dedicar a todos ustedes –pero en especial a quienes ya hemos  logrado vivir muchos años– este slideshare que me envió mi estimado amigo Danilo Parrinello. Como ustedes saben –o deberían saberlo–, en las más viejas y más sabias civilizaciones del mundo se guarda un profundo respeto por la vejez, porque se comprende que solo habiendo vivido muchos años se puede adquirir la sabiduría que da la experiencia. En cambio, en las civilizaciones capitalistas hay jóvenes tan estúpidos que desprecian la sabiduría de los viejos y se burlan de ellos. No en vano el gran escritor, dramaturgo y humorista irlandés George Bernard Shaw dijo que “la juventud es un mal que se cura con el tiempo”. Perdonen que lo repita, pero hace poco tiempo un papanatas nacido en España, donde se hizo oficial de policía y se vino a Guatemala, donde en mala hora adquirió la nacionalidad guatemalteca, pero cree que eso le otorga derecho a hablar mal de todos los guatemaltecos y de todo lo que se hace aquí,  y trabaja como catedrático en una universidad privada y como periodista en un diario escrito y en un canal de la televisión, creyó que iba a descalificarme, o a insultarme, o zaherirme por decir que estoy “en la postrimería de mi vida” por el hecho de haber cumplido ya 83 años de edad. Y no me enojó porque es obvio que tiene razón, no sólo por el hecho de que ya es mucho el tiempo que llevo vivido y por naturaleza –ya no digamos por los males que nos aquejan a los viejos con el paso de los años–, es lógico y natural que estemos más cerca del salto cuántico en esta corta fase material de la vida eterna. Además, habiendo ejercido el periodismo en Guatemala durante más de 60 años, en el transcurso de varios de los gobiernos totalitarios e intolerantes, por los que muchas veces estuve perseguido, encarcelado, torturado y exiliado, y después de haber participado en varios complots revolucionarios para derrocar al gobierno “liberacionista” del coronel Carlos Castillo Armas, y de haberme jugado la vida algunas veces en mi juventud por mis eventuales travesuras amorosas con mujeres comprometidas (porque aquí en esos años la virginidad era una peste entre las mujeres jóvenes), y por el hecho que hoy en Guatemala le pueden matar a uno por robarle el automóvil, el teléfono celular, el reloj, o la cartera… es un verdadero milagro que todavía esté vivo y activo en lo que ha sido la máxima pasión de mi vida: la comunicación. Por todo ello, doy gracias a Dios por estar aún con vida y me siento orgulloso de haber aprendido, entre otras cosas, que la única importancia que debemos dar a lo que dicen de uno los pendejos, es la que uno quiera darle. Por consiguiente, creo que ésta será la última vez que mencione ese estúpido incidente. Espero que así será.


¡Les deseo un feliz domingo!

Twitter @jorgepalmieri