MISCELÁNEA

¡Qué difíciles somos los guatemaltecos!
El coronel Carlos Manuel Arana Osorio asumió la presidencia de la República el 1 de julio de 1970 postulado por los partidos derechistas del país Movimiento de Liberación Nacional (MLN) e Institucional Democrático (PID) para gobernar el país durante un período de cuatro años, hasta el 1 de julio de 1974, y llevando como vicepresidente al licenciado Eduardo Cáceres Lehnhoff. Fue elegido por una gran mayoría principalmente porque durante el tiempo que fue comandante de la zona militar Rafael Carrera, en Zacapa, combatió implacablemente y derrotó a los guerrilleros que se habían instalado en la Sierra de las Minas y sus alrededores, por lo cual los izquierdistas le bautizaron con el mote insultante de ?Chacal?. Pero la razón por la cual ganó en forma aplastante la elección fue precisamente porque había logrado combatir y derrotar a la subversión guerrillera.
Sin embargo, al poco tiempo de haber asumido la Presidencia de la República, comenzaron a publicarse serias críticas contra él y su gobierno, particularmente porque había implantado una suspensión parcial de las garantías individuales con el objetivo de gobernar con mano dura para poder imponer la represión contra la conspiración marxista. En un momento en que las críticas que se producían iban en aumento, pronunció un mensaje por la cadena nacional de televisión y radio en el que principiaba diciendo ?¡Qué difíciles somos los guatemaltecos! ¡Somos escasos para la aprobación y generosos para las críticas!? y seguía diciendo que él había sido electo porque había demostrado su firmeza para combatir a la subversión armada, pero se le criticaba ahora que estaba en la presidencia, o algo parecido.
Esto me viene a la memoria por el injusto Editorial que publicó hoy el diario Prensa Libre, el cual reproduzco a continuación:
Una licitación que va con retraso
Parece no haber explicación razonable de que, tras una demora de 11 meses, el Gobierno tiene entre sus planes sacar a licitación seis áreas de exploración petrolera, en plena caída de los precios y la crisis financiera mundial, por lo que es lógico que el resultado más probable sea un rotundo fracaso, a menos de que haya ?gato encerrado?.
Es necesario aumentar la producción petrolera nacional hasta cien mil barriles diarios, para poder ser autosuficientes, según declaró el ministro de Energía y Minas, Carlos Meany, durante una entrevista publicada en mayo último, cuando el precio del barril rondaba los US$140. Ese hubiera sido un momento oportuno para invitar a los grandes inversionistas internacionales en exploración y explotación petrolera.
En vez de eso, el ministro se concentró en concretar la participación de Guatemala en la iniciativa de Petrocaribe, del presidente venezolano Hugo Chávez, la cual, desde entonces, pero sobre todo ahora, está siendo seriamente revisada y reducida en su oferta por Pedevesa, debido a que por el desplome de los precios del crudo se ha quedado sin suficiente sustento financiero. Por ello, Guatemala no solo se quedará sin mejores oportunidades de abastecimiento, sino que además perdió tiempo valioso.
Las condiciones para garantizar el éxito de la licitación que hoy se promueven han cambiado abruptamente respecto de mayo. Los precios del crudo se han desplomado desde el récord de US$147.27 por barril, en julio, hasta US$62 hace dos días, debido a la recesión mundial y una reducción drástica en el consumo de EE. UU. y China. Además, a causa de la crisis financiera mundial, los bancos han paralizado el crédito, y las compañías petroleras afrontan dificultades para captar capital en las bolsas.
Lo anterior quiere decir que, por falta de previsión y de experiencia, el ministerio respectivo dejó a Guatemala sin la oportunidad de capitalizar sus fortalezas en el ámbito de la explotación de nuestros recursos energéticos. La tendencia al alza de los precios del crudo duró unos 18 meses. Pero nadie lo estudió, y menos, aprovechó.
Con 850 millones de barriles de reservas petroleras, el país pudo haber jugado un papel muy exitoso, si esas licitaciones que estaban preparadas desde el gobierno anterior hubieran salido a tiempo. Si nos ponemos a pensar que en el 2007 Guatemala captó, solo en concepto de regalías petroleras provenientes de las escasas zonas de explotación, US$98 millones, es fácil imaginarse cuánto pudo haberse obtenido y beneficiado a la Nación si el Ministerio de Energía y Minas hubiera actuado con diligencia, en lugar de empantanarse en negociaciones con el gobierno de Chávez.
A pesar de que se asegura que el ministro Meany está apostando al interés mostrado por Petrobrás, los expertos señalan que la petrolera de Brasil está demasiado ocupada con los grandes yacimientos descubiertos frente a sus costas, por lo que es válido pensar en que no tenga demasiado interés. Despertarlo, en todo caso, debe ser ahora tarea primordial. (Fin del injusto Editorial de Prensa Libre)
Comento: sin ser un experto en la materia, esta crítica me parece poco seria y de «mala leche», porque se trata de áreas para explorar y creo que aunque las licitaciones se hubiesen hecho durante los primeros meses del actual gobierno, habrían pasado por lo menos tres años (y probablemente 4 o 5) antes de pudiésemos ver el primer barril de petróleo. Quienes están interesados en ese tipo de licitaciones son inversionistas de largo plazo, hacen sus inversiones independientemente de los picos coyunturales que se presenten en los precios. En cambio, Petrocaribe era y es una ayuda casi inmediata frente a los precios altos, y para Guatemala un barril de petróleo a 60 dólares sigue siendo caro. Por lo tanto, Carlos Meany Valerio hizo muy bien en ocuparse primero de Petrocaribe y después de las licitaciones para la exploración. ¡No hay que ser tan injustos! Como dije al principio, este Editorial me parece injusto y mal intencionado, o sea que tiene «mala leche». Es insoportable que algunos periodistas tengan la actitud intolerante y arrogante de creer que sólo ellos saben cómo se deben hacer las cosas, y que todos los funcionarios públicos son pendejos. Creo que los medios de comunicación responsables deben ser más objetivos y justos en sus comentarios y no echar lodo y desprestigiar a los pocos funcionarios públicos que están trabajando bien, como es el caso de Carlos Meany Valerio.

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