NOBLEZA OBLIGA

Recuerdo que  hace muchos años, cuando yo todavía era un joven e impetuoso columnista de Prensa Libre, en un acto de desmedida arrogancia, por mi juventud inmadura, sostuve una dura polémica nada menos que con el licenciado Clemente Marroquín Rojas quien, en mi opinión, ha sido el mejor polemista que hemos tenido y que yo he conocido. Y me extrañó mucho que cierto artículo un tanto ofensivo que publiqué no fue contestado al día siguiente, ni ningún otro día. Y por la arrogancia de mi inexperiencia juvenil lo interpreté como que el veterano gran periodista se había rendido porque no había sabido qué responder. Pero pasados varios años, él me llamó sorpresivamente para pedirme que llegara a visitarle a su oficina y cuando lo hice me pidió que lo ayudarara en su periódico porque ya se sentía muy viejo y cansado y no quería que La Hora se muriera antes que él, y agregó que no quería confiarle esa responsabilidad a su hijo Óscar, a pesar de que era buen periodista, y cuando le pregunté por qué no lo llamaba a él, me contestó que estaba sumamente disgustado con él. Naturalmente, yo acepté el reto, a pesar de que me advirtió que la situación económica de esa empresa estaba muy mal, gracias a lo cual tuve el honor y el privilegio de estar a su lado durante algún tiempo en el que aprendí mucho, y él llegó a quererme como un padre. Por lo que, aunque renuncié de seguir colaborando en La Hora cuando su hija Marina Marroquín Milla, que desempeñaba el cargo de Gerente de la empresa, censuró un artículo que escribí contra su viejo amigo personal, el entonces Ministro de Salud Pública, doctor Julio Benjamín Sultán, quien el día anterior había publicado un artículo contra mí porque yo había hecho un reportaje sobre el estado calamitoso en que se encontraba el hospital de Escuintla, pero a Clemente siempre le guardé un profundo respeto y un entrañable cariño y le acompañé durante su agonía durante los últimos días de su vida. El día que falleció publiqué en el diario Impacto, al que me había pasado, propiedad de Óscar y manejado por su hijo Gonzalo, el primer artículo que se publicó dando a conocer su lamentable fallecimiento. Pero antes de haber renunciado a continuar colaborando en La Hora, cuando ya gozaba de su confianza y afecto, un día le pregunté por qué había descontinuado aquella polémica y nunca había respondido a mi último artículo. Y el viejo sabio, que muchos años antes había sido íntimo amigo de mi padre, con quien compartieron muchas aventuras, entre ellas apoyar la candidatura del general Lázaro Chacón contra la primera oportunidad que lanzó su candidatura y perdió el general Jorge Ubico y después juntos combatieron y derrotaron las tropas alzadas contra el gobierno que encabezó el coronel Marciano Casado con el propósito de derrocar a Chacón, y con el grado asimilado de coronel Clemente fue de comandante general de las tropas leales. Y cuando Clemente desempeó el cargo de Director General de Caminos, mi padre, José Palmieri Calderón, nacido en Chile y jamás se nacionalizó guatemalteco, no obstante lo cual fue el Inspector General de Caminos. Y luego ambos encabezaron las tropas leales al gobierno del presidente Chacón para combatir y derrotar a las tropas alzadas para derrocar al gobierno chaconista, encabezadas por el coronel Marciano Casado, el comandante en jefe, con el grado de Coronel asimilado, fue Marroquín Rojas y mi padre fue el segundo jefe con el grado asimilado de Mayor. Posteriormente, entre otras cosas, fueron socios fundadores de La Hora en su primera etapa hasta que Marroquín Rojas le pegó un balazo a un Coronel ubiquista de apellido Chúa porque le había ofendido en una cantina y tuvo que huir a México  donde vivió exiliado los catorce años de la dictadura de Ubico. Y cuando le hice esa pregunta me miró fijamente a los ojos y puso una mano sobre uno de mis hombros y me dijo paternalmente: «Mire Palmis (como él me decía) esa polémica llegó a tal grado de ofensas que la única respuesta que me habría quedado era pegarle un balazo. Pero no lo hice por la memoria de su papá. Y la experiencia nos enseña que la única importancia que tienen las cosas ofensivas que alguien dice de uno es la importancia que uno mismo quiera darle. Y siempre hay que tomar las cosas de donde vienen». Y continuó diciendo: «En esa ocasión recordé mi larga y buena amistad con su papá y preferí dar por cancelada la polémica para que las cosas no llegaran a ese extremo». Por eso es que yo he decidido que no voy a publicar en este blog las  diatrivas en las cartas ofensivas de ese infame «general» de Policía de España nacionalizado guatemalteco, quien se encabronó sólo porque dije que me había parecido insoportable su participación en el programa extraordinario de «A las 8:45», inmediatamente después del supuesto «gran debate» –que no lo fue porque no hubo ningún debate entre los candidatos– pesar de que en otras oportunidades anteriores había aplaudido unas de sus opiniones, y varias veces le comenté a mi amigo Juan Luis Font que me parecía un buen colaborador de su programa. Porque creo es justo que que se haga así: aplaudir lo sea bueno de lo que hace o dice una persona, aunque más tarde se le tenga que criticar por algún error o una estupidez. Y aunque él pueda desear seguir calumniándome e insultándome cuanto quiera por medio del correo electrónico, jamás voy a reproducir en este blog nada de lo que diga porque no es desagüe. Y si él quiere seguir insultándome que lo haga por otros medios que pueda tener a su alcance Por otra parte, entre todas las babosadas que me escribió me dijo que este blog no lo lee nadie, pero si se informa mejor podría averiguar que en Guatemala es el blog que más visitas tiene dentro y fuera del país. Y si desea seguir enviándome mensajes insultantes, cada vez que reciba uno lo borraré (delete) sin tener el disgusto de leerlo. Pero antes de terminar quiero comentar que está visto que es evidente que él se cree que está autorizado para criticar a cualquiera y a descuartizar el prestigio de algunos de nuestros compatriotas que merecen respeto, como es el caso del ex Presidente Constitucional de la República y tres veces Alcalde de la ciudad de Guatemala, Álvaro Arzú. ¡Lo cual me pareció un abuso de su parte! Su comportemiento, a todas luces prepotente, me recuerda a su paisano Carlos Castresana, de ingrata recordación.

Todo esto viene a cuento porque hoy había programado publicar el primer mensaje ofensivo que me envió por correo electrónico el «general» de policía de España, nacionalizado guatemalteco,  y cuando ya lo estaba preparando me llegaron por el mismo medio otros dos mensajes: una segunda diatriba aun más injuriosa y ofensiva que el primero, que me hizo recordar el ejemplo y sabio consejo de Marroquín Rojas, por lo cual he decidido que no voy reproducir sus estúpidos mensajes en este blog porque se limita a calumniarme, difamarme e insultarme y yo no tengo por qué convertirme en caja de resonancia de sus majaderías. Como solíamos decir antes los guatemaltecos: ¡Ay a papo! Pero el otro mensaje fue de Julio Ligorría Carballido refiriéndose específicamente, sin caer en ofensas ni insultos ad hominem, al artículo que publiqué ayer como respuesta a su primer mensaje, en el cual le invité a polemizar, por lo que con mucho gusto hoy voy a cederle este espacio. Su última carta dice así:

«Estimado Jorge:
Con el respeto que mereces como veterano periodista y amigo, respondo a tu comentario publicado hoy 7 de julio en tu blog. Entre otras razones, te envío estas líneas para atender tu invitación; se que eres una persona muy sensible y no me gustaría mucho provocar tu disgusto, pues eres un amigo por quien guardo el respeto a la edad y a los momentos agradables e ilustrativos que hemos compartido en todos estos años. Pero además, respondo para que tus amables lectores, si cumples con la invitación de publicar mi respuesta, sepan cuál es el fondo de los hechos.
Lamento mucho que mis comentarios en torno a la ausencia del alcalde y expresidente Álvaro Arzú te haya irritado a tal punto de descalificar el esfuerzo que se hizo para producir el debate de candidatos a alcalde. Amplío lo dicho en su oportunidad: lamento que los 25 años de vida en democracia no le hayan enseñado al alcalde que los ciudadanos que pagan impuestos –y su salario como empleado público- tienen derecho a conocer sus propuestas y contrastarlas con las de sus contendientes.  Ciertamente el alcalde tiene derecho a no atender a la prensa en su calidad de candidato; la prensa no es juez de nadie y el programa era una buena oportunidad para conocer las partes novedosas de su propuesta y si bien es cierto que no tenía obligación legal de asistir, si la tiene ética y moralmente frente a un electorado que esperaba su comparecencia y si no me crees revisa las redes sociales y la propia página de Alvaro Arzú en FACEBOOK  y veras lo que la gente con mucho  respeto se lo indica así.
Y abundo en esto: era una buena oportunidad para expresarse ante los electores con mayor soltura de lo que usualmente lo hacen los funcionarios. No es necesario ser un viejo lobo de mar –como tu persona- para comprender que la información del alcalde y cualquier otro funcionario, está planificada para presentar exclusivamente los detalles que él quiere dar a conocer. En un ejercicio como el que se hizo el domingo, el alcalde efectivamente hubiera podido abordar algunos temas que es importante conocer, más la respuesta estaba en su boca y no en la de los otros candidatos.
Coincido contigo en la evaluación del alcalde como político: él se las sabe todas. Es muy difícil creer que tres candidatos a alcalde con mucho menos colmillo hubieran podido opacar el trabajo de Álvaro Arzú, pero el único que no confió en Alvaro Arzú fue Alvaro Arzú. Esa es la verdad verdadera como solía decir Vinicio Cerezo, ahora el que tu quieras buscarle las excusas más creativas que he escuchado pues que bueno, al menos Arzú estará contento, más no agradecido, eso te lo puedo asegurar por experiencia propia.
Me preocupa que tu planteamiento se haya tornado en un ataque contra el debate y contra mi persona. Desde mi peso –que no tiene absolutamente nada que ver con la ausencia de Arzú-, hasta los comentarios descalificadores al extraoridinario equipo de noticias de Canal Antigua  –Dina Fernández, Claudia Méndez, Juan Luis Font y Pedro Trujillo, todos ellos se manifestaron con gran rigor DESPUÉS del programa- en tu disgusto has incluido la exposición de los invitados que parecen haberte causado algún grado de molestia.  Y me preocupa porque de alguna manera has asumido una posición desde la cual descalificas los esfuerzos que cada quien hace por llevar información a los ciudadanos. Que gran contradicción en la que caes, querido Jorge, pues tu no puedes negar la esencia de la profesión de periodista luego de sesenta años de ejercer esta profesión.
Tal y como se lo señalé al alcalde en su página de facebook, las razones de su ausencia giran en torno a un cambio en las reglas de juego que él propuso y que no se le concedieron por respeto a los candidatos que a través de sus jefes de campaña si participaron en la reunión preparatoria donde se consensuo la mecánica de partcipación. Aceptar esos cambios en ausencia de los tres candidatos que sí enviaron a sus jefes de campaña, supondrían el triple de tiempo y el triple de exposición -–tal y como tú anotas en tu blog– desde una posición de ventaja  para Arzú en claro desmedro del balance que se podía tener.
De todos modos, se había previsto un tiempo razonable para responder alusiones directas, si es que se hubiera dado el caso.
El alcalde fue informado de que no se permitirían agresiones y que mi tarea como moderador –aunque tú insistas en decirme presentador- era impedir que se faltaran al respeto pues el objetivo del programa era presentar las propuestas de los candidatos y permitir que hubiera contraste. De ninguna manera habría allí una emboscada, trampa ni nada por el estilo, porque nos reunimos para especificar cómo funcionaría el programa.
Con relación al diálogo con Roberto Arzú puntualizo lo siguiente: mientras atendía yo una llamada telefónica, recibí el llamado de Roberto; le ofrecí responder en un momento, pues  tanto su llamada como la otra merecían mi total atención. Así que cuando terminé de atender la llamada que antecedió a la de Roberto, efectivamente le llamé, lo cual no significa que yo lo haya buscado, como tú anotas en tu blog. Y sino lo crees pregunta al periodista Juan Luis Font, ¿quien llamó a quien?, el da fé que fue Roberto Arzú el que llamó y no yo como tu afirmas.
Insisto en algo: puedes intentar descalificarme hablando de mi sobre peso, diciendo que “quien me conozca, que me compre” y otras cosas;  más eso no justifica  la ausencia del alcalde Arzú a esta y a otras invitaciones para exponer ante la prensa  sus logros y planes. Jorge la cordialidad de mi carta no debe ser mal interpretada, lo hago de verdad por el respeto que me merece toda persona y por supuesto tú, si quiero dejar claro que no voy a tolerar más alusiones abusivas, ni ofensivas de tu parte. Espero que me lo publiques sin modificar nada.
Con aprecio y respeto»
Julio Ligorría Carballido

Mi comentario final: para poner punto final a este esteril intercambio, el único comentario que hago es que todo esto comenzó simplemente porque expresé que me había parecido insoportable escuchar lo que dijo Trujillo durante el programa extraordinario de A las 8:45 que transmitió el Canal Antigua de televisión por cable inmediatamente después del supuesto «debate» que en mi opinión no lo fue porque no discutieron nada porque los candidatos se limitaron a exponer lo mismo que. Pero en ningún momento dije nada en contra del resto del equipo de ese programa que dirige mi estimado amigo y colega Juan Luis Font, sino todo lo contrario, expresé mi aplauso a lo que dijeron las respetables colegas Claudia Méndez Arriaza y Dina Fernández. Sin embargo, reconozco que se me pasó un poco la mano al insistir en la excesiva obesidad actual de Ligorría a quien por su bien aconsejé bajar de peso cuanto antes, y finalmente agregué que «quien no lo conozca que lo compre». Pero, sinceramente, nunca privó de mi parte la premeditada intención de ofenderle. Pero si él se sintió ofendido, le presento mi disculpa. Sin embargo, rechazo categóricamente la destemplada amenaza que me hizo al final al decir que «no va a tolerar más abusivas aluciones ofensivas de mi parte». Y me pregunto qué habrá querido decir con eso porque si lo que pretendió era asustarme, no lo ha conseguido porque no me ha causado ni el más mínimo temor. Y sin temor continuaré comentando lo que haga y lo que diga, y lo que piense de él, cuantas veces lo merezca y crea necesario. ¡Sólo eso me faltaba, que a estas alturas de mi vida, a los 83 años de edad, cuando ya estoy en «la postrimería de mi vida» –como me dijo para tratar de ofenderme el estúpido tantas veces mencionado policía español nacionalizado guatemalteco– vaya a causarme miedo ese tipo de amenazas de parte de alguna persona como él!  Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.