MISCELÁNEA 23/04/09

Comentarios sobre algunos hechos.
En el transcurso del tiempo que he dejado de publicar diariamente mis artículos en este blog, en distintas partes del mundo se han producido algunos hechos que deseo comentar y comenzaré hoy con unos relacionados con el Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama.


Por primera vez en la Historia política de la poderosa Unión Americana, al bajar del helicóptero presidencial en los jardines de la Casa Blanca, dos galonistas de Marines impecables se cuadran militarmente y hacen el saludo a un presidente mulato, hijo de un padre africano, nacido en Kenia, y de una madre estadounidense de raza «más blanca que la leche». Es incorrecto que se diga que ese mandatario es «de raza negra», porque no hay que olvidar que si bien una de las mitades de la mezcla de su sangre es de raza negra, la otra mitad es de raza blanca.

El Presidente Barack Obama desciende del impresionante avión presidencial Air Force One después de haber aterrizado en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez. La primera visita oficial a América Latina que hizo el presidente Obama fue a México y por el éxito que obtuvo pudo haber dicho como el emperador romano Julio César: Veni, Vidi, Vincit («Vine, ví y vencí»), y no como cuando lo dijo el dictador cubano Fidel Castro sobre el comportamiento del venezolano Hugo Chávez por su comportamiento en la V Cumbre de Las Américas.


De acuerdo con el riguroso ceremonial del Protocolo Mexicano, el Presidente de la República no acude al aeropuerto a recibir a los dignatarios visitantes, sino lo hace el Secretario o la Secretaria (como en este caso) de Relaciones Exteriores, mientras el mandatario aguarda su visita en la residencia presidencial denominada «Los Pinos», donde cuando fue tomada esta foto pasan revista a la Guardia Presidencial. Por cierto que Obama es tan novato en estas cosas que cuando pasaba frente al lábaro patrio de México no se había detenido a presentarle su respetuoso saludo, pero lo hizo cuando se lo indicó discretamente su colega y anfitrión mexicano, Felipe Calderón Hinojosa, y de inmediato se detuvo a hacerle la reverencia de rigor a la bandera tricolor verde, blanco y rojo.

Charlando tranquilamente, como dos buenos amigos, en el estudio privado presidencial de la residencia oficial denominada «Los Pinos»,del licenciado Felipe Calderón Hinojosa y el Presidente estadounidense Barack Hussein Obama. No cabe duda de que esta visita a sembrado un buen cambio en cuanto a las relaciones entre Estados Unidos y México. Sobre todo en comparación con el comportamiento observado por el ex presidente George W. Bush, de quien el ex presidente mexicano Vicente Fox Quesada comentó en días recién pasados: «Lo único que me dio fueron palmaditas en la espalda».

El ilustre visitante estadounidense permaneció en la ciudad de México únicamente un día y durmió en el Hotel Presidente InterContinental, pero la cena oficial que le brindaron el Presidente Calderón y su esposa, Margarita Zavala, se llevó a cabo nada menos que en el fabuloso Museo de Antropología e Historia, con un exquisito menú de la magnífica chef mexicana Patricia Quintana, propietaria del restaurante Izote. En síntesis, la visita a México del mandatario visitante fue un éxito y estoy seguro que de ella ambos gobiernos lograrán muchos beneficios que repercutirán en el resto de Latinoamérica.

De México, el Presidente Obama voló directamente a Trinidad para participar en la V Cumbre de Las Américas, donde también obtuvo un gran éxito. Por cierto que el controversial Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, se le acercó para decirle «Quiero ser tu amigo» y le obsequió una copia del libro «Las venas Abiertas de América Latina», publicado en 1971 por el escritor uruguayo Eduardo Galeana, un fanático izquierdista rematado, paradigma del anti-yanquismo, como para decirle que lea lo que ha sido ese país para los demás países del continente, porque Galeana sostiene que todas las desgracias y las miserias de estos países se deben al comportamiento de los gobiernos de Washington. Lástima que Obama no le correspondió regalándole a Chávez una copia también autografiada del libro «El otro sendero: la Revolución informal», escrito por el economista y escritor peruano Hernando de Soto, del Instituto Libertad y Democracia, con la colaboración de Enrique Ghersi y Mario Ghibellini, con prólogo en la primera edición de Jorge Mario Vargas Llosa, quien en un reciente comentario sobre ese acto de Chávez, dijo que desde 1970 «el libro de Galeana viene siendo ridiculizado por la más cruel crítica: la realidad».
Sobre este mismo incidente publicó el amigo y colega Juan Luis Font, co-director de elPeriódico, un interesante artículo titulado «Nuestras venas abiertas» en el que en sus últimos párrafos dice lo siguiente: «El libro que Chávez le propone a Obama es una obra para otros tiempos. La llegada al poder de Obama se presume, o se quiere creer, representa una oportunidad nueva, distinta, para la siempre complicada relación en el continente.
Y concluye: «¿Qué libro podría entonces sustituir al de Galeano? Propongo uno que no habrá de emocionar a nadie pues transmite escasa pasión. Dudo que Chávez quisiera regalarlo, a lo mejor quiera leerlo: se llama Buen Capitalismo, Mal Capitalismo y está escrito por tres economistas de la universidad de Yale. Ni digo quién lo recomienda, porque eso sería convocar a los espantos.»

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