DIA DE LA AMISTAD Y EL CARIÑO

Hoy hemos celebrado El Día de la Amistad y del  Cariño. El origen de esta celebración fue el Día de San Valentín, creado en los países capitalistas para consolidar aún más la explotación del imperante consumismo; y, con el objetivo de que fuese dedicada particularmente a los enamorados, estipularon que su objetivo eran los enamorados, los novios, los esposos, los amantes, los enamorados en general. Sobre todo de parte de los miembros del sexo masculino, más que del femenino, para que los varones –que por lo general son quienes tienen el dinero para pagar los obsequios- pudiesen pagar lo que fuese necesario para patentizar sus sentimientos afectuosos a sus parejas, quienes, por cierto, se limitaban a dejarse festejar por sus correspondientes pretendientes, enamorados, novios, esposos, amantes, esposos o simplemente “compañeros de vida”. Porque no hay que olvidar que hay muchas personas que son varones que son denominados “gay”, y que también hay muchas mujeres homosexuales que son llamadas lesbianas, que prefieren gozar del placer del sexo con personas de su mismo género, y de quienes se dice que son discípulas o inspiradas por Safo, poetisa de la isla griega Lesbos, situada en la ribera del Mar Egeo, autora de los Epitalamios y de las Odas a Afrodita. Safo perteneció a una sociedad llamada thiasos en donde supuestamente se preparaba a las jóvenes para el matrimonio. Más adelante conforma la llamada «Casa de las servidoras de las Musas«. Allí sus discípulas también aprendían a recitar poesía, a cantarla, a confeccionar coronas y colgantes de flores, etcétera. A partir de sus poemas se suele deducir que Safo se enamoraba de todas sus discípulas y mantenía relaciones sexuales con muchas de ellas. Todo esto la ha convertido en un símbolo del amor entre mujeres, en su honor identidicadas como lesbianas. Y es más, estas afirmaciones son comprobadas  donde Safo establece una conversación con la diosa con la que más se identifica y tiene relación, que es Afrodita. Ésta le pide que la ayude con alguien a quien ama pero no le ha querido prestar atención, y cuando Afrodita dice “…aún sin quererlo” utiliza un participio femenino que refleja la existencia de un eros homosexual en la vida de esta poeta. Pero el amor que refleja Safo no fue dado a todas sus alumnas, pues no se trataba de una orgía, ni mucho menos, ella amaba a una sola mujer, a una en especial que era la dueña de su corazón y le enseñaba importantes lecciones sobre el arte del amor. La unión de lo terrenal con lo divino va muy ligado a Safo, pues esta mantenía una estrecha comunicación con Afrodita, como ya se ha dicho, lo cual repercutió de una manera notable en la personalidad de esta singular poeta. «Podríamos describirla como una mujer muy femenina, delicada y espiritual, que trascendió en la Historia gracias a esa naturalidad y pureza de sus versos. Cuenta la leyenda surgida a partir de algún fragmento de la propia poeta en el que hace mención de Faón, un hombre bello del que se enamoró la propia diosa Afrodita según el mito, que se suicidó desde la roca de Léucade lanzándose al mar cuando su amor por Faón no se vio correspondido. Esta roca de la isla de Léucade era, al parecer, desde donde se lanzaban con frecuencia los enamorados para suicidarse. Otra versión afirma que Safo lo escribió como metáfora de una decepción amorosa que tuvo con una de sus amadas, ya que en uno de sus fragmentos se describe como alguien que ya ha llegado a la vejez, «incapaz de amar». El tema fue retomado por el poeta latino Ovidio, que lo popularizó. En efecto, el poeta latino convirtió a Safo en una de sus Heroínas, como autora de una carta de amor dirigida a Faón. De todas las heroínas de Ovidio, Safo es la única mujer real, es el único caso en el que una mujer se convierte en personaje de ficción. Esta imagen de Safo atormentada por un amor no correspondido fue muy querida y representada por los grandes pintores europeos del s. XIX, que reflejan una visión romántica de Safo con el pelo largo apoyada en la roca. Grandes autores como el filósofo Platón, como Giovanni Boccaccio, uno de los padres de la literatura en italiano, junto con Dante y Petrarca. Compuso varias obras en latín. Es recordado sobre todo por ser el autor de El Decamerón, un libro constituido por cien cuentos, algunos de ellos novelas cortas, alrededor de tres temas: el amor, la inteligencia humana y la fortuna. Para engarzar estas cien historias, Boccaccio estableció un marco de referencia narrativo. La obra comienza con una descripción de la peste bubónica (la epidemia de peste negra que golpeó a Florencia en 1348), lo que da motivo a que un grupo de diez jóvenes, siete mujeres y tres hombres que huyen de la plaga, se refugien en una villa en las afueras de Florencia.

Con el fin de entretenerse, cada miembro del grupo cuenta una historia por cada una de las diez noches que pasan en la villa, lo que da nombre en griego al libro. Además, cada uno de los diez personajes se nombra jefe del grupo cada uno de los diez días alternadamente. Cada día, a excepción del primero y noveno en que los cuentos son de tema libre, uno de los jóvenes es nombrado «rey» y decide el tema sobre el que versarán los cuentos; el poeta Baudelaire (Charles Pierre Baudelaire), poeta, crítico de arte y traductor francés. Fue llamado «poeta maldito«, debido a su vida de bohemia y a sus excesos licenciosos, autor entre otras cosas del poema «Las flores del mal«, condenado por la iglesia católica por la visión del mal que impregna su obra. Un famoso periodista y escritor francés, dijo de él que fue “el Dante de una época decadente”. Para muchos fue el poeta de más fuerte impacto en el simbolismo francés. Las influencias más importantes sobre él fueron Theofile Gauthier, Joseph de Maistre, Baudelaire (de quien dijo que le había enseñado a pensar) y, en particular, el novelista patético estadounidense Edgar Allan Poe, a quien tradujo extensamente; o como Lord Byron, poeta, ensayista, músico y crítico británico nacido en Grecia; o como el poeta estadounidense Ezra Pound, perteneciente a la Lost Generation («Generación perdida») que predicó fogosamente el rescate de la poesía antigua para ponerla al servicio de una concepción moderna, conceptual y al mismo tiempo fragmentaria; o la escritora británica Virginia Woolf, novelista, ensayista, escritora de cartas, editora, feminista y escritora de cuentos, considerada como una de las más destacadas figuras del modernismo literario del siglo XX. Y si me perdonan la impertinencia, aunque no tengo derecho a mencionarme detrás de ellos, debo reconocer que también yo las admiro. Según la poca historia de su vida que se conoce, me complace declarar que el más fuerte amor homosexual que Safo sintió fue por otra mujer fue por Erinne. Se sabe que Safo amó tanto a mujeres como a hombres, algo que entre los antiguos griegos se consideraba normal y aceptable, y en sus versos cantó su amor hacia las mujeres sin tapujo alguno, lo cual hizo que a lo largo de los siglos bastantes detractores se referieran a ella de forma despectiva. Como es bien sabido el nombre Safo dió origen al término sáfico, mientras el lugar de su nacimiento, Lesbos, es el origen del término lesbianismo. Se conocen los nombres de algunas de sus amadas, pues tuvo muchas: Anágora, Eunica, Gongila, Eranna, Telesipa, Andrómeda, Megara y Gorgo. Pero su alumna favorita siempre fue Atthis. Cuando la familia de Atthis decidió retirarla de la enseñanza para alejarla del amor homosexual y casarla con un muchacho, la poetisa, pesarosa por la separación, escribió el doloso poema El Adiós a Atthis, que es un canto de amor. Y cuando el dictador Pitaco la mandó al exilio a la isla de Siracusa (hoy Sicilia), Safo contrajo matrimonio con Kerkilos, un rico mercader con el que tuvo una hija llamada Kleis, y se convirtió en el centro de la vida cultural y artística de esta ciudad. Su marido era un hombre muy viejo y murió al poco tiempo dejándole una gran herencia que dilapidó en una academia para las artes a la que podían ingresar únicamente mujeres jóvenes y bellas, dizque para prepararlas para el matrimonio. Les enseñaba el arte de dar placer sexual a sus maridos. Safo rendía culto a Afrodita, la diosa del amor y de la belleza. Su poesía se caracteriza por su sencillez, intimismo y sentimiento. Los versos son tan apasionados como simples, y dejan clara constancia de su atracción y relación con otras mujeres, aunque hay que decir que también tuvo amantes heterosexuales, especialmente el poeta Alceo, de quien habla en sus poemas. Casi toda su poesía está dedicada a mujeres, y alguna cuantas a sus hermanos. En total escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conserva una mínima parte de ellos. Su poema más importante es la Oda a Afrodita. También conviene anotar que, ya en pleno siglo XX se descubrió un papiro con seis fragmentos de sus poemas y la Oda a las Nereidas. Originalmente escribió sus obras en el dialecto aeólico, y sus poemas fueron copiados muchas veces a lo largo del tiempo en las epocas griega, romana, bizantina, etcétera. Sin embargo, en el año 1.073 d.c. el papa Gregorio VII ordenó quemar todos los manuscritos con los poemas sáficos, porque los consideraba «inmorales y pecaminosos» ¡Quién iba a decir que algún día se habría de saber que en la iglesia católica ha habido tantos curas pedófilos! ¡Pero quemaron muchos de los manuscritos de los poemas de Safo!

Volviendo a la promoción de ventas comerciales en el Día de la Amistad y el Cariño, para que no se fuese a creer que eran sólo los joyeros quienes estaban detrás de esta idea del genial mercadólogo que lo inventó, decidieron que no era indispensable obsequiar a la pareja anillos con brillante ni pulseras enjoyadas, y promovieron la venta de flores y chocolates. Como consecuencia lógica, desde entonces la moda impuesta en muchos países capitalistas es que el varón debe regalar este día chocolates o flores a su esposa, amiga, pareja o compañera de vida… razón por la cual quienes cultivan y venden flores aumentan los precios, a veces desconsideradamente, adueñándose de la celebración, como que si hubiese sido creada sólo para su beneficio. Y los productores y vendedores de chocolates aprovechan para vender más y más caro su producto. ¡Lo cual, como es comprensible, no le hace mucha gracia a quienes pagan los regalos! Pero debo agregar que otros que también resultan muy beneficiados en este día son quienes venden comida, los restauranteros, porque este día se llenan tanto en el almuerzo como en la cena. Se llenan de parejas de personas algunas veces acarameladas que se simpatizan mútuamente o se aman. O por lo menos pretenden que lo hacen.

Aunque dicen que el cliente siempre tiene la razón, lo cierto es que éste soporta todas las inclementes andanadas del mercantilismo! ¡No hay quién haya podido contra eso! ¡Cuando no es por una cosa es por otra! En los últimos días de diciembre hay que hacer compras por el niño Dios o Santa Claus y, tras ellos, el 6 de enero, por los supuestos “reyes magos”; que ni eran reyes ni eran magos, porque eran tres astrólogos que creían que habían leído en el firmamento que por esos días iba a nacer el Mesías, y que para llegar al sitio exacto de su nacimiento deberían seguir la ruta que les indicaba una estrella brillante… que al final de cuentas resultó ser Venus en el Solsticio de Primavera, fecha que coincidía con las fiestas paganas judías. Y los tres supuestos “magos” estaban tan desorientados los pobres que fueron tan babosos de preguntar a Herodes “el malo”, rey de Judea, en qué lugar iba a nacer el anunciado Mesías a quien querían llevar unos presentes. Y  Herodes temía la llegada del tal Mesías porque creía que quería destronarle. Como consecuencia de lo cual mandó a sus sicarios que asesinaran a todos los niños recién nacidos en el transcurso de enero. Afortunadamente, el viejo carpintero José estaba empadronado en Belén y por cumplir con ese requisito abandonó Jerusalén con su joven esposa, María, que estaba embarazada pero  a pesar de ello se dice que conservó su virginidad porque su hijo fue concebido “por obra y gracias del Espíritu Santo (lo cual José lo creyó), pero ya estaba a punto de dar a luz a Jesús, por lo que se trasladaron a Belén, donde Jesús nació.

Pero volviendo al tema del que comencé a escribir (perdonen la divagación), los genios de la publicidad comercial comprendieron que sería productivo ampliar el volumen de consumidores y convirtieron al Día de San Valentín en Día de la Amistad y el Cariño. Y es por ello que hoy celebramos el Día de la Amistad y el Cariño. Para que así no tengamos que seguir la costumbre de los gringos de festejar a San Valentín, pero en alguna forma expresemos nuestra simpatía o afecto a las personas que conocemos. Y esta es la razón por la cual yo les insto respetuosamente a que lo celebren. No para que regalen lo que se acostumbra, joyas, chocolates y flores, sino para expresar en esa forma su amistad o afecto a sus amigos y a sus parientes y a todos los que le merezcan cariño. Y si fuere el caso, por lo menos hágale algún cariño a su mascota.

Y si por cualquier motivo desafortunado usted no tiene ni amigos, ni personas queridas, ni nadie a quien pueda darle afecto, ojala que sí tenga por lo menos un perro, o un gato, o cualquier otra mascota, un “pet” (como se dice en inglés), alguien o algo, en fin, a lo que hoy pueda expresar su afecto. Quienes tenemos la fortuna de tener un perrito faldero al que queremos, debemos darle alguna muestra especial de nuestro cariño. Yo por eso hoy le dí sus regalos favoritos a  nuestra querida perra que se llama Lola. Bueno, formalmente se llama Dolores, pero por afecto la llamamos Lola.

Sea a quien sea o a lo que sea, pero exprese hoy su amor, su amistad, su simpatía, su afecto. Y créame que se sentirá muy bien después de haberlo hecho. Y si por acaso no fuese correspondido, porque por algún motivo la persona no corresponde a su amor, a su afecto, a su simpatía o sencillamente a su relación familiar, que no le importe. De todas maneras sienta usted simpatía hacia sus familiares, parientes y amigos. Sea que lo comprenda o no, todos los seres de la creación somos hermanos, tanto humanos como animales. Y a veces recordamos lo que dijo un día el humorista irlandés George Bernard Shaw: «Mientras más conozco a los humanos más quiero a los animales». Todos somos hijos de Dios. Por su bien se lo digo, estimado lector: si tiene escondido algún rencor, aproveche para liberarse hoy de él, porque, si lo conserva, el único perjudicado será usted. No será la persona a quien usted guarda rencor porque a lo mejor ni se entera adentro de usted hay un negativo sentimiento de rencor contra él que está perjudicando la salud de quien lo siente. Porque el rencor es un cáncer que corroe el alma y no admite otra terapia que no sea amor.

Si por acaso entre todos mis estimados lectores hay tan siquiera uno -uno siquiera- que sea permeable a esta actitud y siga mi consejo, me daré por feliz y satisfecho. De lo contrario comprenderé que otra vez he arado en el mar. Como lo he hecho antes muchas veces. Pero ni modo, así es esto de escribir tonterías. Sin embargo, nada ni nadie podrá quitarme la satisfacción de haber tratado de convencer a por lo menos uno de mis lectores que exprese amor, cariño o amistad a alguna persona… o a su mascota.