EL DEBATE DE AYER

Ayer se celebró el segundo debate organizado por la Asociación de Gerentes de Guatemala (AGG) entre los dos candidatos presidenciales que van a competir el próximo 6 de noviembre en la Segunda Vuelta Electoral: el general retirado Otto Pérez Molina, postulado por el Partido Patriota y el doctor en leyes Manuel Baldizón Méndez, postulado por el partido Libertad Democrática Renovada (LIDER), el cual tuvo lugar en la sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias y fue transmitido en vivo por el canal Guatevisión. En mi opinión, ninguno de los dos contendientes se comportó a la altura deseada, como un estadista que pretende dirigir el destino de nuestro país durante los próximos cuatro años. Ambos candidatos presidenciales me parecieron decepcionantes. Pero el peor fue Baldizón que ni siquiera supo respetar las reglas que habían acordado. Si eso lo hizo ahora que apenas es candidato, ya podemos imaginar lo que haría si llegase a ser electo Presidente de la República. La actuación como moderador del periodista uruguayo Jorge Gestoso fue mediocre. Dejó mucho por desear. No justificó los US$10 mil que le pagaron por sus servicios.

El general returado Otto Pérez Molina, del Partido Patriota (PP), y el doctor en leyes Manuel Baldizón Méndez, del partido Libertad Democrática Renovada (LIDER), protagonizaron anoche un derroche de insultos y acusaciones durante el debate organizado anoche por la Asociación de Gerentes de Guatemala (AGG). En mi opinión, aunque esta vez sí trataron de que hubiese un verdadero debate, y no sólo una exposición de sus ideas, como han sido otros anteriores, se produjo una confrontación de mal gusto que causó decepción entre los presentes y los televidentes. Fue evidente que ninguno de los dos «ganó», porque ambos cayeron en esa lamentable actitud de dimes y diretes. Aunque, en mi opinión, si bien no fue totalmente acertada y satisfactoria la participación de Pérez Molina, por lo menos tuvo un mejor comportamiento que su rival quien, a pesar de ser un abogado y doctor en leyes, una vez más demostró su calidad humana al violar los acuerdos que ambos habían aceptado con antelación, como no presentar ningún papel o documento  para atacar a su contendiente. El doctor Baldizón llevaba entre los bolsillos de su saco varios papeles de los que echó mano hasta que se le hizo ver que estaba violando esos acuerdos y el propio gerente de la Asociación de Gerentes de Guatemala tuvo que subir al escenario a exigirle que los entregara, lo cual finalmente hizo a regañanientes el candidato del partido LIDER y la coalición de numerosos partidos políticos que antes habían postulado a Sandra Torres Casanova, el partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) y el denominado Gran Alianza Nacional (GANA). Por otra parte, Baldizón se salió de la tanjente al acusar al hijo del general Pérez Molina de haber sido corrupto por el hecho de haber sido funcionario del actual gobierno, lo cual fue a todas luces injusto porque, en primer lugar, no todos los funcionarios públicos de un gobierno es necesariamente corrupto y, en segundo lugar, el hijo del general Pérez Molina fue un funcionario diplomático en la embajada en Washington después de que tuvo que irse de Guatemala por haber sufrido un atentado contra su vida. Además, tengo informes fidedignos de su excelente comportamiento en ese cargo. Por otro lado, no sé qué tiene que ver lo que haya sido un hijo mayor de edad de un candidato cuando es el único responsable de sus actos. Finalmente, Baldizón dijo que tenía pruebas contra Pérez Molina, lo cual hizo que éste le dijera que le da un plazo de 72 horas para que presente esas pruebas ante el Ministerio Público (MP), y lo amenazó con que si no lo hace él va a demandarlo por calumnia y difamación. No se dijo, pero si Baldizón no presenta al MP las pruebas que dice tener, caerá en un delito.

Este reportaje con el YouTube fue publicado en Prensa Libre de esta mañana:

Cruce de señalamientos entre Pérez y Baldizón en debate presidencial

Imagen de previsualización de YouTube

Candidatos presidenciales caen en bochorno durante debate

POR POLÍTICA Y PODERES

Por Verónica Gamboa

Cada pregunta que el moderador, Jorge Gestoso, les hizo a los aspirantes sirvió de excusa para que se hicieran señalamientos y se calificaran mutuamente como mentirosos y de estar implicados en actos de corrupción.
Las propuestas de ambos presidenciables fueron opacadas por los discursos confrontativos que aplaudían o abucheaban las porras de cada agrupación política.
Candente encuentro
Entre las reglas del debate se consignó la prohibición de mostrar documentos sobre las incriminaciones que se hicieran. A pesar de ello, Baldizón tenía en su podio y en las bolsas de su saco varias hojas con las que buscaba respaldar los señalamientos contra su rival político.
La primera ocasión en la que se caldearon los ánimos fue cuando Pérez Molina afirmó que durante el primer año de su gobierno reduciría el índice de extorsiones, asaltos, secuestros, ataques a buses y homicidios, lo cual fue refutado por Baldizón, quien lo acusó de haber debilitado al Ejército.
El aspirante de Líder mostró documentos que mostraban la reducción de la institución armada después de la firma de los acuerdos de paz, a lo que Pérez Molina, en su defensa, respondió que Baldizón usaba el mismo discurso que Sandra Torres, exaspirante presidencial del oficialismo.
Misma dinámica
En las redes sociales se produjo una avalancha de críticas contra ambos presidenciables porque en ocasiones subían tanto la voz que no dejaban que el moderador hablara.
Baldizón acusó al hijo de Pérez Molina de haber cobrado Q1 millón durante el primer año de gobierno de Álvaro Colom por servicios prestados, y de nuevo mostró un documento con el que buscaba demostrar los señalamientos.
Jorge Eskenasy, presidente de la AGG, subió al escenario para pedirle a Baldizón que respetara las reglas y entregara a sus asistentes todos los documentos que había llevado.
Baldizón se negó e intercambió palabras con Eskenasy, a lo que este respondió: “Disculpe, señor Baldizón, pero el debate no es conmigo”, mientras el moderador reía con nerviosismo.
El candidato de Líder no titubeó en mostrar otros documentos que llevaba doblados en las bolsas del traje. Gestoso optó por anunciar un receso para que se calmaran los ánimos de los candidatos.
Insultos
Pérez Molina calificó de corrupta la gestión de Baldizón durante los primeros dos años de esta legislatura, cuando fue presidente de la Comisión de Finanzas.
El candidato del PP acusó a su oponente de haber aprobado y distribuido obras a los diputados de esa sala legislativa.
En más de una ocasión el candidato del PP descalificó las propuestas de Baldizón, como el bono 15, y afirmó que su rival era el plan B de la exesposa del presidente Álvaro Colom.
En respuesta, el candidato de Líder repitió varias veces que Pérez Molina padecía de amnesia, y en cuanto al bono 15, le preguntó: “¿No entendió con dibujitos?”.
Agregó: “Fue gracias al apoyo de su partido que hubo desorden financiero del Estado. La historia que los juzgue. Hicieron piñata con el actual gobierno, al cual usted apoyó. Nosotros decidimos salirnos del parlamento”, dijo Baldizón, al referirse a las leyes que aprobaron diputados del PP para retirarle los candados al presupuesto en el 2009.
Pérez Molina le dio 72 horas a Baldizón para que presentara en el Ministerio Público las denuncias de corrupción en su contra.
“Las propuestas de Baldizón tienen el síndrome de Drácula: pueden brillar en la oscuridad, pero no resisten la luz del sol, porque no son reales ni concretas”, refutó Pérez Molina.
Incriminaciones
El derroche de acusaciones continuó hasta el final de debate, cuando se llamaron mentirosos.
“Creo que el señor Pérez sueña con Sandra Torres”, dijo Baldizón, cuando el candidato del PP lo acusó por tercera vez de ser el candidato de la alianza oficialista.
“Aquí hay más de lo mismo. Hay corrupción”, afirmó Pérez Molina al señalar a Baldizón en su mensaje final, cuando llamó a los ciudadanos a votar el 6 de noviembre, en la segunda vuelta electoral.
“Hay que ser honestos y decir la verdad”, dijo Baldizón al despedirse, mientras le pidió al electorado hacer la diferencia entre el pasado y el futuro.
Al retirarse del escenario, Baldizón y Pérez evitaron cruzar miradas y no se estrecharon las manos, entre abucheos y aplausos de los asistentes, quienes salieron del debate con un mal sabor de boca, por la falta de debate político y propuestas.» (Fin del reportaje de Prensa Libre)

En su habitual columna en su blog, la periodista Dina Fernández escribió lo siguiente:

La piscina de lodo

Escribí acerca del primer debate de la Asociación de Gerentes, así que me parece obligado hacerlo también del segundo.
De la misma forma en que comenté aquella vez que el ganador del ejercicio había sido el general Otto Pérez Molina, hoy les digo que quien se llevó el triunfo en el ejercicio del lunes fue el doctor Manuel Baldizón.
Ya sé que habrá quienes me acusen de tener una visión sesgada y tendenciosa, como ocurrió hace unos meses. Y les repito ahora lo que afirmé entonces: mi valoración del resultado del debate no constituye, de ninguna manera, una adherencia a proyecto político alguno.
Se trata, sencillamente, de un dictamen frío, producto del análisis.
¿Por qué digo que el ganador fue Baldizón? Muy fácil.
El candidato del Partido Líder llegó al debate con una estrategia clara. De hecho, por su forma de ser, me parece que la dinámica del evento le favorecía. A lo largo de estos meses, Baldizón ha adquirido tablas como candidato. Se siente como pez en el agua en la polémica y posee una verba inagotable, además de chispa para las respuestas rápidas.
El general Pérez Molina, en cambio, es un hombre más bien callado y reflexivo. Una esfinge: las tarimas no son lo suyo.
En fin. El caso es que Baldizón llegó al escenario del Teatro Nacional con la clara intención de aturdir al oponente y sacarlo de sus casillas. Ciertamente, para lograrlo con mayor eficacia, burló las reglas acordadas con los organizadores del debate y sacó documentos para descalificar al rival.
La infracción a las normas le valió una llamada de atención de parte de los organizadores. Sin duda, esa decisión podrá tener un costo marginal para Baldizón: quienes ya lo veían con desconfianza, ratificarán sus sentimientos negativos. Pero a golpe dado, no hay quite: mi apuesta es que el candidato de Líder logró asestarle un par de puñetazos al jefe de los Patriotas y sentar el tono del evento.
El otro acierto de Baldizón es que desde el principio sabía a qué público le era más rentable dirigirse. Desde luego, no se trataba de las personas sentadas en el auditorio. El candidato de Líder llegó con la clara intención de hablarle a la persona que escuchaba el radio o miraba la televisión.
Arengar a la gente que ocupaba las butacas del Teatro no tenía sentido: unos eran suyos de antemano, los otros pertenecían al oponente. Los espectadores neutros se contaban con los dedos de las manos. La audiencia invisible, la que escuchaba más allá de las ondas radioeléctricas era la verdaderamente apetecible.
Aquí hay otras valoraciones interesantes. El joven analista político Phillip Chicola opina, por ejemplo, que la estrategia de Baldizón, al instigar los ataques personales, podría haber tenido como objetivo desencantar al votante urbano que, según las encuestas, es quien podría darle alguna ventaja a Otto Pérez el 6 de noviembre.
Lo vimos en 1995: Alfonso Portillo estuvo a punto de arrebatarle el balotaje a Alvaro Arzú, quien ganó con una ventaja de poco más de 30 mil votos, que le dio el distrito central. Si Baldizón logra neutralizar a ese tipo de votante afecta una de las variables que necesita manejar para obtener una victoria.
Pero fuera de los resultados tácticos de la batalla que se libró en el Teatro Nacional, para mí y para muchos electores, la conclusión fue triste.
Los contendientes no nos ofrecieron una discusión política, sino que se zambulleron en calzoncillos a una piscina de lodo.
La queja de los ejercicios anteriores era que se habían limitado a presentar exposiciones más bien pasivas: foros, criticaba la gente, no auténticos debates.
Después de lo ocurrido, me parece que ni nuestra cultura política ni la calidad de nuestros liderazgos alcanzan para entablar un diálogo donde las propuestas se discutan de verdad, sobre la base de hechos y méritos, no a punta de ataques personales.
Habrá a quienes les interese el intercambio de insultos. Yo, la verdad, paso. El país allá afuera se está desmoronando y merece más que eso.» (Fin del artículo de Dina Fernández)