MISCELÁNEA

* Día de la Patria
Tenía el propósito de descansar un poco, de no escribir durante varios días, pero por celebrarse hoy la conmemoración del 187 aniversario del 15 de septiembre de 1821, día en el que se firmó el Acta de Independencia de España, creo necesario e impostergable expresar unas cuantas palabras al respecto. Sobre todo porque a mi avanzada edad y en vista de la creciente e irrefrenable criminalidad y delincuencia que están imperando en el país, no sé si tendré otra oportunidad para decirlo; y por aquello de las dudas, más vale que lo diga hoy.
Comienzo por presentar mi más respetuoso, amoroso e incondicional saludo a todo lo que constituye nuestra patria, la amada Guatemala. Porque a la Patria hay que amarla como se ama a la madre, tal como es, sin condiciones de ninguna clase, y creo que solamente quienes no aman a su madre no aman a su patria.
No hay que amar sólo a los símbolos patrios, como son el quetzal, a pesar de que jamás volará «más alto que el condor y el águila real»; el escudo de armas en nuestro lábaro patrio azul cielo y blanco de paz; la marimba de origen africano; el Himno Nacional cuya letra escribió el poeta cubano José Joaquín Palma; ni la bella orquidea monja blanca; ni la ceiba, ni Tecún Umán y otras cosas; ni la patria tampoco son sus indiscutibles bellezas naturales, como el lago de Atitlán, el río Dulce y los volcanes que son motivo de admiración y alabanza de parte de propios y extraños; ni sus ruinas históricas de culturas ya desaparecidas, como las ruinas de Tikal y las de las iglesias de la Antigua Guatemala derruidas por el terremoto; ni otros valores como nuestra integridad multiétnica y pluricultural que se niega a incorporarse a nuestro tiempo; ni extraordinarios escritores como Miguel Ángel Asturias y artistas cuya calidad es reconocida mundialmente. Sino que la patria es el conjuntode todo lo que es parte integrante de nuestra vida, pero que todavía están separados por las ancestrales divisiones no superadas y los guatemaltecos no las hemos incorporado aún a lo que es nuestra patria.
Porque el acta que nos dio la Independencia hace 187 años no fue el producto de una cruenta lucha en la que para obtener la victoria se derramó la sangre de sus próceres, sino fue la combinación de la oportunidad histórica causada por la dominación del emperador Napoleón, de Francia, sobre España al deponer a Fernando VII; y la conveniencia de los propios españoles que vivían en Guatemala para no tener que seguir pagando tributos al reino español, sobre todo al gobierno de José («Pepe botellas») Bonaparte.
Pero ese acto fue un simple trámite que no causó el amor de los nacidos en esta tierra que por la independencia se convirtió en patria, pero en el transcurso de tantos años ni siquiera hemos podido definir esa nacionalidad. (Les recomiendo leer La patria del criollo del desaparecido sociólogo y escritor Severo Martínez) Y a eso se debe en buena parte que no exista una clara y firme identidad de la unidad del pueblo guatemalteco que ha vivido dividido por las tendencias de los diferentes gobiernos que ha tenido, por lo cual se confunde a lo que es la patria con los gobiernos, y no hay unidad para compartir el patriotismo porque jamás hemos compartido una causa común que nos haya podido cohesionar firmemente. Y a eso se debe que haya tantos guatemaltecos que realmente no conocen ni aman ni respetan a su patria y hasta se burlan de ella y la difaman, como en mala hora lo hizo un hijo de las «servidoras sexuales» (para no llamarlas putas) jugadoras del equipo de fútbol denominado «Estrellas de la Línea» que se atrevió a publicar en una columna infame que ?Guatemala es un paísito de mierda? por lo cual merecería que alguien que le pegase sonoro tapabocas. Pero está visto que hasta para eso hay impunidad en este país maravilloso.
Lo primero que se debe establecer es la identidad de nuestra patria y quiénes somos sus integrantes. Porque es innegable que muchos de los miembros de las minorías raciales que conforman nuestro pueblo multirracial y pluricultural nunca se han sentido identificados con los ladinos ni con Guatemala, ni se consideran guatemaltecos a sí mismos. Es necesario que se comprendan que ellos son tan guatemaltecos como cualquiera de los que tenemos a orgullo y satisfacción llamarnos guatemaltecos y, como tales, tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones que nosotros, y también están regidos por las mismas leyes y reglamentos no por las de sus antepasados, como ellos pretenden en pleno siglo XXI.
Otra cosa que será preciso dejar bien claro a las actuales generaciones y a las futuras es que el patriotismo no consiste en participar en desfiles callejeros uniformados y marchando al estilo militar; ni tampoco es correr con antorchas hacia los cuatro puntos cardinales de la capital, sino consiste en trabajar todo el tiempo por el bienestar y el progreso de nuestro país sin estarse quejando todo el tiempo de que nuestra patria no se compara con los países más ricos y civilizados del mundo; y es contribuir a hacer lo que sea necesario para lograr la seguridad y la felicidad de los compatriotas. Patriotismo significa defender hasta con la vida si es necesario la integridad de nuestra soberanía nacional y cumplir y obligar a que se cumplan nuestras leyes, comenzando por la Constitución de la República. Eso es patriotismo y no solo agitar la bandera azul y blanco y cantar el himno nacional con alguna emoción y la mano derecha sobre el pecho; ni es apoyar a la selección de fútbol en sus encuentros internacionales. Patriotismo es luchar incondicionalmente, todo el tiempo, por todo aquello que enaltece y dignifica a nuestra patria.
Mi venerado y recordado padre, José Palmieri Calderón, nació en el puerto de Valparaíso (Chile), y vino a nuestro país cuando era todavía un niño, aprendió a amar profundamente a Guatemala y solia preguntarse por qué los extranjeros la aprecian y la aman mucho más que los propios guatemaltecos, y en el transcurso del tiempo he aprendido que la razón principal para ello es que hay muchos guatemaltecos que confunden a la patria con los sucesivos gobiernos que hemos tenido en el transcurso de nuestra Historia, entre ellos ha habido muchas dictaduras totalitarias y otros que solamente han venido a engañar lastimosamente al pueblo. Y hay que entender que los gobiernos no tienen absolutamente nada que ver con la patria. ¡No hay que confundirlos! Aparte es una cosa y aparte es otra. ¡Viva Guatemala! ¡Viva Guatemala! ¡Viva Guatemala!

* «Grito» de los mexicanos
Siempre he expresado que siento gran envidia -de la buena- por los hermanos mexicanos, entre muchas otras cosas por el entrañable e inalterable amor que profesan por su patria y todo lo que la representa. Pueden estar pasando por muy difíciles circunstancias de la vida y divididos por cuestyiones de carácter político, pero mantienen una unidad granítica alrededor de su patria y nunca dejan de gritar «¡Viva México!». Siempre hacen todo lo que les sea necesario para honrar a su patria y a todos sus valores, que son muchos.
Por eso es que hoy felicito a México y a los mexicanos, en ocasión de que esta noche celebrarán su tradicional y solemne ceremonia que denominan «El grito» que consiste en que el Presidente de la República, licenciado Felipe Calderón Hinojosa, aparece en el balcón presidencial del Palacio Nacional, acompañado de su esposa, y repite las palabras que pronunció en Dolores, el cura Miguel Hidalgo y Costilla para dar principio a la Revolución que inició la guerra por la independencia y grita «Que vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!, «Viva Hidalgo!, ¡Viva Morelos!, ¡Viva Allende! ¡Viva la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez! ¡Vivan Aldama y Matamoros! ¡Viva nuestra Independencia nacional!» y probablemente agregue los nombres de otros de los héroes que encabezaron la guerra que duró diez años y dejó un saldo de un millón de muertes. Finalmente, grita varias veces «¡Viva México!» y suena la misma campana que hizo sonar el cura Hidalgo en su iglesia dedicada a la Vírgen de Dolores para llamar a los patriotas y unirse para luchar por su independencia y libertad, y muchos miles de mexicanos ocuparán el Zócalo, que es la tercera plaza más grande del mundo, donde cantarán el Himno Nacional y repetirán «¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!». Mientras en todas partes del mundo donde hay una población mexicana y el gobierno de México tiene una representación diplomática o consular, los embajadores o los cónsules o las personas especialmente designadas hacen lo mismo. Y mañana van a celebrar con un impresionante desfile militar el 198 aniversario de su Independencia.
Saludo a todos mis amigos mexicanos que viven en Guatemala y esta tarde se reunirán de las 18 a las 21 horas en las instalaciones de la embajada de ese país situadas en la 2a. avenida 7-57 de la zona 10 con el Embajador Eduardo Ibarrola Nicolin y con el Cónsul General Mario Arriola Woog para hacer esa misma ceremonia al conmemorar el 198 aniversario de la Independencia y compartir unos cuantos tequilas y unos tacos. Les deseo un buen provecho.
Yo no voy a asistir a esa recepción, pero agradezco que me hayan invitado, y donde me encuentre brindaré también por la gloriosa Independencia de México que, para lograrla, los mexicanos tuvieron que luchar diez años y derramar muchísima sangre, pero ese sacrificio fructificó en la unidad y el amor de sus hijos por su patria.
Lamentablemente, la Independencia de Guatemala no se obtuvo así, porque consistió en la simple redacción de un acta que firmaron unos cuantos españoles y unos criollos, pero no le dieron participación al pueblo. Desde donde estaré a esa misma hora brindaré con algunos queridos amigos y gritaremos: ¡Viva México!

* Artículo de periodista chilena
EL QUINTO PATIO
Carolina Vásquez Araya
Hacer patria
Las manifestaciones de amor a la patria nada tienen que ver con celebraciones oficiales ni frases repetidas hasta grabarlas en los genes. El amor por el terruño tiene mucho más que ver con las experiencias vividas y la tendencia a verle más cualidades que defectos al pedazo de continente en el cual nos tocó vivir.
A veces, sin embargo, se confunden los conceptos, y en lugar de construir una identificación positiva con el país, se pierde la perspectiva, convirtiendo el supuesto patriotismo en un instrumento de opresión y una excusa para imponer la voluntad de quien detenta el poder. También puede suceder, excepción de excepciones, que algún líder visionario tenga la lucidez de transformar a una sociedad indiferente y pasiva en una comunidad de individuos dispuestos a luchar por defender lo suyo.
Esto último es lo que falta en Guatemala. Un líder auténtico, capaz de comprender que el patriotismo es el rescate y el enaltecimiento de los valores humanos para afianzar la identidad de un pueblo y para crear las condiciones apropiadas para su desarrollo.
Hacer patria es frenar la corrupción en todos los niveles de la administración pública, quitando el mecanismo del soborno a quienes, desde otros sectores, se benefician gracias a la venalidad de ciertos funcionarios.
Hacer patria es analizar las leyes desde una perspectiva humanitaria y de beneficio común, haciendo de la transparencia el motivo central de la gestión pública.
Hacer patria es defender la integridad del territorio, no cederlo a los carteles del narcotráfico ni dejarlo a merced de los depredadores agrícolas e industriales que hacen de sus aguas y sus bosques un instrumento de enriquecimiento propio, destruyendo para siempre lo que no les pertenece.
Hacer patria es perseguir a los delincuentes hasta obligarlos a pagar su deuda con la sociedad, no importando de dónde provengan ni cuánto poder hayan acumulado. No importando quiénes son sus familiares ni cuántas barreras legales les ayuden a evadir la aplicación de la justicia.
Hacer patria no es desfilar con bombos y platillos haciendo un remedo de la cultura bélica incrustada en el inconsciente colectivo, sino participar en las decisiones de manera responsable, para propiciar los cambios que necesita una sociedad moderna, enfocada en el desarrollo de su cultura, su economía y su gente.
Hacer patria es dejar la arrogancia de lado y comprender que gobernar un país no significa adueñarse de él. Y que no hay bandera suficientemente ancha para ocultar las acciones de un gobernante cuando éstas hieren la dignidad nacional. (Fin del artículo)
Nota: La columnista de Prensa Libre Carolina Vásquez Araya es nacida en Chile, como mi padre.

* Editorial de elPeriódico
Amor a la patria
Arturo Cuyas dice que hay tres amores que son sagrados para el ser humano: el amor a Dios, el amor a la familia y el amor a la patria.
Estos amores se manifiestan, respectivamente, a través de la religión, del cariño y del patriotismo. Cada uno de ellos exige un culto, una devoción.
Se nos ha inculcado que las glorias nacionales y los éxitos militares del país son los mayores acicates y estimuladores del patriotismo; sin embargo, creemos que el patriotismo se profundiza y acrecienta a través de los sacrificios y sufrimientos por la nación, la dignidad ante sus adversidades y la entrega total a superar las derrotas, injusticias, calamidades, tragedias y despotismos. De esa cuenta, el patriotismo se enriquece por medio de los desvelos, trabajos y sacrificios por la grandeza y la defensa de la patria, y no a través de bellas y vanas palabras.
Por tanto, son muy válidas y ciertas aquellas palabras que pronunció el Presidente de Estados Unidos de América, John F. Kennedy, con motivo de su toma de posesión (20 de enero de 1961): «Compatriotas: pregúntense, no lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país». A su vez, Cicerón decía: «La patria tiene derecho a que nuestra alma, nuestro talento y nuestra razón le consagren sus mejores y más nobles facultades».
En esta etapa de la historia nuestra patria se encuentra en un difícil trance. Su población sufre gran tribulación debido a la violencia y a la pobreza extrema. La falta de oportunidades está obligando a sus mejores hijos a emigrar para poder ganar el sustento de sus familias. Otros muchos están muriendo, víctimas de los violentos que han impuesto su derecho.
Hay quienes esperan al salvador paternal, que vendrá no sólo a aplacar a los violentos, sino también a sacarnos de la pobreza. Sin embargo, bien dice Emanuel Kant que ?un gobierno basado en el principio de la benevolencia hacia el pueblo, como el gobierno de un padre hacia los hijos, es decir, un gobierno paternalista (…) es el peor despotismo que se pueda imaginar (…)?.
Los que no toman acción y solamente se quejan no aman a la patria; por el contrario, su debilidad, su cobardía y su omisión son campo fértil para el advenimiento de un tirano que los sojuzgue, los oprima, los expolie y los humille.
En conclusión, la dependencia, la sumisión y el conformismo no son la salida a nuestros males, carencias y sufrimientos, sino la participación activa, enérgica, valiente y entusiasta. ¡Viva Guatemala!
(Fin del Editorial)

Posted in Sin categoría