OTRA VEZ ME VOY DE elPERIÓDICO

En mi primera mala experiencia con elPeriódico y el ingeniero José Rubén Zamora, después de más de diez años de publicar una columna diaria, recibiendo a cambio un miserable salario, menos que el de una secretaria, el 25 de febrero de 2007 dejé de escribir en este medio por una desagradable situación que se creó entre el ingeniero José Rubén Zamora y yo, principalmente por sus constantes llamadas telefónicas y censuras. Porque, a pesar de que él blasona de que no aplica censura en las columnas de opinión, en numerosas oportunidades me hizo alterar algunos artículos sobre determinadas personas o temas que –según él– le podrían causar problemas financieros. En esa oportunidad el detonante fue una crítica que publiqué al multimillonario empresario Dionisio Gutiérrez por uno de sus habituales programas dominicales en los que solía pontificar sus opiniones.

En consecuencia, el 26 de febrero del 2007 comencé a publicar por Internet este blog y mi primer artículo se llamó Nueva etapa, ¡por fin libre! en el cual informé que dejaba de escribir en elPeriódico. Pero ese mismo día se presentó un amigo que me introdujo a la magia de Internet y comencé a publicar con entera libertad todo lo que pienso y siento en el blog JorgePalmieri.com. Así pasaron ocho años y medio, en los cuales gocé de total libertad para expresar lo que me dio la gana, cuando me dio la gana y con el número de caracteres que me dio la gana, sin tener que depender de las limitaciones que en elPeriódico se me imponían, ni tener que soportar las constantes llamadas telefónicas de censura del ingeniero Zamora, sin poder hacer nada para impedirlo porque, como se dice comúnmente, él tiene la sartén por el mango o, si se prefiere, «donde manda capitán no manda marinero».

Pero ocho años más tarde, el 22 de octubre del año pasado, mi amigo Neto Villa Alfonso y yo fuimos invitados a almorzar en el restaurante Carpaccio por nuestro mutuo amigo el ingeniero Carlos Meany Valerio y, para mi sorpresa, de pronto llegaron a reunirse con nosotros el ingeniero José Rubén Zamora y Julio Godoy Anleu, y en el transcurso de la conversación y el montón de tragos que ingerimos, me pidieron con insistencia que volviese a escribir en elPeriodico, a lo cual inicialmente me negué y expliqué que había sido muy desagradable mi experiencia anterior por la constante censura de Zamora, pero éste me prometió que jamás iba a censurarme y que podría ocupar todo el espacio que quisiera, de donde surgió la idea de escribir no solo una columna semanal, sino también dos páginas completas, miércoles y sábados, en las cuales he venido escribiendo episodios históricos, lo cual comencé a hacer al día siguiente y para explicar por qué volvía a a escribir es este medio publiqué la Miscelánea del 24/10/15 titulada De nuevo en elPeriódico, en la cual dije lo siguiente:

Me da mucho gusto volver a escribir a partir de hoy en este acreditado medio de comunicación. Todo sucedió porque el jueves pasado, durante un almuerzo muy agradable en el restaurante Carpaccio (el cual comenzó a la 1 y 30 de la tarde y terminó a las 10 y 30 de la noche), en el que participamos mis queridos amigos Neto Villa, Carlos Meany Valerio con la bella Karin Dougherty y yo, y al que más tarde se nos unieron José Rubén Zamora y Julio Godoy Anleu, me convencieron de volver a escribir en elPeriódico, que ha jugado un papel transcendental en la investigación y denuncia de la corrupción en Guatemala, por lo que merece mi respeto y simpatía. En un momento de debilidad (o probablemente por el efecto de los tragos) acepté el reto de volver a escribir en este medio, en el que escribí durante muchos años, y cuando dejé de hacerlo fue para escribir en mi blog (Jorgepalmieri.com) y yo creí que nunca más iba a volver a escribir aquí. Pero, ya ven, las vueltas que da la vida, después de escribir durante ocho años y medio en mi blog acepté escribir también en elPeriódico a pesar de que ya tengo 87 años de edad y estoy un poco cansado, porque tengo más de 70 años de escribir. Por lo que soy algo así como el decano de los periodistas vigentes. En las postrimerías de mi vida se me ha presentado este reto que a lo mejor me hará morir con las botas puestas, escribiendo aún en un medio como éste. Lo cual no significa que dejaré de escribir mi blog. Espero volver a contar aquí con la atención de los famosos «cuatro gatos» que antes me leían aquí mismo, durante muchos años.

Así fue como, por la insistente solicitud del ingeniero Zamora, presidente de elPeriódico, volví a escribir en este medio una columna los días lunes y dos páginas completas los días miércoles y sábado. Pero todo cambió cuando critiqué las reiteradas violaciones al artículo 41 de la Convención de Viena Sobre Relaciones Diplomáticas y las imperdonables faltas de respeto tanto al Presidente de la República, Jimmy Morales, como al Nuncio Apostólico, Dennis Teveran, y a los periodistas de opinión de Guatemala  y al embajador de Estados Unidos de América, Todd Robinson, al declarar en una entrevista que no le importa lo que digamos los periodistas ni el Presidente de la República ni el Nuncio Apostólico y Decano del Cuerpo Diplomático sobre su indebido comportamiento, amparándose en que se cree el procónsul del Imperio norteamericano. Porque si bien me parece que tiene derecho a expresar su opinión sobre lo que publicamos los periodistas, me parece una imperdonable falta de respeto al presidente de la República y al Nuncio Apostólico, Decano del Cuerpo Diplomático, decir que no le importa lo que ellos dijeron sobre la no injerencia de los diplomáticos en los asuntos internos de los países anfitriones, en sendos discursos que leyeron durante un almuerzo celebrado en la Nunciatura Apostólica en ocasión del primer aniversario de la elección del papa Francisco. Por esta razón publiqué otro artículo que titulé Respeto quiere respeto, embajador Robinson, en el cual le llamé diplomático afroamericano, como se les llama en Estados Unidos a quienes son de raza negra, y al final le dije que si no enmienda su comportamiento «va a dejar un negro recuerdo más negro que el color de su piel». Lo cual fue mal interpretado por algunos, entre ellos el ingeniero José Rubén Zamora, quien calificó mi comentario como un «feroz ataque racista». Por lo que Zamora publicó un desproporcionado ataque contra mí, diciendo, entre otras cosas, que el personal de elPeriódico estaba «avergonzado» por lo que dije y exigiéndome presentar mis disculpas al embajador Robinson. Pero no exigió al entrometido diplomático estadounidense que se retractara porque ha violado el artículo 41 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y ha faltado al respeto al pueblo de Guatemala en general y al Presidente Constitucional de la República y al Nuncio Apostólico en particular. O sea que para Zamora no tiene ni la menor importancia lo que el embajador Robinson se haya permitido decir públicamente sobre los asuntos internos de Guatemala, aunque sea violando el artículo 41 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Lo cual, en mi humilde opinión, es una falta de dignidad y un desvergonzado servilismo ante el embajador del poderoso imperio estadounidense. ¡Tienen que haber secretos intereses misteriosos de por medio! Eso explica que la primera recepción de bienvenida se la dio Zamora en su residencia, con la asistencia de muchas personas, entre quienes me encontraba yo.

En esa situación, se me exigió que presentase mi disculpa al embajador Robinson por la «ofensa» de haber mencionado su origen afroamericano y el color de su piel. Lo cual había hecho en mi artículo en cuestión, pero sin ánimo de «atacar», ni ofender al embajador Robinson, mucho menos de que mis palabras fuesen «un feroz ataque racial», como dice Zamora. Pero comprendí que, sin quererlo, mis palabras habían golpeado la sutil epidermis de quienes las tomaron como «un feroz ataque racial» y en mi siguiente artículo presenté mis disculpas y expliqué por qué había expresado lo que publiqué y reiteré mi sincera disculpa al embajador Robinson, al ingeniero José Rubén Zamora, a los compañeros de trabajo en elPeriódico que, según el ingeniero Zamora, «se habían sentido avergonzados por mis palabras», a todo el honorable Cuerpo Diplomático acreditado en Guatemala y a toda la comunidad nacional. Pero eso no fue suficiente para Zamora porque, en su opinión, «si deseo seguir escribiendo en elPeriódico debo publicar simplemente una breve nota, escueta, presentando nuevamente mi disculpa, pero sin reiterar en lo más mínimo la explicación de mis comentarios en contra del muchas veces mencionado embajador estadounidense. Lo cual me pareció demasiado de su parte y decidí que no iba a volver a expresar mi disculpa porque hacerlo tantas veces equivaldría a ponerme de rodillas ante el embajador Robinson y el ingeniero José Rubén Zamora. Y eso no se va a poder porque a través de los muchos años que he vivido he aprendido que los seres humanos solamente debemos ponernos de rodillas ante Dios. Y por muy poderoso que sean o se crean míster Todd Robinson y el ingeniero Zamora, no son Dios. Así que si ambos esperaban que iba a volver a pedir disculpas, se van a quedar esperando una eternidad.

En vista de que el ingeniero José Rubén Zamora condicionó que yo siga escribiendo en elPeriódico al decir que si quiero seguir escribiendo en elPeriódico debo obedecer sus exigencias de disculparme en un escueto párrafo, sin decir nada más, debo recordarle que yo no pedí volver a escribir en elPeriódico, sino fue él quien me pidió, insistentemente, que lo hiciera, en presencia de los amigos que he mencionado. Por lo cual he tomado la firme determinación de no volver a escribir  ni una sola palabra más en elPeriódico, aunque fuese el único medio escrito o mediático en el mundo para hacerlo. Afortunadamente tengo este blog en el cual pueden leer mis opiniones quienes deseen hacerlo. De modo que otra vez me retiro de elPeriódico. Y hago constar que si bien Zamora en sus ataques prácticamente me invita a irme de elPeriódico, soy yo quien se retira y no es él quien me despide. Al cabo que ni siquiera me ha pagado ni un solo centavo en más de ocho meses que llevo escribiendo de nuevo desde que regresé. Y ya me cansé de trabajar gratis para él. Sobre todo bajo estas desagradables circunstancias. De manera que digo adiós a elPeriódico y a José Rubén Zamora. ¡Abur!  Y si te vi no me acuerdo. Nunca jamás quiero volver a tener ninguna relación con Zamora. Creo que dos malas experiencias son más que suficientes para convencerme de la clase de gente que es. ¡Nunca más!

Para terminar, no debo dejar de mencionar la doble moral de quien todos los domingos calumnia y difama impunemente en «El Peladero» a innumerables personas de nuestro mundo social, político y económico, como si él fuese un buen ejemplo de impoluta moral. Así, llama impunemente «zepelín» a Julio Ligorría Carballido por su gordura y cobardemente apoda «tarántula» a la ex primera dama y ex candidata presidencial Sandra Torres Casanova. Pero hay que observar que jamás ha atacado en la misma forma a quienes le han dado mucho dinero por su silencio, como Manuel Baldizón, Gustavo Alejos y Alejandro Sinibaldi. ¿Han leído ustedes alguna vez algo en contra de ellos en «El Peladero»? Además, es un chantajista, porque ataca a quienes no le dan el dinero que les pide. Y en su último ataque contra mí acusa al Canciller Carlos Raúl Morales de «escudarse» detrás de mi para que yo sirva de su caja de resonancia para decir lo que he dicho en contra de los abusos del embajador Robinson, solo porque solicitó al Canciller por medio de una tercera persona que le diese una plaza a su íntima amiga, y como no se la dio, ahora se lo cobra con este chantaje. ¡Qué poca madre! ¡Qué desvergüenza! A estas alturas Zamora debería saber de sobra que nunca me he prestado para ser caja de resonancia de ninguno. Yo siempre digo en mi nombre lo que creo y lo que pienso. Finalmente, lamento que este solemne gilipoyas se haya permitido faltarme al respeto a pesar de mi avanzada edad y de mis más de 70 años en el periodismo.