MISCELÁNEA DEL 11/04/15

1.- Injusta negación de la inteligencia y la erudición de muchos guatemaltecos

Con ocasión de la muerte de mi viejo amigo, contemporáneo y colega, el ex periodista, banquero e historiador Julio Vielmann Pineda (qepd), uno de los fundadores de elPeriódico, quien durante muchos años trató de convertirse en el Ombudsman de los Lectores, el ingeniero y periodista José Rubén Zamora, presidente de elPeriódico, declaró al reportero de ese diario Óscar F. Herrera que con su muerte «se terminan los pocos eruditos del país y agregó. «“Solo queda Francisco Pérez de Antón y de allí, se acabó la inteligencia en Guatemala”. La nota en cuestión publicada en elPeriódico el jueves 9 del mes en curso, sobre el fallecimiento de Julio Vielmann dice lo siguiente:

Fallece Julio Vielman Pineda, fundador de «elPeriódico»

Implacable Defensor del Lector, con una amplia experiencia en medios escritos del país

El escritor, banquero y periodista falleció a los 87 años. En septiembre pasado publicó un libro sobre el periodo independentista.

Ayer falleció Julio Vielman Pineda, fundador de este matutino, periodista, banquero e historiador, com amplio conocimiento en la redacción para medios escritos. Impulsó la figura del Defensor del Lector, popular en los medios escritos europeos. Eterno enamorado del buen periodismo, allá por los años cuarenta y luego de graduarse y luego de graduarse de Licenciado en Gobierno y Economía en la Universidad de Harvard, Massachussets, Estados Unidos, retornó al país con la vista puesta en trabajar en la noble profesión de informar. Aceptó ser reportero redactor en el primer Nuestro Diario, El Imparcial y en Prensa Libre, devengando salarios mensuales inferiores a Q125. Escribía en todas las secciones de los diarios como notas rojas, cultura y filosofía. Era el tiempo de la dictadura del general Miguel Ydígoras Fuentes, cuando Vielman publicó un reportaje que señaló los principales errores económicos del régimen.

Ese trabajo le valió la enemistad del gobernante, al punto que el dictador lo citó a su oficina donde le reclamó las críticas de su publicación, y entre gritos y vituperios le propinó un puñetazo en la cabeza seguido de un puntapié en la pierna. Tras la agresión, el periodista se dio la vuelta y salió de aquel despacho con la terrible sensación de que recibiría un disparo en la espalda, “estaba histérico porque lo había dejado hablando solo”, indicó el comunicador en una entrevista.

Conociendo las acciones de la dictadura, Vielman, temeroso de ser víctima de un atentado, buscó apoyo en la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), la cual salió en defensa del comunicador.

El Defensor del Lector

Dueño de un sarcasmo e ironía solo comparable con los grandes pensadores del país, Vielman promovió la figura del Defensor del Lector, puesto que ocupó ad honorem por cinco años entre 2004 y 2009.

Semana a semana escribía una lacerante columna donde evidenciaba errores, incoherencias y gazapos de publicaciones de este matutino a la vez que elogiaba coberturas profesionales cobre corrupción y enriquecimiento ilícito.

Decidió retirarse por la poca voluntad de algunos ex colaboradores de ‘elPeriódico’ a cambiar algunas metodologías de trabajo. En una oportunidad dijo: “Fue una etapa importante en el periodismo nacional, pero Guatemala no está preparada para un Defensor del Lector”.

“elPeriódico está de luto”

«El presidente de este matutino, Jose Rubén Zamora, expresó sus condolencias y lamentó que con la muerte de Julio Vielman, a quien calificó como “un tipazo”, se terminan los pocos eruditos del país. “Solo queda Francisco Pérez de Antón y de allí, se acabó la inteligencia en Guatemala”, dijo con evidente conmoción.

«Pocas cosas son tan ennoblecedoras de la profesión periodística como el descubrimiento y publicación de actos de corrupción por servidores públicos. En esto, elPeriódico ha sido un adalid y con ello ha contribuido a limpiar y mejorar la gestión pública en el país. Sin embargo, como todo diario en todo el mundo, elPeriódico tiene que cuidarse de que el celo ardoroso que a veces genera este género de periodismo, no comprometa su tarea de permanecer fiel a principios de objetividad, justicia y equidad”. Extracto de uno de los artículos de Julio Vielman Pineda como Defensor del Lector publicado en 2004. (Fin del artículo)

 No es mi propósito discutir los méritos de mi viejo amigo y colega contemporáneo Julio Vielmann, quien trató en vano de convertirse en el Ombudsman o «Defensor del Lector» de Guatemala, mucho menos pongo en duda la ampliamente reconocida erudición y elevada calidad de escritor y novelista –y como persona– de mi admirado y querido amigo Francisco (Paco) Pérez de Antón. Pero, sinceramente, creo que mi amigo Chepe Zamora hizo esa declaración a Óscar Herrera al calor de los tragos y conmocionado por la noticia de la defunción de Vielmann, o como si estuviese escribiendo una nota para esa discutible sección dominical denominada «El Peladero», en la que por principio se denigra y desprestigia a casi todo el mundo, porque, dicho en otras palabras populares, no queda mico parado. Además, me parece que Zamora fue inexacto e injusto al decir que con la muerte de Julio Vielmann se acaban en Guatemala la inteligencia y la erudición. En mi opinión, a Vielmann le sobreviven en el país una enorme cantidad de personas suficientemente inteligentes y eruditas. Lo que pasa es que, debido a nuestra baja autoestima, los guatemaltecos acostumbramos no reconocer los méritos de nuestros compatriotas. Lo cual me parece injusto y dañino para el país.
Finalmente, que me perdone mi estimado amigo Chepe Zamora, pero no le reconozco la capacidad ni la autoridad intelectual para calificar la inteligencia y erudición de los guatemaltecos como para decidir quién es inteligente y erudito y quién no lo es. En lo personal, yo barajo mi trecho (como decimos popularmente) gracias a lo mucho que he aprendido en el transcurso de 86 años de vida, y después de haber estudiado ciencias políticas, periodismo y derecho internacional en tres diferentes universidades de Estados Unidos de América y en la facultad de filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y de haber leído durante mi larga vida tantos libros como creo que muy pocos han leído, de haber dedicado casi 70 años al periodismo escrito, televisivo y radial, tanto aquí como en México. Pero me viene del norte y se me resbala cuando alguien me califica de tonto o ignorante. Aunque, como pueden darse cuenta, no me quedo callado cuando alguien lo hace injustificadamente.
2.- El «empujón» de Arzú a Sandoval
Ha causado revuelo mediático en el país la denuncia periodística que hizo mi viejo amigo el veterano periodista Mario Antonio Sandoval, vicepresidente y columnista de Prensa Libre y presidente del canal Guatevisión, en su columna del 8 del mes en curso titulada «Otra estupidez del alcalde Arzú» en la que dijo: «Ayer el alcalde Álvaro Arzú tuvo una acción cuyo único calificativo posible es ese. Nos cruzamos a la salida de Funerales Señoriales, cuando yo iba con un amigo, a quien saludó, para luego arremeter contra mí y empujarme, por lo cual debí espetarle “Verdaderamente, sos un estúpido”.  Se alejó por las gradas.»

Y sigue diciendo: «Mi acompañante dijo que no podía creer lo ocurrido, asombrado sobremanera. Yo pensé acerca de mi criterio, desde hace tiempo, en referencia a la capacidad intelectual del agresor. Obviamente, pierde el juicio (“estado de la razón opuesto al de la locura o delirio”) cuando ve a algún periodista y a un medio independiente. Por eso ha utilizado los recursos municipales para pagar a los redactores de la sección “Prensa libre miente”, o comete impertinencias como haber aburrido a los asistentes hace algunos años a un almuerzo en honor del presidente electo de Honduras Porfirio Lobo con una sarta de mentiras acerca de la maldad de la prensa guatemalteca. Eso sí, adquirió un “premio” de cero importancia para declararlo «uno de los mejores alcaldes del mundo». Más adelante explica: «Todo pasó en unos cinco segundos. Y lo respondí como lo hice, porque cada quien escoge las armas para responder una agresión. Yo decidí hacerlo con el lenguaje.»

Mi comentario: si fue una agresión física deliberada a mi viejo y estimado amigo, el periodista Mario Antonio Sandoval, de parte de mi también es mi viejo amigo, Álvaro Arzú Irigoyen, yo protestaría –pero sin caer en la diatriba– por esa indigna actitud de parte de quien fue el 44º Presidente de la República de Guatemala (de 1996 al 2000), quien antes de terminar su primer año de gobierno firmó la paz «firme y duradera» con las fuerzas de las guerrillas de la Unidad Revolucionaria Nacionalista Guatemalteca (URNG) el 29 de diciembre de 1996, lo cual puso fin a la guerra interna de 36 años de duración; quien ahora es Alcalde de la Ciudad de Guatemala por tercera vez y seguramente será re electo para un próximo período porque ha sido un excelente alcalde que ha transformado positivamente nuestra capital. Esto lo sabemos quienes hemos venido viendo el cambio que se operado desde lo que era antes a lo que ahora es.

Pero a mí me enseñaron en la universidad estadounidense en la que estudié Ciencias de la Comunicación que para ser ecuánime en lo que se quiere publicar es indispensable conocer las diferentes versiones de los hechos. Y cualquiera que lea el virulento y ponzoñoso artículo de José Rubén Zamora va a creer que se trata de un odio personal. Algo parecido al odio que es obvio que le tiene a la señora Roxana Baldetti, Vicepresidenta de la República, la segunda dignataria del país, nos guste o no nos guste, y, además, es una mujer y como tal merece un poco de más respeto. Además, Arzú no ha de ser tan tonto y tan ignorante como lo pinta Chepe. Algún mérito ha de tener puesto que ha sido Presidente Constitucional de la República y Alcalde de la Ciudad de Guatemala en varios períodos. Y de seguro volverá a serlo para el próximo período, insisto. Como me dijo un amigo, «No hay nadie que le haga sombra y todos los demás quedarán en último lugar, y Arzú en el primero. Y probablemente el abstencionismo será el segundo lugar… o posiblemente el primero». Porque no se le puede negar  a Arzú que ha sido un excelente Alcalde de Guatemala. ¡Digan lo que digan! Quienes hemos vivido tantos años hemos podido comprobarlo. Guatemala es otra. Más limpia y más ordenada, entre otras cosas. Y aunque se trate de menospreciar o desprestigiar la labor de la Policía Municipal de Tránsito (PMT), ya nadie estaciona el automóvil donde se le da la regalada gana, desordenadamente, como antes solíamos hacerlo.

En vista de que no tengo el número del teléfono celular de Álvaro Arzú, estuve llamando repetidamente a mi amigo el licenciado Héctor Cifuentes, Secretario de la Municipalidad, y como no me contestó, llamé a continuación a mi amigo Howard Yang, director de Emetra, pero éste tampoco contestó. Entonces acudí a mi amigo el doctor Pedro Villanueva, médico y amigo personal del expresidente de la República y varias veces Alcalde capitalino, y éste me dijo que la versión que conocía era diferente a la que habían publicado primero Mario Antonio Sandoval, en Prensa Libre y después José Rubén Zamora en elPeriódico, porque la denuncia que publicó en su columna el colega Mario Antonio Sandoval provocó que el día siguiente el presidente de elPeriódico, mi amigo José Rubén Zamora publicase el jueves 9 del mes en curso una diatriba sumamente agresiva, ofensiva y grosera sobre ese hecho titulado«Atropello de Arzú» que dice textualmente:

«En Guatemala nada sorprende. Todo, absolutamente todo, es posible. Aún así, de manera insólita, impensable, Mono de Oro Arzú, al salir del funeral de Don Julio Vielman, dio un empujón a Mario Antonio Sandoval, un profesional digno, educado y serio, un hombre honorable que merece un trato respetuoso. Sin embargo Arzú, el padre de la corrupción voraz, escandalosa y galopante de la era democrática, que encontró caminos y atajos –fideicomisos, contratos de administración y oenegés– para burlar la Ley de Compras y Contrataciones, abusivo y prepotente con sus subordinados y, como suele ocurrir con los dictadorzuelos de «repúblicas bananeras», sometido, cobarde y servir ante quienes percibe como más poderosos (lo demostró ante Jorge Antonio Serrano Elías, a quien le temía, al extremo que en contra de su propia convicción, y a regañadientes, aceptó convertirse en prócer de Belice y tuvo que renunciar de Canciller de aquel aprendiz de dictador, para evitar ser interpelado en el Congreso por su fragrante traición a la Patria).

Y continúa: «Solo un cerebro sin arruga e irrigado de bilis, minimalista, carente del elemental cultivo de artes o ciencias, un auténtico «ignorante enciclopédico, como lo definió con tino y públicamente el recordado erudito Jorge Skinner-Klée, solo él, un hombrecillo despojado de cualquier modal, puede recurrir al artero atropello y la patanería para expresar sus diferencias de opinión. Como decían sabiamente nuestros abuelos: las ideas se combaten con ideas, no a golpes.

Continúa: «Alguna vez aseguré que Mono de Oro, debido a que no tiene, lamentablemente, inteligencia, educación, academia, maneras ni modales, suele, con excesiva frecuencia, incluso ante niños y niñas de centros de enseñanza, hacer apología de la ignorancia y la estupidez como ascensor social, con un orgullo jamás observado en el planeta.

Sigue diciendo: «Arzú es un monumento al metabolismo de la prepotencia, la arrogancia, la petulancia e insolencia. Es su identidad. Esos rasgos y características explican gratuitamente su 1-800-SOY.

«Esta vida le dio a Arzú el «loteriazo» de montar su pequeño planeta de los simios en nuestro país, donde él (ahora en la Ciudad de Guatemala) es el jefe y los humanos que la habitamos somos sus esclavos (hasta ahora). Pero evidentemente no es un jefe simio feliz; tiene el hígado retorcido y destilando hiel, aunque el genio humano mitigue su naturaleza llamándolo Mono de Oro.

Continúa: «Ya está viejo para seguir con esas sus mañas, caprichos y arrebatos infantiles. Debería realizar un ejercicio de introspección para buscar transformarse en sus últimos años en un mejor y más humilde simio o changuito. Ni petulancia, arrogancia, prepotencia, poder o dinero acumulado de la corrupción, le serán útiles en el cementerio.

Y concluye: «A Mario Antonio, toda mi solidaridad y apoyo moral y mi disposición de estar a su lado para lo que se ofrezca.» (Fin del artículo de J. R. Zamora)

Mi comentario: Sinceramente, creo que se le pasó la mano a mi amigo Chepe Zamora en su forma tan irrespetuosa y ofensiva de referirse con ese apodo al ex presidente Arzú, actual Alcalde la Ciudad capital por tercera vez (y seguramente lo será por cuarta vez, porque no creo que ninguno de sus posibles oponentes pueda ganarle). Sobre todo si esos oponentes son, como se dice, el ex vicepresidente de la república, doctor Rafael Espada por el PRI, Francisco Morales por el partido Unión del Cambio Nacional (UCN); el señor Nery Rodas por el partido denominado Líder. Y, peor aún, si en verdad lo llega a ser candidata del partido denominado «patriota» (que al final de cuentas ha demostrado que no es muy patriota que digamos) la actual Vicepresidenta Roxana Baldetti, quien no tiene ni la menor posibilidad de ganar por el tremendo desgaste que ha sufrido en los cuatro años del desastroso gobierno del general Otto Fernando Pérez Molina. El partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) no postulará candidato; el presentador de televisión Luis Enrique Cruz (alias «Veneno»), también quiere participar postulado por un Comité Cívico, porque aún no ha conseguido que le postule un partido político. Pero nadie le llegará ni siquiera a los tobillos a Álvaro Arzú, postulado por los partidos Unionista y  Creo. Es evidente que Zamora se limitó a creer y publicar la versión de la parte ofendida para rienda suelta a esa andanada de ofensas contra el ex Presidente de la República y actual Alcalde de la Ciudad capital. Pero supongo que no se tomó la molestia de conocer la otra versión. Porque desde hace mucho tiempo ha venido expresando no sólo muy severas críticas a Arzú, por cualquier motivo, y toda clase de insultos y faltas de respeto, como si se tratase de una inquina personal. Zamora es uno de los más destacados periodistas que por principio abomina de Arzú, entre otras cosas porque le considera arrogante y petulante en su comportamiento personal. Por lo cual Arzú tiene razón en detestar a los periodistas que viven menospreciándole, ofendiéndole, denigrándole, insultándole y difamándole. Es humano que él sienta antipatía por esos periodistas.

Pero lo que sí debería saber Chepe Zamora, si es de verdad no lo sabe, es que Álvaro Arzú no tuvo ninguna participación en el caso del reconocimiento a Belice como estado independiente durante el gobierno del ingeniero Jorge Serrano Elías, como parece que él cree, a pesar de que era el ministro de Relaciones Exteriores. Pero cuando se enteró de que Serrano Elías iba a acceder a la idea del licenciado Antonio Arenales Forno de reconocer la independencia de Belice al nombrar embajador en Belice al empresario Ricardo Bueso, que fue el primer embajador de Guatemala en Belice, y conceder el beneplácito al embajador beliceño en Guatemala, en el acto presentó su renuncia irrevocable aduciendo que era una violación a la Constitución, en vez de tomar parte en esa oscura trama urdida por Arenales Forno a espaldas del pueblo.

 La versión de Álvaro Arzú sobre lo ocurrido en los Funerales Señorial es que cuando él llegaba a presentar su pésame por la muerte de Julio Vielmann, iban saliendo el licenciado Antonio Arenales Forno y un acompañante, que él dice que no reconoció porque nunca le había visto la cara a Mario Antonio Sandoval, vicepresidente de la Junta Directiva de Prensa Libre y Presidente del canal Guatevisión. A pesar de que éste ha escrito muchos artículos criticándole duramente e insultándole, pero él nunca los ha leído por higiene mental porque ya sabe que en ellos le va a criticar, ofender y difamar. Y que cuando él saludó a su amigo, el licenciado Arenales Forno, accidentalmente golpeó con el hombro al acompañante de Arenales, pero sin saber quién era. Pero resultó ser Mario Antonio Sandoval, quien tras el roce le increpó calificándole de estúpido. Pero asegura que él nunca le había visto y por ello no le identificó. Dice que si le hubiese identificado antes de lo ocurrido probablemente le habría reclamado por sus constantes faltas de respeto e insultos en sus artículos. Y que tal caso tal vez no le habría simplemente rozado con el hombro e involuntariamente empujado, sino probablemente le habría pegado una bofetada, como él ha demostrado muchas veces que sabe hacerlo, a pesar de sus 69 años de edad. Y estoy seguro que Mario Antonio, que tiene 68, no habría estado en capacidad física para corresponderle. Por lo cual lo hizo por medio de palabras en su artículo en Prensa Libre. Porque las armas de los periodistas no son las armas ni los golpes, sino las palabras.

En una oportunidad ya un poco lejana, el hijo de un viejo amigo mío salía evidentemente sumamente disgustado de un restaurante de moda y cuando salía, evidentemente enojado, me golpeó con el hombro y me empujó de manera que casi me hizo perder el equilibrio, a mis 85 años de edad, y como es un hombre joven y fornido, mi única respuesta fue gritarle: «¿Vos serote, qué te estás creyendo? ¡Fijate como caminás!» Y entré al establecimiento a reunirme con unos amigos para almorzar. Pero cuando ya estaba tomando asiento, regresó y me tomó del cuello a punto de golpearme y me preguntó: «¿Qué me dijiste?» Y yo le repetí: «Te grité serote por la forma tan grosera como pasaste golpeándome con el hombro, sin tener el menor respeto por mi edad!» Pero tan pronto vieron aquello, mis amigos corrieron en mi auxilio para defenderme. Porque si ese patán grandulón me hubiese llegado a pegar, a sus menos de 50 años de edad, estoy seguro de que sin mucha dificultad me habría dejado fuera de combate. Por lo que tuvo que el patán tuvo que irse con la cola entre las patas. Pero yo no me quejé por medio de la prensa porque había sido un incidente personal y el sujeto es un badulaque sin la menor importancia.

Bueno, ojalá que este desagradable incidente no pase a más y que en adelante todos nos respetemos mútuamente. Que ninguno abuse de su fuerza física y que los periodistas no nos valgamos del poder de nuestros medios para dirimir nuestras diferencias y abusar del mal llamado «cuarto poder». Porque aparte son las cosas personales de los hechos públicos.

Twitter@jorgepalmieri