RESIDENCIA DE LA EMBAJADA y 3

Hoy finalizo esta serie de tres artículos relacionados con la forma como el licenciado José López Portillo, entonces Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, me donó la que hoy es elegante, amplia y muy cómoda residencia de la Embajada de Guatemala en aquel país. Después de haber publicado algunas fotografías en las que les mostré el desastre de casa que encontré cuando llegué a asumir el cargo de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Guatemala, en noviembre de 1978, hoy voy a publicar unas fotografías de la residencia que dejé a mis sucesores, sin que le costara ni un solo centavo a Guatemala, gracias a lo cual allá han podido vivir adecuadamente, como corresponde a su alto cargo de representantes de Guatemala, los sucesivos embajadores en aquel país, que en su orden han sido los siguientes: licenciado Julio César Méndez Montenegro (1982-1986), licenciado Antonio Pallarés Buonafina (1986-1989), licenciado Ricardo Gómez Gálvez (1990-1991), licenciado Alejandro Maldonado Aguirre (1991-1995), señor Juan José Serra Castillo (1995-1998), señor Claudio Riedel (1998-2000), licenciado Rómulo Caballeros Otero (2000-2002), señor Jorge Rolando Escoto Marroquín (2002-2004), licenciado Arturo Soto Aguirre (2004-2012), licenciado José Luis Chea Urruela (2008-2011) y señora Rita Claverie de Sciolli (2010-2012). Y me es grato decir que próximamente la ocupará el licenciado Fernando Andrade Díaz-Durán, ex Ministro de Relaciones Exteriores y ex Embajador ante la Organización de Naciones Unidas (ONU). Debo decir que su nombramiento me parece un afortunado acierto del Canciller Harold Caballeros, porque estoy seguro de que tanto el licenciado Andrade Díaz-Durán, como su distinguida esposa, van a desempeñar un digno papel que pondrá en alto el nombre de nuestro país, y sabrán apreciar, cuidar y dar buen uso a esa residencia. Les deseo muchos éxitos y grandes satisfacciones durante su permanencia en México. Lamento decir que algunos de los embajadores que me precedieron –con pocas pero honrosas excepciones– no se ocuparon de darle el debido mantenimiento, a tal extremo de que por falta de impermeabilización del techo, el embajador Méndez Montenegro y su señora, Sara Estrada de la Hoz,  tuvieron que colocar cubetas en distintos lugares de la casa –¡hasta en su habitación!– para recoger las goteras que caían. Y solamente los embajadores Serra Castillo y Soto Aguirre, y sus respectivas esposas, se tomaron el cuidado de obtener los fondos necesarios para reparar los daños y dar mantenimiento a la casa. Particularmente la última embajadora, la estimada señora Rita Claverie de Sciolli, logró reparar lo que se había dañado y dejó la residencia en las mismas condiciones en que la dejamos mi amada esposa y yo. Estoy seguro que también los esposos Andrade Díaz-Durán-Falla sabrán cuidar muy bien la residencia y no permitirán que se deteriore, porque son personas acostumbradas a vivir en esa forma.

Estas son fotografías de la residencia que me donó el Presidente José López Portillo.Les invito a que comparen con las que publiqué en mi blog anterior de la casa alquilada que recibí de mi antecesor:

Entrada a la residencia de Sierra de la Breña 96 rodeada de jardines

Entrada interior a la residencia con amplio espacio para varios automóviles.

Vista de la residencia desde la entrada

Otro aspecto del jardín en la parte frontal.

Vista al jardín en la parte de adelante

Entrada a la casa

En la entrada a la casa, la Embajadora Claverie recibe a sus invitados.

Fila de recibimiento de los invitados.

Gradas para bajar a la sala.

Una parte de la sala.

Aspecto de la sala durante la despedida de la Embajadora Rita Claverie.

Otro aspecto de la sala y los invitados.

En la parte de abajo del piso principal hay una habitación y una sala y al final una Cava que los ex propietarios usaban para fiestas informales.

Comedor

Cocina de la residencia.

Ventanal y lavaderos de la cocina.

Entrada a la alacena de la cocina.

Desayunador o «pantry» con su ventanal.

Amplio jardín en la parte de atrás con piscina para niños y para mayores, Al fondo del jardín hay una amplia churrasquera.

Hacia las habitaciones y a la derecha la puerta del baño de visitas.

Habitación principal con amplio ventanal con vista a la barranca. Si hay un poco de desorden en la habitación es porque la embajadora ya estaba empacando. La vista desde el ventanal de la habitaciòn es muy agradable.

Vista hacia el barranco y a la calle Lomas Altas. Nunca podrán taparle la vista con un edificio elevado.

Cuarto de baño de la habitación principal

Salita familiar

Biblioteca de la salita familiar.

Escalera para bajar al jardín.

Vista desde el jardín.

Otra vista hacia el barranco desde el jardín.

Espero que con estas fotografías que he publicado se habrán podido dar cuenta de la diferencia abismal que hay entre la desagradable, insalubre e inhóspita casa alquilada que encontré al hacerme cargo de la Embajada, en diciembre de 1978, situada en la calle de Goethe, colonia Anzures, donde antes había funcionado una casa de citas, y la mansión que dejé en propiedad en 1982, cuando fue «anulado» mi nombramiento por el «presidente» de facto Efraín Ríos Montt. Y desde entonces ha sido residencia permanente de los sucesivos embajadores de Guatemala, gracias a la donación que me hizo el entonces Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, mi buen amigo el licenciado José López Portillo.

Y pensar que cuando fue derrocado el Presidente Romeo Lucas García, quien me había nombrado, y presenté mi renuncia al gobierno de facto tan pronto supe lo del golpe de Estado, pero el ministerio de Relaciones Exteriores hizo caso omiso de mi renuncia  y «anuló» mi nombramiento, tras de lo cual me dieron el plazo perentorio de tres (3) días para desalojar la casa y cuando les dije que era poco tiempo para preparar mi menaje de casa, alargaron el plazo hasta quince (15) días –diciendo que lo hacían «por razones humanitarias»– para que saliera de la residencia que me había donado el Presidente José López Portillo. Como dice la gente sencilla del campo, «así paga el diablo a quien bien le sirve».

Para ponerle la guinda al pastel, voy a reproducir abajo los primeros recibos que firmé un mes después de haberme hecho cargo de la Embajada, el primero del sueldo mensual y el segundo «por compensación» por estar viviendo en un país ajeno y ser más elevado el coste de vida. Pero en cuanto los recibí vine a Guatemala a decir al Canciller Rafael Castillo Valdés y al Presidente Romeo Lucas García, que el salario era una miseria y los «gastos de bonificación» eran ridículos y exigir que me aumentaran el primero y me dieran aceptables gastos de representación. Por fortuna, mi amigo el Presidente Lucas García ordenó a la Cancillería que de inmediato se accediera a mi exigencia. Háganme el favor de ver dichos recibos:


Como he dicho varias veces, ni las gracias me dieron por esta valiosa adquisición, lo cual no me extrañó porque conozco la ingratitud caractéristica en Guatemala, pero sí me dolía, y mucho, que no se le hiciera algún reconocimiento al ex Presidente José López Portillo, con lo que se expresaría el agradecimiento que era de esperarse. Pero, afortunadamente, la Embajadora Rita Claverie de Sciolli comprendió la situación y, en consecuencia, el 10 de enero próximo pasado se hizo la develación de una placa en la que se hace dicho reconocimiento que me es muy grato volver a reproducir porque soy una persona muy agradecida,

Después de la develación de la placa, de izquierda a derecha Aury Ruiz Castañeda «La Muñecona», la Embajadora Rita Claverie de Sciolli, el autor de estas líoneas, la encantadora Regina Mejía de Toledo, su esposo el escultor José «Pepo» Toledo Ordóñez y el licenciado Roberto López Villatoro.

¡Por fin un reconocimiento al ex Presidente José López Portillo por haberme donado esta residencia y a mí por haberla obtenido para beneficio de mis sucesores!

Twitter @jorgepalmieri