MISCELÁNEA DEL 08/11/12

1.- José Toledo – Ángeles por Paulo Alvarado

Estes es un artículo publicado en Prensa Libre del crítico de arte  y periodista Paulo Alvarado sobre las últimas obras del escultor guatemalteco José Toledo Ordóñez. La ilustración es la escultura El ángel de la paz, que fue exhibida en el Zócalo para la reciente Feria del Libro dedicada a Guatemala y será colocada definitivamente el 21 del mes en curso en la Avenida de la Paz, cercana a la Terminal Aérea Benito Juárez

 

José Toledo Ordóñez -el Pepo Toledo- ha devenido una figura particular dentro del arte guatemalteco. Heredero intelectual, por circunstancia, pero también por elección propia, de personajes como Efraín Recinos, Mario Monteforte, Marco Augusto Quiroa, Luis Díaz, Roberto Cabrera o Ramón Banús, no tiene reparos en reconocerse como el «mecánico artista». Su razón de ser ha sido, durante muchos años, una profesión que no tiene mucho que ver con lo que cómodamente llamamos arte y presumimos de entender como tal. Eso, sin embargo, está muy lejos del «artista mecánico» con lo que algunos quisieran identificarlo, acaso porque él era muy conveniente en tanto promotor cultural, antes que practicante del arte. De pronto emerge como escultor, con las mismas herramientas que empleaba, en tanto tecnólogo de la industria automotriz y economista decidido a apoyar a los artistas con los que solía compartir inquietudes y necesidades.No se trata solamente de un juego de palabras, sino de todo un significante. Sin que lo empujen, Toledo confiesa su advocación por un arte afincado en la tradición y en las conspicuas convenciones de la estética. En un mundo de curadores, dueños de galerías y críticos de arte relacional -librados al último grito de la moda y a la angustiosa necesidad de figurar junto a los artistas a quienes ensalzan o denigran según sus peculiares evaluaciones personales- su propuesta conceptual riñe con el afán de vender las piezas a como dé lugar y la preocupación de verse catalogado como el gran innovador, el gran iconoclasta, el gran anti-representacionista (si es que podemos permitirnos semejante término).Una tal postura se enfrenta prontamente con quienes pretenden sostener que cualquier cosa se vale, a la vez que paradójicamente les molesta que un artista surja de un mundo inconexo y, encima, se atreva a proclamar su adhesión a paradigmas consabidos y establecidos. A todas luces, Pepo no está interesado en una revolución radical, sino en lo más propio de un artista: jugar con lo que le nace (por las razones que sean)… y allá los demás (por las razones que sean)… No es imprescindible, para nada, que estemos de acuerdo con él.Ahora se concentra en uno de los motivos más simpáticos que los artistas siempre hemos aprovechado como pretexto para crear: un homenaje a quien admiramos como maravilloso exponente de aquello a lo que aspiramos. Es el caso de Efraín Recinos, a quien Toledo Ordóñez dedica una serie de «ángeles», tema casi inagotable a lo largo de la historia, con sus arcángeles, principados, potestades, dominaciones, tronos, virtudes, serafines y querubines. Latón, cobre y acero (escogidos justamente en complicidad con Efraín), que ostentan títulos, a cuales más arriesgados: ángel de las ideas fugitivas, ángel de la sombra del viento, de la duda, de los árboles viejos, de los sistemas caóticos, de las ideas descabelladas, de las noches de amor, de los constructores de marimbas, de los artistas que pintan como niños -por mencionar a los más provocativos.Pepo es el geómetra que se arriesga a lo que otros han hecho ya -hartamente- pero, por lo mismo, de lo que ya se hartaron. Es el escultor atípico, al que sus allegados pueden recomendar porque es un «artista organizado». Por lo mismo, recibe a sus visitantes en una oficina llena de los pintores antes mencionados, además de Grajeda Mena, González Goyri, Dagoberto Vásquez, Magda Eunice, Francisco Tún… y ejemplares de los catálogos, las películas y los eventos que ha gestionado para Recinos, Gallardo, Monteforte… Pepo es el hombre-niño que habla con ilusión de una pieza suya que se exhibe en el Museo José Luis Cuevas, o en Santo Domingo del Cerro, o en el Paseo de la Sexta, o en una pequeña galería de la zona 10 de la capital de Guatemala…Así pues, «Ángeles» de José Toledo Ordóñez nos recuerda y nos remonta a las series que sempiternamente han fascinado a artistas de todas las disciplinas. Corelli, Haydn, Hokusai, García Lorca, Nevelson, Cunningham, Stockhausen, Spencer Tunick, las doce piezas para violonchelo solo comisionadas para celebrar a Paul Sacher…Aquí vive Recinos, insólita y curiosamente captado por el Pepo. Unas llamas encendidas. Como son de metal, resultan impávidas, pero tocables (aun cuando en los museos le digan a uno que no puede hacer contacto con la obra de arte). Acaso algo tengan que ver los almuerzos en el restaurante La Mezquita. De repente, son los años de convivir y apoyar materialmente al maestro, no únicamente a base de darle palmaditas en la espalda a fin de aparecer en la foto que saldrá en la prensa. Latón, cobre y acero. Amarillo, rojo y plateado. Tibio, caliente y frío. José, Toledo y Ordóñez. No sé. Pepo es un enigma. Qué bueno que lo sea. Que le duela a algunos y algunas. Y que persevere por poner a Guatemala en el mapa del arte mundial. Ya lo decía alguien: ¿Dónde es ese lugar? Quisiera visitarlo, quisiera conocerlo, quisiera quererlo. (Fin del artículo de Paulo Alvarado) 

2.- Voy a cumplir 84 años de vida

El domingo 11 de noviembre voy a tener que cumplir 84 años de haber nacido, de los cuales he dedicado más de sesenta al apasionante oficio del periodismo. Se dice fácil, pero les aseguro que no lo ha sido. Pero doy gracias a la vida por todo lo que me ha dado. Sobre todo, por los amigos que he tenido en diferentes partes del mundo, Y, como lo he venido haciendo desde hace algún tiempo, he decidido ir a celebrarlo a la Ciudad de México, esa maravillosa metrópoli que tanto me gusta y tanto amo. A pesar de que tengo noticias de que «está haciendo un frío de la chingada» (Cita textual de un mensaje). Aunque también escuché que el frío intenso es solo por la noche y durante la madrugada. Pero ya no puedo cambiar de planes porque ya he comprado los boletos de avión para salir esta tarde y tengo hechas las reservaciones en el hotel que ha sido de mi predilección desde su fundación, el Presidente InterContinental. Me alegra mucho informarles que me va a acompañar un grupo de amigos y compañeros de la Cofradía de los Viernes, como lo han hecho en mis dos últimos cumpleaños. El año pasado fuimos a celebrar mis 83 a Nueva York.

Por lo tanto, me despido de mis queridos lectores de la manera más cordial hasta la próxima semana, si Dios quiere. Solamente iré a disfrutar del fin de semana y el domingo 11 asistiremos a una Corrida de Toros en la Plaza Monumental y después a cenar al fabuloso restaurante San Angel Inn, donde inventaron las Margaritas. Espero regresar el lunes 12 y tan pronto me sea posible volveré a escribir para ustedes en este blog. Hasta pronto.