HOMENAJE A FRANCIA Y A LA CIUDAD DE PARIS

Hoy se conmemora que el martes 14 de julio de 1789 fue tomada por los revolucionarios parisinos la fortaleza medieval y prisión conocida como la Bastilla una antigua fortaleza-prisión que se había convertido en símbolo del despotismo real. Su caída en manos del pueblo constituyó el vibrante comienzo de la Revolución Francesa. Con la valiosa ayuda de Wikipediala, la de Google, voy a recordarles estos episodios hasta el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte a su regreso de la guerra en Egipto y su coronación como Emperador de Francia.

La destitución por parte de Luis XVI de su ministro de finanzas, Jacques Necker, desencadenó una revolución. La noticia de la crisis provocó en París una verdadera conmoción. El 12 de julio, tres mil personas se concentraron en los jardines del Palais Royal, y desfilaron en una manifestación multitudinaria que recorrió la ciudad al modo de una procesión fúnebre, con banderas negras, abrigos y sombreros también negros y el busto de Necker cubierto con un velo; todos lloraban la destitución del ministro en el que habían depositado sus esperanzas. En boca de todos estaban palabras nuevas como libertad, nación, tercer estado, constitución, ciudadano… Por ello, los parisinos comprendieron enseguida que la repentina destitución del ministro de Finanzas Necker era la señal de que el rey quería acabar con la transformación constitucional iniciada dos meses antes; era un «golpe de Estado», un acto «despótico» contra el que había que reaccionar.

En la ciudad reinaba por entonces un clima de miedo y hasta de paranoia, consecuencia de las malas cosechas, que provocaron graves problemas de subsistencia y que aumentaron la presencia de pobres y mendigos. Por otro lado, el rey estaba preparando una brutal represión, al movilizar las tropas en torno a la capital, con orden de ocuparla o incluso, según algunos, de arrasarla. La jornada del martes 14 de julio puso en marcha la Revolución. Al despuntar el día se difundió el rumor de que en el Hotel de los Inválidos, un hospital militar al oeste de la ciudad, se habían depositado 30.000 fusiles. El edificio cayó en manos de la muchedumbre, que requisó todos los fusiles y 12 cañones. Según muchos historiadores, éste fue el momento decisivo de la jornada, el instante en el que Luis XVI perdió la batalla por París y por su poder absoluto. A continuación, miles de hombres se dirigieron a la Bastilla, en el otro extremo de la ciudad, para aprovisionarse de pólvora y municiones. Finalmente, pasadas las 5 de la tarde, el gobernador Launay mandó abrir las puertas y la guarnición se rindió. La rendición fue saludada como una gran victoria, y de inmediato el episodio cristalizó en la mente popular como una gran gesta, adornada con actos heróicos, hasta convertirse en el símbolo del triunfo de la Revolución Francesa y del inicio de una nueva era de libertad.

En la fortaleza de Bastille por entonces solamente guardaban prisión siete personas, lo cual supone simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el principio de la Revolución Francesa, porque era el símbolo del depotismo de la monarquía francesa y su caída provocó repercusiones históricas, tanto en toda Francia como en el resto de Europa y hasta la lejana Rusia. Y desde el 14 de julio de 1880 este día se festeja en Francia, mas no para celebrar propiamente la Toma de la Bastilla en sí, sino para recordar la Fiesta de la Federación de 1790, en cuya fecha coincidía a propósito para celebrar la reconciliación y la unidad de todos los franceses. Pero la importancia de la toma de la Toma de la Bastilla se debe a su valor simbólico representando el derrumbamiento del poder absolutista de la monarquía francesa, pero no fue un acto tan relevante política y estratégicamente como se ha solido presentar por la historiografía romántica. La Bastille había sido durante muchos años el bastión de lsa vítimas de la arbitrariedad monárquica, donde se encarceló sin juicio previo a los parisinos señalados por el Rey con una simple denuncia. Era una fortaleza medieval en pleno París cuyo uso militar ya no se justificaba y ya se venía pidiendo su destrucción , por lo que el ministro de Finanzas, Jacques Neker, pensaba destruirla desde 1784 por su elevado coste de mantenimiento. Y en 1778 se había decidido su cierre, lo que explica que para 1789 tuviese tan pocos prisioneros: cuatro falsificadores, al enfermo mental Auguste Tavernier, a un noble condenado por incesto ya un cómplice de Robert François Damien, autor de una tentativa de asesinar al rey Luis XV. Pero la imagen revolucionaria ampliamente difundida del mito de una prisión donde se pudrían las víctimas de la monarquía no corresponde por lo tanto con el uso de la fortaleza en el momento de su toma, dado que la fortaleza había perdido en parte su función de prisión de Estado. Pero refleja una realidad que sí había existido desde el siglo XVII, cuando el Cardenal Richeliu empezó a utilizarla como cárcel de Estado.

Aportar una prueba de que se estaba presente en el momento de la toma de la Bastilla supuso una recompensa por parte la Asamblea Nacional. El 19 de junio de 1790, a propuesta del diputado Armand Camus, la Asamblea Nacional votó por aclamación un decreto en el que se decidió dar un lugar preeminente a los «vencedores de la Bastilla» en los actos de la primera Fiesta de la Federación que se iba a celebrar al mes siguiente. Pero un decreto del día 25 les retiró ese honor para reservarlo a la Guardia Nacional, a cuyos miembros se les otorgó una pensión, un uniforme, un fusil y una espada con su nombre grabado, un brazalete y una medalla, y un diploma de agradecimiento de la patria. Una comisión examinó de marzo a junio de 1790 las pruebas aportadas por los postulantes y censó oficialmente en ese momento a 954 combatientes, entre civiles y guardias francesas. En 1832, bajo la Monarquia de julio, se revisó la lista, rechazándose algunos expedientes por considerarse «dudosos» y fijando en 630 la cifra final.

Según algunos historiadores, la importancia de la toma de la Bastilla ha sido exagerada por los historiadores románticos, como Jules Michelet, que quisieron hacerla un símbolo fundador de la República. Otros autores afirman que el sitio y la capitulación de la prisión no debió ser un hecho muy heróico en vista de que era defendido solamente por un puñado de hombres, y que los únicos muertos habrían sido el alcaide Bernard de Launay y el político Jacques de Flesselles.  Pero los documentos de la época dejan constancia de que el 14 de julio de 1789, la fortaleza estaba defendida por 32 soldados suizos y 82 «inválidos de guerra», disponiendo de cañones y de municiones en abundancia que los revolucionarios buscaban obtener. El asedio se saldó con 98 muertos, 60 heridos y 13 mutilados, entre los asaltantes. El acontecimiento tuvo una fuerte resonancia en toda Europa, no tanto por la importancia del suceso en sí, sino por su valor simbólico, que aún perdura como hito en la historia de las revoluciones que se han producido en el mundo.

Durante el reinado de Luis XVI, Francia tuvo que confrontar una grave crisis financiera originada por los altos gastos de la intervención francesa en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, porque, contrario a la creencia generalizada, primero se produjo la independencia de los Estados Unidos, en 1776, que la Revolución Francesa en 1789, el despilfarro sin medida de la Corte real, y exacerbada por un desigual sistema tributario que sólo gravaba al pueblo y a la burguesía (Tercer Estado). Aconsejado por su ministro de Finanzas Necker, el rey decidió convocar los Estados Generales el 5 de mayo de 1789 para buscar una salida a la crisis, aceptando aumentar la representación del Tercer Estado hasta entonces infra representado. Por ese último motivo, los debates previstos fueron bloqueados por la nobleza (Segundo Estado) y el clero (Primer Estado). El 17 de junio de 1789, los representantes del Tercer Estado y de una parte del bajo clero se desgajaron de aquellos Estados Generales y se constituyeron como Asamblea Nacional. El rey Luis XVI inicialmente se opuso a esta idea, pero fue forzado a reconocer la autoridad de la Asamblea, que el 9 de julio se autoproclamó Asamblea Nacional Constituyente, cuyo propósito era crear una para el país.

Los acontecimientos acaecidos durante los días siguientes condujeron a la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, y la Revolución francesa comenzó a expandirse. La rendición de este bastión real fue sin duda más un importante hito simbólico de los inicios de la Revolución Francesa que un factor detonante en sí. Con anterioridad, la autoridad real ya se había visto mermada por la revuelta de la nobleza (un hecho recurrente desde la Fronda en el siglo XVII) que se negaba a financiar los planes de Luis XVI mediante el pago de impuestos. Pero el mayor detonante fue la formación de la Asamblea Nacional, el Juramento del Juego de Pelota (un compromiso de unión presentado el 20 de junio entre los 577 diputados del Tercer Estado de no separarse jamás y reunirse siempre que las circunstancias lo exijan hasta que la constitución sea aprobada y consolidada sobre unas bases sólidashasta dotar a Francia de una Constitución, haciendo frente a las presiones del rey de Francia Luis XVI) y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que abrían la vía hacia el fin del absolutismo y de los privilegios de la nobleza. La rebelión parlamentaria unida a la del pueblo de París ya había tenido antecedentes dos años antes en la ciudad de Rennes, sede del Parlamento de Bretaña. En 1789, el movimiento se extendió en seguida a las capitales de la provincias francesas.

Para defender la Asamblea Nacional de un posible ataque de las tropas reales, y para asegurar el orden en la capital, las autoridades municipales parisinas decidieron crear una milicia popular de 48.000 hombres, la llamada Guardia Nacional, cuya insignia era roja y azul, los colores de la ciudad de París. Estos dos colores, a los que se unió el blanco, se convirtieron en el emblema de la Revolución y en los colores de la bandera de Francia.

París, cada vez más cercano a la insurrección, y en palabras de François Mignet,«exaltado por la libertad y el entusiasmo», mostró un amplio apoyo a la Asamblea. La prensa publicaba diariamente los debates de la Asamblea y las discusiones políticas sobrepasaron el ámbito parlamentario para salir a las calles y plazas de la ciudad. El Palais Royal (Palacio Real) y sus inmediaciones, residencia del duque Luis Felipe II de Orleans (el futuro «Felipe Igualdad») se convirtieron en lugar de reunión. La muchedumbre, enfervorizada por el asalto al Palacio Real, tomó la prisión de la Abadía para reclutar granaderos para la Guardia Nacional. La Asamblea recomendó al rey el indulto de la guardia de la prisión como responsables de dicha toma. Los mandos y tropas de los regimientos, antes considerados dignos de toda confianza, fueron inclinándose cada vez más por la causa popular.

Las noticias de la destitución de Necker llegaron a París en la tarde del domingo 12 de julio Los parisinos supusieron, en general, que la destitución marcaba el inicio de un golpe de Estado por parte de los elementos más conservadores de la Corte. Los liberales temieron que la concentración de tropas reales llevadas a Versalles, provenientes de las guarniciones fronterizas, intentarían clausurar la Asamblea Nacional Constituyente (que se reunía en Versalles). Las masas se arremolinaron por todo París, llegando a juntarse 10.000 personas en torno al Palais Royal. Camille Desmullins, conocido francmasón de la logia de las Nueve Hermanas, según Mignet,10 concentró a una gran muchedumbre, subido a una mesa y con una pistola en la mano, al grito de: «¡Ciudadanos, no hay tiempo que perder; el cese de Necker es la señal de la Noche de San Bartolomé  para los patriotas! ¡Esta noche, batallones de suizos y alemanes tomarán el Campo de Marte para masacrarnos; sólo queda una solución: tomar las armas!»

Los regimientos suizos y alemanes a los que se refería eran tropas mercenarias extranjeras que constituían una parte significativa del ejército real prerrevolucionario. Fueron tomados como hostiles por su condición extranjera para eludir la existencia de tropas de soldados regulares franceses. Aproximadamente la mitad de los 25.000 soldados regulares concentrados en París y Versalles a comienzos de julio de 1789 pertenecían a estos regimientos extranjeros.

En efecto, a primera hora de la noche del 12 de julio, el barón de Besenval, a la cabeza de las tropas instaladas en París, dio la orden de intervenir a los regimientos suizos acantonados en el Campo de Marte .

Ante la situación de hambre y carestía, comenzó a extenderse un creciente malestar entre el pueblo parisino, que creía que la escasez de alimentos y su alto precio se debían a que los «especuladores» habían acaparado grandes cantidades de ellos esperando hacer buenos negocios. Este malestar se manifestaba en el comienzo de saqueos a tiendas y almacenes. Se trataba del comienzo una revuelta de hambre típica.

10 de julio de 1789

Los electores de París (el grupo de delegados que habían elegido quienes representarían a la ciudad de París en los Estados Generales) se reunieron en el Ayuntamiento de la capital y decidieron constituirse en el «nuevo» poder municipal, y comenzar a constituir una «Guardia Nacional», que fuese la fuerza de choque de las nuevas instituciones y que mantuviese el «nuevo orden» en las calles de París. El problema era que esta guardia no tenía armamento.

12 de julio de 1789

El 12 de julio, una multitud creciente, blandiendo bustos de Necker Necker y el duque de Orleans, cruzó las calles hacia lam Plaza Vendôme, donde había un destacamento de Royal-Allemand Cavalerie (fuerte regimiento de caballería  en la germanófona), con el que cual lucharon con una lluvia de piedras. En la Plaza Luis XV , la caballería, comandada por el príncipe de Lambesc, disparó al portador de uno de los bustos y un soldado murió. Lambesc y sus tropas cargaron contra la muchedumbre y un civil, según los informes, fue la única baja de los manifestantes.

El regimiento de Gardes Françaises (Guardia Francesa) formaba la guarnición permanente de París que, con muchos vínculos locales, era favorable a la causa popular. Este regimiento había sido confinado a sus cuarteles durante los primeros altercados a comienzos de julio. Con París convertido en un polvorín, Lambesc, que no confiaba en que este regimiento obedeciera sus órdenes, colocó a 60 hombres a caballo para vigilarlo frente a su sede en la calle Chaussée d’Antin. Una vez más, la medida que tenía la intención de refrenar las revueltas sólo sirvió para provocarlas. La Guardia Francesa hizo frente a ese grupo de caballería, matando a dos soldados e hiriendo a tres más, a pesar de que los oficiales de la Guardia Francesa hicieron tentativas inútiles de replegar a sus hombres. La revuelta ciudadana tuvo entonces a su servicio a un contingente militar experimentado, definitivamente en el lado popular, que acampó en el Campo de Marte, para contrarrestar a los esperados regimientos mercenarios. El futuro «Rey ciudadano» Luis Felipe de Orleans, siempre partidario de la Revolución, fue testigo de estos hechos como joven oficial de la Guardia. En su opinión, los soldados habrían obedecido si hubieran podido. Según él, los oficiales abandonaron sus responsabilidades en este momento previo al levantamiento, cediendo el control a los suboficiales. La autoridad incierta del barón de Besenval, jefe de la Guardia Francesa, supuso una abdicación virtual por parte de los encargados de controlar el centro de París.

13 de julio de 1789

A la 1 de la mañana del 13 de julio, cuarenta de los cincuenta puestos de control que permitían la entrada a París fueron incendiados. La muchedumbre amotinada exigía la rebaja del precio de trigo y del pan que jamás habían alcanzado tal precio en el curso del siglo. Además, un rumor circulaba por París: en el Convento de Saint-Lazare sería almacenado el trigo; éste fue tomado a las seis de la tarde. Se dice que cuando le dijeron a la reina María Antonieta que el pueblo tenia hambre porque no había pan, ella contestó con soberbia indiferencia: «¿Y qué? Si no tienen pan, que coman pasteles«, lo cual indignó aún más al pueblo ya enardecido.

Mientras, desde las 2 de la tarde, los manifestantes se reunieron en torno al Ayuntamiento de París y cundió la alarma. El recelo existente entre el Comité de los electores, los representantes de la municipalidad de París congregados dentro del edificio, y las masas en el exterior fue empeorando por el error o inhabilidad política de los primeros en proveer de armas a estos últimos. Entre la insurrección revolucionaria y el saqueo oportunista, París estalló en el caos. En Versalles, la Asamblea se reunió en sesión continua para evitar que, una vez más, fuera privada de un lugar para reunirse. Los electores dirigidos por el preboste Jacques de Flesselles decidieron formar un «comité permanente» y tomaron la decisión de crear una «milicia burguesa», la Guardia Nacional, de 48.000 hombres con el fin de limitar los desórdenes. Cada hombre llevaría como marca distintiva unaescaraela con los colores de París, rojo y azul. Pero la Guardia Nacional no tenía ni armas ni municiones. Para pertrechar esta milicia, los amotinados saquearon el Garde-Meuble, nombre popular del hotel de la Marina, donde se almacenaban armas y una colección de antigüedades. Por orden de Jacques de Flesselles 50.000 picas fueron forjadas. A las 5 de la tarde, una delegación de los electores del Ayuntamiento se dirigió al edificio de Los Inválidos para reclamar las armas almacenadas allí. El gobernador se negó, mientras la Corte no reaccionaba. La muchedumbre hablaba ya de tomar la Bastilla donde se almacenaban grandes cantidades de pólvora.

En la víspera de este acontecimiento crucial para el devenir de la Historia, Luis XVI en Versalles escribió el 13 de julio en su diario «Rien» (en español: «nada»), ignorante de los graves sucesos que se producirían al día siguiente y que conducirían a acabar con su propia persona en 1793 y por extensión con el absolutismo del Antiguo.

La toma: 14 de julio de 1789

A las 10 de la mañana y a pesar de la negativa del día anterior, unas 100.000 personas invadieron el Hôtel des Invalides para reunir armas (entre 29.000 y 32.000 mosquetes sin pólvora ni munición, 12 cañones y un mortero). El edificio de Los Inválidos estaban protegidos por cañones pero la toma fue sencilla porque sus guardias parecían dispuestos a no abrir fuego sobre los parisinos. A sólo unos cientos de metros, varios regimientos de caballería, de infantería y de artillería acampaban sobre la explanada de Campo de Marte, bajo el mando de barón de Besenval. Éste reunió a los jefes de los cuerpos para saber si sus soldados marcharían sobre los amotinados. Unánimemente, respondieron que no. Este acontecimiento capital pudo haber cambiado el curso del día.

Asedio a la Bastilla

Los atacantes buscaban principalmente apoderarse de la gran cantidad de armas y munición almacenadas allí ya que el 14 había 13.600 kg (30.000 libras) de pólvora. La guarnición regular consistía en solo 82 inválidos (soldados veteranos no apropiados para el servicio de combate). A pesar de ello, la Bastilla había sido reforzada el 7 de julio con 32 granaderos del regimiento suizo denominado «Salis-Samade» provenientes del campamento del Campo de Marte. Los muros estaban protegidos por 18 cañones de 8 libras cada uno y 12 de menor tamaño. El alcaide era Bernard René, marqués de Launay, hijo del anterior alcaide, que había nacido en la misma fortaleza.

La lista oficial de 1832 de vainqueurs de la Bastille (en español «vencedores de la Bastilla») tuvo poco más de 600 nombres y el total de asaltantes sería probablemente de algo menos del millar. La multitud se reunió en el exterior hacia media mañana pidiendo la rendición de la prisión, la retirada de los cañones y la entrega de las armas y la pólvora.

A las 10:30, dos representantes de los amotinados fueron recibidos con amabilidad en la fortaleza pero salieron al poco rato sin resultados.

A las 11:30, una segunda delegación compuesta por Jacques Alexis Hamard Thuriot y Lous Ethis de Corny intenta de nuevo negociar la entrega de las armas y municiones al pueblo de París para proveer a la Guardia Nacional recién creada. El esfuerzo negociador se fue alargando mientras los ánimos de la masa armada llegada de Los Inválidos iban impacientándose.

Alrededor de las 13:30, la muchedumbre entró en el patio externo y las cadenas sobre el puente levadizo al patio interior fueron cortadas, aplastando a un asaltante desafortunado. René-Bernard Jordan de Launay ordenó entonces disparar sobre la muchedumbre, haciendo numerosas víctimas.

Hacia las 15:00 una cuarta delegación llegó a la Bastilla encabezada de nuevo por Louis Ethis de Corny pero no obtuvo nada. En este momento comenzó el fuego cruzado, aunque nunca podrá dilucidarse qué bando comenzó primero. Los asaltantes comprobaron que la fortaleza era una ratonera y la lucha se hizo más violenta e intensa, mientras las tentativas por parte de las autoridades para dictar un alto el fuego no fueron tenidas en cuenta.

A las 15:30, los atacantes se vieron reforzados por 61 gardes françaises (guardias franceses) amotinados y otros desertores de las tropas regulares, bajo el mando de Pierre-Augustin Hulin, antiguo sargento en la Guardia Suiza. Portaban las armas tomadas anteriormente en Los Inválidos y entre dos y cinco cañones. Estos fueron colocados en batería contra las puertas y el puente levadizo de la fortaleza.

Capitulación

Ante la masacre (cerca de 100 víctimas entre los atacantes), el alcaide de Launay ordenó cesar el fuego a las 17:00. Una carta con los términos de la rendición fue pegada por un hueco en las puertas interiores e inmediatamente rescatada por los asaltantes. La guarnición de la Bastilla rindió las armas, bajo promesa de los amotinados de que ninguna ejecución se efectuaría si se producía la capitulación. Las demandas exigidas fueron rechazadas, pero de Launay rindió la plaza porque comprendió que sus tropas no podían resistir mucho más tiempo en esa situación y abrieron las puertas del patio interior y los parisinos tomaron la fortaleza hacia las 17:30. Liberaron a los siete prisioneros encarcelados allí y se apoderaron de la pólvora y la munición.

La guarnición de la Bastilla fue apresada y llevada al Ayuntamiento de París. En el camino, Bernard-René de Launay fue apuñalado, su cabeza aserrada y clavada en una pica para ser exhibida por las calles de París. Tres oficiales de la guarnición permanente de la fortaleza también fueron asesinados por la muchedumbre durante el trayecto. Éstos y dos guardias suizos fueron los únicos militares fallecidos ya que el resto de guarnición fue protegida por la Guardia Francesa para que más tarde o más temprano se liberaran y pudieran volver a sus regimientos. En el Ayuntamiento, la muchedumbre acusó de traición a Jacques de Flasselles; se improvisó un juicio aparente en el Palais Royal y fue también ejecutado.

El teniente Louis de Flue escribió un informe detallado sobre la defensa de la Bastilla que fue incorporado al diario del regimiento «Salis-Samade» y aún se conserva. Fue crítico con el malogrado marqués de Launay, a quien acusó ejercer el mando «con debilidad e indecisión». La causa de la caída de la fortaleza pudiera buscarse en la actitud de los comandantes de la fuerza principal de las tropas reales acampadas en el Campo de Marte, que no intervinieron ni en el saqueo de Los Inválidos ni en la toma de La Bastilla.

Además de los presos, la fortaleza albergaba los archivos del Lieutenant général de police de París que fueron sometidos a un pillaje sistemático. Fue sólo al cabo de dos días que las autoridades tomaron medidas con el fin de conservar los restos de este archivo. El mismo Beaumarchais, cuya casa estaba situada justo enfrente de la fortaleza, no vaciló en apoderarse de documentos. Denunciado, tuvo que restituirlos posteriormente.

A las seis de la tarde, ignorando la caída de La Bastilla, Luis XVI ordenó a las tropas evacuar la capital. Esta orden llegó al Ayuntamiento a las dos de la madrugada del día siguiente.

Consecuencias

Después de haber sido sorprendido e interceptado en el camino por los revolucionarios cuando trataba de huir en una carroza, el rey Luis XVI vuelve a París bajo el mandato de la escarapela tricolor rojo, blanco y azul, que más tarde se convirtieron en los colores de la bandera de Francia. Se extiende el empuje revolucionario por toda Francia.

A las 8 de la mañana del 15 de julio de 1789, en el Palacio de Versalles, en el momento de su despertar, el duque de Rochefocauld-Liancourt informó a Luis XVI de la caída de la Bastilla.«Pero ¿es una rebelión?» preguntó Luis XVI. «No, señor, no es una rebelión, es una revolución.» le respondió el duque.

Mientras, la ciudadanía de París, esperando un contraataque, atrincheró las calles, levantó barricadas construidas con adoquines y se armó, lo mejor que pudieron, sobre todo con picas improvisadas. En el Palacio de Versalles, la Asamblea permaneció ignorante a la mayoría de los acontecimientos parisinos, pero sumamente consciente, el mariscal de Broglie estuvo a punto de provocar un golpe de estado promonárquico para forzar a la Asamblea a adoptar la solicitud de disolución de Luis XVI del 23 de junio. El vizconde de Noailles fue el primero en informar a Versalles fehacientemente de los hechos que se producían en París.

En la mañana del 15 de julio, el rey tuvo claro el resultado de la toma y él y sus comandantes militares hicieron retroceder a sus tropas. Las tropas reales que se habían concentrado en los alrededores de París fueron de nuevo dispersadas a sus guarniciones fronterizas. El marqués de La Fayette asumió el mando de la Guardia Nacional en París; Jean-Sylvain, líder del Tercer Estado e instigador del Juramento del Juego de Pelota, fue elegido alcalde de la ciudad por los electores reunidos en el «Hôtel de Ville» (la municipalidad) y una nueva estructura de gobierno municipal fue instaurada, antecesora del actual Ayuntamiento de París. El rey anunció que acordaría la reposición de Necker y su propia vuelta de Versalles a París. El 27 de julio, en París, Luis XVI aceptó una escarapela tricolor de manos de Bailly y entró en el Ayuntamiento de la capital, bajo los gritos de «Larga vida al rey» en lugar del revolucionario «Larga vida a la nación».

De esta manera, dos procesos se unieron: una revuelta de hambre y la agitación política suscitada por la destitución de Necker. Así, los revolucionarios reunidos en la Asamblea y en el Ayuntamiento comenzaron a contar con la fuerza de la movilización popular. La constitución de una Guardia Nacional armada permitió a los revolucionarios comenzar a aplicar sus nuevas normas y políticas. La monarquía tuvo claro que ya no se trataba de una revuelta que podía apacigüarse o reprimirse, que había que contemporizar con ella, que las cosas, si no había una intervención exterior, ya no admitían una vuelta atrás.

Sin embargo, después de esta violencia, la nobleza, poco confiada en la aparente y, como se demostró con posterioridad, temporal reconciliación entre el rey y el pueblo, comenzó a exiliarse. Los primeros émigrés incluyeron al conde de Artois (futuro Carlo X de Francia) y a sus dos hijos, el príncipe de Condé y el príncipe de Conti, la familia Polignac y algo más tarde Charles Alexandre de Colonne., el antiguo ministro de finanzas. Éstos se instalaron en Turín, desde donde Calonne, como agente al servicio del conde de Artois y del príncipe de Condé, comenzó a trazar un intento de guerra civil dentro del país y conspiró para formar una coalición europea contra la Francia revolucionaria.

Necker regresó triunfante a París desde Basilea, triunfo que luego se demostró efímero. A su llegada, descubrió que la muchedumbre había asesinado cruelmente a Foullon y a su sobrino Berthier y que el barón de Besenval (nombrado comandante de París por Broglie) había sido hecho preso. Deseando evitar un nuevo derramamiento de sangre, Necker abrió la mano, exigiendo y obteniendo una amnistía general votada por la asamblea de los electores de París. Con la solicitud de la amnistía más que confíar en un juicio justo, subestimó el peso de las fuerzas políticas. Pero la asamblea fundada «ad hoc», casi inmediatamente revocó la amnistía para salvar su propia existencia, y quizás las propias cabezas de sus miembros, e instituyó un tribunal de primera instancia en Châtelet. Mignet sostiene que es este el momento en que Necker pierde su influencia sobre la Revolución.

La insurrección parisina se extendió por toda Francia. El pueblo se organizó en municipios para conseguir un propósito de autogobierno y crearon cuerpos de guardias nacionales para su propia defensa, de acuerdo al principio de soberanía popular, medidas espontáneas que fueron normalizadas al poco tiempo mediante leyes aprobadas por la Asamblea Nacional. En las áreas rurales, muchos fueron más allá de esto: frente a la resistencia de la nobleza que se negaba a perder su poder local, algunas fincas y un significativo número de castillos fueron quemados.

Al año siguiente, la Fiesta de la Federación, concebida como fiesta de la reconciliación nacional, se celebró en presencia del rey en la misma fecha. En 1880, el Senado francés aprobó la fecha del 14 de julio como día de la fiesta nacional, en conmemoración de la fiesta del 14 de julio 1790 por ser ese un día en el que no se derramó sangre y que selló la unidad de los ciudadanos franceses.

El proceso de la Revolución fue interrumpido el 18 brumario del año VII que hace referencia a una fecha del calendario republicano francés, coincidente con el 9 de noviembre de 1799 según el Calendario Gregoriano, fecha en la que el joven oficial de origen corso Napoleón Bonaparte dio un golpe de Estado que acabó con el Directorio, última forma de gobierno de la Revolución francesa e inició el periodo conocido como «Consulado«. Napoleón Bonaparte, retornando de la campaña de Egipto, y aprovechando la debilidad política del Directorio Ejecutivo gobernante en Francia, dio un sorprendente golpe de Estado contando con el apoyo popular y del ejército  que sabía de sus hazañas y capacidades en las diferentes campañas de las Guerras Revolucionarias Francesas, junto a algunos ideólogos de la Revolución, como Sieyès.

Ese día fue convocado con carácter de urgencia el Consejo de Ancianos para tratar una presunta conspiración de los jacobinos contra el gobierno. El Consejo tomó el acuerdo de trasladarse a la ciudad de Sain-Cloud a por motivos de seguridad, pero al día siguiente Napoleón secuestró a la Asamblea con el apoyo del ejército. Aprovechando las intrigas y la división de competencias entre los aparatos legislativos y ejecutivos del Estado, y recurriendo por supuesto a la coacción personal, consiguió que los diputados franceses nombraran Cónsules provisionales a Sieyès, Roger Ducos y a él mismo, creando lo que se conoció como el triunvirato.

De forma inmediata se preparó la reforma constitucional. Se tomaron medidas para asegurar el orden social en el país, acompañando las medidas económicas con el destierro de los jacobinos, al tiempo que Bonaparte aumentaba su popularidad gracias a estas medidas y a sus continuas apariciones públicas, ejerciendo el papel de salvador de la patria. A pesar de que la República contaba en teoría con tres cónsules, sólo Napoleón llegó a ejercerlo, merced a un truco legal consistente en iniciar el gobierno de los cónsules por orden alfabético: Bonaparte-Ducos-Sieyès.

Este golpe de Estado, que en principio pretendía acabar con la corrupción del anterior gobierno y favorecer los intereses de la nueva burguesía republicana le condujo a ocupar el título de Emperador de Francia el 2 de diciembre de 1804.

Como homenaje a Francia en este 14 de julio, aniversario de la Toma de la Bastilla y el inicio de la gloriosa Revolución Francesa, les invito a ver este Slidshare de Paris con el fondo musical de la canción A Paris, interpretada por el inigualable cantante y actor Yves Montand. Para ello lo que tienen que hacer es click sobre la flechita del centro de abajo y dejar que vayan pasando una tras otras las fotografías de la bella Ciudad de París que tanto amo, que el simple hecho de caminar por sus calles y avenidas es como  estar en un museo y una galería de arte. Estoy seguro de que les va a gustar.


¡LES DESEO UN FELIZ DOMINGO!

Twitter: @jorgepalmieri