64 aniversario del levantamiento militar contra Ponce Vaides

Este fue el inicio de la Revolución
Hoy se conmemora el 64 aniversario del levantamiento militar del Cuartel Guardia de Honor contra el gobierno espurio del general Federico Ponce Vaides, sucesor del oprobioso dictador durante 14 años, «general de división» Jorge Ubico Castañeda, el cual tuvo lugar la noche del 19 y la mañana del 20 de octubre de 1944 y al que se sumaron unos cuantos estudiantes universitarios y unos pocos trabajadores, lo cual fue el parte aguas del hecho histórico tracendental que se conoce como «Revolución de Octubre» que abrió las puertas a la vida política institucional en nuestro país.
Es un error afirmar que lo que «la revolución» ocurrió el 20 de octubre de porque eso no fue sino el principio de la Revolución, que se produjo con los gobiernos de la Junta Revolucionaria, el período constitucional del ilustre doctor Juan José Arévalo Bermejo (de 1945 a 1951), y los tres años del gobierno de su sucesor, el coronel Jacobo Árbenz Guzmán (de 1951 a 1954), el cual fue truncado por la intervención de la llamada «liberación nacional» que encabezó el coronel Carlos Castillo Armas.
El levantamiento del cuartel militar Guardia de Honor se había venido planeando para que ocurriera el 10 o el 11 de noviembre, pero en vista de que la Policía Secreta de Ponce Vaides ya andaba siguiéndoles los pasos a sus organizadores, la noche del 19 de octubre se tuvo que abortar el levantamiento que venían organizando desde unos días antes el ciudadano Jorge Toriello Garrido y el capitán Jacobo Árbenz Guzmán, con la participación del Instructor de Artillería del cuartel Guardia de Honor, teniente coronel Carlos Aldana Sandoval, quien a su vez obtuvo la participación del mayor Francisco Javier Arana, jefe de la Sección de Tanques. Hay que decir que el teniente coronel Manuel de J. Pérez, jefe de la Unidad Motorizada, fue decisivo para que participaran los demás oficiales que en determinado momento ya se estaban echando para atrás.
Los estudiantes universitarios antes mencionados fueron los siguientes: Julio César Méndez Montenegro, Óscar de León Aragón, Ricardo Asturias Valenzuela, Ricardo Cancelo Osorio, Jorge Álvarez, Ángel Martínez Franco, Julio Valladares Castillo, Antonio Nájera Saravia, Jorge Morales, Carlos Andrade Keller, Joaquín Alcain y Fernando Bregni. Estos habían sido convocados por Roberto Arzú Cobos y permanecieron en el Salón Granada hasta la hora convenida. Inmediatamente se notificó al doctor Julio Bianchi que ya iba a comenzar la acción y éste a su vez lo notificó a los dirigentes obreros Silverio Ortiz, Samuel Guevara, y Teódulo Vega, quienes se presentaron poco más tarde a la Guardia de Honor. Después de haber sido armados y de recibir instrucciones para atacar las instalaciones del aeropuerto militar, en la lucha perdieron la vida los estudiantes Carlos Andrade Keller y Joaquín Alcain, y todos los demás cayeron presos y fueron dejados en libertad después de que ya estaba instalada la Junta Revolucionaria de Gobierno.
En el transcurso del mes de octubre del año 2006 escribí una serie de artículos que titulé ?Cómo fue el 20 de octubre?, y a los pocos días recibí una carta de mi viejo y estimado amigo el actual general (retirado) José Guillermo Echeverría Vielman, quien para el 20 de octubre del 44 era subteniente de línea en el cuartel Guardia de Honor, pero con el tiempo fue uno de los ayudantes de toda la confianza del coronel Jacobo Árbenz Guzmán cuando era ministro de la Defensa, y más tarde llegó a ser el Coordinador para las tareas de la recuperación después del terremoto del 4 de febrero de 1976 y poco tiempo más tarde Gobernador del Departamento de Guatemala.
En su carta solamente me relata lo que a él le tocó vivir en esa noche, pero no me menciona para nada al capitán Árbenz Guzmán ni al civil Toriello Garrido a pesar de que ellos fueron de los principales artífices de la rebelión contra el gobierno de Ponce Vaides y después miembros de la Junta Revolucionaria de Gobierno. Pero afirma que los generales Daniel y Francisco Corado tenían la intención de dar un cuartelazo contra Ponce el 18 de octubre, pero abortó, lo cual yo no lo sabía. El contenido de su carta aún está inédito y por considerarlo interesante se los doy a conocer hoy que se conmemora el 46 aniversario del levantamiento que abrió la puerta a la Revolución de Octubre:
?A lo dicho por ti, no tengo nada que aseverar, ni nada que desmentir, por la simple razón que todos los que participamos en esa gesta libertadora, cada uno tiene la libertad de contar la historia personal que le tocó vivir. En mi opinión personal, fueron 24 horas de situaciones verdaderamente críticas las que nos tocó vivir a todo el personal militar que conformaba el cuartel Guardia de Honor. Estas 24 horas están contadas a partir de la muerte violenta de nuestro comandante, el general Francisco Corado, hasta el tiro de mortero que afortunadamente incendió el almacén de explosivos del Castillo de San José, que determinó el triunfo de la Revolución del 20 de Octubre de 1944.
Como en todos los hechos históricos, siempre hay un antes, un durante y un después. En el período del antes que principia el 30 de junio de 1944, el general Jorge Úbico, hizo una gran jugada política, al ascender a 150 sargentos primeros al grado de subtenientes; 80 fueron ascendidos en el cuartel Guardia de Honor y los 70 restantes, estaban distribuidos en las diferentes dependencias militares. Con esta jugada táctica, el general Jorge Ubico habría podido obsequiarse a si mismo, otros 14 años más como dictador, pues el batallón Guardia de Honor le era totalmente fiel, sin condiciones, y los otros cuarteles por compañerismo apoyaban a la Guardia de Honor.
Pero el general Ubico desestimó esta idea por los sucesos que ocurrieron en 1939, cuando los Estados Unidos de América entró de lleno a la Segunda Guerra Mundial y arrastró consigo a todos los países de la América Latina, pero invadió económicamente a México, Venezuela y a Brasil para asegurarse las reservas petroleras de esas naciones e invadió materialmente a Guatemala con el establecimiento de tres bases aéreas, una en Puerto Barrios, otr en laa base Aérea de la Aurora y la tercera en la base Aérea en el Puerto de San José. La razón para invadir a nuestro país en forma material era simplemente porque Guatemala estaba considerada dentro del Plan Estratégico de la defensa del Canal de Panamá, como el punto ideal para establecer un centro de control y vigilancia aérea en las rutas de barcos y submarinos que se dirigían al Canal de Panamá.
El cuartel Guardia de Honor era comandado por el general de brigada Encarnación de León Corzo, que además de maestro era el general más inteligente y capaz de su época; fuera de estas virtudes, el general de León Corzo era un comandante paternalista que se apoyaba para su mandato en el grupo de capitanes que eran comandantes de tropas de combate, los capitanes administrativos y en los especialistas expertos; nada sucedía en el cuartel sin su conocimiento.
Con la renuncia del general Ubico también vino la destitución inmediata del general de León Corzo, y fue un escándalo que un comandante con 10 años en el cargo fuera echado groseramente del cuartel en menos de 15 minutos. Sus pertenencias personales eran lanzadas desde un segundo nivel, hacia la palangana del camión de la basura. Y de aquí nació la idea de la rebeldía pues hasta las cocineras estaban muy indignadas.
En el cuartel Guardia de Honor el mando y el poder lo tenían el grupo de los capitanes, pero destacaban los capitanes que dirigían las actividades más importantes: el capitán Bonifacio Ixcaraguá era el Jefe de Personal; el capitán Juan José de León era el Jefe de todos los almacenes por ejemplo, armamento, municiones, explosivos y almacén de equipo y uniformes; el capitán Manuel de J. Pérez dirigía la Unidad Motorizada, además era el organizador de eventos deportivos y gozaba del aprecio y respeto de todo el personal; el capitán Manuel de J. Pérez mandaba a los hombres bajo sus órdenes por convencimiento, sobre lo que se debía hacer.
Escondido entre el grupo de los capitanes estaba el capitán de Artillería Salomón Villegas Rodas, siempre leyendo siempre observando y siempre callado. El capitán Salomón Villegas, quien era un genio planificador. Con su lema: «¿Por qué vamos a matarnos entre hermanos?», hizo gran amistad con los comandantes de Artillería de San José y del Castillo de Matamoros y creo que hicieron algún pacto, porque tanto los artilleros de San José como los de Matamoros tenían desde hace años los registros de tiro para hacer impacto en el centro del Cuartel Guardia de Honor, lo cual nunca sucedió.
Habían otros capitanes, tales como Miguel Ángel Escobar, Saturnino Barrera Yánez, el teniente Víctor M. Archila y los sargentos dragones de la caballería que constituían el grupo de los rudos del combate, eran capaces de todo. El mayor Francisco Javier Arana, a pesar de ser el Jefe de la Unidad de Tanques no encajaba en el grupo de los capitanes, pero al fin se impuso la jerarquía y se le ofreció el puesto de jefe de la sublevación y como tal funcionó.
Cuando fueron destituidos el general de León Corzo y el coronel Abraham de León Rodas de los cargos de primero y segundo jefes de la Guardia de Honor, llegaron como sustitutos el general Francisco Corado, como primer jefe, y el coronel Justiniano Higueros, como segundo jefe. Estos nuevos jefes eran los responsables de haber sacado a patadas al general de León Corzo y por esta razón eran odiados por todos sus subalternos. Lucharon por ser amigables, pero ninguno les respondió positivamente.
Para que el general Federico Ponce Vaides llegara sin problemas a adueñarse del cargo de presidente provisorio de la república de Guatemala, se vio obligado a nombrar al general Daniel Corado como ministro de la Guerra y al general Francisco Corado como comandante del cuartel Guardia de Honor y como director de la Policía Nacional nombró al coronel José Orozco.
Desde que los generales Corado tomaron posesión de sus cargos, iniciaron las acciones para preparar un golpe de estado contra el presidente provisorio Ponce Vaides, para lo cual hicieron nuevos nombramientos en los cuarteles de San José y Matamoros, pero la oficialidad de esos cuarteles tampoco recibieron a los nuevos jefes con agrado, o sea que tanto Ponce Vaides como los hermanos Corado estaban prácticamente en el aire porque eran comandantes a quienes nadie les obedecía.
Como al general Ponce Vaides le llegó la información de que los hermanos Corado estaban planeando darle un golpe de estado, ordenó al coronel Justo Orozco, hermano del director de la Policía Nacional, que reuniera 200 de los mejores hombres que integraban las compañías de voluntarios del departamento de El Progreso, que los llevara al cuartel Guardia de Honor, con el fin de neutralizar cualquier intento de cuartelazo de los hermanos Corado.
Aborto de cuartelazo el 18 de octubre
Los 200 hombres «medio soldados» de El Progreso que llevó el coronel Justo Orozco a la Guardia de Honor no tenían preparación militar ni oficiales de mando y él mismo no sabía absolutamente nada de milicia, aprovechado esto Daniel y Francisco Corado hicieron el intento de dar el golpe de estado el 18 de octubre. Su primera acción fue que el general Francisco Corado en pleno día y ante la vista de todos, sacó del cuartel a patadas y empujones e insultos al coronel Justo Orozco, con lo cual dejó sin jefe a los 200 hombres del Progreso, Guastatoya.
Los 200 hombres del Progreso tenían como sargento brigada a Gabriel Pensamiento quien buscó mi consejo al encontrarse solo y desorientado, pues casualmente los 200 hombres eran mis compañeros de escuela primaria.
De la noche a la mañana, con mi grado de subteniente tenía 200 hombres que por amistad aceptaban mis consejos y mi orientación. Debo aclarar que el capitán Bonifacio Ixcaraguá, Jefe de personal del cuartel, me auxilió en el sentido de que asumiera la responsabilidad de proteger a mis compañeros y amigos de El Progreso con la indicación de que detrás de mí estaba el grupo de los capitanes para protegerme.
De esta manera, sin proponérmelo, yo, Guillermo Echeverría Vielman, estaba involucrado en el movimiento de rebelión del batallón Guardia de Honor. Envalentonado con la asesoría del capitán Ixcaraguá y el respaldo del grupo de los capitanes a mis acciones, le dije a Gabriel Pensamiento que fungía como Brigada de los 200 hombres medio soldados que llegaron de Guastatoya, El Progreso, que el paso a dar debía ser ir a hablar con el segundo jefe para aclarar la situación.
Antes de seguir quiero describir el perfil de los nuevos jefes de cuartel Guardia de Honor: 1) El general Francisco Corado era un enfermo alcohólico en etapa avanzada que consumía 2 botellas de licor diariamente. De 6 a 10 horas era un general normal que pensaba con cierta lucidez; de 10 a 14 horas entraba en un estado de euforia en que todo lo miraba fácil y bonito; de 14 a 18 horas le dominaba la locura y cometía una serie de abusos graves: de 18 a 24 horas dormía profundamente. Su hermano Daniel era el ministro de la guerra y la ilusión más grande que tenía en la vida era ver algún día a su hermano con la banda presidencial en el pecho y que le tocaran La Granadera. 2) El coronel Justiniano Higueros era un viejo coronel de línea que tenía muchos años de estar de baja. Su situación económica había sido sumamente mala y, por primera vez en su vida, tenía un sueldo que permitía a su familia tener los tres tiempos de comida; por esta necesidad aguantaba humillaciones de cualquier tipo, que a diario lo hacía pasar el general Corado.
Una vez descrita la personalidad de los nuevos jefes de cuartel Guardia de Honor, seguiré relatando la difícil situación de los 200 milicianos que llegaron como un apoyo al presidente provisorio general Ponce Vaides. Repito que lleno de valor por el apoyo que recibí del grupo de los capitanes, Gabriel Pensamiento el mando de los 200 hombres de Guastatoya y nos dirigimos al despacho del segundo jefe, para indicarle de que si la tropa que había llegado de Guastatoya no había cumplido la orden del primer jefe de capturar al grupo de los capitanes, fue simplemente porque estos 200 muchachos eran humildes campesinos que nunca habían sido soldados y que además nunca habían jurado bandera de obediencia y, por lo tanto, no eran culpables de nada.
El coronel Higueros nos escuchó, reflexionó y dijo: ?¡Qué metida de pata!? Y reaccionando nos dijo: ?¡Espérenme aquí, voy a ir hablar con Corado!?.
Y desde nuestro lugar de espera oímos cuando el general Corado le decía a gritos al coronel Higueros: ?Si no son soldados, ¿a que chingados los trajeron aquí? ¡Que los desarmen inmediatamente y yo voy a pensar que hacer con ellos!?
El coronel Higueros regresó a su despacho y nos dijo: ?ustedes ya oyeron lo que dijo el general primer Jefe, así que los 200 hombres de Guastatoya que entreguen sus armas y equipo y que esperen nuevas órdenes. Esto sucedió a las 16:00 horas del 18 de octubre. A las 18:00 horas como de costumbre se formó el cuadro de tropas en el patio principal del cuartel Guardia de Honor para rendir honores al Pabellón Nacional al ser arriado y los 200 hombres estuvieron presentes en ese acto, pero ya desarmados.
En este mismo acto, cuando el segundo jefe subió al despacho del primer jefe para informarle de que se habían cumplido sus ordenes de desarmar y desequipar a los 200 hombres del Progreso Guastatoya, el general Corado salió al corredor de su despacho en el segundo nivel de la comandancia y desde la baranda nos gritó: ?¡Aquí yo soy el que manda y al que me desobedezca lo fusilo!? y agregó: ?Que nadie se mueva y que me suban a este corredor 2 ametralladoras 30 con su dotación. ¡Si no son soldados, yo los voy hacer soldados obedientes! Tras esta arenga entró a su despacho y se quedó profundamente dormido por la borrachera.
El segundo jefe ordenó al jefe de servicio que trajeran las 2 ametralladoras 30 milímetros con su dotación de personal de maniobra y de municiones. El sargento primero brigada de la Compañía de Armas pesadas, ?la Rata? Reynoso, se retiró del cuadro principal donde estaba formada toda la tropa del cuartel para cumplir la orden del primer jefe, pero como es tradicional y costumbre en el manejo de armas de fuego, Reynoso desarmó las ametralladoras en sus conjuntos principales y en un abrir y cerrar de ojos les quitó el percutor que estaba en buenas condiciones y se los cambió por percutores que ya estaban quebrados, con lo cual las ametralladoras quedaban inservibles y era difícil notar la travesura que posiblemente salvó muchas vidas.
A las 23:00 horas, cuando el general Corado despertó de su borrachera con cierto grado de lucidez, ordenó: ?que las unidades desfilen hacia sus cuadras a descansar y así abortó el golpe de estado planeado para este día 18 de octubre?.
El día 19 de octubre de 1944, amaneció con un sol radiante y un clima agradable, pero fue más agradable la orden de que por ese día se suspendían las actividades de entrenamiento. El jefe de servicio ordenó que durante la mañana se hicieran labores de limpieza y en la tarde deportes y recibir visitas. Este día pasaba muy tranquilamente, pero a las 15:00 horas, el general Corado sorprendió al capitán Rogelio Alvarado bebiendo un ?octavo? de licor y sin mediar palabra le quito el octavo de la boca de un fuetazo hiriéndole la cara, le dio otro fuetazo en la cabeza y ordenó que lo echaran del cuartel, pues era intolerable que bajo sus ordenes hubieran oficiales borrachos.
El capitán Alvarado, apodado ?El Loco? fue llevado al Hospital Militar en donde quedó hospitalizado. Este incidente fue la gota que derramó el vaso, y a las 17:00 horas los capitanes dispusieron que esta noche a las 21:00 horas se llevaría a cabo la toma del control del cuartel Guardia de Honor, con la captura, vivos o muertos, del primero y segundo jefes. A las 21:00 horas en punto, sin ningún acto de violencia se capturó al segundo jefe coronel Justiniano Higueros quien fue conducido a uno de los calabozos del cuerpo. A las 21:30 horas se intentó capturar al general Francisco Corado, quien estaba encerrado en su dormitorio. Se le tocó la puerta y respondió ?¿Qué putas quieren?? el capitán de caballería Miguel Ángel Escobar le respondió: ?Mi general, usted ha sido separado del cargo de primer Jefe de la Guardia de Honor. Si usted se entrega pacíficamente yo le garantizo la vida?. A lo que el general Corado respondió: ?Capitán, ¿quiere saber mi respuesta? ¡Aquí le va!? y descargó sus dos pistolas sobre la puerta de madera de su dormitorio, lo que quiere decir que hizo 12 disparos.
El capitán Escobar cayó herido con dos balazos en las piernas, pero una vez retirado el cuerpo del capitán Escobar, un sargento dragón de la caballería, de una patada abrió la puerta del dormitorio y cuando el general Corado quiso accionar de nuevo sus dos pistolas, una ráfaga de ametralladora Thompson, impactó en su pecho y murió instantáneamente, teniendo aún una pistola en cada mano. Esto ocurrió a las 22:00 horas del 19 de octubre de 1944. A partir de este momento el mayor Francisco Javier Arana asumió el mando de la Rebelión del cuartel Guardia de Honor y el plan de acción preparado por el grupo de los capitanes entró en pleno desarrollo.
A pesar de los sucesos tan delicados que he narrado, dentro del cuartel había orden, cada quien hizo lo que tenía que hacer y yo por mi parte también estaba listo para hacer mi trabajo que consistía en:
1) Que los 200 hombres de Guastatoya recibieran armamento y equipo nuevo y 100 cartuchos. El brigada de estos soldados debía ubicarlos a un lado de la Guardia de Prevención y esperar mis órdenes.
2) Yo debía presentarme a la Guardia de Prevención, para relevar de ese cargo al capitán Domingo Ortiz Sioc, y a las 22:30 horas ya estaba en mis funciones con mis obligaciones y responsabilidades bien sabidas y cumpliéndolas al pie de la letra.
¿Qué sucedió durante las 24 horas críticas contadas a partir de las 22:00 horas del día 19 de octubre, a las 22:00 horas del día 20 de octubre de 1944? Eso es otra cosa.
Esta es una actuación netamente personal, pues yo no estoy en capacidad de narrar lo que hicieron 140 oficiales, 80 especialistas y 2,000 soldados.
Por razones del destino yo, José Guillermo Echeverría Vielman, subteniente ascendido el 30 de junio, sin mayores experiencias, con 3 meses de antigüedad como oficial del Ejército de Guatemala, en menos de 24 horas me convertí en un oficial importante por el simple hecho de tener a mi disposición y bajo mi mando a 200 soldados de las compañías de voluntarios del departamento de El Progreso.
Los 200 soldados que me obedecían por amistad y compañerismo no eran soldados para exhibirse en un desfile militar, pero lo importante es que todos eran expertos cazadores de venados y, por lo tanto, donde ponían el ojo ponían la bala. Mis 200 hombres eran una respetable fuerza de combate. Por recomendación del capitán Bonifacio Ixcaraguá, se me asignó el cargo de comandante de la Guardia de Prevención, en relevo del titular Domingo (?Gallo?) Ortiz, que tenía que comandar la compañía de Armas Pesadas, durante los ataques al Castillo de San José y al Fuerte de Matamoros, que se efectuarían esa noche del 19 y la mañana del 20 de octubre de 1944.
El relevo de un comandante de Guardia de Prevención, conlleva un ceremonial especial que debe cumplirse sin que importe la situación existente. Hasta entonces, el cargo de comandante de la Guardia de Prevención era exclusivo del grado de capitán pues significa tener que asumir muchas responsabilidades y esta vez era un subteniente nuevo, apoyado por 200 hombres a quienes se encomendaba la vida de más de 3000 personas que estaban en el interior del cuartel.
El capitán Domingo Ortiz ordenó a todo el personal de la Guardia de Prevención incluyendo a los 200 soldados de Guastatoya ponerse de pie, mandó a terciar las armas individuales, y con voz sonora dio a conocer la disposición del comando en rebeldía y pidió que se me aceptara y se me obedeciera como nuevo comandante de la Guardia de Prevención. En seguida, acompañados del sargento de la guardia, procedió a hacerme entrega del cuerpo del general Francisco Corado, que yacía muerto en el piso de su dormitorio, me aconsejó mantener estricta vigilancia, hasta que llegara el Auditor de Guerra a levantar el acta de rigor.
Al regresar al puesto de guardia, es decir en las gradas que conducen al segundo nivel del edificio de la comandancia, me atreví a confesar al capitán Ortiz, ?el gallo?, que me temblaban las piernas y él, viéndome en forma compasiva, me respondió ?a mi también, pero hagámonos los babosos, pues usted y yo debemos difundir y reflejar seguridad y confianza?. Después de esta respuesta mi lema fue: ?siempre seguridad y confianza y a entrarle al toro por los cuernos?.
Como caso especial, la guardia de prevención tenía a su servicio 240 soldados y tanta gente yo solo no era competente para dirigir, y entonces el mayor Arana me mandó al subteniente Manuel de J. King y al subteniente Rubén Suárez para que me ayudaran como subalternos de la guardia de prevención. Al subteniente Suárez le puse el trabajo de anotar en el libro de novedades todo lo que salía y entraba al Cuartel Guardia de Honor, comprendiendo personal, armamento y vehículos; y al subteniente King para que se encargara de las capturas menores que llevara el control de los prisioneros y el tenía las llaves de los calabozos en donde estaban los prisioneros de guerra.
Los dos primeros prisioneros que cayeron en la cosecha, fueron dos coroneles que estaban de alta en la Guardia de Honor, el primero el coronel Ramiro Franco Paiz (apodado ?El zorro?) y el segundo fue el coronel Petronilo M. Pérez. Ambos me eran ampliamente conocidos. A estos dos coroneles los capturaron intentando saltar las murallas de la Guardia de Honor, pues ellos pensaban que sus vidas corrían peligro si el grupo de los capitanes no los habían tomado en cuenta. Yo ordené que por consideración especial los pusieran en el Salón de Banderas, con custodia permanente para evitar venganzas
Durante las siguientes horas, apoyado por mi personal hice unas 10 capturas importantes por ser oficiales respetables y de alta categoría y unas 80 personas más entre policías y mensajeros, que por seguridad los tuve que meter a prisión. No narro la forma de estas capturas: primero por modestia personal y segundo porque al tratar de despitolizar a una persona se impone la brusquedad y las faltas de respetos. Las 90 capturas se hicieron en 5 horas es decir, 18 capturas por hora, dicho de otra manera, el personal de la Guardia de Prevención tuvo 90 peleas callejeras en las cuales afortunadamente no hubo heridos ni muertos, sólo golpeados, ojos morados y labios hinchados.
A las 3:00 de la mañana del 20 de octubre de 1944, el mayor Arana llegó a la Guardia de Prevención y platicando me dijo: ?me gustaría salir a hacer una inspección para enterarme personalmente de cómo van las cosas, pero no lo hago pues lo dejaría a usted solito al mando de todo. Y yo, riéndome, le dije: ?¡Usted ni se imagina a quienes tengo presos!? ?¿A quienes? Me preguntó con cierta duda y yo conteste nada menos que a nuestro instructor de infantería, el famoso ?Zorro? Paiz y al eterno jefe de servicios de la guardia, coronel ?Milo Pérez?. Con avidez me preguntó ?¿Y dónde están?? ?Los tengo guardaditos en el Salón de Banderas, para que usted haga sus dos primeros nombramientos?, le contesté. Juntos fuimos al Salón de Banderas y el mayor Arana dijo con voz fuerte ?¡Qué pena y qué vergüenza!? Y agregó: ?Coronel Ramiro Franco Paiz, ¿acepta ser el primer jefe del cuartel Guardia de Honor?? Asustado, ?el zorro? Paiz dijo que si con la cabeza. Y volvió a preguntar: ?Coronel Petronilo M. Pérez, ¿acepta el cargo de segundo jefe del Cuartel Guardia de Honor?? y Nilo Pérez contestó: ?¡Sí acepto, mi mayor!?. Y así termino la angustia de estos dos coroneles que el grupo de los capitanes por olvido no los había tomado en cuenta. Estos dos jefes tomaron posesión y estuvieron en el cargo durante de toda la etapa de la Junta Revolucionaria de Gobierno y durante varios años del período presidencial del Doctor Juan José Arévalo Bermejo.
A las 3:15 del 20 de octubre de 1944, el mayor Arana abandonó el cuartel Guardia de Honor para hacer una gira de inspección en los frentes de guerra, se fue en un camión militar manejado por el chofer el ?chiquitío? Trocoli, llevando a 20 elementos del personal de Guastatoya, El Progreso, como elementos de seguridad. Y regresó a la Guardia de Honor hasta el día 22 de octubre de 1944 en la visita oficial que la Junta Revolucionaria de Gobierno hizo al cuartel Guardia de Honor que fue la cuna de la rebelión.
A las 5:30 de la mañana del día 20 de octubre resistí en mi puesto de mando los ataques de las artillerías de San José y Matamoros con la grata fortuna de que los proyectiles cayeran en el Campo Marte, no me cupo duda de que Dios me estaba protegiendo. A las 15:00 horas del mismo día, mis amigos y compañeros de Escuela Primaria en Guastatoya, desde la terraza del edificio de la comandancia, aplaudían el humo negro que se veía salir del Castillo de San José y a las 17:00 horas la agradable noticia de que el movimiento de rebeldía había triunfado.
En un comunicado de la Comandancia de la Guardia de Honor indicaba que el movimiento de rebeldía finalizaba a las 21:00 horas del día 20 de octubre de 1944; que por respeto a muertos y heridos no habrían celebraciones, el comando de la Guardia de Honor declaró que en esta contienda no habían vencedores ni vencidos y que la tarea a realizar en un futuro inmediato era retornar a la unidad total del Ejército de Guatemala, sin odios ni rencores.
Qué sucedió después del 20 de octubre de 1944?
Según la forma de pensar del grupo de los capitanes del cuartel Guardia de Honor, fue lo siguiente:
Primero: la Revolución del 20 de octubre de 1944 fue un levantamiento popular que fue apoyado por todos los sectores sociales de la nación, incluyendo al Ejército Nacional de Guatemala como un ente protector.
Segundo: evolucionó la forma de pensar de todos los guatemaltecos y creó la esperanza de establecer en la nación una verdadera democracia con un estado de derecho.
Tercero: la Revolución del 20 de octubre de 1944 permitió que, por primera vez en Guatemala, se eligiera a un Presidente de la República por medio de votaciones totalmente libres.
Cuarto: la Revolución del 20 de octubre de 1944 dio paso a que en Guatemala, se viviera un verdadero Estado de Derecho.

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