CONMOVEDOR AMOR FILIAL

En su habitual columna denominada «Lucha Libre», que se publica en la última página de elPeriódico, la periodista Lucía Escobar publica hoy un artículo titulado»El pulpo», en el cual principia diciendo:

«Las mafias que controlan Guatemala son un enorme pulpo con tentáculos en toda la maquinaria social. Los brazos del pulpo mafia aprietan el sistema Judicial, el Ejecutivo y el Legislativo, tienen acciones en medios de comunicación. Se filtran en los sindicatos y organizaciones sociales, se alimentan de la avaricia de los empresarios y del ego de los funcionarios públicos. Se mueven con ritmos marciales y marchan al compás del dios pisto».

Este preámbulo tan pesimista sobre Guatemala concluye de la siguiente manera:

«Los tentáculos de la mafia ahorcan o tragan. Y un día, como en una pesadilla kafkiana, podés despertar y darte cuenta que te has convertido en parte del pulpo.

«Pero a veces surgen seres comunes que hacen actos excepcionales. Alguien se cansa de ser parte del animal, alza su voz y RENUNCIA. Es disidente puede ser tomado como una luz guía o como una luz que ciega. Para mí, es esperanza, poesía en estado puro.

«Gracias Claudia Escobar por no ser parte del montón.

«Gracias por su coherencia y búsqueda sincera de paz y justicia. ¡Que gran ejemplo de vida!»

Magistrada Claudia Escobar Mejía

Se refiere, naturalmente, a la magistrada Claudia Escobar Mejía, su hermana, quien recientemente escandalizó el cotarro con su sorpresiva renuncia al cargo de magistrada para el cual fue nombrada recientemente por el Congreso de la República, pero antes de haber tomado posesión del cargo renunció públicamente, probablemente temiendo que en venganza por no haber votado en favor del recurso de amparo solicitado por la Vicepresidenta Roxana Baldetti, la fuesen a enviar como magistrada al lugar más remoto del  territorio nacional. Sin embargo, continúa siendo magistrada de la Sala Quinta del Ramo Civil mientras no sean nombrados los nuevos magistrados, por decisión de la Corte de Constitucionalidad. Además, denunció ante la CICIG que el diputado del Partido Patriota Gudy Rivera la citó a un hotel un día domingo y ella acudió, obedientemente, pero armada de una grabadora para grabar lo que le tenía que decir el susodicho diputado y grabó las palabras con las que el ex presidente del Organismo Legislativo trató de intimidarla para que votara en favor del recurso de amparo solicitado por la Vicepresidenta de la República y Secretaria General del partido en el gobierno.

El amor filial es el afecto por la familia, por los padres, los hermanos, los hijos, los nietos y todos los demás descendientes. Con todos ellos, en general, la mayoría está ligada por un genuino sentimiento de amor.

Es evidente que la autora de este artículo y columnista de elPeriódico Lucía Escobar Mejía, ama y se siente sumamente orgullosa de su hermana, la doctora Claudia Escobar Mejía, por el hecho de haber renunciado al cargo de magistrada para el cual fue electa por el Congreso de la República y del cual aún no había tomado posesión. Es obvio que la columnista Lucía Escobar Mejía ama a su hermana y se siente orgullosa de su comportamiento. ¡Es en verdad profundamente conmovedora su declaración pública de amor filial! Por lo cual merece mis sinceras felicitaciones. Lo que me parece incomprensible es por qué en su artículo no se identifica como hermana de la magistrada que para algunas personas es una especie de heroína por haber renunciado.

Prácticamente, Lucía Escobar considera a su hermana una heroína al nivel de otras heroínas como Juana de Arco, también conocida como «La Doncella de Orleáns», heroína nacional francesa y santa para la Iglesia católica. A los 17 años de edad encabezó el ejército francés después de haber convencido al rey Carlos VII de que había recibido directamente de Dios la misión de expulsar de Francia a las tropas inglesas, a las cuales derrotó en el sitio de Orleáns, la batalla de Patay y otros enfrentamientos en 1429 y 1430, lo cual hizo posible la coronación de Carlos VII. Pero los Borgoñeses la capturaron y la entregaron a los ingleses. Y los clérigos la condenaron por herejía y el duque de Bedford la quemó viva en una hoguera en Rouen. Por cierto que el rey Carlos VII ni siquiera movió un dedo para salvarla, a pesar de que gracias a ella llegó a ser rey de Francia. En 1920 el papa Benedicto XV la canonizó reconociendo su inocencia probada en una apelación del juicio posterior a su muerte. Juana de Arco se convirtió desde entonces en una figura emblemática mundial del patriotismo.

Que me perdonen la periodista Lucía Escobar Mejía y todos los que creen que su hermana, la magistrada Claudia Escobar Mejía, es una especie de heroína por haber renunciado después de haber desempeñado durante cinco años el cargo de magistrada suplente de la Sala Quinta del Ramo Civil, tiempo durante el cual pudo haberse podido dar cuenta –de sobra– de que entonces había sido elegida con los mismos «vicios en el proceso» que ahora dispuso denunciar escandalosamente. ¿Por qué hasta ahora, cinco años más tarde, se ha dado cuenta de que «El proceso con el que ella misma fue electa hace cinco años está viciado, es perverso y convirtió la elección de funcionarios en un botín político»?

Francamente, hubiese tenido mucho más sustento que hubiese desistido de su postulación en las fases iniciales,  es decir, desde el primer momento que las personas o organizaciones de la denominada “sociedad civil” hicieron los señalamiento de supuestas componendas, acuerdos bajo la mesa y arreglos espurios.  Pero no, ella se “aguantó” la fase de Comisiones de Postulación, se “aguantó” la elección del Congreso y hasta después de todo ese proceso decidió renunciar «heroicamente», ya cuando había participado y convalidado con su participación todo lo supuestamente cochino del proceso.  Más bien se antoja que luego de haber sido electa se percató de la posibilidad de que podría ser enviada a una lejana provincia y eso ya no le gustó, como si debiese tener el “privilegio” de ser magistrada en la ciudad capital.  En mi opinión, eso no es heroico, sino pura conveniencia y ambición personal.

Por otra parte, no conozco personalmente ni a la magistrada Claudia Escobar Mejía ni al diputado Gudy Rivera, de quien solamente he oído que hace muchos años fue el guardián del edificio donde estuvo la sede del partido Unión del Centro Nacional (UCN), cuando aún vivía el inmolado Jorge Carpio Nicolle, pero también me han dicho que es un hombre de cuidado, por lo que no me extraña en lo más mínimo que sea verídico lo que dice la magistrada que le dijo para amedrentarla. Pero no me explico cómo pudo ser posible que la honorable magistrada Claudia Escobar Mejía haya aceptado, un día domingo, acudir a un hotel al que la citó telefónicamente el diputado Rivera, a quien no siquiera conocía. No me parece muy ético, que digamos, de parte de una honorable magistrada, que, a pesar de sospechar que podía haber gato encerrado en esa cita misteriosa, haya llevado una grabadora para grabar todo lo que el diputado le iba a decir. Si no tenía confianza en él, ¿por qué asistió a la cita?

Twitter@jorgepalmieri