LOS ACUERDOS DE PAZ 15 AÑOS DESPUÉS

En el escuchado programa radial titulado A Primera Hora, que transmite la cadena de Emisoras Unidas a partir de las 8am bajo la dirección del periodista Felipe Valenzuela Carrillo, hoy se abordó el tema de los Acuerdos de Paz 15 años después, con la valiosa participación del Politólogo Héctor Rosada Granados, ex-secretario de la Presidencia de la República para la Paz; negociador del Gobierno de Guatemala con la insurgente Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) entre junio de 1993 y diciembre de 1995 y autor del análisis titulado El proceso de paz y sus contradicciones publicado en la Revista de la Universidad de San Carlos No 3, 9/1988; el abogado y militante político Manuel Conde Orellana, ex secretario general del gobierno del presidente Jorge Serrano Elías, fundador y presidente del Instituto Centroamericano para la Paz y la Reconciliación, ex candidato presidencial del partido Unión Democrática y ex presidente de la Comisión de Paz del Parlamento Centroamericano (PARLACEN) durante tres períodos, quien participó en las reuniones para acordar algunos de los Acuerdos de Paz; y el ex guerrillero Gustavo Porras Castejón, autor del libro titulado  Las Huellas de Guatemala en el cual narra con amenidad una parte de lo que fue su participación en la guerra fratricida y en el proceso de paz al lado de su amigo Álvaro Arzú Irigoyen, antes y en el transcurso del tiempo que éste fue Presidente de la República y él fue su Secretario particular, durante el cual se firmó el Acuerdo de Paz Firme y Duradera, el 29 de diciembre de 1996, que puso punto final a la esteril guerra fratricida que duró tres décadas entre el ejército irregular de las guerrillas subversivas y pro comunistas y el ejército regular de los gobiernos militares que se sucedieron.

En mi opinión, fue un programa muy ilustrativo e interesante, en el cual se hizo un análisis sencillo pero ilustrativo sobre esos acuerdos y lo que ha ocurrido en el transcurso del tiempo que ha habido desde que se puso fin al Conflicto Armado. Comprendo que hay personas que opinan que ya no se debería hablar más de ese tema porque algunos de los recuerdos pueden abrir más las heridas que se cerraron en 1996 con la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera; pero hay que reconocer que si acaso, en efecto, se cerraron las heridas, es evidente que todavía no han cicatrizado. Por una parte porque creo que la mayoría de los guatemaltecos no se ha tomado el trabajo de leer el texto completo de éste y, por otra parte, porque no se han cumplido los compromisos que se firmaron. Pero, en mi opinión, siempre es saludable revisar cuidadosamente la Historia de los acontecimientos pasados para poder hacerle frente al presente y al futuro. Comprendo que podría estar equivocado, pero sinceramente no creo que lo esté.

En síntesis, fue tan interesante lo que hablaron los protagonistas de este programa que Felipe Valenzuela se vio obligado a robarrle unos minutos al siguiente programa, lo cual todos los radioescuchas le agradecimos. Han anunciado que mañana se hablará más  sobre este mismo tema, para lo cual el invitado será el cardenal Rodolfo Quezada Toruño, ex arzobispo de la capital, quien presidió varias de las delegaciones del gobierno para parlamentar con los delegados guerrilleros. Y aún así, creo que quedará mucho por decir y sería conveniente que pronto organicen programa para el cual deben invitar a otro de los principales protagonistas de la mayoría de los muchos Acuerdos que se suscribieron en diferentes países del mundo previo a la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera, como es el caso del licenciado Mario Permuth Listwa, quien al lado de la recordada Tere Bolaños de Zarco asistieron a la mayoría de esos encuentros y lograron encaminar bastante el objetivo de que cesaran los enfrentamientos armados y lo más pronto posible se firmara la paz.

Columna de Mario Roberto Morales hoy en elPeriódico

Coincidentemente, el periodista y escritor Mario Roberto Morales publica hoy en su habitual espacio semanal en elPeriódico una columna que se refiere a este mismo tema, en la cual afirma ciertas cosas muy atendibles, pero, al mismo tiempo, afirma otras que son muy discutibles. Por considerarlo importante, me voy a permitir glosar dicha columna, para lo cual al final de cada párrafo agregaré mi comentario personal:

De militares y guerrilleros
Breve recuento de hechos fundamentales de nuestra historia inmediata y tres preguntas a responder.
Mario Roberto Morales
Dice Mario Roberto: «El terrorismo de Estado, más que una aberración, es una negación del Estado de Derecho. Sobre esto no creo que haya que discutir mucho. De aquí que argüir que los insurgentes guatemaltecos actuaron “fuera de la ley” y contra el Estado de Derecho, constituya una sonora tontería. A menos, claro, que se considere como Estado de Derecho el representado por los gobiernos de Ydígoras, Castillo Armas, Peralta Azurdia, Arana Osorio, Laugerud García y Mejía Víctores, en cuyo caso la mencionada tontería merecería un calificativo más enfático que ‘sonora’”.

MI COMENTARIO: es indiscutible que los guerrilleros insurgentes y terroristas actuaron fuera de la ley. No creo que ni siquiera el más fanático izquierdista crea pueda negarse. Mario Roberto fue colaborador de la subversión, aunque no fue de los que pelearon como guerrillero, con las armas en la mano en las montañas, pero sirvió de contacto y para transmitir consignas entre los que perseguían la caída del gobierno. Sin embargo, tengo entendido que cuando la subversión se dividió en varios grupos riñó con ellos y por algún motivo que ignoro fue prisionero en Nicaragua de una de las facciones, donde lo tuvieron preso mas de un mes en una habitación a oscuras y con solo un agujero para que hiciera sus necesidades fisiológicas, y, como es natural, cuando fue dejado en libertad se alejó de esas actividades. Sin embargo, reconozco que tiene razón en parte, porque los gobiernos militares represivos que reprimieron a la insurgencia armada no se comportaron de acuerdo a un ideal Estado de Derecho. Pero no debe confundir los regímenes que menciona, porque si bien es cierto que el gobierno del coronel Carlos Castillo Armas fue fruto de una intervención estadounidense, de la CIA con la United Fruit Company y algunos de los terratenientes nacionales y de los militares que se negaron a defender al gobierno de Árbenz porque no estaban de acuerdo con el poder que estaban tomando algunos comunistas, y que el gobierno del coronel Enrique Peralta Azurdia fue consecuencia de un golpe militar contra el Presidente Constitucional de la República, general e ingeniero Miguel Ramón Ydígoras Fuentes; y que el general Óscar Humberto Mejía Víctores fue un jefe de gobierno de facto designado por la Institución militar en sustitución del general Efraín Ríos Montt, quien a su vez llegó al poder a raíz del golpe contra el Presidente Constitucional Romeo Lucas García, no podrá negar que los gobiernos del general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, y de los generales Carlos Manuel Arana Osorio, Eugenio Kjell Laugerud García y Fernando Romeo Lucas García fueron gobernantes legalmente constituidos después de elecciones, aunque las elecciones de Laugerud y Lucas Garcia puedan ser discutibles. Ahora que éstos hayan o no actuado conforme a un ideal Estado de Derecho es otro par de zapatos. Porque no creo que lo hayan pretendido en la guerra contrainsurgente.

MORALES SIGUE DICIENDO: «Pero este es uno de los más socorridos argumentos de la ultraderecha cuando trata de justificar la desbordada respuesta contrainsurgente del Ejército contra las guerrillas, en especial cuando bombardeó con napalm la Sierra de las Minas a fines de los setenta y cuando torturó y asesinó a cientos de miles de civiles desarmados a principios de los ochenta. Eso no fue una guerra. Fue un genocidio perpetrado por hombres entrenados para matar personas indefensas».

MI COMENTARIO: La represión empleada por los sucesivos regímenes militares ante el peligro de la subversión comunista fue, en efecto, desbordada, pero no me c0nsta que el Ejércoto haya «bombardeado con Napalm la Sierra de las Minas a fines de los setenta» ni, tamposo, que haya «torturado y asesinado a cientos de civiles desarmados a principios de los ochetanta». Y tiene razón cuando dice que «eso no fue una guerra», porque en verdad no fue una guerra regular. Pero no tiene razón cuando dice que «fue un genocidio perpetrado por hombres entrenados para matar personas indefensas». Él mismo se contradice más adelante de su artículo al decir que no fue un “intento de exterminio”, porque haber intentado exterminar a toda la población indígena (como argumentan algunos “mayas” que viven de la cooperación internacional) hubiese sido suicida para las fuerzas armadas –que se hubieran quedado sin tropas– y para la oligarquía –que se hubiera quedado sin mano de obra barata–, razón por la cual el delito de lesa humanidad perpetrado por el ejército contrainsurgente se hace aún más escandaloso, ya que la matanza fue cuidadosamente cuantificada antes de llevarse a cabo. No se improvisó, sino fue calculada con premeditación, alevosía y ventaja».

SIGUE MARIO ROBERTO: Otro argumento absurdo que la ultraderecha esgrime para justificar la barbarie contrainsurgente, es la de que los guerrilleros eran cobardes porque nunca enfrentaban al Ejército cara a cara. Sobre esto, basta remitir a los ignaros a los rudimentos de la guerra irregular para que entiendan que una guerrilla se trata precisamente de eso: de no librar una guerra regular porque se halla en permanente desventaja ante el aparato militar oficial y necesita golpearlo sólo cuando puede ganar. Después de todo se trata de la hormiga contra el elefante».

MI COMENTARIO: en efecto, es bien sabido que  la estrategia establecida de una guerrilla es «no librar una guerra regular porque se halla en permanente desventaja ante el aparato militar oficial y necesita golpearlo sólo cuando cuando puede ganar». Y entonces por qué se sorprende que, a su vez, el Ejército haya empleado todos los recursos represivos a su alcance para contrarrestar la estrategia guerrillera? ¿Qué quería? ¿Que los militares se dejaran vencer por la estrategia de los guerrilleros y no emplearan sus recursos para derrotarles? ¡No joda!

SIGUE DICIENDO: «Las atrocidades cometidas por ciertas organizaciones guerrilleras en contra de sus propios compañeros y militantes de otras organizaciones con las que rivalizaban, pueden calificarse de asesinatos. Pero lo perpetrado por el Ejército, amparado en el aparato estatal y usando para ello los impuestos pagados por la ciudadanía, fue puro  terrorismo de Estado y genocidio. Y no iba dirigida a los guerrilleros, sino a los indefensos civiles desarmados.»

MI COMENTARIO: él mismo reconoce que «pudo haberse calificado de atrocidades cometidas por ciertas organizaciones guerrilleras contra sus propios compañeros y militantes de otras organizaciones con las que rivalizaban». ¡Cómo no va a saberlo cuando lo sufrió en carne propia al ser encarcelado en Managua por una de las organizaciones guerrilleras.!

CONCLUYE MARIO ROBERTO: «La pírrica victoria resultante fue despreciada por la oligarquía que, después de usar a los militares exigiéndoles mancharse las manos y la moral, los desechó cuando la ONU vino a imponer la paz para que el capital corporativo transnacional pudiera entrar sin problemas y la elite oligárquica pudiera recibirlo mediante una ola privatizadora fraudulenta que le vendió activos del Estado para hacerse socia minoritaria de las nuevas empresas privadas.
Cabe preguntar: ¿valió la pena la victoria de la derecha sobre la izquierda cuyos resultados estamos viviendo desde 1996? ¿Quién empezó el conflicto: la dictadura militar-oligárquica o los guerrilleros que se sublevaron? ¿Volverán las organizaciones de masas movilizadas a tomar las armas ante la probable represión?»

MI COMENTARIO: en esto tiene un poco de razón, en parte, pero sólo en parte. Sin embargo, hay que estar claros que la guerra la comenzaron los subversivos cuando se levantaron en armas contra las autoridades establecidas, hayan sido o no de su agrado, aunque reconozco que esas autoridades eran intolerantes y autoritarias y que esas eran las condiciones por las cuales la subversión se inició. Ahora, que si «volverán las organizaciones de masas movilizadas a tomar las armas ante la probable represión», lo dudo mucho. Aunque todo cabe en lo posible, mayormente ahora que ya no existe un ejército como el que había entonces, capaz de sostener y ganar una guerra durante tres décadas.

twitter@jorgepalmieri