EN TORNO A UN LLAMADO DE CONCIENCIA (y 3)

Hoy pongo punto final a la serie de tres artículos relacionados con el interesante artículo de la periodista chilena Carolina Vásquez Araya, columnista de Prensa Libre, titulado Por culpa de la raza que fue publicado el 15 de octubre.

Para terminar, debo confesar que no creo que yo habría podido escribir con tanta enjundia, claridad y sensatez lo que pienso y lo que siento de este delicado tema, como lo hizo recientemente el doctor Edgar Gutiérrez, destacado columnista de elPeriódico en un artículo titulado El gran desafío llegó el cual considero que debe ser leído por todos los guatemaltecos, y no sólo por los lectores de ese medio (lógicamente limitado por su tiraje y por quienes suelen leer sus columnas) por lo cual creo conveniente reproducirlo en este blog para que sea leído por muchas más personas, tanto dentro como afuera de Guatemala. Lo reproduzco con mucho gusto porque es uno de esos artículos que a mí me habría gustado haber escrito. Porque tiene razón en lo que dice: ¡»el gran desafío» ha llegado! ¡Y ya era hora!

El gran desafío llegó

La construcción de un nuevo tipo de Estado

Edgar Gutiérrez

A los retos tantas veces discutidos de la seguridad y las desigualdades y exclusiones sociales, hay que incorporar plenamente ahora el desafío de la participación de los pueblos y comunidades indígenas, cuyo asomo era previsible, pero la forma y el momento insospechados.

Este desafío de compaginar culturas es inédito en Guatemala y va a requerir un extraordinario esfuerzo de intermediación y una densidad institucional muy diversa. Sin esas redes positivas de intermediación desde los mundos indígena, ladino y blanco, la tarea se vuelve gravosa, riesgosa y hasta volátil.

Como no existe un modelo teórico ni esbozos de modelos prácticos de construcción intercultural hay que acudir a experiencias de sinergias donde han participados con las comunidades indígenas, mestizas y otras, actores diversos, como sacerdotes católicos y pastores evangélicos, empresarios locales y extranjeros, funcionarios públicos (incluyendo fuerzas de seguridad civiles y militares), políticos de diversas tendencias, agentes de ONG, académicos y grupos voluntarios locales e internacionales.

Antes de atrincherarnos en prejuicios y miedos alimentados por la ignorancia, hay que pasar revista a distintas modalidades de participación, presión y demandas de los pueblos indígenas, algunas positivas y otras no tanto, a fin de extraer lecciones. El peor consejo que un mandatario o que las elites empresariales pueden recibir ahora es abrigar el fantasma de la rebelión o insurrección indígenas, pues no corresponde ni a la actitud ni a la visión de las autoridades indígenas comunitarias. Y a la vez, sin ser ingenuos, ni el “sospechosismo” ni la teoría de la conspiración debería gobernar los análisis ni las estrategias de los dirigentes indígenas.

Ciertamente hay razones históricas para que las comunidades indígenas desconfíen, y por eso la intermediación es clave. En casos como el de Totonicapán el 4 de octubre, o el de Tajumulco esta semana, se ponen a prueba la capacidad técnica y la independencia de varias instituciones estatales. En primera línea, con distinto mandato, el MP, Inacif y el PDH (de manera complementaria la Oficina del Alto Comisionado que fue solicitada por el Gobierno a una indagación independiente). En segunda línea, la Presidencia de la República y los ministerios de Gobernación y de la Defensa Nacional, y al final los tribunales.

Hay que superar bien estas pruebas, al igual que la controversia sobre la Reforma Constitucional, y el inflamable factor de la corrupción, entre otros, pues la tarea estratégica que nos espera es la construcción de un nuevo tipo de Estado –y su correspondiente régimen político–, uno donde quepamos todos con nuestra dignidad y valores. (Fin del artículo de Edgar Gutiérrez)

Mi comentario: felicito al doctor Gutiérrez por haber publicado este artículo que debe servir de alerta para todos en cuanto a que la ignorancia hace que nuestros miedos aumenten la percepción que tenemos del problema. Tiene razón al afirmar que «Este desafío de compaginar culturas es inédito en Guatemala y va a requerir un extraordinario esfuerzo de intermediación y una densidad institucional muy diversa. Sin esas redes positivas de intermediación desde los mundos indígena, ladino y blanco, la tarea se vuelve gravosa, riesgosa y hasta volátil». La debilidad de las etnias es que históricamente no se unen, sino luchan entre sí como si estuviesen cumpliendo una maldición insuperable. Esto ha sucedido desde tiempos inmemoriales, y fue la causa de que los soldados españoles encabezados por el capitán Pedro de Alvarado y los indios mexicas, tlaxcaltecas y toltecas que les apoyaron en la aventura pudiesen derrotar pronto a quienes se les oponían y lograron adueñarse de este territorio y esclavizar a sus pobladores. Y las etnias ven solo intereses locales y no de país porque la verdad es que nunca se han sentido plenamente identificados con Guatemala. Realmente no aman a Guatemala porque nunca se ha tratado de incorporarles y se les ha dejado vivir en la más cruel miseria en el área rural mientras son explotados por los dueños de la riqueza, por lo que ahora pretenden tener su propio Estado, en el que puedan conservar sus costumbres ancestrales, sus lenguas, su religión y sus propias leyes. Para lo cual actualmente son manipulados por personas y grupos organizados, algunos de ellos patrocinados por ONGs de países escandinavos que creen que con subvencionar esas actividades les ayudan a liberarse de la miseria y la injusticia a pesar de que saben muy bien que sus líderes extorsionan a los sucesivos gobiernos con sus medidas de hecho como loa bloqueos de calles y carreteras y quema de llantas para impedir la libre locomoción, y a los inversionistas para no permitir que el país camine hacia el progreso al negarse a que se hagan exploraciones y explotaciones del subsuelo, ni aceptan que se construyan hidroeléctricas para generar electricidad, a pesar de que se quejan de que se las están vendiendo demasiado cara.

Las instancias de intermediación son claves para lograr entablar un diálogo justo y necesario entre todas las etnias existentes y los gobiernos compuestos por criollos, mestizos y ladinos. Mientras no se haga nada se corre el riesgo de que el país de un alto a la inversión y no avancemos. Esto mismo ha venido sucediendo hasta en los días actuales, como lo puede comprobar el hecho que la candidata indígena Rigoberta Menchú haya obtenido tan escasos votos a pesar de su premio Nobel y sus doctorados y del gran porcentaje de la población indígena de diferentes etnias que pueblan este país.

Por otra parte, hay personas que a pesar de que pertenecen a los grupos criollos, mestizos y ladinos no hacen nada positivo por el progreso del país, ni aceptan incorporar a los indígenas y no han hecho nada a pesar de que saben que les han venido discrimindo y explotando en forma inhumana, lo cual hace que los indígenas no confíen en ellos, porque saben que son quienes les han explotado de manera inicua. No me canso de decir que de hecho pareciera que hay dos Guatemalas, la de las zonas urbanas y otra las de las zonas rurales. Por otro lado hay ciertas personas que desprecian a Guatemala, a pesar de que es la tierra en la que hacieron sus abuelos y sus padres y han nacido ellos. Cada vez que tienen oportunidad de hacerlo se refieren a Guatemala con desdén calificándola de «paisito», como la acaba de llamar en forma despectiva un laureado escritor y columnista de elPeriódico que hace algunos años publicó un libro fantasioso sobre sus supuestas «hazañas» en asaltos, secuestros y atentados cometidos por la ORPA mientras perteneció a ese grupo subversivo guerrillero, pero aunque dejó de ser guerrillero sigue siendo un trasnochado izquierdista que  ha venido publicando una serie de artículos absurdos y denigrantes, en los que pinta como trogloditas a quienes no opinan como él, con lo cual no contribuye en nada a la paz y a que algún día alcancemos la concordia nacional.

Es urgente que, como dice en su artículo en doctor Gutiérrez, nos demos cuenta de que el desafío ha llegado. Nos guste o no nos guste, habrá que ponerle remedio a esa injusta situación. Todos los que hemos nacido en este país somos guatemaltecos de nacimiento, ya seamos indígenas, criollos, mestizos o ladinos. Y todos tenemos los mismos derechos. Algunos de sus dirigentes les explotan haciéndoles llevar mantas y pancartas rojas con la efigie del doctor y guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara y haciéndoles creer que el famoso Bak-tun 13 es el momento en que se de vuelta a la tortilla y cambien las cosas drásticamente. Y hay muchos que lo han creído que cuando se den cuenta de que no es así podrán tornarse violentos como ocurrió en 1944 en Patzicía, cuando los indígenas se levantaron contra los ladinos y mataron a muchos porque el general Ponce les había prometido en su campaña política que les iba a dar tierras, pero que si no lo dejaban en la presidencia se levantaran en armas porque quienes lo impedirían serían enemigos de que eso sucediera.

Siempre he aconsejado a todos los guatemaltecos leer los libros del desaparecido brillante sociólogo e historiador guatemalteco Severo Martínez Pelaez (1925-1978) «La Patria del Criollo. Ensayo sobre la interpretación de la realidad colonial guatemalteca» (1970) y el no menos importante, titulado «Motines de Indios. La violencia colonial en Centroamérica y Chiapas» (1985).