MISCELANEA 14/08/12

1.- Evidente sobredimensión

Erick Bernabé Barrondo primer guatemalteco ganador de una medalla olímpica

Pospongo de nuevo la continuación de mis expresiones de agradecimiento a la Fundación Mario Monteforte Toledo por haberme otorgado este año la Orden que lleva el nombre de ese destacado abogado, prolífico escritor de novelas, periodista y político revolucionario, y la asistencia al acto de numerosos queridos amigos, entre ellos algunas notables personalidades de nuestro país, para referirme a que en mi blog anterior expresé un aplauso y mis calurosas felicitaciones a todos los atletas compatriotas que participaron en la XXX Olimpíada en Londres y, para satisfacción nacional, hay que reconocer que todos se comportaron a la altura. Admiro y felicito especialmente al joven marchista Erick Bernabé Barrondo por haber logrado llegar en segundo lugar a la meta en la marcha de 20 kilómetros y haber obtenido una medalla de plata. Aunque fue lamentable que haya sido descalificado en el kilómetro 35 en la marcha de 50 kilómetros, es innegable que hizo un respetable esfuerzo digno de encomio. Asimismo, hay que felicitar a Ana Sofía Gómez quien se desempeñó muy bien en la competencia de gimnasia, a Elizabeth Zamora en el taekuondó; a Jamy Franco, porque en la marcha de 20 kilómetros logró clasificar en la posición 31; a Mayra Herrera, porque en la marcha en la que participó llegó a la meta en la posición 46; y a Mirna Ortiz, aunque fue descalificada en el kilómetro 8 de la marcha. Estoy seguro que todos hicieron sus mejores esfuerzos por triunfar y obtener una medalla, pero no siempre se gana. Felicito también a Kevin Cordón, por haberse lucido en la competencia de Bádminton y a Juan Ignacio Maegli por haber destacado en la competencia de navegación a vela; y, desde luego, hay que felicitar y agradecer al entrenador cubano Rigoberto Medina, porque les ha preparado lo más que ha podido a pesar del escaso apoyo que ha recibido de las autoridades deportivas y nacionales. Aprovecho para expresar mi cordial felicitación a Willy Kaltshmitt por haber sido nombrado miembro permanente del Comité Olímpico Internacional, gracias a lo cual tuvo el privilegio de colocar la medalla de plata en el cuello de Erick Barrondo y darle un emocionado beso paternal en la mejilla, con lo cual puso de manifiesto la inefable emoción que sintió por el triunfo de ese joven compatriota. Por eso les solicité acudir al aeropuerto internacional La Aurora a recibir  a este muchacho de 21 años que ha sido el primero en nuestra historia en obtener una medalla olímpica de plata. Y a todos en general hay que darles nuestros aplausos por sus encomiables esfuerzos.

Lo dije y lo reitero cuantas veces sea necesario. Pero, aunque comprendo que corro el riesgo de provocar la incomprensión y antipatía de miles de compatriotas. No sería ésta la primera vez que me he expuesto a esas reacciones por expresar lo que pienso. Muchos miles de personas acudieron al aeropuerto a recibirles, o estuvieron esperando en las calles el paso de la caravana a lo largo del trayecto hasta la el Palacio Nacional de la Cultura para vitorear a los atletas, o llenaron por completo, más que cualquiera de los candidatos políticos contemporáneos la Plaza de la Constitución, debo agregar que, en mi opinión, se ha sobredimensionado lo ocurrido en Londres con tan apoteósico recibimiento. No pretendo regatear, en lo más mínimo, los innegables méritos que tiene Barrondo y el derecho que adquirió para que se le reconozca y aplauda por el hecho de haber llegado a la meta en segundo lugar en la marcha de 20 kilómetros y obtenido una Medalla de Plata, su triunfo no debe ser sobredimensionado ni explotado políticamente por el actual gobierno. Me impresiona muchísimo observar la evidente –y urgente– necesidad que compartimos los guatemaltecos de tener motivos para sentirnos orgullosos de que algún compatriota haga algo positivo que merezca nuestro aplauso y reconocimiento, como en el caso del joven marchista Erick Barrondo y de todos los demás atletas que participaron en las XXX Olimpíadas en Londres, probablemente para contrarrestar la creciente depresión en la que vivimos ante tanta criminalidad y tanta corrupción imperantes.

Fotografía en primera plana de Prensa Libre de hoy

Gracias a la transmisión de los canales de televisión pudimos darnos cuenta de que a todo lo largo del trayecto de la caravana, del aeropuerto a la Plaza de la Constitución, hubo muchos miles de personas aclamando con delirio a Barrondo por haber obtenido una medalla de plata, por más que sea la primera que ha ganado un atleta guatemalteco y la cuarta en toda Centroamérica. Es indudable que hechos tan positivos como éste unifican a los guatemaltecos que, por otra parte, estamos tan divididos por las divergencias e intereses políticos y económicos, la insoportable criminalidad común y los constantes escandalosos actos de corrupción. Sin embargo, creo que fue sobredimensionado que varios locutores deportivos, en su paroxismo de entusiasmo, le hayan calificado de «héroe nacional». ¡Poco faltó para que lanzaran su candidatura presidencial! Mientras su papá se permitía el imperdonable abuso –que raya en ultraje– de bailar un merengue mientras se cubría la espalda con la bandera nacional. Y en el Palacio Nacional de la Cultura aguardaba el Presidente de la República, Otto Pérez Molina, acompañado del presidente del Congreso Nacional, el ministro y la viceministra de Cultura y Deportes, el doctor Fernando Beltranena, presidente del Comité Olímpico nacional y algunos altos funcionarios públicos. Por cierto que vimos por televisión que el ministro de Cultura, Carlos Batzin, no hizo el saludo acostumbrado ni cantó el Himno Nacional. Mientras que el Secretario de Divulgación del gobierno aprovechó para exhibir cortos de propaganda. Después del desmesurado homenaje, me pregunto cómo se habrán sentido Erick Barrondo y compañeros al quedarse solos poco tiempo más tarde y enfrentar la dura realidad de la vida en nuestro país, donde se quejan de no tener suficiente apoyo oficial ni privado para sus loables esfuerzos.

Mateo Flores en su casa, poco tiempo antes de morir

No hay que olvidar lo que les ha ocurrido a otros triunfadores en competencias deportivas que a su regreso a Guatemala también fueron recibidos como héroes, como el maratonista Mateo Flores, nacido en Mixco el 11 de febrero de 1922 y fallecido en la más cruel pobreza en la Ciudad de Guatemala, el 11 de agosto de 2011, quien sobresalió en las carreras de 10,000 metros lisos y la maratón. En 1946 descolló en los Juegos de Barranquilla y en 1950 ganó la prueba de media maratón en los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe que se celebraron en Guatemala. En la maratón de  los Juegos Panamericanos de 1955 obtuvo la medalla de oro, y también participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, en el que fue abanderado de Guatemala, y se ubicó en el vigésimo segundo puesto de la competencia. Su máximo triunfo internacional fue su victoria en el maratón de Boston el 19 de abril de 1952. En ese año, y gracias a ese logro, el gobierno de la República le hizo un sobredimensionado homenaje al bautizar con su nombre al Estadio Nacional, que desde entonces lleva su nombre. Mateo Flores se graduó como profesor de educación física, profesión que siguió desempeñando para ganarse la vida después de retirarse. En marzo de 1991, recibió el frívolo galardón denominado «La Ceiba de Oro», como homenaje y reconocimiento personal y por sus hazañas deportivas. Lo cual le ha de haber servido de muy poco. Finalmente, murió en Ciudad de Guatemala el 11 de agosto del 2011 a los 89 años de edad, debido a una enfermedad que le aquejaba desde hacía varios meses.

Teodoro Palacios Flores con todas sus medallas de oro

Y Teodoro Palacios Flores, quien nació en Livingston, Izabal, el 7 de enero de 1939. Dedicó 13 años de su carrera deportiva al salto alto. Primero practicaba fútbol, pero las características físicas que poseía lo motivaron para dedicarse al atletismo. Fue así como empezó a practicar el salto alto. El primer salto que realizó fue de 1.80m., lo cual sorprendió a todos. Saltaba descalzo, tenía que pasar la varilla sentado, lo cual era un estilo muy difícil y en su momento fue también vitoreado por sus hazañas. Pero pasado el entusiasmo ha tenido que vivir en condiciones precarias, aunque otra instalación deportiva ostenta su nombre. En 1958, fue a México para representar a Guatemala por primera vez. Habían competidores de Puerto Rico, México y Estados Unidos de América, entre otros. Pasando la barra de 1.95m. logró conquistar la Medalla de Oro y estableció una nueva marca Nacional, Centroamericana y del Caribe. Ganó el tercer lugar en el Campeonato Mundial, realizado en el año de 1962 en el Madison Square Garden de Nueva York. Participaron también, Valery Brumal de Rusia, Campeón Mundial y John Tomas Sub-Campeón Mundial. Compitió en varias ciudades: Boston, Phiiladelphia, Toronto, Chicago, Winnipeg, Peorí, Baltimore y Búfalo. En todas estas competencias logró obtener una medalla y a estas asistió solo y nadie lo apoyó. Ganó medalla de Oro en los primeros Juegos Iberoamericanos realizados en Chile, en el año 1960 y fue invitado a participar en dos competencias más. En los segundos Juegos Iberoamericanos ganó también una Medalla de Oro. Después fue invitado a Alemania, a donde llegó sin zapatos ni uniforme. En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Puerto Rico ganó la Medalla de Oro. Era la tercera Medalla de Oro que ganaba. En 1962 ganó los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en donde compitieron 39 países. Ese año ganó los Segundo Juegos Iberoamericanos. Sin embargo, los dirigentes deportivos no le quisieron conceder el galardón de designarle «deportista del año» de Guatemala. Teodoro Palacios fue el abanderado de la delegación guatemalteca para las Olimpíadas que se realizaron en México en 1968. Debido a la falta de apoyo, los dirigentes le quitaron la bandera de Guatemala. A pesar de la enorme falta de apoyo, siempre luchó por poner en alto el nombre de Guatemala. Después de 13 años de dedicarse al deporte no recibió ni 5 quetzales como premio. Aunque después se le asignó el pago de Q1,000 mensuales, que en esa época equivalían a US$1,000, pero hoy no son suficientes para cubrir su presupuesto básico. Por eso el actual mandatario, general Pérez Molina, ha solicitado que el Estado le pase US 1,000 mensuales por el resto de su vida.

Hasta ahora, el deporte guatemalteco había estado cerca de obtener una medalla olímpica: en 1980 en Moscú, el caballista Oswaldo Méndez Herbruger y el pequeño gran pugilista Carlos Motta Taracena en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, California, en 1984. Por cierto que a este boxeador que estuvo cerca de ganar una medalla olímpica se le recibió también como héroe y se le prometió que le iban a regalar una casa, pero se cansó de esperarla porque nunca se la dieron y él se vió obligado a irse de inmigrante indocumentado a Estados Unidos de América. Otros que han estado cerca de ganar medallas olímpicas han sido Atila Solti, Juan Romero y Sergio Sánchez en el tiro, Luis Medrano Toj en levantamiento de pesas, y Julio Martínez en la marcha. Todos ellos merecen también el reconocimiento nacional.
Como es bien sabido, los guatemaltecos somos parcos para reconocer los méritos de los demás, pero pródigos para descalificarles y criticarles. Por eso es que no tenemos héroes, comenzando por los Próceres de la Independencia, a quienes no vemos como héroes porque el 15 de septiembre de 1821 firmaron el Acta de Independencia sin derramamiento de sangre. Posteriormente, los guatemaltecos fuimos divididos por las pandillas de bandoleros que conformaron las sucesivas dictaduras liberales y conservadoras. Y a pesar de que tenemos un bellísimo país, un verdadero paraíso tropical, con un clima privilegiado, lo cual es reconocido por los extranjeros que nos visitan, no sentimos orgullo por lo que tenemos ni, mucho menos, por lo que somos. En el campo de la literatura, hemos tenido figuras extraordinarias, mundialmente reconocidas, pero ignoradas o desestimadas en nuestro país, como el gran escritor Enrique Gómez Carrillo, autor de numerosas novelas estupendas, que triunfó en Francia y murió siendo Cónsul de Argentina en París y su féretro fue cubierto con la bandera argentina, no con la guatemalteca, como habría correspondido. El genial poeta, periodista y escritor Miguel Ángel Asturias, considerado uno de los principales protagonistas de la literatura del siglo XX, Premio Lenin de la Paz y Premio Nobel de Literatura 1967. Para ser reconocido tuvo que irse a vivir y a morir al extranjero y cuando murió, en Madrid, el 9 de junio de 1974, después de haber sido Embajador de Guatemala en Francia, su cadáver fue transportado a París en un avión del presidente mexicano Luis Echeverría Álvarez, para ser enterrado en el famoso cementerio Père-Laichase, en una tumba vecina a las tumbas de las más grandes figuras de Francia. El extraordinario escritor y crítico de arte antigüeño Luis Cardoza y Aragón, desde el derrocamiento del segundo gobierno de la Revolución, encabezado por el coronel Jacobo Árbenz, tuvo que vivir muchos años en el exilio, en México, donde murió y está enterrado. Lo mismo puede decirse del genial cuentista Tito Monterroso y del poeta Carlos Illescas. Y hemos tenido presidentes tan ilustres como el abogado liberal Mariano Gálvez, a quien derrocaron los conservadores acusándole vilmente de haber envenenado el agua de las alcantarillas, y tuvo que irse al exilio, a México, donde fue reconocido como abogado brillante e hizo una fortuna litigando, y en el Distrito Federal hay una callecita con su nombre en el pintoresco barrio de San Ángel. Etcétera. ¡Ellos han sido auténticos héroes nacionales!

Finalmente, es evidente que, no contento con tratar de «reformar» la Constitución de la República, el gobierno del general Pérez Molina ha reformado el Himno Nacional de Guatemala, a juzgar por la moderna versión modificada que cantó una joven indígena, parecida a la que hace algunos años cantó y grabó Gaby Moreno y por ello fue sumamente criticada. Porque el Himno Nacional de Guatemala no debe ser interpretado caprichosamente, sino debe ser cantado tal como fue escrito originalmente. Las «reformas» como las que se hicieron no las puede hacer caprichosamente un gobierno sin antes obtener la aprobación del pueblo.

2.- Más sobre el discutido negocio de Puerto Quetzal

En mi blog anterior me referí a la oscura negociación en el Puerto Quetzal y reproduje opiniones encontradas sobre el particular, principalmente el magnífico Editorial que publicó el sábado elPeriódico. Pues bien, me es muy grato reproducir a continuación el excelente artículo que publicó anoche el licenciado Óscar Clemente Marroquín Milla en su periódico La Hora:

Un excelente punto de vista editorial
Lunes 13 de agosto de 2012
El sábado pasado el diario elPeriódico editorializó sobre el negocio del puerto y lo hizo con una claridad y consistencia dignas de reconocimiento. A diferencia de otros editoriales sobre el tema que van y vienen sin decir nada, ese fue contundente para demostrar que estamos frente a un típico caso de simulación de negocio, porque “se encubre el carácter jurídico que se declara, dándose la apariencia de otro de distinta naturaleza.”

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt
En efecto, el usufructo es una enajenación de derechos reales que da al usufructuario la facultad de gozar de los frutos naturales y civiles del bien usufructuado. En cambio, la Ley de Contrataciones del Estado regula en su artículo 95 las concesiones y dice que “para los fines de esta Ley se entiende por concesión la facultad que el Estado otorga a particulares, para que por su cuenta y riesgo construyan, produzcan, monten, instalen, mejoren, adicionen, conserven, restauren y administren una obra, bien o servicio público, bajo el control de la entidad pública concedente, con o sin ocupación de bienes públicos, a cambio de una remuneración que el particular cobre a los usuarios de la obra, bien o servicio”.
Ocurre, sin embargo, que la misma Ley de Contrataciones establece en ese mismo artículo que no se podrán concesionar servicios en los que actualmente el Estado o sus entidades autónomas y descentralizadas obtengan utilidades. Por ello, y para evitar los requisitos que se tienen que llenar para otorgar una concesión, las autoridades de la Portuaria Quetzal se acogieron a la figura del usufructo oneroso. No es lo mismo dar en usufructo un bien para que alguien se beneficie de sus frutos naturales o civiles a entregarlo para que produzcan, monten, instalen, mejoren, adicionen, conserven, restauren y administren una obra, bien o servicio público.
Más claro no canta un gallo y el Presidente de la República debiera de reprender seriamente a sus funcionarios y a los abogados que le han engañado a sabiendas de que lo que están haciendo es una concesión y no un usufructo, porque lo han expuesto al mayor escándalo de su gestión gubernamental con riesgo de que este negocio le marque ante la historia. Eso en el supuesto de que el mandatario sea ajeno al negocio burdo que se fraguó en la empresa portuaria con tanta premeditación, alevosía y ventaja, que hasta se dieron a la tarea en mayo de redactar las normas para regular el usufructo a fin de que esas disposiciones se acomodaran a lo que estaban negociando ya con la gente que se terminó beneficiando con el negocio.
Es opinión bastante generalizada, según lo que he podido comprobar, que el Presidente está al tanto de la situación y que no es ajeno a los planes y preparativos que cuidadosamente se hicieron desde el mismo momento en que se hizo el nombramiento de quien asumiría las funciones de interventor por sus antecedentes y credenciales que no eran de alguien con experiencia en la administración de puertos, pero sí en la negociación con ventajas para sus clientes de negocios con el sector público.
Esa misma opinión generalizada es la que se inclina a pensar que la “suspensión” del negocio no tiene la finalidad de enderezarlo, sino de arreglar los problemas con el sindicato de la empresa para que deje de obstaculizar lo que ya se ha dispuesto hacer.
Yo creo que es importante colocar el tema de la ampliación de los servicios portuarios en la agenda nacional y que tiene que buscarse la mejor forma de ampliar el puerto. Pero cuando digo la mejor forma es pensando en los intereses del país y no de quienes pueden hacer el negocio con ventajas personales. Y para ello la transparencia y publicidad de los actos conducentes a cerrar el negocio tienen que ser públicos y la concesión debe hacerse de conformidad con la ley. (Fin del artículo del Lic. Oscar Clemente Marroquín)

Comento: Este artículo no necesita comentarios.

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