MISCELÁNEA DEL 22/01/16

Un poco de la historia nacional

Estoy consciente de que por escribir sobre este tema voy a correr el riesgo de ser mal interpretado, pero voy a hacerlo aunque sea lo último que haga en lo que me resta de vida. Antes, cuando gobernaron el país los militares autoritarios durante largo tiempo, era peligroso publicar algo en contra de ellos, y yo lo hice muchas veces en el transcurso de mis 70 años de periodismo y, lógicamente, sufrí las consecuencias, como varias persecuciones, cárcel, torturas y tres exilios, dos a México y otro a El Salvador, pero, en cambio –¡qué ironía!– hoy lo peligroso es decir cualquier cosa en defensa de los militares, porque los trasnochados izquierdistas, los ex guerrilleros y sus simpatizantes y los tontos útiles, le califican a uno de “dinosaurio” derechista, reaccionario y cómplice de los militares. Lo cual no es verdad. Por lo menos no en mi caso.

Desde mi juventud, cuando estudiaba secundaria, fui un entusiasta partidario del doctor Juan José Arévalo, y después fui miembro activo del partido Revolucionario, del que fui fundador en su segunda época, y cuando estaba en Washington se me catalogó de comunista, porque defendía por los medios de comunicación al gobierno del coronel Jacobo Árbenz Guzmán y denuncié la intervención de la CIA. Pero poco tiempo después comprobaron que no era comunista y corrigieron el error.

Durante varios de los gobiernos militares autoritarios que se sucedieron fui perseguido, encarcelado, golpeado y exiliado por atreverme a criticar algunas medidas tiránicas. De hecho, fui torturado personalmente por el temible sicario de las dictaduras José Bernabé Linares, jefe de la Policía Secreta del dictador Jorge Ubico y del general Federico Ponce Vaides, hasta el 20 de octubre de 1944, pero después de 1954 desempeñó el mismo papel durante el gobierno «liberacionista» del coronel Carlos Castillo Armas.

Se comete una injusticia al meter en el mismo costal a todos los miembros de una profesión u oficio. Aunque es verdad que ha habido militares nefastos, también los ha habido diferentes. Así como ha habido políticos y nefastos periodistas nefastos, eso no significa que todos los políticos y todos los periodistas sean nefastos. En ese mismo orden de ideas, en nuestra historia ha habido nefastos abogados, muchos de los cuales nos han gobernado y han sido nefastos, como el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien fue dictador durante 22 años, lo cual no significa que todos los abogados sean nefastos. No se debe generalizar. Pero debo reconocer que ha habido muchos militares nefastos a lo largo de nuestra historia, cuya lista sería interminable. Por eso afirmo que no es justo creer que ser militar es sinónimo de ser un «chafarote» vulgar, autoritario, represivo, abusivo y asesino, como, repito, reconozco que ha habido algunos en el transcurso de nuestra triste historia.

Y hoy, después de más de treinta años de guerra fratricida entre el ejército irregular de los guerrilleros contra el ejército regular del Estado, en el contexto de la Guerra Fría, es evidente el propósito de los grupos subversivos de responsabilizar solo a los militares de las matanzas que se produjeron como consecuencia de la subversión que estuvo a cargo de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA), que por disposición de Fidel Castro se reunieron en Nicaragua para constituir la Unidad Revolucionaria Nacionalista de Guatemala (URNG).

Por otra parte, no hay que olvidar que por entonces el gobierno de los Estados Unidos instruía a los oficiales del Ejército y les proporcionaba armas y armamento para combatir a la guerrilla. Pero ahora el gobierno estadounidense ha cambiado de política y apoya a los enemigos del Ejército que entonces  combatió a los comunistas por imposición estadounidense.

La política exterior norteamericana cambió con el presidente Carter y traicionaron a quienes antes auspició, como el Sha Mohammad Reza Shah Pahlavi de Irán y a los dictadores centroamericanos como Anastasio Somoza. Y así comenzó a entrar el marxismo al istmo centroamericano gracias al error del subsecretario de Estado William Bowdler que escogió a los sandinistas para entrar primero a Managua tras la caída de la dinastía Somoza.

Después de haberse firmado el Acta de Paz Firme y Duradera y la consiguiente Amnistía (salvo para delitos de lesa humanidad, con la intención de sostener que en Guatemala hubo genocidio), era de esperarse que ya no se trataría de crear nuevos conflictos como consecuencia de la confrontación armada, pero de nuevo vemos que la están emprendiendo contra algunos de los altos jefes militares que, de acuerdo al mandato de la Constitución de la República, cumplieron con su deber de defender la estabilidad del Estado.

Sin embargo, muchos militantes de izquierda que no vivieron esa época porque aún no habían nacido ahora tratan de vengarse por los medios judiciales de los militares que derrotaron a la subversión guerrillera y les apoyan o aplauden personas que solamente conocen la historia “de oídas”, no la vivieron como quienes entonces ya teníamos uso de razón. No sufrieron los rigores de las acciones guerrilleras como la destrucción de puentes, de plantas de electricidad, de asesinatos a civiles, tales como los embajadores Gordon Mein de Estados Unidos de América y de Alemania, conde Karl von Spreti, del periodista Isidoro Zarco, de varios finqueros que se oponían a colaborar con la subversión, etcétera. Pero a los viles asesinos de estos civiles nunca se les ha llevado ante los tribunales de justicia. Es innegable que a los militares y a los guerrilleros se les mide con dos reglas muy diferentes.

Es lamentable que los guatemaltecos ignoremos la historia desde la llamada conquista de los españoles, que nos dividieron entre indios y ladinos, obligando a los primeros a usar diferentes trajes multicolores para poder identificarles fácilmente por las zonas en las que vivían. Lo cual fue discriminatorio.

Tratar de analizar los episodios de la llamada Conquista sería demasiado largo para publicar en estas páginas, por lo que voy a comenzar a recordar desde la firma del Acta de Independencia, el 15 de septiembre de 1821, episodio en la que se produjo la gran traición original, de parte del Capitán General, jefe político superior y presidente de la Junta Consultiva, brigadier Gabino Gaínza, porque para tratar de mantenerse en el poder traicionó a la corona española al unirse a las familias adineradas de este país, que querían independizarse de España para no tener que pagar más impuestos.

Pero su traición a España la pagó muy cara el brigadier Gaínza después de haber convencido a los signatarios del Acta que estos territorios se debían anexar al Imperio de Agustín de Iturbide (Agustín I de México), porque éste no confió en él y después de la anexión le sustituyó con el general de origen italiano Vicente Filísola.

La anexión ilegal –ilegal, repito—se firmó el 5 de enero de 1822 y a partir de entonces gobernaron Guatemala el Mariscal de Campo, Joaquín Morán, Marquez de Vivanco, el Brigadier Gabino Gaínza del 5 de enero al 21 de febrero de 1822 y del 21 de febrero al 23 de julio de 1822. Entonces el emperador Yturbide, desconfiando de Gaínza, envió al general Vicente Filísola a sustituirle y este gobernó del 23 de junio al 22 de septiembre de 1822, después el general Felipe Codallos, del 22 de noviembre de 1822 al 7 de marzo de 1823. Después, otra vez el general Vicente Filísola del 7 de marzo al 8 de julio de 1823. Pero el Soberano Congreso Constituyente de México decidió deponer al emperador Iturbide y decretó que el gobierno lo ejercería provisionalmente el Supremo Poder Ejecutivo compuesto por tres miembros que se alternarían en la presidencia: don Nicolás Bravo, don Guadalupe Victoria y don Pedro Celestino Negrete.

Por lo cual en estas provincias centroamericanas se estableció el Supremo Poder Ejecutivo que estuvo integrado por Pedro Molina Mazariegos (presidente), Juan Vicente Villacorta y Manuel José Arce. Y como suplentes, el canónigo y doctor Antonio Larrazábal, quien se excusó ante la Asamblea el 10 de julio de 1823. Y se nombró como suplente sustituto del doctor Larrazábal al licenciado Antonio Rivera Cabezas, quien tomó posesión el 10 de julio de 1823.

El 26 de abril de 1825 fue nombrado primer presidente de la República Federal de Centroamérica a Manuel José Arce, quien gobernó como tal hasta el 14 de febrero de 1828. Y fue nombrado primer vicepresidente de la República, don José Francisco Barrundia, y por excusa de él asumió el licenciado Mariano Beltranena, quienes gobernaron hasta el 12 de abril de1829, cuando hizo su aparición en la historia el general oriundo de Honduras Francisco Morazán, quien empezó a gobernar del 16 de septiembre de 1830 al 25 de abril de 1831. Después del 13 de junio de 1831 al 26 de enero de 1832. Luego del 2 al 27 de junio de 1832, después del 23 de julio de 1832 al 23 de julio de 1832, después de nuevo en octubre, y luego del 5 de febrero al 17 de junio de 1834, del 29 de julio de 1834 al 2 de febrero de 1835 y del 2 de febrero de 1835. Y así sucesivamente.  (Continuará)