EL TIEMPO ES IMPLACABLE E INCLEMENTE

Catherine Deneuve ha sido una de las actrices francesas más bellas y distinguidas de cine, protagonista de películas inolvidables dirigidas por los grandes maestros de la cinematografía internacional. Nació en París el 2 de octubre de 1943, lo que quiere decir que hoy tiene 65 años de edad. Su padre fue el actor Maurice Dorléac y su madre la actriz Renée Deneuve. Una de sus hermanas mayores fue latambién actriz Francois Dorléac, pero murió a los 25 años de edad en un accidente automovilístico. Catherine debutó en el cine a los 14 años de edad en la película del director André Hunebeth «Les collegiannes«, compartiendo el elenco con Agnes Laurent, Marie-Helene Armand y Christian Carére. A ésta le siguieron, cuando tenía 20 años, «El vicio y la virtud» (1963), de Roger Vadim, quien fue su amante con quien procreó un hijo; la comedia musical «Los paraguas de Cherburgo» (1963) de Jacques Demy. En esa década de los años ’60 participó en las películas: «La chass a l’homme» (1964) de Edouard Molinaro, con su hermana Françoise y Jean Paul Belmondo; «Repulsión» (1965), dirigida por Roman Polanski, «Belle de jour» («Bella de día» en español) en 1967, del director español Luis Buñuel, «Benjamín, diario de un inocente» (1967) de Michel Deville; «Las señoritas Rochefort» (1967) de Jacques Demy; «La sirena del Mississippi» (1969) de François Truffaut.
También trabajó en Hollywood en muchas películas, como «Locos de abril» (1969) con el actor Jack Lemmon y dirigida por Stuart Rosenberg; «Destino fatal» (1976), de Robert Aldrich, con Burt Raynolds; «Tristana» (1970) con el actor español Fernando Rey, dirigida Luis Buñuel; «El dinero de los demás» (1978), de Christian de Chalonge; «El último metro» (1980) de Alain Corneau; «Le choix des armes » (1981), de Alain Corneau; «Indochina» (1992) de Régis Wargnier, por la que fue nominada para el Oscar de Hollywood para la mejor actriz, pero se lo ganó la actriz británica Emma Thompson por su actuación en la película «Regreso a Howard’s End«; «Mi estación favorita» (1933), «Los ladrones» (1996), de André Techiné; «Genealogías de un crimen» (1997) y «Les temps retroune» (1999), ambas dirigidas por Raúl Ruiz; y «Bailar en la oscuridad» (2000), de Lars Von Tsier.
Catherine se casó en 1965 con el fotógrafo de modas David Bailey, pero se divorciaron porque tenía fama de ser muy generosa en sus amores y tuvo numerosos amoríos con famosas actores y directores internacionales, como el actor italiano Marcello Mastroianni, con quien tuvo a su hija Chiara, ahora también actriz; el actor egipcio Omar Sharif; el actor norteamericano Burt Reynolds; el director francés Roman Polanski, el actor y cantante norteamericano Dean Martin y un largo etcétera en el que me habría gustado estar.
Porque no me lo están preguntando, pero a mí me parecía una mujer irresistiblemente bella. Y hace algunos años tuve la grata noticia de que iba a venir a Guatemala para hacer entrega de los Premios Opus de teatro, invitada por el Patronato de Bellas Artes que por entonces presidía la señora Eugenia Valverde de Pivaral, también una mujer bella nacida en Costa Rica. Y me puse más feliz todavía cuando mi amiga Eugenia me invitó a una cena de muy reducida concurrencia que le ofrecerían en su casa porque me hice ilusiones de que podría hacer derroche de mis «gracias» para tratar de «cantineármela», como decimos por acá. Así que primero asistí muy bien trajeado y puntualmente al acto de premiación que tuvo lugar en el Teatro Nacional, dispuesto a ir después a la cena. Pero, para mi mala suerte, antes de que empezara la función tuve un desagradable disgusto con mis viejos amigos Jorge Carpio Nicolle (qepd), propietario y director del diario «El Gráfico», para el cual yo escribía todos los días una columna, y con su esposa Martita Arrivillaga, por lo que me puse como cien mil hetairas y ya no quise asistir a la cena y me perdí la oportunidad de conocer y «lanzarle los perros» a la bella Catherine Deneuve; pero en venganza, el domingo siguiente, dos días más tarde, lo conté en las dos páginas que acostumbraba publicar los domingos y esto me valió que me despidieran de «El Gráfico» sin pagarme las prestaciones de ley. Pero hoy tantos años más tarde, ya no me duele haber perdido la oportunidad de conocerla para tratar de formar parte del «etcétera», cuando la veo envejecida. Para que vean la diferencia y comprueben ques es verdad lo que dice el título de esta columna, el tiempo es implacable e inclemente, les invito a ver primero estos YouTubes de cuando la bella y distinguida actriz francesa estaba en su apogeo, pero después vean la fotografía tomada durante su más reciente participación en una función teatral en una ciudad de Italia… donde el público la abucheó. ¡Qué tristeza!
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Así era Catherine Deneuve cuando vino a Guatemala hace algunos años.


Y así es como está hoy, a sus 65 años de edad.
Aunque, para ser justos, no puedo decir que está avejentada y despreciable. No se «cómo me quedaría el ojo» si publicase hoy una foto mía de aquellos años y otra de cómo estoy ahora a mis 80 años de edad. Porque, como dije antes, el paso del tiempo es implacable e inclemente. ¡Es como una maldición irremediable que todos nos pongamos viejos con el tiempo!

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