Debate vicepresidencial de anoche en EE.UU.


Escena del debate vicepresidencial de anoche entre la Gobernadora de Alaska, Sarah Palin, del partido Republicano, y el Senador de Delaware Joseph («Joe») Biden, del partido Demócrata.
Cuando el Senador John McCain, candidato presidencial del partido Republicano en los Estados Unidos de América, anunció que había escogido a la desconocida gobernadora de Alaska, Sarah Pallin, para que fuese su candidata a vicepresidenta, las opiniones al respecto estuvieron divididas, sobre todo porque era una mujer totalmente desconodida en el ámbito político de nivel nacional. Hubo algunos que creyeron que lo hacía para atraer los votos de las mujeres que estaban decepcionadas de que la Senadora Hillary Clinton no hubiese ganado la nominación presidencial del partido Demócrata y no estaban dispuestas a votar por quien la derrotó en las elecciones primarias, el senador afroamericano Barack Obama, particularmente por el hecho de ser de raza negra; y otros opinaron que era un grave error de McCain porque la gobernadora Palin es una mujer desconocida y en el corto tiempo que queda para las elecciones del próximo 4 de noviembre no va a ser posible darla a conocer al electorado de toda la federación americana. Pero de todas maneras fue designada candidata a la vicepresidencia en la Convención Nacional Republicana y, de entrada, sorprendió muy favorablemente al pronunciar un excelente discurso de aceptación que muchas personas desaprensivas creyeron que lo estaba improvisando, porque no veían que estuviese leyéndolo en un papel, y no se dieron cuenta de que lo leía en un telepromter.
Para sorpresa de propios y extraños, Sarah Palin ganó en pocos días un buen punteo de aceptación nacional. Después se supo que en su juventud había sido deportista, jugadora de básquetbol, cazadora de alces, partidaria de las armas de fuego, reina de belleza de Wasilla y candidata al concurso para elegir a Miss Alaska, pero había perdido; y que fue electa Alcaldesa de Wasilla en dos períodos consecutivos y después fue electa 11a. gobernadora de Alaska, la primera mujer en llegar a ese cargo.
Y la verdad es que Sarah Palin es una mujer joven, atractiva, de buen ver, y se desenvuelve muy bien, está felizmente casada y tiene cinco hijos, entre ellos una hija menor de edad que está embarazada sin estar casada, pero dice que se va a casar antes de que nazca el niño; y que su hijo más pequeño padece de retraso mental porque tiene el síndrome de down, pero ella fue «tan cristiana» o buena persona que a pesar de que supo antes del parto que tenía ese síndrome, no quiso abortar, sino tuvo al hijo que llevan por todas partes como si fuese en una exhibición en vez de dejarlo al cuidado de una enfermera o de una niñera.
Pero todo eso no basta para que Sarah Palin sea elegida vicepresidenta de los Estados Unidos de América, con el riesgo de que si a McCain le llegase a suceder algo fatal, en vista de que ya es un hombre de 72 años de edad que ha padecido de cáncer en la piel, ella tendría que asumir el cargo de comandante en jefe de las fuerzas armadas del país más poderoso del mundo. Lo cual, aunque ella pueda ser una mujer excepcionalmente capaz, es un panorama peligroso.
Pero poco tiempo después comenzó a bajar de punteo conforme iba participando en diferentes entrevistas de televisión que le hacían, como la que le hizo la presentadora de la cadena CBS Katie Courie, en la que dijo varios errores y algunas tonterías, y de inmediato bajó varios puntos de rating de aceptación. Luego la comediante Tina Fey hizo una graciosa parodia de ella en el popular programa cómico de televisión Saturday Night Live en el que, aunque en la ridiculizó, fue muy ocurrente y, a pesar de que puso de manifiesto la falta de preparación y de capacidad de la gobernadora para desempeñar la importante responsabilidad vicepresidencial, también le ganó simpatías.
Los organizadores de los eventos previos a la elección de noviembre acordaron que los candidatos vicepresidenciales participarían únicamente en un debate, el cual tuvo lugar anoche en el auditorio de la universidad George Washington, en Misisipi, entre ella y el candidato vicepresidencial del partido Demócrata, el veterano Senador Joseph (?Joe?) Biden, con 35 años de experiencia en el Senado y muchos años de ser presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, quien en las elecciones primarias de su partido trató de ganar la nominación presidencial pero se dio por vencido en las primeras de cambio.
La expectación de los medios de comunicación y del público era muy grande, pero la verdad es que había dos tendencias: entre unos que tenían curiosidad por ver cómo un viejo político como Biden iba a descuartizar a su joven contendiente, y otros que por ser republicanos o porque le tenían simpatía a la gobernadora de Alaska querían ver cómo ella se iba a desenvolver ante un hombre con tantos conocimientos y tanta experiencia, además de ser famoso por su costumbre de hablar más de la cuenta.
Pocos días antes del debate se dijo que la gobernadora Palin quería recusar a la periodista de raza negra Gwen Ifill que iba a ser la moderadora del debate, no por su raza, porque eso habría sido discriminatorio y le habría causado mucho perjuicio al candidato presidencial republicano, sino porque ella ha escrito un libro sobre Barack Obama que todavía no ha sido publicado, pero saldrá a la luz después de las elecciones de noviembre, sobre todo si él es el ganador. Pero el simple rumor de la posibilidad de que la periodista Ifill fuese recusada causó que muchos que la conocen saliesen en su defensa garantizando su apego a la ética profesional. Y por aquello de que la recusación pudiese ser interpretada como discriminatoria, los republicanos ya no la plantearon.
Conscientes de la falta de experiencia y del escaso conocimiento político de su candidata a la vicepresidencia, la concentraron durante más de una semana en la finca de McCain, en Arizona para prepararla. Insisto en que la expectación era muy grande para ver el resultado.
Exactamente a la hora señalada para que comenzara el debate, la moderadora Ifill anunció la presencia, al mismo tiempo, de los dos candidatos vicepresidenciales: el Senador Joseph Biden y la Gobernadora Sarah Palin, quienes al encontrarse en medio del escenario se saludaron cordialmente dándose la mano y sonrientes. La Gobernadora Palin estaba vestida con elegancia, muy discretamente, de negro, y al dar la mano a su contendiente, con una sonrisa de oreja a oreja, le preguntó en voz lo suficientemente alta y clara para que se oyera: Can I call you Joe? (?¿Puedo llamarle Joe??), a lo que Biden le respondió sonriendo: Yes, you can call me Joe (?Sí, puede llamarme Joe?). Pero, nada tonto, a la primera de cambio Biden se refirió a ella en tercera persona como ?la gobernadora Palin?, porque probablemente comprendió que era preferible guardar las distancias ante la permanente sonrisa y los constantes coqueteos y guiñadas de ojo de su contendiente, lo cual podría ser una ventaja femenina.
El resultado era de fácil predicción: ganó Biden con amplio margen de punteo. Pero no se puede decir que la Palin haya perdido de manera vergonzosa, porque todo el tiempo supo comportarse con propiedad, aunque en ocasiones empleó recursos populistas y expresiones de uso común que no se acostumbran en estas oportunidades, como darn right, doggone it, you betcha!, business done, get down to gettin, etcétera, y aprovechando lo que en un debate en el año 1980 entre Ronald Reagan y el presidente Jimmy Carter que buscaba ser reelecto para un segundo período, Reagan le dijo a su contendiente: There you go again! (?Ahí va usted de nuevo?), que en ese entonces hizo mucha gracia, pero Reagan era un excepcional comunicador.
La Gobernadora Palin estuvo tensa durante los 90 minutos, y trató de disimularlo con una permanente sonrisa, obviamente nerviosa, y hubo ciertas preguntas que no le dio la gana contestar y dijo: ?No voy a contestar todo lo que me preguntan pero voy a hablar de lo que yo he hecho como gobernadora de Alaska?, lo cual, en mi opinión, fue un error porque no le va a ganar votos. Por el contrario, los votantes indecisos lo tomarán a mal.
El Senador Biden se comportó todo el tiempo como el caballero que es. En ningún momento agredió directamente a la gobernadora Palin, pero en cambio atacó constantemente al Senador McCain por su actuación en el Senado y porque cree que si McCain llegase a ocupar la Casa Blanca sería una continuación de George W. Bush, a quien por cierto hizo pedazos a cada momento, le responsabilizó del tsunami financiero y dijo que en Afganistán se ha gastado en casi siete años de ocupación lo que en Irak se gasta en tres semanas, así como a Richard Cheney, a quien calificó como «el más nefasto vicepresidente en toda la historia». Sin embargo, tanto Biden como la Palincometieron errores y dijeron falsedades sobre el otro candidato presidencial, Biden sobre McCain y la Palin sobre Obama.
En resumidas cuentas, el debate no fue mucha sorpresa para nadie: era de esperarse que Joe Biden lo ganaría con amplio márgen. Y así mismo fue. Pero la Gobernadora Palin no quedó mal. Los republicanos han de haber sentido un gran alivio cuando terminó el debate sin que hubiese cometido algún grave error, porque habría perjudicado mucho a McCain.
Ahora esperaremos el siguiente debate presidencial, que será el martes. Y ojalá que ahora sí hablen un poco sobre cómo sería su relación con el resto del mundo, en particular con los países de Latinoamérica. Ya no solo con los que sostienen un conflicto como Irak, Afganistán e Irán.
Pero este resultado no tendrá mayor repercusión en los resultados que son realmente importantes para definir la elección presidencial: los de los dos próximos debates presidenciales, el primero de los cualesa será el próximo martes, y el segundo y último el 15 de octubre, cuando solamente faltarán 19 días para la votación.

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