Discurso en el Congreso del Alcalde Arzú 1

Por invitación especial del Presidente de la Junta Directiva del Congreso de la República, Roberto Alejos Cámbara, el Alcalde Metropolitano y ex Presidente Constitucional de la República en, Álvaro Arzú Irigoyen, pronunció un discurso que ha despertado controversia en presencia del Presidente del Organismo Judicial, licenciado Carlos Roberto Chacón Torrebiarte, y del Vicepresidente de la República, doctor Rafael Espada, y de otros altos funcionarios públicos y algunos miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en nuestro país, durante la sesión solemne que dicho organismo celebró el 10 del mes en curso, para conmemorar el 188 aniversario de la firma del Acta de Independencia de Centroamérica, el 15 de septiembre de 1821.
Este discurso ha venido siendo discutido por diferentes motivos y por varios sectores de la opinión pública nacional, incluyendo a algunos periodistas a quienes desde hace mucho tiempo el ex Presidente les cae «de la patada» porque le consideran demasiado presuntuoso y arrogante. A tal extremo que alguno de ellos hasta ha cuestionado la idoneidad que tiene el Alcalde capitalino para pronunciar un discurso en una Sesión Solemne del Pleno de los representantes del pueblo, menospreciando que se trata, nada menos, que de un ciudadano excepcional que ha ganado cuatro elecciones libres para desempeñar la Alcaldía Metropolitana: primero en 1982, pero esa vez no llegó a desempeñar el cargo porque rechazó ser nombrado Intendente por el gobernante de facto, general Efraín Ríos Montt, quien entonces designó al ingeniero José Ángel Lee; después volvió a ser electo Alcalde capitalino en 1986 y desempeñó ese cargo hasta 1990; años más tarde fue electo Presidente Constitucional de la República para el período comprendido de 1996 al 2000 y antes de que concluyese su mandato logró que se firmara el Acuerdo de Paz Firme y Duradera que puso fin al conflicto armado interno que tuvo más de tres décadas de duración.
Cuando concluyó su período presidencial, dedicó algún tiempo al descanso y a leer mucha Historia, pero regresó a la política y otra vez fue electo Alcalde capitalino para los períodos 2004 al 2008 y reelecto para el período 2008 al 2012, lo cual constituye en nuestro país un caso no sólo insólito, sino inédito, porque a lo largo de toda la historia de Guatemala no ha habido ningún otro ciudadano que haya ganado tantas elecciones para desempeñar esos importantes cargos públicos.
O sea que quien pronunció ese discurso en el Pleno del Congreso no fue un badulaque que ha tenido la suerte de haber triunfado en sus ambiciones políticas, sino fue un guatemalteco sumamente particular, un político veterano y exitoso como ningún otro que merece atención y respeto por lo que ha sido y lo que es. Y porque a través de tantos años ha demostrado su entrega al servicio del país.
Sin embargo, no sorprende que su discurso sea calificado por algunos periodistas de «políticamente incorrecto» ni, tampoco, que cierta persona fanática de izquierda que participó en la guerrilla, pero ahora está incrustado en un organismo internacional y escribe columnas en el periódico «Prensa Libre», que supuestamente es de derecha, lo califique de ?Alarmante discurso? y agreguen que es ?representativo del pensamiento del sector político de derecha?, ?típica visión paternalista de las élites? y otras babosadas por el estilo, porque es bien sabido que todo lo que Álvaro Arzú hace y dice les produce ampollas porque les es antipático y les desagrada su habitual franqueza para expresar sus opiniones que, por lo general, son contrarias a sus empeños por llevar a nuestro país hacia el llamado Socialismo del siglo XXI que dirige el abominable dictador venezolano Hugo Chávez.
Uno de los conceptos de Arzú que más inquietó a ciertos sectores fue el siguiente: ?Todas las épocas y las culturas dominantes del planeta han tenido una serie de valores que se consideraban incuestionables. En la Edad Media, por ejemplo, el pensamiento giraba en torno a la religión, y nadie, nadie, se atrevía a desafiar las verdades reveladas, pues éstas servían de modelo, no sólo para la vida individual, sino también para la vida social. Hoy, en el mundo moderno, detrás de una máscara de tolerancia y libertad de opinión, también tenemos algunos valores que se consideran incuestionables. Uno de ellos, precisamente, y es el que me gustaría abordar en esta oportunidad, es LA DEMOCRACIA.?
Y siguió diciendo:
?LA DEMOCRACIA se considera la panacea de la sociedad actual, y se ve con desconfianza y reproche a aquellas sociedades que por razones históricas, religiosas, políticas y culturales, no se ajustan a esa idea estadísticade una democracia representativa. Yo siempre he propuesto que la democracia tiene sentido cuando es debidamente dirigida, cuando se dirige la democracia. La Comunidad Internacional (término un tanto vago que esconde los intereses de las grandes naciones más poderosas del planeta), al igual casi la Santa Inquisición del pasado, se permite ?corregir? esas perversas desviaciones. Basta escuchar a muchos representantes decir que su objetivo más importante en el Tercer Mundo, o sea nuestro mundo, es la consolidación de las democracias incipientes, o sea esas democracias incipientes somos nosotros, y dicen, facilitando que allí, en el seno de nuestro subdesarrollo, se fortalezcan las instituciones democráticas del mundo libre?.
Comento: Yo también creo que aunque el sistema democrático es uno de los mejores que ha habido hasta la fecha, tras él se esconden muchos que propugnan por sistemas extremos, pero usan la democracia como máscara. En todo caso, la democracia tiene «sus asegunes». No se les puede exigir a los indígenas de Guatemala que compartan su simpatía y devoción por la democracia cuando no sólo no la comprenden sino tradicionalmente han sido víctimas de constantes engaños de quienes les han dicho que son demócratas, pero no han sido sino farsantes y corruptos que nunca les han cumplido las promesas demagógicas electorales.
No se puede negar que en el mundo se han creado entelequias como esa tal ?Comunidad Internacional? que se dice democrática y pretende obligar a todos los países a seguir los enunciados y ejemplos de ellos, lo que prácticamente equivale a una especie de Espada de Damocles para los países que se atreven a tratar de vivir de acuerdo a su propia idiosincrasia y sus propias realidades. Se ha visto de sobra en el transcurso de los años que esta «Comunidad Internacional» exige a todos los demás países del mundo que sean como les dicen que sean y que nunca actúen con la soberanía y libertad de gobernarse según sus propias características y sus propios anhelos. Como si todos los pueblos del mundo hubiesen sido cortados con las mismas tijeras, los integrantes de la «Comunidad Internacional» se niegan a entender que deben respetar la idiosincrasia y la voluntad política de cada uno de los pueblos, porque no todos tienen los mismos orígenes, ni las mismas características, ni comparten los mismos ideales.
Siguió diciendo Arzú:
?Con todo el respeto que me merecen la Comunidad Internacional y su ideología democrática, permítanme disentir de este ?noble? propósito que, en el momento presente, se nos ha convertido más en una carga que en una ayuda para nosotros?.
Comento: ¡Qué razón tiene! Parece que la tal «Comunidad Internacional» cree que es una especie de super gobierno mundial que tiene derecho a andar metiendo sus narices en todo lo que hacen los demás países para juzgarles y ordenarles lo que deben hacer, por más que éstos sean libres, soberanos e independientes.
Siguió diciendo:
?¿Por qué digo que es más una carga que un apoyo? Pues bien, porque la imposición externa de un modelo que no permite la expresión del carácter propio de nuestra sociedad, se convierte en lo que yo llamo casi un ?saqueo de instituciones?. Sí, un saqueo, como sucede cuando una fuerza conquistadora invade un poblado y empieza a robar y destruir lo que encuentra a su paso. Después, cuando la tormenta ya pasó, lo único que queda son ruinas, estructuras vacías, casi como un pasaje de utilería?. Comento: precisamente era a esto mismo a lo que me referí anteriormente cuando mencioné la Espada de Damocles sobre las cabezas de los pueblos que se atreven a disentir de las opiniones y directrices de la ?Comunidad Internacional?. ¡Ay de aquel país que quiere resolver sus problemas políticos de una manera diferente al gusto de la «Comunidad Internacional» porque le sucede lo que le está ocurriendo a la hermana república de Honduras por haber derrocado -de acuerdo a sus propias leyes- al fantoche Manuel Zelaya por haber violado la Constitución de la República y lo que dictaminaron la Corte Suprema de Justicia y la máxima autoridad electoral por tratar de promover la re elección presidencial para seguir los ejemplos de las dinastías de los hermanos Fidel y Raúl Castro, de Cuba; de los esposos Néstor y Cristina Kirchner de Argentina (que pretenden emular los esposos Álvaro y Sandra Torres de Colom); de Hugo Chávez Frías, de Venezuela; de Rafael Correa, de Ecuador; de Evo Morales, de Bolivia; y de Daniel Ortega y su esposa, de Nicaragua. (Continuará)

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