No es fácil entender a algunos (y 3)

Finalmente, la tercera acusación que hizo el licenciado Acisclo Valladares Molina, embajador del gobierno de Álvaro Colom ante el Vaticano y, al mismo tiempo, destacado columnista permanente de elPeriódico, en un artículo reciente en el que atacó al ex Presidente de la República y actual Alcalde Metropolitano, Álvaro Arzú Irigoyen, fue lo relativo a la tan controvertida privatización de GUATEL. Los detractores del ex Presidente Arzú siguen con el caballito de batalla de la venta de la empresa nacional de telefonía, la cual han venido atacando desde que se llevó a cabo la venta, pero no reconocen lo que con el tiempo ésta ha tenido de positiva.
Hay opiniones encontradas sobre esta negociación, pero al final de cuentas no se puede negar que todas las privatizaciones son convenientes y que en Guatemala la telefonía ha aumentado enormemente desde que se quitó a GUATEL el monopolio telefónico, y ha crecido tanto el número de telefónos celulares (ahora hay cerca de 10 millones) a tal grado que cuando visitamos cualquiera de los mercados cantonales podemos ver que la mayoría de los vendedores poseen un teléfono celular, mientras que en el campo se puede ver que los campesinos tienen en una mano un azadón y en otra un teléfono móvil.
Investigando las interioridades de esta privatización he tenido acceso a un documento de fecha 23 de abril del 2002 en el cual el licenciado Lizardo Sosa López, entonces Presidente del Banco de Guatemala y de la Junta Monetaria, escribió literalmente lo siguiente:
?Yo, LIZARDO ARTURO SOSA LOPEZ, Presidente del Banco de Guatemala, en apego a la verdad, declaro:
1. Que los procesos de Privatización de la Telefonía y Energía Eléctrica, realizados durante el Gobierno del Presidente Alvaro Arzú, no sólo constituyeron una necesidad urgente para el proceso de modernización del País, sino que además fueron realizados, en estricto apego a la ley y al interés nacional.
2. Que los fondos provenientes de dichas privatizaciones, en el momento de asumir la Presidencia del Banco de Guatemala, habían ingresado íntegramente en las cuentas del Estado en el Banco Central, salvo los pagos pendientes respecto de tales privatizaciones, los cuales ingresaron conforme a lo establecido en los respectivos contratos.?

Ya es hora de dejar de seguir con la cantaleta de poner en tela de juicio y criticar lo que se hizo en la venta de esa empresa estatal y hablar de la transparencia de la operación y de los beneficios y avances que esta decisión ha traído al país. En vez de andar criticando todo por el prurito de contradecir, sería bueno que los guatemaltecos aprendamos a reconocer los méritos y ejecutorias de nuestros compatriotas. Hay que evitar que la mentalidad de la colectividad se contagie de la negatividad de quienes se dedican a menospreciar y vilipendiar todo lo que dicen y hacen los demás, pero ellos mismos no son capaces de aportar algo constructivo para el progreso de nuestra patria y el beneficio de nuestros compatriotas. Tratemos de cambiar esa lamentable actitud negativa hacia todos y todo por una actitud positiva que permita reconocer las cualidades y las ejecutorias de los demás. No puede progresar un país en el que por principio se menosprecian sus valores y se dice que nada vale nada y que todos sus nacionales son por naturaleza inútiles, o mediocres, o corruptos. Que ya no se siga diciendo en los países hermanos de Centroamérica «Guatemala, gente mala», sino Guatemala, gente buena y positiva.
He escrito estos tres artículos sobre este tema, parafraseando la columna de Acisclo Valladares Molina titulada «Entendiendo a Sandra», sin el menor ánimo de adular ?mucho menos lambisconear- al ex Presidente de la República y actual Alcalde Metropolitano, Álvaro Arzú Irigoyen, ni tampoco para justificar su reconocido mal carácter, sino para reconocerle que es un guatemalteco ejemplar con un currículo extraordinario, fuera de serie, desde que en 1978 comenzó su exitosa carrera en el servicio público como director del Instituto de Turismo, tras de lo cual fundó tres partidos políticos ?el PNR, el PAN y el PU- y después fue electo popularmente Presidente de la República y cuatro veces Alcalde Metropolitano, cargo frente al cual aún continúa trabajando con insólita pasión y entrega, a pesar de haber estado en las puertas de la muerte por un cáncer en la piel, lo que le hace repetir cada vez que se le presenta la oportunidad que cuando él habla de Dios no lo hace como promotor, sino como un cliente agradecido.
Insisto en que es triste y lamentable que los guatemaltecos seamos tan negativos e ingratos cuando se trata de reconocer los méritos de los demás, sobre todo me refiero a los medios de comunicación y a nosotros los periodistas, que no dejamos «santo parado»; y, por el contrario, siempre tratamos de meterles zancadilla a quienes están desempeñando una buena labor al servicio de la colectividad para que no puedan continuar trabajando con éxito, como es el caso de Transmetro, un magnífico servicio de transporte colectivo que transporta con seguridad y comodidad, al modesto precio de un quetzal, a un millón de vecinos de los municipios aledaños que todos los días vienen a trabajar a la capital. En ninguna parte del mundo un gobierno municipal ofrece a los vecinos un excelente servicio como Transmetro y a tan bajo precio. Sin embargo, cuando Álvaro Arzú habló de pedir un subsidio al Gobierno central, muchos egoístas pegaron el grito en el cielo y se rasgaron las vestiduras alegando que ese es ?un negocio del municipio capitalino? y no tiene por qué solicitar subsidio nacional, como si los servicios municipales fuesen empresas privadas lucrativas propiedad del gobierno municipal metropolitano, o de Álvaro Arzú en lo personal. ¡Qué ingratitud! Ni siquiera porque se trata de un buen servicio que se presta a la población trabajadora de menos recursos económicos. ¡Qué egoísmo!
No niego que el Alcalde Arzú ha tenido algunos exabruptos que le han enemistado con los medios de comunicación escritos en general y con algunos de los periodistas en particular, pero no ha sido para tanto como para que merezca el odio permanente de algunos socios de los medios como Prensa Libre, Siglo Veintiuno y elPeriódico, que cada vez que se presenta una oportunidad sueltan grandes dosis de veneno contra él porque no le pueden ver ni en pintura y se niegan a reconocer que ha sido un buen Alcalde Metropolitano. A tal grado que si se presenta otra elección estoy seguro que sería electo de nuevo por el vecindario satisfecho que sí le reconoce que ha trabajado con pasión y entrega, por lo cual le felicito.
Para terminar, no quiero desaprovechar la oportunidad para felicitar también a su esposa, la señora Patricia Escobar Dalton de Arzú, «primera dama de la ciudad capital», por la magnífica labor social y humanitaria que ha venido realizando discretamente, sin hacer mucho ruido.

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