MI ENTRAÑABLE AMIGO MARIO MORENO «CANTINFLAS»

Conmemoración del centenario del nacimiento de Mario Moreno Cantinflas

Esta es la invitación que me envió mi querido amigo Mario Arturo Moreno Ivanova para asistir a la ceremonia para conmemorar el centenario del nacimiento de su padre, el inmortal cómico mexicano Mario Moreno Reyes, mejor conocido mundialmente como Cantinflas, la cual tendrá lugar esta noche a partir de las 19:30 horas en el bello Palacio Postal (antes conocido como Palacio de Correos), para cancelar la estampilla postal que el gobierno de los Estados Unidos Mexicanos sacará a circulación como un homenaje al desaparecido ícono mexicano. Por esta razón, exclusivamente, estaré en el Distrito Federal cuando ustedes lean estas líneas.

Nunca he sido un hombre adinerado de los que coleccionan relojes, automóviles o estampillas postales, pero a lo largo de mis 82 años de vida he tenido la fortuna de tener amigos con grandes valores. Entre ellos tuve el honor y el privilegio de haber sido, durante muchos años, uno de los más cercanos amigos de Mario Moreno Reyes –mejor conocido como Cantinflas— y esta fotografía fue tomada en 1992 por mi hijo Alejandro en el despacho del famoso actor cómico, ícono de México, poco menos de un año antes de su muerte. Atrás pueden verse los retratos de sus padres y la foto de la estrella con su nombre que está en el Paseo de la Fama de Hollywood, California. El tenía entonces 81 años de edad y yo tenía 65.

Esta fotografía fue tomada en el jardín de la residencia que fue de mi querido amigo Mario Moreno, y en ella estamos, con el anfitrión, mi amada esposa Anabella Waelti de Palmieri y mi hijo menor, Alejandro. Esta foto la tomó Rodrigo, primogénito de Anabella, fruto de  su primer matrimonio y hermano mayor de Alejandro, razón por la cual él no aparece en ella. Mario habrá tenido 65 años de edad y yo 50 o 51 y desempeñaba el honroso cargo de Embajador de Guatemala en México.

Mi amado hijo menor, Alejandro, en el momento de soplar con la ayuda de Cantinflas las cinco velitas del pastel por estar estar cumpliendo sus primeros cinco años de edad. Pocos días antes, cuando Mario le preguntó qué quería que le regalara, él le contestó sin titubear: «¡Una paella!», y así fue. Porque las paellas «a la Cantinflas» eran insuperables. Al henial cómico mexicano se le han reconocido una infinidad de méritos, pero no se ha dicho que era un excelente c cocinero.

Cuando hice mis visitas protocolarias al asumir el cargo de Embajador en México, la mayoría de mis colegas, embajadores de distintas partes del mundo, me habían dicho que les frustraba que durante todo el tiempo que habían estado en México todavía no habían tenido oportunidad de conocer al famoso actor cómico Cantinflas, porque a pesar de que lo invitaban a sus recepciones, él nunca había asistido. Y un día yo les dí la gratísima sorpresa de llevarles a almorzar a la residencia de mi entrañable amigo Mario Moreno, con quien previamente había hecho arreglos para que nos recibiera y nos preparara una de sus famosas «Paellas a la Cantinflas», que las hacía estupendamente. Sin decirles de qué se trataba, ni en casa de quién íbamos a almorzar, convoqué a almorzar a un buen número de ellos y les cité en un lugar cercano a la zona residencial llamada Vista Hermosa, donde Mario vivía, pero los embajadores lo ignorablan. Y cuando ya estábamos frente a la casa pedí a uno de los embajadores que tocara el timbre y -¡para sorpresa general!- quien salió a abrir la puerta fue el mismo Cantinflas. Demás está decir que todos los comensales estuvimos muy contentos y permanecimos en la casa de nuestro anfitrión hasta después de las 7 de la noche. En esta foto, tomada en el jardín de su casa, estamos de izquierda a derecha los embajadores de El Salvador, Argentina, Israel, Ecuador, Estados Unidos de América, Italia, Honduras y Guatemala.

Mario Moreno preparando su famosa Paella a la Cantinflas que, en mi opinión, era superior a la tradicional a la Valenciana. A su lado estamos el Cónsul General de los Estados Unidos de América en México, Jim McCanish y yo, que desempeñaba el cargo de embajador de Guatemala.

En esta foto, yo estoy exlicándoles a mis colegas la trama que habíamos urdido con mi gran amigo el famoso Mario Moreno, mejor conocido en todo el mundo como Cantinflas, para que satisfacieran su deseo de conocere y darlea ls sorpresa de invitarle a almorzar a su casa. Naturalmente, para los embajadores de todos esos países fue una gratísima experiencia que me agradecieron mucho. A mi lado derecho están los embajadores de El Salvador, Guillermo Paz Galindo y el de Israel Shaúl Rosolio y al lado izquierdo del anfitrión está el embajador de los Estados Unidos de América, Patrick Lucey.

Mario Moreno tomó la palabra a continuación para pronunciar un discurso serio, aunque, como siempre, de vez en cuando, empleando algunas cantinfladas en ciertos momentos. Nos habló principalmente contra las injusticias que cometen las naciones más poderosas y de la paz que debería haber siempre, invariablemente, entre todos los países del planeta. A sus lados estamos escuchando con atención los embajadores de los Estados Unidos Patrick Lucey y el de Guatemala, Jorge Palmieri.

Nos hizo recordar el inolvidable papel que desempeñó en la película Su Excelencia, donde él era embajador de un país tercer mundista imaginario denominado Los Cocos y en una reunión en la Asamblea de las Naciones Unidas tuvo que pronunciar un discurso previo a emitir su voto (que era el decisivo) en favor o en contra de los «colorados» (la URSS) o de los «azules» (los EE.UU.) y después de decirles con insólita franqueza lo que pensaba sobre la prepotencia de unos y otros, al final de cuentas se abstuvo de votar. Esa fue una de sus películas más memorables.