DÍA DEL EJÉRCITO

El 30 de junio era celebrado originalmente en Guatemala, como el Día de la Revolución de 1871, en conmemoración de la entrada triunfal a la Ciudad de Guatemala del «Ejército de la Revolución Liberal» encabezado por los civiles Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios, quienes por esa circunstancias se erigieron en generales, aunque en realidad no eran militares. Integraron su ejército irregular que denominaron «Ejército de la Revolución Liberal»-gracias a que el entonces presidente de México, don Benito Juárez –«el benemérito de las Américas»– les permitió el libre tránsito por el territorio mexicano de las armas que compraron en los Estados Unidos como remanentes de la Guerra Civil. A cambio de lo cual ellos se comprometieron a ceder a México el territorio de Chiapas y Soconusco. Y, en efecto, en 1882 Barrios firmó un tratado de límites con México mediante el cual Guatemala renunció a toda reclamación sobre Chiapas y Soconusco y se estableció la frontera común en el río Suchiate.

Justo Rufino Barrios Auyón (1835-1885) nació en la finca El Malacate en San Lorenzo, San Marcos, hijo de los propietarios. Solo tenía estudios de primaria y de escribano público o notariado, y había sido guerrillero bajo las órdenes del mariscal Serapio Cruz, cuando éste combatió a Vicente Cerna, y con la ayuda negociada del gobierno mexicano de «El Reformador» Benito Juárez integraron un ejército irregular que invadió Guatemala con el propósito de derrocar al gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna, heredero de Rafael Carrera y Turcios, porque se quería reelegir. Poco después del triunfo de la Revolución Liberal, cuando tenía 40 años. se casó convenientemente con la joven de poco menos 15 años de edad Francisca Aparicio, hija de una familia muy acaudalada. Como gobernante fue un déspota, como bien le cantó el poeta chiquimulteco Ismael Cerna. Pero aunque se hizo llamar general, realmente no fue militar de carrera. 

Miguel García Granados había nacido en Sevilla, España, el 19 de septiembre de 1909, pero su familia emigró a Guatemala cuando éste tenía solamente 2 años, y en la década de 1860 era diputado a la Asamblea Nacional y dirigente del partido Liberal 1871. Junto con Justo Rufino Barrios encabezó a las tropas liberales que invadieron Guatemala para deponer a Cerna, en lo conocido como «Revolución Liberal de 1871»; el 3 de junio de 1871 llegaron con sus tropas a Patzicía, departamento de Chimaltenango, donde levantaron el «Acta de Patzicia», desconociendo al gobierno del mariscal Vicente Cerna. El 30 de junio de 1871, el ejército liberal entró triunfal en la Ciudad de Guatemala y García Granados se convirtió en presidente provisional, gobernando hasta el 4 de junio de 1873.

Tres años más tarde, el «general» García Granados fue sucedido en el poder por el «general» Justo Rufino Barrios, quien gobernó el país autoritariamente de 1873 a 1885, cuando murió en la Batalla de Chalchuapa, en la frontera con El Salvador, en su empeño por unificar a los países centroamericanos porque desde entonces comprendía que los cinco países del istmo separados no lograrían llegar a ser igual que si estuviesen unidos en un solo país. Pero los demás países centro americanos se negaban a la unión y creyó que podría lograrlo por la fuerza y cayó de un balazo por la espalda.El gobierno de Justo Rufino Barrios puso en marcha la llamada «Reforma Liberal de 1871» y decretó la libertad de prensa y la libertad de cultos, la supresión de los diezmos y de las órdenes religiosas y la expulsión de los jesuitas, además de impulsar la educación laica. Pero ni García Granados ni Barrios fueron realmente militares, pero ante su falta de profesión se hicieron «militares» de dedo.

A lo largo de su Historia, Guatemala ha tenido un elevado número de gobernantes que, supuestamente, han sido militares, porque han tenido grado militar, pero que, en realidad, en vista de su falta de profesión, se han hecho pasar por militares, la mayor parte de ellos con el máximo grado de generales de división, aunque hicieron estudios militares ni tuvieron una carrera militar. Han sido muchos menos los presidentes que, en efecto, han sido militares. Para que nos demos una idea, el cadete número 1 de la vieja Academia Militar, anterior a la Escuela Politécnica, fue el general Miguel Ramón Ydígoras Fuentes. ¡Él sí era militar de carrera! Era general de ingenieros, pero cuando lo depusieron sus enemigos en el Congreso de la República lo degradaron a sargento.

Jorge Ubico Castañeda (1878-1946) quien, en su delirio de grandeza, después de haber fracasado en los estudios y en los negocios, con el apoyo de su padre adinerado e influyente y por haber sido ahijado del Reformador Justo Rufino Barrios, obtuvo el cargo de Jefe Político de un Departamento, y al cabo de los 14 años que desempeñó dictatorialmente la Presidencia de la República (del 14 de febrero de 1931 al 01 de julio de 1944), para satisfacer su descomunal ego se hacía llamar «general de división», aunque nunca estudió en la Escuela Politécnica ni en ninguna otra escuela militar, ni ganó sus ascensos de grados en alguna guerra, ni hizo carrera militar, sino fue simplemente un civil disfrazado de militar con uniformes entorchados que él mismo diseñaba al estilo napoleónico porque se creía otro Napoleón Bonaparte. En vista de su falta de profesión, por sus fracasos estudiantiles, se hizo pasar por militar.

Fue hasta el 5 de enero de 1959, que el 32 presidente de la República, general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes (1895-1982), quien fue presidente constitucional del 2 de marzo de 1958 al 31 de marzo de 1963, cuando fue depuesto por un golpe de Estado que le dio el Ejército encabezado por su ministro de la Defensa, coronel Enrique Peralta Azurdia, cuando se oficializó el Día del Ejército, pero sin establecer una fecha para ello. Sin embargo, a pesar de que en la Enciclopedia Libre Wikipedia se dice que fue el presidente de la República licenciado Julio César Méndez Montenegro (1916-1996), quien en el año de 1965 estableció que el Día del Ejército se celebrase el 30 de junio de todos los años, en homenaje a Justo Rufino Barrios, pero esto no es verdad porque Méndez Montenegro fue presidente de 1966 a 1970 y en 1965 todavía era presidente de facto el coronel Enrique Peralta Azurdia; de manera que tiene que haber sido él quien lo designó.se llegó a hacer llamar «general de división» mientras desempeñó la Presidencia de la República (aunque en realidad ni estudió en la Escuela Militar, ni en la Politécnica, ni participó en ninguna guerra en la que hubiese podido ascender militarmente, que el 30 de junio se celebró para conmemorar la Revolución Liberal. Pero no hay que olvidar que aunque se le llamaba «general de división», nunca hizo carrera militar. Fue un político civil que se disfrazó de militar durante muchos años para darse a respetar.

Es bien sabido que en Guatemala las fuerzas armadas han sido muy controversiales, sobre todo de parte de las personas de ideología izquierdista, pero, aún a sabiendas de que corro el riesgo de ser denostado y considerado un reaccionario, hoy presentó por este medio mi más respetuoso saludo a los militares guatemaltecos en ocasión del Día del Ejército. Mi respetuoso saludo y mi agradecimiento por todo lo que han hecho de bueno al servicio de Guatemala, nuestra amada patria. Es verdad –no se puede negar– que entre tantos militares que han salido de los cuarteles y de la Escuela Politécnica ha habido algunos que han sido, son o serán por demás reprobables. Como en todas las profesiones y ocupaciones: tanto entre los abogados, como entre los médicos y los ingenieros y los periodistas y demás ocupaciones. Pero, como dijo bien el general Efraín Ríos Montt en su discurso de defensa cuando se le estaba juzgando por el delito de genocidio que, no me canso de insistir en que no hubo genocidio en Guatemala, en casi todos los eventos positivos que se han registrado en nuestro país, ha habido alguna presencia militar. Y es la verdad histórica, nos guste o no nos guste.

Para comenzar, el Estado de Guatemala fue fundado por el general Rafael Carrera y Turcios (1814-1865), presidente vitalicio de la República, ultraconservador que en su megalomanía fue llamado «el bien amado de los pueblos». Aunque ostentó el grado de general, en realidad nunca hizo carrera militar, sino fue un guerrillero, El hecho que haya sido un guerrillero poco ilustrado y por ello cayó bajo el control absoluto de la Iglesia Católica (al grado que está enterrado en la bóveda de la Catedral Metropolitana) y de los sectores más conservadores, es otra cosa. La llamada «Revolución del 20 de octubre de 1944» no fue un movimiento revolucionario cívico-militar como se ha venido diciendo, sino fue una insurrección militar en el cuartel Guardia de Honor, que se produjo a raíz de que el capitán Alberto Escobar fue comisionado para ir en compañía de dos «dragones» (asistentes) a apresar al jefe del cuartel, general Francisco Corado, primero del ministro de la Guerra, general Daniel Corado, porque un grupo de militares, encabezados por el teniente coronel Carlos Aldana Sandoval y mayor Francisco Javier Arana, jefes de la sección motorizada del cuartel Guardia de Honor, se habían comprometido con el civil Jorge Toriello Garrido y el capitán (en situación de retiro) Jacobo Árbenz Guzmán para levantarse en armas contra el gobierno espúreo del general Federico Ponce Vaides, uno de los tres sucesores del dictador de los 14 años, «general de división» Jorge Ubico Castañeda. Pero el compromiso era que los militares de la Guardia de Honor se levantarían en armas después de haber detenido al comandante del cuartel, que era el general Francisco Corado, primo del ministro de la Guerra, general Daniel Corado, pero cuando el capitán Alberto Escobar y sus dos «dragones» se presentaron a detenerle, y se lo dijeron a través de la puerta de madera, el general Corado disparó sus dos revólveres calibre 45 contra la puerta y mató a Escobar, por lo cual los dos «dragones» dispararon sus ametralladoras y mataron al general Corado. Así las cosas, muchos de los militares de alta en la Guardia de Honor que estaban comprometidos en la insurrección pretendieron echar marcha atrás y ya estaban convenciendo a la tropa de no participar en el levantamiento, cuando el capitán Manuel de J.Pérez sacó su 45 y les dijo: «¡Bueno cabrones, esto ya no tiene remedio! Si nos arrepentimos nos van a fusilar a todos por la muerte del general Corado. ¡Así que sigamos con la insurrección!», y todos le obedecieron.  Pero de no haber sido por él no le hubieran abierto las puertas del cuartel al jeep en el que, conducido por el teniente Enrique De León Aragón, el ciudadano Jorge Toriello y el capitán Jacobo Árbenz entraron tranquilamente a la Guardia de Honor. Ellos no tomaron por asalto la Guardia de Honor, sino entraron como Pedro por su casa a bordo de un jeep cuando les abrieron las grandes puertas de par en par. De no haber sido por los militares que estaban de alta en el cuartel Guardia de Honor, esa insurrección jamás habría tenido éxito. Y los 14 valientes estudiantes universitarios que se presentaron a media noche como voluntarios en el cuartel, en ningún momento dispararon ni un sólo tiro. A ellos se les encomendó la tarea de ir en taxis a regar la noticia por la ciudad para pedir el apoyo de la ciudadanía. Lo cual consiguieron sin la menor dificultad, porque el pueblo guatemalteco –profesionales, obreros y estudiantes, principalmente– se unió al movimiento, y una enorme cantidad de estudiantes universitarios y de secundaria integramos la inmortal Guardia Cívica que se encargó de guardar el orden porque tanto los policías como los soldados habían desertado y huído temerosos de ser apresados. La versión que se ha hecho circular de su supuesta heroicidad en la lucha no está bien fundada. Pero lo que nadie podrá negar es que la insurrección del 19 y 20 de octubre de 1944 abrió las puertas a la revolución que posteriormente, abrió las puertas a la democracia y a numerosos beneficios que ésta trajo, como el Código del Trabajo, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), la Autonomía municipal y Universitaria, etcétera. Por eso no debemos cansarnos de gritar: ¡Que viva la insurrección militar del 19 y 20 de octubre de 1944 que nos trajo la Revolución!» Y guardar eterno agradecimiento a quienes la hicieron posible. No me refiero solamente el mayor Francisco Javier Arana, al capitán Jacobo Árbenz Guzmán y al ciudadano Jorge Toriello Garrido, que integraron el Triunvirato que gobernó hasta después de que se produjeron las elecciones libres que le dieron el triunfo por aplastante mayoría popular al doctor Juan José Arévalo Bermejo, sino me refiero también a todos los militares que se sublevaron en el cuartel Guardia de Honor y los obreros y estudiantes que posteriormente nos unimos al movimiento reivindicador de la libertad y la democracia, después de tantos años de férrea dictadura de un civil disfrazado de militar, Jorge Ubico Castañeda, y después a los tres nefastos generalotes Federico Ponce Vaides, Buenaventura Pineda y Eduardo Villagrán Ariza, quienes le sucedieron por casualidad, porque él creyó que habían llegado al Palacio Nacional a pedirle la renuncia, pero ellos habían llegado como serviles a ofrecerle su apoyo y solidaridad, pero él estaba tan tenso y estresado por todo lo que estaba sucediendo, que antes de que le dijeran nada les tiró por la cara su renuncia gritándoles: «¡Ya se que vinieron a pedirme la renuncia… pues tómenla! ¡Aquí está esta su mierda!» 

Por cierto que estas fuerzas armadas guatemaltecas no siempre se han llamado Ejército Nacional. Ya hemos visto que el ejército irregular que encabezaron Justo Rufino Barrios y Miguel García Granados se llamó «Ejército de la Revolución Liberal»; luego, a raíz de la insurrección militar –no «revolución», como se ha venido diciendo desde entonces, porque la revolución vino después como consecuencia del gobierno de la Junta Revolucionaria de Gobierno y de los gobiernos del doctor Juan José Arévalo bermejo y del coronel Jacobo Árbenz Guzmán) del 19 y 20 de octubre de 1944, se le bautizó con el pomposo nombre de «Glorioso Ejército de la Revolución», pero después de que, en 1954, como consecuencia de que el supuestamente «glorioso ejército de la revolución» se negó a respaldar y defender al gobierno del coronel Jacobo Árbenz Guzmán, porque tenían temor al comunismo y rechazaban a los comunistas infiltrados en su gobierno, la Central Intelligence Agency (CIA) del gobierno de los Estados Unidos de América y la poderosa compañía bananera estadounidense United Fruit Company patrocinaron un ejército irregular integrado en Tegucigalpa (Honduras), al mando del coronel exiliado Carlos Castillo Armas (1914-1957), compuesto por un grupo de anticomunistas guatemaltecos y numerosos mercenarios nicaragüenses y salvadoreños organizados por los presidentes dictatoriales de ambos países, que llevó el nombre de «Ejército de Liberación Nacional» y con ese nombre entró triunfante a la Ciudad de Guatemala, hasta que el 2 de agosto de 1956 fue derrotado por los jóvenes cadetes de la Escuela Politécnica, y a partir de entonces volvió a ser llamado, como se le llama hasta ahora, simplemente Ejército Nacional de GuatemalaEl presidente de facto Carlos Castillo Armas revocó la Constitución de 1945 y anuló todas las reformas del gobierno anterior antes de ser asesinado, en 1957, por un soldado de su guardia.

Por otra parte, en todos los desastres que se han producido en el país en el transcurso de los años, los oficiales y soldados del Ejército Nacional han sido siempre invaluables para contribuir a aliviar las críticas situaciones que se han vivido, como cuando el terremoto del 4 de febrero de 1976 el general Kjell Laugerud y el Ejército la puso de pie en corto tiempo «¡Guatemala está caída, pero no está muerta!» Y gracias al esfuerzo del Ejército, pronto agregó: «¡Guatemala está de pie!»; y las tormentas y ciclones posteriores durante el régimen del presidente Álvaro Arzú. ¡Nadie lo podrá negar! Lo que pasa es que a la institución armada se le pasó la mano en mantener el control del poder y ya era hora de que los civiles se hicieran cargo del mismo. Por eso fue que el general Romeo Lucas García se había empeñado en que le sustituyera un presidente civil, porque comprendía que ya era demasiado el tiempo que habían gobernado los militares, y el deterioro era mucho, pero los secretarios generales de los partidos políticos le llevaron un candidato militar, temerosos de perder el control del poder. Así fue como le propusieron al ex ministro de la Defensa, general Ángel Aníbal Guevara Rodríguez, quien –aunque se diga lo contrario– fue realmente quien ganó las elecciones. Pero nadie lo creyó, y los candidatos de los partidos políticos perdedores se encargaron de agitar las aguas para que se produjera el movimiento militar en el Mariscal Zavala, auspiciado con dinero del ex ministro de Finanzas, coronel Marco Tulio Búcaro, quien había sido ofendido por el general Lucas cuando le sacó a patadas de la Casa Presidencial por un negocio corrupto, y la traición de su Jefe de Estado Mayor Presidencial, coronel Héctor Montalván, que es pariente político del coronel Búcaro.

A propósito del general Romeo Lucas García, muchos han venido diciendo que era tonto e ignorante y que su gobierno fue corrupto. Pero no puede haber sido tan tonto, ni tan ignorante un hombre que fue abanderado de la Escuela Politécnica y que culminó con éxito su larga carrera militar, después de haber desempeñado tantos cargos militares hasta llegar a ser ministro de la Defensa y en la rama civil el de diputado al Congreso, donde dejó un buen recuerdo. Además, durante ese gobierno se realizaron más obras de las que han hecho todos juntos los gobiernos civiles –¡estos sí corruptos y cachimbiros!– que se han sucedido desde que los gobiernos han sido presididos por civiles. Hoy no tendríamos luz eléctrica de no ser por Chixoy, Puerto Quetzal, la supercarretera de Escuintla para Puerto Quetzal, la nueva carretera de la capital a la Antigua y muchas otras, el aereopuerto de Santa Elena, Petén, 300 institutos de enseñanza, 18 hospitales, etcétera. No toleraba la corrupción y cuando descubrió que el ministro de Finanzas estaba comprometido en corrupción, a pesar de que habían sido amigos lo sacó a patadas de la Casa Presidencial, no se dejó mangonear por los poderosos empresarios privados y sacó a empujones de Casa Presidencial al millonario Walter Widman, y mandó por un tubo al presidente estadounidense Jimmy Carter cuando éste trató de influir en él para que se casara con su amante, que era amiga de los Carter porque una hija de ella era su vecina en Atlanta, Estado de Georgia.

Esto me recuerda que también se decía que el general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes era un viejo «loco e ignorante». Se le llamó loco porque una vez durante la campaña política que ganó, su opositor, el candidato del partido Revolucionario, licenciado Mario Fuentes Pieruccini, dijo que no votaran por él porque ya estaba demasiado viejo, y en respuesta el viejo Ydígoras hizo una grabación saltando cuerda durante todo el tiempo mientras le contestaba: «¡A ver si él puede hacer esto como lo hace este viejo!» Pero recuerdo que cuando yo trabajaba en La Hora con el memorable licenciado y periodista Clemente Marroquín Rojas, éste me preguntó un día: » Digame Palmis, ¿quién ha sido para usted el presidente más ilustrado que hemos tenido hasta ahora?» Y sin pensarlo mucho le respondí: «¡El doctor Arévalo!» A lo que Marroquín Rojas me respondió: «No se equivoque, el presidente más ilustrado que hemos tenido ha sido Miguel Ramón Ydígoras Fuentes, un hombre que habla español, inglés y francés y todo el tiempo lee todo lo que se publica en el mundo». Y agregó «Lo que pasa es que no fue un hombre pomposo, vanidoso, sino era un hombre muy sencillo y con un insólito sentido del humor, por lo que muchos guatemaltecos no le comprendían, porque no son muchos los guatemaltecos que tienen sentido del humor». Y después de meditarlo un poco me convencí de que estaba en lo cierto el gran periodista, polemista y político oriundo de las montañas de Jalapa.

Para terminar, no quiero dejar de recordar que fue gracias al general Óscar Humberto Mejía Víctores que se reunió la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución Política que actualmente está vigente. Gracias a los buenos consejos del licenciado Fernando Andrade Díaz Durán, quien era su consejero político. Y gracias a ello los militares dejaron el mando del país en manos de los políticos civiles. Aunque si lo pensamos dos veces tendremos que preguntarnos si, después de todo, no fueron mejores los regímenes militares que los gobiernos de los civiles, algunos de ellos sumamente cachimbiros y corruptos, que no han dejado obra material que valga la pena recordar. Desde el licenciado Marco Vinicio Cerezo Arévalo hasta el ingeniero Álvaro Colom Caballeros. Lo que demuestra que no sólo con algunos militares nos ha ido mal, sino también con abogados e ingenieros. De estos últimos hemos tenido dos, Jorge Serrano Elías y Álvaro Colom Caballeros, y ambos fueron como para jugárseles a la mosca. Aunque tampoco se puede decir que hoy podemos estar muy satisfechos y felices con este gobierno del general retirado Otto Pérez Molina y la comunicadora social Roxana Baldetti Elías. Porque, francamente, hasta el momento no han dado una. La mayoría de las medidas que han tomado pronto las han rectificado. Parece que no tienen brújula o un IPS, Ojalá que en el tiempo que les falta para irse mejore un poco tanto su gestión como su comportamiento. ¡Ojalá, por el bien del país! Pero ya se sabe que soñar no cuesta nada.

Para terminar, reitero mi cordial saludo fraternal a todos los miembros de la Institución Armada, tanto a los oficiales como a los soldados. Y a sus familias que tienen que soportar con estoicismo tantos riesgos y al final de cuentas les pagan muy mal. No solo en cuanto a las remuneraciones materiales, que son muy pobres, cuanto al desprestigio. Como puede comprobarse en los juicios a los que están siendo sometidos injustamente por haber defendido a la institucionalidad y la soberanía del país para impedir que los pupilos del dictador comunista Fidel Castro se apoderaran del país y convirtieran a Guatemala en una especie de satélite de Cuba.

Finalmente, en un día como hoy debemos rendir un tributo a los militares ausentes. Hago mías las palabras de la activista Ingrid Argueta Sosa que por correo electrónico hizo circular un emotivo mensaje que dice: «El Dia del Ejercito es una celebraciòn que no solo involucra al soldado, en este día la Familia Militar tambien esta inmersa. Los sacrificios que la patria demanda son enormes y el militar necesita a esa compañera idónea que lo acompañe, que lo apoye, que le de ánimo y lo aliente. Aquella companera que aun en la distancia le diga “Estoy contigo… Estoy aquí… Los niños te aman, te extrañan y están bien”. Es esa familia a la que hoy también debe rendírsele tributo, ya que en el camino de la milicia no es el soldado el único que lo sigue, porque en el transita también sus padres, su compañera y toda su estirpe. Nunca piensen que la travesía es en solitario, su FAMILIA siempre está ahí, en sus alegrías y en sus llantos, en sus éxitos y decepciones. Pero, sobre todo, estarán ahí para defenderlos, sobre todo ante la ingratitud de aquellos que pueden vivir en LIBERTAD gracias a su esfuerzo y. más aún. serán su armadura por decisión propia para protegerlos en su vejez. ¡FELIZ DíA DEL EJERCITO A LA FAMILIA MILITAR!».  Y agrega: «No podemos olvidar aquellas madres que dieron a su hijo por la Patria, a las viudas que tuvieron que sacar las fuerzas de lo mas profundo de su ser para sacar a su hogar adelante ante la ausencia del ser querido, y a los huérfanos del Ejército que este Día el recuerdo del que no regresó a la mesa se hace fuerte y nostálgico. El sacrificio de los suyos es el aliento de vida de sus compañeros  que sobrevivieron. En este día, el tributo a su sacrificio y a su dolor es también recordado y enaltecido. ¡Gracias!»

Estoy totalmente de acuerdo con estas sentidas palabras, aunque hay muchos que me han preguntado por las redes sociales: ¿qué ha hecho el Ejército por Guatemala? Creo sinceramente que decir eso es injusto. Además de ignorante. Pero respeto sus opiniones. Los militares de Guatemala no han sido moneditas de oro para caerles bien a todos. Y si nos quejamos de que hemos tenido muchos malos mandatarios militares, no se puede decir que nos ha ido mucho mejor con los gobernantes civiles, hayan sido abogados o ingenieros. Aunque hay que reconocer que los civiles han sido tan incompetentes como los militares, pero más corruptos. ¡Pobre patria nuestra!

Twitter: @jorgepalmieri