REPETICIÓN SOLICITADA

Explicación:
He recibido muchas solicitudes de personas que, en vista de que probablemente muchos de los asiduos visitantes a estre blog no estaban aquí y no tuvieron oportunidad de leer lo que publiqué ayer, ya sea porque estaban de viaje de descanso, o porque se dedicaron a otras actividades, me sugieren que sería bueno que repita lo que publiqué, para que conozcan algunos detalles poco conocidos tanto de la firma del Acta de Independencia de Guatemala, el 15 de septiembre de 1821, como del tradicional «Grito de Dolores» del cura Miguel Hidalgo y Costilla, en México, ocurrido el 15 de septiembre de 1810, que dio principio a la guerra que duró once años para obtener la Independencia que se confirmó el 27 de septiembre de 1821 y fue, en realidad, una de las más fuertes razones por las cuales la Provincia de Guatemala, cuya Audiencia incluía a Chiapas y era la capital de todo el territorio centroamericano, decidió firmar el Acta de Independencia, pero la verdadera intención del Capitán General, Gabino Gaínza, era anexar Centroamérica al primer Imperio mexicano, encabezado por el general Agustín de Iturbide con el título de Agustín I. Y, además, para que sepan algo más de lo que ocurrió alrededor de ese trascendental episodio histórico. Así que con mucho gusto repito hoy lo que publiqué ayer más algunos agregados. Si usted no lo ha leído, lo invito a que lo haga detenidamente. Y si ya lo leyó, también le pido que lo vuelva a leer porque esta vez el texto de ayer tiene algunas correcciones y agregados que considero que van a interesarle. Perdónenme que esta columna sea tan larga, pero lo he creído necesario.
*¡Que viva Guatemala!
Hoy estamos conmemorando en Guatemala el 188 aniversario de la firma del Acta de Independencia de Centroamérica. Se denomina como Independencia de Centroamérica a la conmemoración, por parte de los actuales estados de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, de la firma del Acta de Independencia de la Capitanía General de Guatemala el 15 de septiembre de 1821. Tal Capitanía estaba conformada en ese entonces por las Provincia de Guatemala, Chiapas, Comayagua, San Salvador, la Provincia de Nicaragua y Costa Rica. La suscripción del referido documento trajo como consecuencia la Independencia de Centroamérica del gobierno Español, pero no alteró en nada la situación política, económica y social de sus habitantes. Particularmente de los indígenas, que continuaron en las mismas condiciones de explotación y miseria.
Los criollos y la gente cercana a ellos estaban cansados de la marginación y desprecio de que eran objeto por parte de los españoles penisulares. Además, ya no deseaban seguir contribuyendo con impuestos para España. Sobre todo desde que el Rey Fernando VII había sido destituído por Napoleón Bonaparte para instaurar en el trono de España a su hermano José Bonaparte. En realidad, para muchos esta fue una manera de dar apoyo al Rey Fernando VII más que un deseo de declarar la Independencia.
Los criollos tuvieron conocimiento de las nuevas ideas que circulaban en Europa respecto a la no divinidad del poder de los reyes, y a los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Conocedores también del malestar de la mayoría mestizada, se lanzaron a la aventura de alcanzar la libertad.
En los primeros años del siglo XIX, se empezaron a gestar movimientos insurreccionales en Centroamérica y el resto del continente. En Centroamérica, el 5 de noviembre de 1811 se inició una revuelta guiada por el padre Matías Delgado, que llamó a la insurrección tocando las campanas de la iglesia La Merced. El movimiento fue sofocado por las autoridades, pero ese mismo año estallaron rebeliones en León, Granada y en Rivas (Nicaragua).
En San Salvador se dio otro levantamiento, en enero de 1814. Finalmente, se firmó en Guatemala el Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821. Pero antes de que se firmara la Acta de Independencia surgieron muchas causas que dieron origen a la Independencia de Centroamérica, algunas que pudieron ser internas o externas las cuales se estudiaran poco a poco en este reporte.
Para que se diera la independencia, incidieron varias causas, que los historiadores clasifican en externas e internas.
Entre las causas internas están las siguientes:
* El menosprecio de los españoles peninsulares hacia los criollos.
* Las desigualdades políticas. Los altos cargos políticos, militares y religiosos estaban reservados para los peninsulares.
* El descuido de los gobiernos coloniales en lo social, económico y cultural; no se preocupaban por los habitantes.
* La creciente impopularidad de las autoridades españolas. El reino de España no empleaba criollos conocidos para que sirigieran el gobierno de las colonias, sino prefería enviar desde España fucionarios que desconocían las situaciones y necesidades de las colonias.
Las principales causas externas fueron:
* Las ideas surgidas en Europa, que pregonaban la libertad, la igualdad, la fraternidad y la soberanía como principios fundamentales.
* La Revolución Francesa (1789-1799), que terminó con las desigualdades y los privilegios. Se introdujo el principio de que todos los seres humanos son iguales ante la ley.
* La invasión napoleónica a España en el año 1808 y la sustitución del rey Fernando VII por José Bonaparte, hermano de Napoleón.
* La carta de Filadelfia, de 1776 como fruto de la guerra de Independencia de los colones americanos contra el reino de Gran Bretaña. En ella se decían que los gobiernos tenían la obligación de garantizar la libertad, la vida y la felicidad de los habitantes y que si los gobiernos no cumplían esta obligación, las personas podían cambiarlas.
Algunas causas sociales de la independencia:
* Las nuevas leyes del rey de España, las nuevas ideas científicas divulgadas por libertad de prensa, la independencia de los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa causaron gran revuelo en las colonias españolas.
* Aunque el comercio mejoró, dividió más a las clases sociales. Los criollos o españoles nacidos en América reclamaban iguales derechos, y los indios hacían lo mismo, resentidos por los fuertes impuestos que eran obligados a pagar.
* La iglesia ya no debía ligarse al gobierno, los estados debían gobernarse por una Constitución y por tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Todos reclamaban el principio de que los seres humanos tienen el mismo derecho a la libertad e igualdad.
Causas Económicas de la Independencia:
Al triunfar la Revolución Francesa, fue guillotinado el Rey de Francia Luis XVI, siendo pariente del Rey de España, no obstante que Francia era un país mucho más poderoso que España y ambos tenían un rival en común: Inglaterra. A pesar de las profundas diferencias ideológicas entre la España monárquica y la Francia Revolucionaria, el Rey Carlos IV de España se sintió obligado a buscar la paz con el país vecino y a partir de 1795 firmó una serie de tratados con el gobierno revolucionario francés. Estos tratados llevaron a España a declararle la guerra a Inglaterra en 1796. Esta guerra interrumpió el comercio internacional. Entre 1798 y 1802 la cosecha de añil en El Salvador quedó embodegada, por lo cual durante cuatro años no existió ningún tipo de pago de esas exportaciones. Para perjudicar económicamente al Imperio Español, Inglaterra patrocinó ataques de corsarios a la península Ibérica y sus colonias. El Rey Carlos IV buscó apoyo económico en las colonias para financiar las guerras en Europa, por lo cual implementó dos medidas: las «contribuciones patrióticas» y la consolidación de deudas de la Iglesia Católica. Las «contribuciones patrióticas» eran colectas de dinero entre todos los que tenían algo que aportar; es decir, se las exigieron a todos, hasta a personas con salarios modestos como los profesores de la Universidad de San Carlos de Guatemala. En cuanto a la consolidación de deudas con la Iglesia Católica, ésta a través de sus dependencias: cofradías, capellanías, conventos, monasterios y escuelas, prestaban mucho dinero a los productores de añil. Y estos tuvieron que pagarlo inmediatamente, viéndose forzados a pedir prestado o rematar sus cosechas a fin de saldar las deudas. Más de medio millón de pesos salió de la Intendencia de San Salvador de esta forma. Por otra parte, una plaga de chapulín destruyó las cosechas de 1802 y 1803, el añil de la India y Venezuela comenzó a competir con el añil salvadoreño, por lo cual en esta crisis muchos productores perdieron sus propiedades que pasaron a manos de sus acreedores en Guatemala. Para aliviar el problema de los exportadores, las autoridades coloniales autorizaron el comercio con países que eran neutrales con respecto a los conflictos europeos, principalmente los Estados Unidos de América. Finalmente, las alianzas cambiaron cuando en 1808 las tropas de Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, invadieron España y entonces se permitió el comercio con Inglaterra a partir de ese año.
Causas económicas de la independencia de Centroamérica
* El comercio internacional de España se interrumpió durante cuatro años. Las guerras impidieron los negocios.
* El añil salvadoreño no producía dinero por la suspensión de sus exportaciones a España.
* Las fuertes medidas de contribuciones patrióticas y el pago de deudas a la iglesia para financiar las guerras de España.
* Una plaga de chapulín acabó con las cosechas.
* Crisis política.
La crisis económica de Guatemala (entiéndase en aquel momento todolo que hoy es Centroamérica), se debía en mayor medida a los problemas políticos de España. Estos se agravaron cuando Napoleón Bonaparte invadió España con sus tropas, envió al exilio al rey Carlos IV y a su hijo Fernando VII y colocó en el trono a su hermano José Bonaparte, a quien los españoles llamaban, «Pepe Botellas», según éstos por su supuesta afición al licor, aunque él realmente no bebía, pero le habían apodado así porque la carretela en que llegó a España se accidentó y cayeron al suelo muchas cajas con botellas de vino. Los patriótas españoles se organizaron rápidamente, organizando Juntas Regionales, después una Junta Central con representantes de todas partes de España y luego de las colonias. De tal suerte que España tenía entonces dos gobiernos, el de Bonaparte y el de la Junta Central que gobernaba en nombre de Fernando VII. En las colonias se buscaron diversas soluciones. En el Virreynato de Villa de La Plata (Argentina), Capitanía General de Venezuela, Virreynato de Nueva Granada (Colombia) y el Virreynato de Nueva España (México), se organizarón Juntas para gobernar en nombre del Rey. En la Capitanía General de Guatemala (Centroamérica) y el Virreynato del Perú las autoridades coloniales continuaron en control. Guatemala proclamó su lealtad a la Junta Central y siguió enviando «contribuciones patrióticas». A partir de 1808 se enviaron a España más de 1 millón de pesos. Pero a cambio trataron de ejercer mayor influencia y exigieron representación en la Junta Central, buscaron disminuir el poder de las autoridades peninsulares a través de la actividad de los ayuntamientos. La Junta Central convocó a elecciones para las Cortes Generales y cada parte del Reino de Guatemala envió un delegado a las mismas que se reunieron en Cádiz. El delegado de la Intendencia de San Salvador fue el Presbítero José Ignacio Ávila, quien pidió se estableciera un obispado separado del de Guatemala. Pero había patriotas que querían más autonomía. La Intendencia de San Salvador, que había acusado más estragos con la crisis económica, fue la primera en rebelarse de forma abierta en 1811. Un grupo de criollos se empezó a reunir en San Salvador en la casa de los hermanos Nicolás, Vicente y Manuel Aguilar. A esas reuniones de conspiración asistían también: José Matías Delgado, Bernardo y Manuel José Arce, Juan Manuel Rodríguez y Pedro Pablo Castillo. Sin embargo el Capitán General, José de Bustamante tenía espías en todo el Reino que estaban enterados de la conspiración, por lo que el Capitán General sacó de San Salvador los fondos del Tesoro Real y del Consulado de Comercio. Los espías descubrieron la correspondencia que sostenían los hermanos Aguilar con los patriotas nicaragüenses, lo que concluyó en el arresto de don Manuel Aguilar en Guatemala. El 4 de noviembre llegó el correo a San Salvador informando de la orden de arresto, lo que precipitó los acontecimientos. El día siguiente era día de «cabildo ordinario» y la gente se congregó en la plaza mayor. La muchedumbre era tan hostil que el Intendente, don Antonio Gutiérrez y Ulloa se vió obligado a renunciar y Manuel José Arce proclamó «ya no hay rey, ni tributos, ni debe prestarse obediencia sino a los alcaldes». Los habitantes de San Salvador fueron los primeros en la Capitanía General de Guatemala (Centroamérica) en pedir la independencia. Se eligió un nuevo ayuntamiento presidido por don Bernardo Arce y se nombró al ministro contador como intendente interino. No obstante del deseo de mayor autonomía, todavía era difícil aceptar la idea de romper todos los lazos con España, por lo que el nuevo Ayuntamiento juró gobernar en nombre del rey Fernando VII, a quien se consideraba el legítimo rey de España y no José Bonaparte. Pero la situación todavía no era adecuada para un movimiento de independencia y no todos los partidos de la Intendencia apoyaron el movimiento. El movimiento del 5 de noviembre, fue prematuro y sin el apoyo de las otras partes del reino.
Razones políticas de la decadencia de España en las colonias
* Las guerras que España tenía en Europa con Inglaterra y Francia.
* Las nuevas ideas pregonaban que las autoridades no tenían origen divino.
* Las colonias de Centroamérica no sabían a quién obedecer, porque en España habia dos gobiernos.
* Los criollos fueron despojados de sus cargos.
* México se declaró independiente en febrero 1821, aunque su independencia se confirmó el 27 de septiembre de ese mismo año.
* San Salvador fue la intendencia que originó el descontento popular en 1811 y 1814.
* El ejército español al mando del coronel Rafael Riego se reveló en 1820 contra el Rey de España.
La Independencia de Centroamérica. Raíces y desafíos
En la reforma española del siglo dieciocho, el Consejo de Indias tuvo muy en cuenta al Reino o Capitanía General de Guatemala, pues había una larga frontera que proteger y en algunos casos recuperar, como eran los enclaves de Belice, las Islas de Roatán y la Mosquitia. Incluso existió un intento fallido de convertir la Capitanía en un Virreinato, que solicitaba el propio Capitán General Alonso Fernández de Heredia en 1761, quien indicaba que «?a mi corto entender tiene más fundamento en este Reino de Guatemala para serlo que el de Santa Fe: porque éste (de Guatemala) se compone de diez y siete provincias y en ellas hay abundancia copiosa de ganado mayor, ingenios de azúcar, posesiones de cacao, añil, bálsamos, resinas apreciables y minerales de hierro (además de los de oro y plata) que en los otros Reinos no creo que los haya» y resaltaba su desarrollo urbano: «?abundante gentío, lucido vecindario en muchas ciudades y villas de que se compone y especialmente esta capital (hoy Antigua Guatemala) que excede en templos, calles, fuentes, jardines, multitud de coches, mucha pompa en galas, perlas y joyas, que denotan la sustancia y riqueza que en sí encierra».
El Reino de Guatemala en la administración colonial, formalmente pertenecía al Virreinato de Nueva España, pero como Audiencia Mayor, con un Presidente Gobernador que dependía directamente del Consejo de Indias, órgano superior de la administración colonial. Su territorio se extendía en el norte, hasta donde termina el actual estado de Chiapas, en México, y en el Sur hasta donde termina Costa Rica en la frontera con Panamá. Internamente se subdividía en gobernaciones, alcaldías mayores y corregimientos.
En el momento de la independencia, Centroamérica tenía alrededor de un millón de habitantes, la mitad de los cuales estaban en las provincias reunidas alrededor de la capital, fenómeno común a todas les regiones americanas. Había una desproporción manifiesta en favor del centro y un sistema económico y comercial discriminatorio, lo que acumulaba resistencias de los provincianos, a lo que se agregaba la degradación urbana que tenía la nueva capital trasladada al Valle de la Virgen, después de los violentos terremotos de 1773.
Esta situación y las reformas administrativas y políticas de finales del siglo XVIII y principios del XIX, influyeron en la posterior dispersión, que a muchos historiadores sorprende, cuando se compara con otras regiones como México y Colombia. Las nuevas Intendencias sentaron las bases de los futuros estados de Centroámerica, a lo que contribuyó especialmente la creación en la Constitución de Cádiz de las diputaciones provinciales. El territorio se dividió así: la Provincia de Guatemala, donde estaba la capital; las intendencias de Chiapas, El Salvador, Honduras y Nicaragua; y el gobierno de Costa Rica que dependía de la intendencia de Nicaragua. Y la Constitución de Cádiz estableció dos diputaciones provinciales, una en la capital y otra en León de Nicaragua.
Alejada la región centroamericana de las guerras de independencia del Sur y de México, participó con entusiasmo en la constituyente española de Cádiz. Una excelente delegación tiene un papel importante en esta asamblea y los centroamericanos fueron presidentes de las Cortes, Antonio Larrazábal de Guatemala y Florencio del Castillo de Costa Rica; y Antonio López de la Plata, nicaragüense, Vicepresidente. Pretendieron mantener la unidad de las colonias con la metrópoli, a través de un nuevo arreglo, pero al no ver satisfechas sus pretensiones, regresaron, frustrados y radicalizados, y se abrió paso la opinión en favor de la Independencia.
A principios del siglo XIX, se producen los brotes preliminares que desembocaron en los acontecimientos del 15 de septiembre de 1821; la insurrección de San Salvador, en 1811; las dos insurrecciones de Nicaragua del mismo año, en León y Granada; la conspiración de Belén en Guatemala en 1813; y el nuevo movimiento de San Salvador en 1814.
Precipitó los acontecimientos el conocimiento en la capital de Guatemala de la proclamación del Plan de Iguala en México, que contenía las llamadas tres garantías: 1) independencia de Nueva España con el establecimiento de una monarquía moderada; 2) conservación de la religión católica como única; y 3) unión de americanos y europeos.
El 15 de septiembre de 1821, una junta de notables, convocada por la diputación provincial y el ayuntamiento, a la usanza de la época, se reunió en lo que hoy es la ciudad de Guatemala y se firmó un Acta declarando la Independencia de España. El panorama que se presentaba era semejante al de otros lugares: una autoridad errática que había perdido sus vínculos con la metrópoli; el alto clero y funcionarios españoles fieles hasta el final a la Corona de España; y la presión popular por la independencia expresada a través de improvisados tributos emergentes de la clase media. Una excelente élite centroamericana participó en los acontecimientos, entre la cual descollaban los salvadoreños José Matías Delgado y Manuel José Arce, quien fue el primer presidente de la Federación centroamericana; Miguel de Larreynaga, distinguido jurista nicaragüense; y el guatemalteco Pedro Molina, director del primer periódico de la región, El Editor Constitucional, que surge al calor de los acontecimientos. Todos graduados de la Universidad de San Carlos de Guatemala, fundada en 1676, de las primeras que hubo en el continente americano después de la de México y el Perú. Y la de la República Dominicana en las Antillas, que fue la primera de todas.
La confrontación entre los partidarios y los adversarios de la independencia, es salvada por el hondureño José Cecilio del Valle, el mejor intelectual de la época, de los más ilustrados de la América Española, quien redacta el acta en forma condicional, para permitir que las provincias manifestaron su voluntad. El Acta de Independencia es un documento de transacción. Se declara la Independencia, pero sujeta a la condición de que un congreso decidiese, en definitiva, una asamblea con representación de todas las provincias; no se hace alteración en las autoridades, incluso el Jefe Político español Gabino Gaínza continúa al frente del gobierno; pero se crea una Junta Provisional. Se trataba, como Valle apuntó en el Acta, de «prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso que la proclamase de hecho el mismo pueblo?», el que presionaba a la Junta desde las calles aledañas a la reunión. Las mujeres centroamericanas empiezan a participar en asuntos cívicos y políticos, tal el caso de Dolores Bedoya, la esposa de don Pedro Molina, es una de las precursoras de la presencia de género, una de las activistas más importantes ese día.
Fue una retirada condicional del grupo dominante, un antídoto contra proclamaciones radicales, que dejaba abierta la posibilidad de todas las soluciones. El congreso constituyente se reunió finalmente y en 1824, promulgó la Constitución Federal de Centroamérica, que creó la Federación Centroamericana que existió hasta 1839, cuando se inicia la dispersión, fracasando el intento unionista que pretendió mantener la integridad de la estructura colonial en una nueva organización republicana, y se inició la constitución de las pequeñas provincias en estados independientes.
Reiterados intentos de integración han fracasado desde entonces hasta el presente, más de veinticinco. Después de la Guerra Nacional Centroamericana, hubo un esfuerzo serio para la reconstrucción de la República. El Presidente Gerardo Barrios, de El Salvador, después de la derrota del filibustero estadounidense William Walker, decía que era el momento de compactarnos para conservar la integridad de nuestro territorio y la paz interior; que de otra manera -dijo- éramos «parodias de nación y sus gobiernos parodias»; y en el mismo sentido, Domingo Faustino Sarmiento, desde Argentina, señalaba drásticamente que los centroamericanos habíamos hecho de cada aldea un estado soberano. Y en esa dramática coyuntura, el presidente de Costa Rica José María Montealegre hizo un serio intento regional de unificación, que también fracasó.
El mismo José Cecilio del Valle, redactor del Acta de Independencia, sin conocer los esfuerzos de Simón Bolívar, propone en su periódico El Amigo de la Patria, en 1822, un proyecto para lograr la reunión de las nuevas naciones americanas. Formado en el espíritu reformista de la España dieciochesca, se enfrenta, como otros de su generación, al cambio que produce la independencia, con un espíritu supranacional, y realizan esfuerzos por constituir, al romperse la unidad hispánica, una comunidad de naciones hispanoamericanas. Proponía que en Costa Rica, o Nicaragua, se formara un Congreso General para fijar las bases de ayuda y desarrollo y formar lo que llamaba un «Tratado General de Comercio de todos los Estados». En lo cual, coincidía con el ex presidente de Costa Rica, Juan Mora, el que afirmó en los avatares de la guerra nacional, que Centroamérica era una comunidad de origen, de intereses y de riesgos.
Los hechos que desembocaron en la proclamación de nuestra Independencia y el esfuerzo de las personas que la hicieron posible, así como los esfuerzos posteriores para conseguir la unidad de la región, nos presenta una continuidad histórica y los fundamentos sólidos que han tenido los intentos de la unidad, que hoy es llamada integración. Todo esto nos invita a reflexionar sobre el presente y el futuro de Centroamérica, que merece -y puede lograr- un papel mucho más importante en el concierto de las naciones si algún día consigue unirse. Pero el acta que se firmó el 15 de seotiembre de 1821 realmente sólo benefició a los españoles residentes y a sus descendientes, así como a la mayoría de los criollos, pero no produjo ningún beneficio a las clases bajas, sobre todo a los indígenas que no mejoraron en nada y continuaron en la pobreza extrema y siendo tratados como esclavos.
Después de tres siglos de dominación española, y tras la revolución liberal de Rafael de Riego, en España, en 1820, la élite criolla de la Provincia de Guatemala proclamó su independencia de la corona el 15 de septiembre de 1821 por motivos económicos como el deseo de no seguir pagando tributos a España y abrir nuevas relaciones con otros países. El Jefe Político Superior, Brigadier Gabino Gainza, se mantuvo al frente del gobierno, auxiliado por una junta provisional consultiva y gobernó hasta el 23 de junio de 1822, cuando el emperador Agustín I le hizo reemplazar por el general italiano Vicente Filísola y Gaínza se incorporó en la ciudad de México al servicio del imperio, donde fue menospreciado por el propio emperador hasta que murió abandonado, triste, totalmente solo y en la más completa miseria.
Desde febrero de 1821, en México Agustín de Iturbide había proclamado el Plan de Iguala, que dispuso la Independencia de los territorios que hasta 1820 habían formado el Virreinato de Nueva España, entre loc cuales se incluía Chiapas, Guatemala, El Salvador, Comayagua (Honduras), Nicaragua y Costa Rica. Nació entonces el Primer Imperio Mexicano en un intento de establecer una monarquía que lo mantuviese bajo una bandera única, rigurosamente católica y poderosa, para contrarrestar la expansión estadounidense. Se le ofreció la corona a Fernando VII, lo cual no admitieron los liberales españoles, y el Congreso mexicano de 1822 proclamó Emperador como Agustín I al general Iturbide. Para entonces, gran parte de Centroamérica, incluyendo a la Provincia de Guatemala, había proclamado su anexión a México, aunque esto no era del agrado de El Salvador que resistió valientemente a las tropas imperiales comandadas por el sucesor de Gaínza, el general de origen italiano Vicente Filísola. Pero en 1823, en México los generales Antonio López de Santa Anna y Vicente Guerrero proclamaron el Plan de Casamata, que anunciaba el fin de la monarquía y la instauración de una República.
En 1823, tras la sublevación de Santa Anna en Veracruz, una revolución liberal en México obligó a Agustín I a abdicar, proclamándose en el país una república federal, y proclamándose, en julio de ese año, la independencia absoluta de la antigua Capitanía General de Guatemala, que se estableció como una República Federal de Centroamérica, integrada por las actuales repúblicas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica; solamente Chiapas permaneció unida a México porque así lo decidieron sus pobladores en un plebiscito, cuando la mayoría de habitantes eran mexicanos que votaron porque Chiapas continuase formando perte de México. Es totalmente falso lo que algunos mal informados han venido diciendo sin fundamento que México «le robó» ese territorio a Guatemala como los Estados Unidos se apropiaron de gran parte de territorio que antes era mexicano.
La federación de los países del istmo centroamericano se mantuvo con grandes dificultades, ya que al proyecto se oponían los conservadores, el clero de la Iglesia católica y los grandes latifundistas. Pero se pudo proclamar una Constitución que abogaba por una forma de gobierno liberal, pluralista y republicana; y Manuel José Arce (1825-1829) fue el primer Presidente Constitucional de la Confederación. Pero pronto se produjo el choque entre el gobierno federal y los provinciales; estallaron frecuentes insurrecciones, y durante la presidencia de José Francisco Barrundia (1829-1830), éste tuvo que entregar el mando supremo al general hondureño Francisco Morazán, defensor de la autonomía de las provincias, el cual fue elegido Presidente de la Confederación. Tras un largo período de luchas y de anarquía, en 1837 estalló la guerra civil: se sublevó a su vez el «general» Rafael Carrera y Turcios que, finalmente, triunfó sobre el general hondureño Francisco Morazán Quesada, en 1840.
El general Francisco Morazán Quesada nació en Tegucigalpa, Honduras, el 3 de octubre de 1792. Era hijo de don Esteban Morazán y doña Guadalupe Quesada, quien después de esta derrota ingresó a Costa Rica autorizado por el Jefe de Estado Braulio Carrillo y radicó pacíficamente en la región que hoy se conoce como David (Panamá no existía todavía), durante ese año y la primera parte de 1841.
Los enemigos de Carrillo le pidieron que les ayudara a derrocarlo y él aceptó. Carrillo avisó al gobierno de Nueva Granada (así se llamaba Colombia), asumió el mando del ejército y envió al general Villaseñor a detener el avance de Morazán. Pero Villaseñor y Morazán hicieron un pacto que terminó derrocando a Carrillo. Con el pretexto de evitar una batalla sangrienta, Carrillo firmó el «Pacto del Jocote» y Morazán asumió la jefatura del Estado 13 de abril de 1842.
Los costarricenses lo recibieron con alegría y esperanza de que devolviera las libertades públicas que Carrillo como dictador había violado, pero Morazán inició una lucha para recuperar la presidencia de la Unión Centroamericana y se volvió un dictador. Inmediatamente derogó la «Ley de Bases y Garantías», promulgada por Braulio Carrillo en el año 1841 que declaró a Costa Rica parte de la Federación Centroamericana, en un intento por reconstruir la República Federal. En setiembre de 1842, la mayoría de los ciudadanos costarricenses se opusieron, negándose a ayudarlo en la reconstrucción de la unión de Centroamérica y se lanzaron en su contra, bajo el mando del general don Antonio Pinto. Morazán se percató de la seriedad del movimiento cuando ya era tarde. Fue derrocado y capturado en Cartago, desde donde se le trasladó a San José, donde fue fusilado el 15 de setiembre de 1842.

* El tradicional «Grito de Dolores» de México
Se conoce como «Grito de Dolores» el episodio histórico que fue el inicio de la intensa lucha que tuvo once años de duración por la independencia de México. A las 5 de la mañana del 16 de septiembre de 1810, con las campanas de la iglesia del pueblo de Dolores, el cura párroco Miguel Hidalgo y Costilla llamó a misa. El pueblo acudió al llamado y, con el grito «¡Mexicanos? ¡Viva México! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Muera el mal gobierno! ¡Abajo los gachupines!» Hidalgo incitó al pueblo a levantarse en armas contra el gobierno de los españoles y con un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe en la mano, dio comienzo a la lucha por la Independencia. A este suceso se le conoce como ?Grito de Dolores?. Pero si bien la lucha por la independencia comenzó ese 15 de septiembre de 1810, no se consumó sino once años más tarde, el 27 de septiembre de 1821. Sin embargo, México conmemora oficialmente la fecha del ?Grito de Dolores? y se acostumbra que el Presidente de la República de turno salga al balcón presidencial del Palacio Nacional poco tiempo antes de la media noche del 15 de septiembre de cada año, se toque la campana y se repita una parte del original «Grito de Dolores» pero se agregue algo más: ?¡Mexicanos? ¡Que vivan los héroes que nos dieron patria y libertad! ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Morelos! ¡Viva Allende! ¡Viva la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez!… ¡Viva México! ¡Viva México»! ¡Viva México». Y esto mismo se repite en todas partes donde vivan mexicanos y haya alguna representación oficial del gobierno mexicano, y las ceremonias están a cargo de los embajadores acreditados en esos países, o de los cónsules, o de algunos otros personajes escogidos como enviados especiales.
El proceso de la Independencia de México fue uno de los más largos y cruentos de toda América Latina. La Nueva España permaneció bajo el control de la Corona española durante tres siglos. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, ciertos cambios en la estructura social, económica y política de la colonia llevaron a una élite ilustrada de novohispanos a reflexionar acerca de su relación con España. Sin subestimar la influencia de la Ilustración, la Revolución Francesa ni la independencia de Estados Unidos, el hecho que llevó a la élite criolla a comenzar el movimiento emancipador fue la ocupación francesa de España, en 1808, cuando Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente, y tomó el mando del país José Bonaparte, hermano de Napoleón, de modo que España quedó como una especie de protectorado francés.

La Guerra por la Independencia
En las colonias españolas en América, se formaron varias juntas que tenían como propósito conservar la soberanía hasta que regresara el rey Fernando VII al trono. Nueva España no fue la excepción, encabezados por Francisco Primo de Verdad y Ramos, la diferencia es que el primer intento de este tipo concluyó con la destitución del virrey y la sujeción del Ayuntamiento de México a la autoridad directa de la nueva cabeza de la colonia que, a diferencia de Iturrigaray, no simpatizaba con la Junta. Tal situación llevó a los criollos a radicalizar su posición. Finalmente, el núcleo donde hubo de comenzar la guerra por la independencia fue Dolores, Guanajuato, luego que fue descubierta la conspiración de Querétaro organizada por el Corregidor José Miguel Domínguez y su esposa, Josefa Ortiz de Domínguez, llamada ?La Corregidora?. Aunque ese 16 de septiembre de 1810 el cura Miguel Hidalgo y Costilla se lanzó a la guerra por la independencia apoyado por una tropa de indígenas y campesinos, bajo el grito de «¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Muerte al mal gobierno! ¡Abajo los gachupines!», finalmente la revolución le llevó por otro camino y se convirtió en lo que fue: una guerra por la Independencia.
Esta lucha estuvo dividida en cuatro etapas:
Primera Etapa ? Antecedentes al «Grito de Dolores»
Esta etapa comienza a principios de la década entre 1800 y 1810, cuando los colonos de la Nueva España, incluyendo a los ricos, criollos, indígenas y latifundistas, ya no deseaban compartir la riqueza del nuevo pueblo con los españoles a quienes también se llamaba «gachupines» y en su mayoría actuaban como si fuesen los dueños de estas tierras, además que en la Nueva España había mucha desigualdad social, éste era el pretexto principal para pensar en la Independencia.
En 1808, el ejército francés de Napoleón Bonaparte ocupó España, destronó al Rey Carlos IV que abdicó en favor de su hijo Fernando VII y éste también fue obligado a abdicar, para que el emperador pusiera en su lugar a su hermano José Bonaparte, apodado ?Pepe botellas?, razón por la cual los patriotas españoles estaban demasiado ocupados defendiendo su país como para distraer su atención combatiendo a los insurrectos independencistas en las colonias americanas.
El conflicto armado por la Independencia duró once años y distó mucho de ser un movimiento homogéneo. Como se ha dicho, al principio se limitaba a reivindicar la soberanía del rey Fernando VII sobre España y sus colonias, pero con el paso del tiempo adquirió matices republicanos por la Independencia.
En 1813, el Congreso de Chilpancingo, protegido por el generalísimo José María Morelos y Pavón, declaró constitucionalmente la Independencia de la América Mexicana. Pero la derrota de Morelos, en 1815, redujo a una guerra de guerrillas el movimiento popular por la Independencia. Hacia 1820, sólo quedaban algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la Sierra Madre del Sur y en Veracruz. Por esas fechas, el general Agustín de Iturbide pactó alianzas con casi todas las facciones (incluyendo al gobierno virreinal) y de esta suerte se consumó la independencia el 27 de septiembre de 1821. España no la reconoció formalmente hasta diciembre de 1836 y de hecho intentó reconquistar México, sin haber tenido éxito.
La ex colonia española pasó a ser una efímera monarquía constitucional católica llamada Imperio Mexicano. Finalmente fue disuelto en 1823, cuando luego de varios enfrentamientos internos y la separación de Centroamérica, se convirtió en una república federal. Al principio se organizó en Valladolid un movimiento a favor de la Independencia, pero fue sofocado rápidamente. Sin embargo, pronto surgieron otros al frente de Ignacio Allende, el Corregidor Domínguez y su esposa, la señora Josefa Ortiz de Domínguez, conocida como «la Corregidora», José Mariano Abasolo, Joaquín Arias y Juan Aldama (1774 – 1811) quien fue un destacado insurgente que participó en el proceso de Independencia de México. Aldama nació el 3 de enero de 1774 en San Miguel el Grande, actualmente San Miguel de Allende, Guanajuato. Fue hermano de Ignacio Aldama, así como tío de Mariano y Antonio del mismo apellido, también insurgentes. Al comenzar la Guerra de Independencia era capitán en el regimiento de caballería de las milicias de la reina de España y, aunque residía en San Miguel el Grande, asistía a las juntas que los conjurados tenían en Querétaro.
Al descubrirse la conspiración, Aldama abandonó San Miguel para dirigirse a Dolores al encuentro del cura Hidalgo y de Ignacio Allende con el propósito de informarles lo que estaba sucediendo; así, al amanecer del día 16 de septiembre, participó en el grito de insurrección en la iglesia de Dolores. El más importante de los complots conspirativos fue el de Querétaro, organizado por el Corregidor Domínguez y su esposa, y a éste se unieron intelectuales, oficiales y una parte del bajo clero.
Se tenía planeado que el movimiento de independencia comenzaría el 2 de octubre, en San Juan de los Lagos (Jalisco), pero los planes fueron descubiertos por las autoridades españolas y fue necesario adelantarlo a septiembre. Sabiendo que el pueblo mexicano era fiel seguidor de la Iglesia, pensaron en invitar a un sacerdote a fin de convencer a todo el pueblo, por eso Allende propuso al cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, quien aceptó la invitación, y Allende fue el encargado de mantener contacto con él. Aldama permaneció junto a Allende durante toda la campaña hasta que fue hecho preso en Acatita de Baján junto a los demás caudillos de la revolución. Fue uno de los exceptuados por el indulto del virrey, que había puesto precio a su cabeza. Conducido a Chihuahua, fue juzgado y condenado a la pena capital, y fue fusilado el 26 de junio de 1811 en compañía de Allende, Mariano Jiménez y Manuel Santa María. Sin embargo, no fueron suficiente sus muertes para el virreinato, y su cabeza, así como la de los dos primeros que le acompañaron a la muerte y la del propio cura Hidalgo, fueron conducidas a Guanajuato y colocadas en jaulas de hierro en cada uno de los ángulos de la Alhóndiga de Granaditas, de donde se retiraron en 1824 para enterrarlas junto a sus cuerpos bajo el altar de los Reyes, en la Catedral de la Ciudad de México.
Después de haber participado en numerosas batallas, algunas de las cuales perdió, pero algunas otras ganó, al grado que en una ocasión estuvo a punto de tomar la Ciudad de México, sus tropas insurgentes fueron derrotadas y el cura Hidalgo cayó prisionero. Luego de un juicio sumario que no llevó mucho tiempo, fue sentenciado a muerte y fusilado. Su cabeza fue decapitada, junto con las de Allende, Aldama y Jiménez, las cuales pusieron en jaulas de fierro en los ángulos del cuartel Alhóndiga de Granaditas, de Guanajuato. El cuerpo tuvo sepultura en la tercera orden de San Francisco de Chihuahua; y, en 1824, el tronco y la cabeza fueron llevados a la Ciudad de México para ser enterrados con gran solemnidad en la Columna de la Independencia que está en el Paseo de la Reforma.

* Amable invitación que no puedo aceptar
Recibí una cartulina que tiene impreso el texto que dice: Eduardo Ibarrola Nicolín, Embajador de México y Mario Arriola Woog, Cónsul General de México tienen el honor de invitarlo a la tradicional «Ceremonia del Grito» con motivo de la celebración del 199 aniversario de la Independencia de México, Martes 15 de septiembre de 2009, de 18:00 a 21:00 hrs. Presentar Invitación. Personal e intrasferible. Embajada de México. 2a. avenida 7-57, zona 10.
Agradezco mucho la amable invitación, pero ya no me agrada asistir a las recepciones porque a mi edad me cansa mucho estar de pie mucho tiempo, además, suelen servir mal whisky. Y en este caso particular, por otras razones que no vienen al caso, no me va a ser posible aceptarla y no voy a acudir a la ceremonia en la cual el embajador Eduardo Ibarrola Nicolín dará el tradicional «Grito de Dolores». Empero, yo invitaré a mi casa a varios sinceros amigos que son admiradores y amigos de México con quienes brindaremos por la paz, el progreso y la felicidad de ese gran país con los mejores whiskies de Escocia y tequilas de Tequila, Jalisco, 100% de Agave azul (con sus correspondientes vasos, no en la botella) y también gritaremos en coro: ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!
En México realmente se conmemora el día que el cura Miguel Hidalgo y Costilla dio el «Grito de Dolores», el 15 de septiembre de 1810, que fue lo que principió la larga lucha por la independencia que duró once años, y no conmemoran el 27 de septiembre de 1821, que fue el día cuando ésta se confirmó.
Postdata: Después de haber escrito la nota anterior me enteré de la formo como se desarrolló esa «recepción» y me enteré de que hice bien en no asistir, porque solamente sirvieron tequilas y cerveza en la botella o en lata, porque no había vasos, y la reunión no parecía recepción, sino un pic-nic o un encuentro deportivo por las fachas en las que estaba vestida una buena cantidad de los asistentes. Además, el embajador Ibarrola no dio el «grito» tradicional, sino gritó vivas a la comunidad mexicana residente en el país y a ka buena relación entre México y Guatemala, lo cual no tiene nada que ver con la celebración. Es evidente que el embajador Ibarrola está siguiendo al pie de la letra las instrucciones de observar una severa auteridad que ha girado el Presidente Felipe Calderón. Así que me alegra mucho no haber asistido a la fiesta.

* El mal llamado «grito» de anoche aquí
Más de 15 mil personas se reunieron anoche alrededor del Obelisco a los Próceres de la Independencia, donde convergen la avenida Reforma, la 20 calle y el bulevar Liberación, en la zona 10,
para conmemorar el 188 aniversario de la firma del Acta de nuestra Independencia. Estas personas fueron convocadas por la estación de televisión Telecentro Trece y la estación de radio Tropicálida. Fue algo impresionante ver a tantas personas reunidas, gritando repetidamente: «¡Viva Guatemala!» y a la media noche todos cantaron con impresionante respeto nuestro Himno Nacional. El festejo fue de larga duración, porque comenzó durante la tarde en la Plaza de la Constitución y concluyó a la 1 de la mañana en el Obelisco. Ignoro los nombres del numeroso y competente personal que tuvo a su cargo lo concerniente a esa producción, pero les aplaudo calurosamente y les felicito. Muchas actividades como ésta hacen mucha falta en nuestro país para promover más respeto y más amor por nuestra patria, por sus símbolos y sus valores.
Lo único que me parece un lamentable error es que hayan llamado «El grito» a ese espectáculo, a manera de imitación del tradicional «Grito» mexicano, donde, como he explicado antes, hay razones históricas específicas para llamarlo de esa manera. Es indudable que la intención de los organizadores de esa reunión fue excelente, digna de reconocimiento y aplauso, pero creo que en el futuro deberían darle otro nombre.
Siempre he dicho que admiro muchísimo en los mexicanos su impresionante fervor patrio, y que los guatemaltecos deberíamos tratar de imitarles en patentizar constantemente su amor y respeto por el lábaro patrio, por el emotivo himno nacional y por los valores históricos, artísticos y culturales. Pero eso no quiere decir que también debemos imitarles en los nombres de sus celebraciones.
Felicito y aplaudo calurosamente a las guapas señoritas y a los señores que fueron presentadores de toda la transmisión hasta la una de la mañana, algunos de cuyos nombres he logrado averiguar. De Telecentro 13: Iris Rodríguez, Elena Cabrera, Francisco Mendía y Alan Martínez, a quienes se les unió durante un tiempo Mónica Monge, presentadora del programa «Al filo de la Noche», de canal 3. Y los de Tropicálida: Jaime Leonel Rodríguez Castellanos, Kenneth René Deleón Rodas, Walter Fernando Lainez Monzón, Carlos Conti y Rodrigo Martínez. ¡Un fuerte aplauso para ellos!

* «Tú eres Guatemala», por una argentina
Al mismo tiempo que Canal 13 transmitía esa masiva reunión patriótica, en el Día de la Patria, Guatevisión transmitía un programa que gira alrededor de una bonita presentadora, rubia, obviamente argentina, que habla con fuerte acento argentino y recorría algunos lugares céntricos para terminar en el Palacio Nacional de la Cultura, admirando los excelentes vitrales de Julio Urruela en el Salón de Recepciones. No cabe duda de que ella es una buena presentadora y es muy bonita y que probablemente está O.K. para la televisión que sea tan flaca, pero para mi gusto particular es demasiado flaca. Creo que es un contrasentido que un programa que se llama «Tú eres Guatemala», esté a cargo de una muchacha argentina. ¿Es que no hay una sola guatemalteca que pueda hacerlo? Comprendo que el que realmente maneja las cosas en la programación de ese canal es el argentino Ricardo García Santander, pero creo que los representantes de la empresa del diario Prensa Libre, que es la dueña del canal, no deberían ser tan «pelotudos» (como se dice a los pendejos en Argentina) de permitir que él llene con paisanos suyos al canal en vez de preparar a muchachas guatemaltecas.

* A partir de esta noche, Font en TV
He sido informado por una persona que se supone que está bien enterado que el Canal de Televisión Antigua, que hasta hace poco era propiedad de los hermanos Kaltschmitt, ha sido adquirido en propiedad por los señores Archila propietarios de Emisoras Unidas. Y a partir de esta noche a las 20:45 horas (8:45 pm) se transmitirá el primer noticiario en el que, bajo la dirección del destacado periodista Juan Luis Font, participarán notables elementos del periodismo nacional, como son el doctor Gustavo Berganza, Dina Fernández, el licenciado Pedro Trujillo y Claudia Méndez. Les aconsejo que lo vean. No se lo pierdan porque promete que será algo fuera de lo corriente. Por de pronto, felicito a mi colega y amigo Juan Luis Font y le auguro muchos éxitos, aunque lamento que por esta razón haya tenido que retirarse del programa de radio de Emisoras Unidas A primera Hora, donde indudablemente va a hacer mucha falta.

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