MISCELÁNEA 09/07/2010

1) «Pre gobierno» de Álvaro Colom

A pesar de que me expongo a correr el riesgo de ser catalogado como uno de los tantos supuestos «desestabilizadores» del país, del gobierno de Álvaro Colom y del jurista español Carlos Castresana, ex jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), debo informarles que he llegado a la conclusión de que el actual régimen es una especie de «pre gobierno» del cual sus partidarios esperan que el verdadero gobierno será el que le sigue, que esperan que será presidido por la señora Sandra Torres Casanova de Colom, esposa del actual mandatario y, sin duda, es una de las personas que tienen más poder en nuestro país. ¡Y lo ejerce! Solamente así se podrían explicar ciertas cosas que suceden. Pero, por de pronto, solamente quiero decir que he visto pasar numerosos gobiernos de la República gracias a que he vivido muchos años  y la mayoría de ellos cuando han tenido serios problemas que no pueden resolver han echado mano del consabido recurso de inventar que se está fraguando un complot en su contra. Lo dijeron cuando eran presidentes el licenciado Marco Vinicio Cerezo Arévalo y el ingeniero Jorge Serrano Elías… ¡pero la diferencia es que en sus casos sí fue verdad! Eso mismo ocurre ahora con el hispano Carlos Castresana que, para tratar de justificar que el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), doctor Ben-Ki-moon, le pidió que presentara su renuncia, ha inventado que fue objeto de una conspiración para «desestabilizarle» y ha hecho que metan en la cárcel a un señor de apellido Ibarra, quien es el encargado de dirigir las relaciones públicas de los Laboratorios Lanquetín, a quien acusa de haber organizado una campaña para «desacreditar» a la CICIG y defender a los propietarios de esa empresa farmacéutica, los hermano Valdés Paiz, primos de la primera esposa del asesinado abogado Rodrigo Rosenberg, quienes están metidos en un gran lío por haber tratado de ayudar a su querido ex primo político. Sin embargo, Castresana no dice que lo que en verdad le desprestigió fue su desmedida arrogancia y abuso de poder, porque desde que llegó a Guatemala se hizo insoportablemente odioso, a tal extremo que no soportaron ese comportamiento y renunciaron a sus cargos dos de los Fiscales que trabajaban en la CICIG, un italiano y una costarricense de apellido García. Y para ser sincero, repito lo que he dicho muchas veces: a m me cae como patada donde más duele que tanga que venir un juez español de rematada ideología izquierdista a dirigir una comisión de la ONU para combatir la impunidad en mi patria, cuando, de acuerdo a la Constitución, ésta debe ser una tarea del Estado de Guatemala, y concretamente del Presidente de la República.

Castresana con su supuesta novia jamaiquina Audrey Harris y la mamá de ella, departen en un restaurante local. Haber publicado esta foto no constituye un «complot» contra Castresana, o la CICIG o el Gobierno de Colom

Además, el doctor en derecho y destacado periodista radial Mario David García informó en su escuchado programa que transmite por Emisoras Unidas sobre la supuesta infidelidad conyugal de ese individuo, porque está casado con una periodista mexicana que le tiene demandado porque se ha enterado que sostiene una relación íntima con una joven mujer jamaiquina de nombre Audrey Harris, ex alumna de él en una universidad de jesuitas en Los Ángeles, California, a quien trajo a Guatemala contratada como alta funcionaria de CICIG con un sueldo de US$7 mil mensuales. A mí no me importa si ese señor está perdidamente enamorado –o lo que sea– con esa señorita de raza negra. ¡Eso no es de mi incumbencia! Y no me escandaliza en lo más mínimo… ¡pero es el caso que en la ONU eso está rotundamente prohibido! ¡Y esa fue la verdadera razón por la cual le pidieron su renuncia de la CICIG a Carlos Castresana! Que se deje de inventar babosadas para tratar de justificarse porque él lo sabe muy bien.

2) Excelente discurso del embajador Steven McFarland

Por correo electrónico recibí una copia del discurso que pronunció el embajador de Estados Unidos de América, mi estimado amigo Steven McFarland durante la cereminia que hubo en la fiesta que tuvo lugar en su residencia el viernes 02 para festejar el 234 aniversario de la Declaración de Independencia de su gran país, la cual tuvo lugar en Filadelfia el 4 de julio de 1776.  En la fiesta estuvieron presentes más de 700 funcionarios del gobierno de Guatemala y de los Estados Unidos de América, destacados miembros del cuerpo diplomático y de organizaciones internacionales, personalidades de la sociedad civil de Guatemala, del sector privado y de los medios de comunicación, y amigos de esa misión diplomática en el país. Yo no asistí porque ya estoy demasiado viejo para soportar estar de pie durante tanto tiempo y no me gusta tomar whisky que no se a de la mejor calidad y en esas fiestas no lo sirven porque les saldría carísimo si lo hicieran. Además, no me gusta exponerme en las recepciones diplomáticas a tener que saludar a ciertos diplomáticos que no me caen bien y hasta a funcionarios públicos corruptos que me son insoportables. Pero porque soy un decidido admirador de ese país y de sus próceres –particularmente de Thomas Jefferson, quien fue el autor del Acta de Independencia– y, desde luego por considerarlo un excelente discurso, lo reproduzco textualmente a continuación:
«Muchísimas gracias por venir estar tarde y estar con nosotros.  Celebramos hoy, dos días antes, la independencia de los Estados Unidos de América.  La creación de los Estados Unidos no sólo fue una revolución política, sino una revolución social, casi un salto al vacío.  Los artífices fueron hombres y mujeres de todos los estratos sociales.  Encontraron que una cosa es declarar la independencia, y otra cosa es construir una democracia.  El respeto a la libertad de prensa, la independencia del organismo judicial, el aceptar la competencia partidaria y la alternancia en el poder – todos estos principios que a los norteamericanos nos parecen obvios ahora – requirieron mucho trabajo y liderazgo de los gobernantes, de los opositores, y de la sociedad civil; descubrimos que ningún partido, ningún sector social, ningún gobierno tiene el monopolio de la razón y de los principios.
La República nació con muchas deudas sociales, principalmente la esclavitud y la política hacia los indígenas, y la ausencia de los derechos políticos de la mujer.  Sin embargo, la idea, la convicción, de que los objetivos primordiales de una democracia son la libertad y el bienestar para todos motivó que las siguientes generaciones avanzaran sobre éstos y otros retos.  La equidad de oportunidades para todos, sin importar la raza, etnia, clase, género u orientación sexual, tiene que ser el norte de una democracia.
Los pueblos y gobiernos de Guatemala y de los Estados Unidos estamos unidos por los principios, los retos y las oportunidades que tenemos en común.  Hemos cooperado, en el último año, en la respuesta continental al golpe en Honduras, donde los gobiernos de las Américas enfatizaron que las diferencias políticas, aun las más agudas, deben resolverse a través del diálogo y el respeto a la ley y la democracia.  Hemos cooperado con Guatemala contra la impunidad, con el apoyo de la CICIG y de la comunidad internacional, y contra el hambre, también con el apoyo de otros países de la comunidad internacional.  Para cooperar mejor tenemos que trabajar cada vez más como socios, sobre todo ahora que encontramos en Guatemala una encrucijada en cuanto a la lucha contra la impunidad y por los derechos humanos, y contra la exclusión y la pobreza.
Uno de los retos de trabajar en Guatemala es, como decimos en inglés, “romper la burbuja”.  Hay que salir de esta zona y de esta ciudad, y estar con la gente de a pie, con la gente más necesitada y relegada, para avanzar realmente en los temas que afectan a nuestros pueblos.  Nuestra relación es una relación entre pueblos, no sólo entre gobiernos, entre grupos de la sociedad civil y organizaciones humanitarias de los dos países; muchos de sus representantes están aquí en este evento.  Teniendo en cuenta esta relación entre los dos pueblos, fue alentador ver la respuesta, no sólo del gobierno, sino también de la sociedad civil y del sector privado, ante los desastres del Pacaya y de Agatha.  En ese espíritu, les invito a brindar por los pueblos de Guatemala y de los Estados Unidos y las relaciones entre sus gobiernos.» (Fin del discurso)