NADA DE SANTA TIENE LA IDOLATRÍA

Sin ánimo de ofender a nadie ni, mucho menos, de burlarme de los devotos católicos que participan en las largas y vistosas procesiones de la llamada Semana Santa disfrazados de «cucuruchos» y/o de soldados romanos, opino que hay muchos casos en la religión católica en los que se cae en la idolatría cuando los sacerdotes y los fieles se ponen de rodillas para orar ante una escultura o imagen de una persona considerada «santa» y, con más razón, si el santo o la «santa» son considerados «milagrosos». Y ante la imposibilidad de representar a Dios –porque ya se sabe que Dios no tiene figura ni límites–, imponen que Jesús es hijo de Dios y, por lo tanto, es Dios hecho hombre para equipararle a quien los masones llaman «el supremo arquitecto», o sea al creador de todo lo que existe y pueda existir. Pero olvidan que todos –todos los seres vivos por igual– somos criaturas de Dios. Por lo tanto sus hijos.

Pero las religiones cristianas nos han querido hacer creer que sus sacerdotes o ministros son los únicos intermediarios entre Dios y los seres humanos, y que solamente en sus templos en los que se ofician ceremonias se puede encontrar a Dios. Porque no quieren perder el gran negocio si se sabe que para llegar a Dios no hay necesidad de religiones ni de curas o ministros o sacerdotes, ni de templos religiosos. Porque Dios está adentro de cada uno de nosotros. En nuestra conciencia. Por eso fue que la iglesia católica impuso la confesión para que sea un cura el que «perdone» nuestros pecados. Aunque no siempre se les diga la verdad. Pero nuestra Dios esta en nuestra conciencia, y a ésta nunca le podemos mentir. Y no es a un cura a quien debemos pedir perdón por nuestros pecados, sino a Dios, que está en nuestra conciencia.

La Constitución de la República establece que Guatemala es un país laico en el que se garantiza la libertad de cultos. Muy bien. Pero ¿por qué entonces se le conceden tantos privilegios a la iglesia católica, como para que se apoderen del territorio nacional y bloqueen el libre tránsito de vehículos durante la denominada Semana Santa para que tengan vía libre las famosas procesiones en las que se practica el llamado teatro de masas? ¿Existe alguna otra iglesia o religión que lo haga? ¿Hay alguna otra religión que para ciertas celebraciones católicas queman a todas horas (aún a altas horas de la noche) ruidosos cohetes de tubo que suenan como cañones y, sobre todo en un país como Guatemala, donde a través de nuestra historia política se han producido tantos cuartelazos, pareciera que hay otro levantamiento militar. Y actualmente hasta hay muchos que esperan que así sea. En especial durante los días de la cuaresma, en «santa papalina pinula», como solía llamar al municipio de Santa Catarina Pinula el inolvidable y ya desaparecido amigo Antonio (Toni) Pallarés Buonafina, queman incontable de esos ruidosos «cohetes de tubo», que no dejan dormir a nadie. Pero ninguna autoridad «laica» les impone que se respete el silencio de la noche y el derecho a dormir de los demás habitantes, sean de la denominación religiosa que sean. ¡No hay derecho!

Mi vida ha sido una permanente búsqueda de Dios, pero después de haber nacido católico, hijo de una madre que fue devota católica y de un padre que fue fundador y director del semanario denominado «La semana Católica», a pesar de que de católico él tenía tanto como tengo yo de croata o musulmán, y a pesar de haber estudiado la secundaria en el Colegio de Infantes, de los denominados «hermanos maristas» y de haber estudiado en la Universidad de Georgetown de Washington D.C., propiedad de los jesuitas, y de conocer tantos casos de sacerdotes católicos que en vista de la absurda prohibición de casarse o practicar el sexo con mujeres ligadas a ellos tienen amantes entre sus feligresas o cometen actos de pedofilia con menores, como el caso del padre Marcial Maciel, fundador de la orden pontificia denominada Legionarios de Cristo, ya me harté de tanta hipocresía y doble moral.

Pero si acaso alguno se siente ofendido, le presento mis más cumplidas disculpas. Y para ello me valgo en que así la Constitución Política de la República garantiza la libertad de cultos, garantiza también la libertad de expresión.

Pero ya es hora de decir que en el transcurso de mi larga vida de 86 años he conocido muchos casos de sacerdotes católicos que tienen amantes que les llaman «padres» y tienen hijos que les llaman «tíos» o «padrinos» y de otros que abusan sexualmente de inocentes devotos o devotas menores de edad.

Como ejemplo, veamos lo que dice la Enciclopedia Libre Wikipedia de Internet del escandaloso caso del sacerdote mexicano Marcial Maciel y de la Legión de Cristo:

«La Legión de Cristo es una congregación católica de derecho pontificio, fundada el 3 de enero de 1941 en la Ciudad de México por el sacerdote mexicano Marcial Maciel. Según datos del año 2011, la congregación tiene presencia en cuatro de los cinco continentes y cuenta con casas establecidas en 24 países. También cuenta con 4 obispos, 923 sacerdotes y 1993 seminaristas.

Su movimiento seglar es el Regnum Christi, que cuenta con 68 mil miembros en 37 países.4 La Legión de Cristo maneja 15 universidades a través de la Red de Universidades Anáhuac, 43 institutos de estudios superiores y 175 colegios con un alumnado total de aproximadamente 122 mil personas.

En febrero de 2009, la Legión de Cristo anunció que la congregación tenía conocimiento de que su fundador había procreado varios hijos siendo sacerdote, además de que hasta su muerte enfrentó acusaciones por abuso sexual a varios niños y seminaristas, incluyendo a sus propios hijos. A través de un comunicado en marzo de 2010, la Legión de Cristo reconoció las acusaciones de abuso sexual a menores y se desvinculó de su fundador. En enero de 2014 la Legión de Cristo, después de un Capítulo General, informó con más detalle el proceder del P. Maciel y la renovación que había enfrentado su fundación acompañado por los responsables designados por la Santa Sede.

Historia

La congregación de los Legionarios de Cristo fue fundada en la Ciudad de México el 3 de enero de 1941, por el entonces seminarista Marcial Maciel Degollado. El nombre inicial de la congregación era el de Misioneros del Sagrado Corazón y de la Virgen de los Dolores.

El primer noviciado fue fundado el 25 de marzo de 1946, también en la Ciudad de México. A los pocos meses de ese mismo año 1946, parte de la congregación se trasladó a Comillas, en el norte de España, para residir cerca de la Universidad de Comillas y realizar allí parte de sus estudios.

La congregación recibió su aprobación canónica por parte del Vaticano en mayo de 1948. La elección canónica tuvo lugar el 13 de junio de 1948 en la ciudad de Cuernavaca, México. Sus primeros sacerdotes fueron ordenados en 1952.

La primera obra educativa de los legionarios de Cristo fue el Colegio Cumbres (considerado durante muchos años como como el más exclusivo de la Ciudad de México) que abrió sus puertas el año 1954. Años más tarde, en 1964, abrieron también la Universidad Anáhuac.

En 1958 se fundó un noviciado en Salamanca, España.

La aprobación que dio el nombre actual a los Legionarios de Cristo se dio en 1965. En esa aprobación (Decretum laudis, en latín) empezó a ser una congregación de derecho pontificio, pues hasta entonces era sólo de derecho diocesano.

En la década de los años 60 la Legión de Cristo abrió casas en Irlanda y en Estados Unidos. En los siguientes años los Legionarios de Cristo fundaron casas en otros países de América y Europa. En la primera década del siglo XXI se fundaron casas en Filipinas y Corea».

A lo que agrego: no en vano se les llama también «los millonarios de Cristo».

«El año 2009 los superiores de la congregación hicieron públicos algunos hechos inmorales de la vida del fundador. El conocimiento de los mismos provocó una serie de reacciones que llevaron al Vaticano a realizar una visita apostólica, que tuvo lugar entre 2009 y 2010. Al final de la misma se emitió un comunicado con fecha 1 de mayo de 2010; en el mismo, entre otras cosas, se afirmaba lo siguiente:

«La Visita Apostólica ha podido comprobar que la conducta del P. Marcial Maciel Degollado ha causado serias consecuencias en la vida y en la estructura de la Legión, hasta el punto de hacer necesario un camino de profunda revisión.
Los comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales del P. Maciel, confirmados por testimonios incontestables, representan a veces auténticos delitos y revelan una vida carente de escrúpulos y de verdadero sentimiento religioso. Dicha vida era desconocida por gran parte de los Legionarios, sobre todo por el sistema de relaciones construido por el P. Maciel, que había sabido hábilmente crearse coartadas, ganarse la confianza, familiaridad y silencio de los que lo rodeaban y fortalecer su propio papel de fundador carismático.

El fundador

El fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel Degollado nació en Cotija, (Michoacán, México) el 10 de marzo de 1920.

Maciel creció en Cotija, Michoacán, en la época de la Guerra Cristera, ocasionada por el enfriamiento de las relaciones del estado mexicano con la Iglesia Católica. En 1936 fundó el antecedente de la Legión de Cristo, aunque esta no quedaría establecida hasta 1941, con el apoyo de Francisco González Arias, obispo de Cuernavaca. Tres años más tarde, Maciel recibió la orden sacerdotal  del mismo González Arias.

Maciel mantuvo el cargo de superior general de los legionarios de Cristo durante casi todo el periodo de desarrollo de la congregación, y participó en varios capítulos generales (1968, 1980, 1992, y 2005).

Maciel fue parte de la comitiva que acompañó al papa Juan Pablo II en sus visitas a México de 1979 y 1990. En 1993 Maciel fue invitado a la Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos para la formación de sacerdotes. En 1994 celebró el 50° aniversario de su sacerdocio.

En 2005 Marcial Maciel, de 84 años, dejó la dirección general de la Legión de Cristo y del Regnum Christi. Su lugar al frente de la Dirección General fue tomado por el sacerdote Álvaro Corcuera Martínez del Río, de nacionalidad mexicana.

Por instrucción de Benedicto XVI, Maciel se retiró del sacerdocio público en 2006, para dedicarse a «una vida de oración y penitencia».

Falleció en Estados Unidos el 30 de enero del 2008, envuelto en un escándalo que incluye drogadicción,  acusaciones de abuso sexual a menores y la reputación de la paternidad de una joven en España, reconocida por la propia congregación.

Reconocimiento de la congregación a los abusos cometidos por Marcial Maciel

En las primeras semanas del año 2009, los superiores de la denominada «Legión de Cristo» dieron a conocer la existencia de comportamientos inmorales por parte de su fundador.

Al año siguiente, el 25 de marzo del 2010, la Legión de Cristo reconoció en un comunicado público que Marcial Maciel incurrió en actos que resultaron en perjuicio a varias personas. En el mismo comunicado de prensa, la congregación acepta que Maciel sostuvo una relación estable con una mujer con la que tuvo una hija; y que en últimos tiempos han aparecido dos hermanos que afirman ser también sus hijos.12 El comunicado omite los nombres de las personas y el número de víctimas de los actos de Maciel, incluido el abuso sexual contra seminaristas y menores de edad. El comunicado omite también los nombres de estas personas, se trata de Norma Baños y su hija Norma Hilda Rivas Baños que fueron la familia de Maciel en España. En el caso del par de hermanos que refiere este comunicado se trata de José Raúl y Cristian González Lara, aunque de acuerdo con las afirmaciones del primero, Maciel también reconocía a Omar González Lara como su hijo, habido por Blanca Estela Lara —pareja de Maciel en México— en una primera relación

La Legión de Cristo señala que le ha llevado tiempo asimilar las acusaciones hechas contra Maciel, mismas que esperaban fueran infundadas. Sin embargo, la resolución de la Congregación para la Doctrina de la Fe del del  19 de mayo del 2006 dejó lugar a dudas sobre la responsabilidad de Maciel en los actos que se le imputaban, dando como resultado la separación de Maciel del ejercicio sacerdotal. En el comunicado del 26 de marzo de 2010, los Legionarios de Cristo piden perdón a las víctimas de las conductas de su fundador y prometen actuar de acuerdo a «la justicia y caridad cristianas» en caso de descubrirse complicidades.

«Queremos pedir perdón a todas aquellas personas que lo acusaron en el pasado y a quienes no se dio crédito o no se supo escuchar pues en su momento no podíamos imaginarnos estos comportamientos. Si resultase que ha habido alguna colaboración culpable, actuaremos según los principios de la justicia y caridad cristianas responsabilizando de sus hechos a estas personas».

El comunicado, firmado entre otros por el sacerdote Álvaro Corcuera Martínez del Río, se produjo diez días después de la conclusión de la visita apostólica a los establecimientos de la congregación ordenada por Benedicto XVI. (Fin de la cita)

Pasando a otro tema, a continuación reproduzco la reciente columna en elPeriódico del doctor Armando de la Torre:

¿Para qué una Semana “Santa”?

Por: Armando de la Torre

            Ciertamente no para que los estudiantes universitarios de cualquier parte del mundo puedan tener un desenfrenado “spring break”. Tampoco para que nuestros asalariados gocen de una pausa en la playa; ni siquiera para que algunos turistas disfruten con la piedad ajena de quienes cargan imágenes en procesiones coloridas y vistosas.

            La Semana “Santa” consiste, y ha consistido siempre, en una conmemoración afectiva del evento más trascendental de la historia: el “linchamiento” por parte nuestra del Verbo hecho carne. Burla cruel del hombre caído ante la inocencia expiatoria de Jesús de Nazaret.

            Es una semana, por tanto, para una mayor intimidad con nosotros mismos. Toda una semana para reflexionar, siquiera por momentos aislados, en torno al evento cumbre de toda la Creación: nuestra inmerecida redención por el sacrificio de quien se hizo Hombre para servirnos de cordero expiatorio y de ideal ético para el así redimido.

            En aquellos días previos a la Pascua judía del año 29 de la era hoy universalmente común, ocurrió tal portento: el cierre definitivo de mil ochocientos años de profecías y alusiones simbólicas proferidas por los atormentados profetas del pueblo semita escogido por El: Israel, desde aquel primer atisbo entre miedos y temblores de un patriarca llamado Abraham. La culminación la constituyó ese remoto heredero suyo, nacido en Belén de Judá en tiempos del primer emperador romano, Octavio Augusto.

            Acontecimiento único, inaudito, sin posible paralelo a lo largo de estos cuarenta mil años de historia que llevamos a cuestas desde que emergió el primer hombre Cro-Magnon.

            Eternamente irrepetible. Punto final a todos los sacrificios de animales en el Templo de Jerusalén, porque con Aquel sacrificado cesó toda otra necesidad de algún sacrificio expiatorio.

            Ejemplar, además, para todos los que intentamos, sin mucho éxito, seguir sus pasos. Suprema lección de que lo que más vale entraña un mayor costo, sólo que en este caso único la factura fue pagada íntegramente por ese mismo Uno.

            Revelación, encima, totalmente inesperada por la mera razón del hombre.

Recordatorio, de paso, utilísimo de la suprema importancia que juegan los principios en la conducta justa al largo plazo.  Pues aquella generosisima entrega a la voluntad del Padre le fue connatural, como también debería serlo para nosotros. El solo tema a meditar durante esta semana merecidamente llamada “Santa”.

Un llamado estremecedor a nuestros corazones, a nuestro sentido del deber, a nuestra hambre de justicia, a nuestra compasión, como ninguno otro.

Una certeza para nosotros de una eternidad plenamente feliz, sin pausas, porque está fuera del tiempo, y sin arrepentimientos porque beberemos de la fuente de gozo inexhaustible. Nuestro inmerecido premio por la cruz de Jesús el Cristo, nuestro Mesías. El Misterio más allá de todo misterio, la Verdad más allá de toda verdad, la Bondad más allá de toda bondad, la Belleza que tanto hizo llorar a San Agustín de Hipona por haberla conocido “tan tarde”.

La Semana de todas las semanas.

Son los días óptimos para contemplar y pedir mil, diez mil, cien mil perdones…

La Semana máxima para el propósito de la enmienda, cualquiera que sea. La Semana de la reconciliación con el hermano o el amigo herido. La Semana apropiada para la gratitud sin fronteras, sin razas, sin etnias, sin clases sociales. La Semana, por lo menos esa Semana, de la reconciliación universal.

La Semana, siquiera esa, cuando vivimos la verdad de que “mejor es dar que recibir”. Cuando secamos nuestras lágrimas para enjugar las ajenas. Cuando reconocemos nuestros errores y agradecemos las verdades del otro. Cuando regresamos a ser niños de nuevo, como le recomendó Jesús a Nicodemo. El tiempo ideal para todas las bienaventuranzas, ese que concentra en un instante toda la bondad posible de una entera vida…

¿Y nos aturdiremos en el entre tanto? ¿Utilizaremos esos pocos días para el olvido de nuestras deudas y de nuestros deberes? ¿Despilfarraremos las horas en el alcohol o en la cocaína? ¿Perjuraremos y engañaremos, incluso al ritmo de más carcajadas, que durante otros “fines de semana”? ¿No nos detendremos en nuestros afanes para consagrar unos minutos al recuerdo reverente del mayor de los heroísmos y la más esperanzadora de las promesas? ¿Hemos devenido al final tan inconscientes?…

Vivamos, más bien, al máximo la más esplendorosa de las noticias: ¡Cristo ha resucitado!

            Que eso solo nos baste para esta Semana…  (Fin del artículo del doctor Armando de la Torre)

Twitter:@jorgepalmieri