MISCELÁNEA DEL 05/03/14

1.- Esculturas Peligrosas en La Haya

El escultor guatemalteco José Toledo Ordóñez, afectuosamente llamado Pepo por sus numerosos amigos en el mundo entero, viajará a La Haya, Países Bajos, para la presentación de sus obras denominadas «Esculturas Peligrosas», que serán expuestas en el Raadhuis de Paauw Town Hall de Wassenaar del 16 de marzo al 1 de mayo. La inauguración estará a cargo del Alcalde de Wassenar, Drs. Jan Th. Hoekema, con la presencia de los embajadores de Guatemala y México, Jorge Lemke y Eduardo Ibarrola, respectivamente.

Mis felicitaciones a mi admirado y querido amigo Pepo Toledo por este nuevo éxito en su brillante carrera escultórica.

 2.- Michelle Obama no sabe lo que aplaude

Boletín emitido por la cadena de televisión CNN-México, en el que se informa sobre este caso.

La primera dama de EU, Michelle Obama, entrega el reconocimiento a la jueza Yassmin Barrios en el Departamento de Estado en Washington (AFP).

(EFE) – El gobierno de Estados Unidos concedió este martes su premio anual Mujeres con Valentía a diez mujeres de todo el mundo, entre ellas la jueza guatemalteca Iris Yasmin Barrios Aguilar, quien preside el tribunal que condenó en mayo pasado al ex dictador José Efraín Ríos Montt.

Barrios obtuvo notoriedad mundial cuando el 10 de mayo de 2013 leyó la sentencia que condenaba a 80 años de prisión a Ríos Montt, jefe de Estado de facto entre 1982 y 1983, al ser hallado culpable de la muerte de 1,771 indígenas ixiles en el departamento de Quiché durante su mandato.

Sin embargo, diez días después de esta sentencia histórica, la Corte de Constitucionalidad, máximo tribunal del país, anuló el fallo por errores durante el proceso y ordenó un nuevo juicio, que en principio se celebrará en enero de 2015.

Al presidir el proceso contra el ex dictador, Barrios «dio voz a miles de indígenas ixiles» en Guatemala y también «proporcionó un precedente legal importante para casos de genocidio en todo el mundo», afirmó la subsecretaria de Estado estadounidense para Gestión y Recursos, Heather Higginbottom.

«La jueza Barrios ha construido su carrera analizando algunos de los casos más difíciles de su país, como los que lidiaban con corrupción a altos niveles de Gobierno o el crimen organizado», añadió Higginbottom justo antes de que Obama entregara el premio a Barrios.

Junto a la jueza de Guatemala, el Departamento de Estado premió este martes a mujeres de Afganistán, India, Arabia Saudita, Malí, Zimbabue, Fiji, Tayikistán, Georgia y Ucrania, en una ceremonia que se celebra cada año desde 2007.

La galardonada de Ucrania es Ruslana Lyzhychko, una cantante ganadora del festival musical de Eurovisión que en noviembre de 2013 se convirtió en una de las líderes del movimiento EuroMaidán en Kiev, donde los tres meses de protestas desembocaron este mes en la caída del gobierno de Víctor Yanukovich.

Lyzhychko entonaba cada noche el himno nacional ucraniano en el Maidán, «incluso enfrentando ataques inminentes de la policía y amenazas de muerte», lo que «fortaleció el movimiento y se convirtió en un símbolo de su compromiso con una Ucrania más diversa y comprometida», señaló el Departamento de Estado en un comunicado.

El galardón, que se ha entregado ya a 76 mujeres de 49 países, reconoce a mujeres que demuestren una valentía «excepcional» a la ahora de abogar por «la paz, la justicia, los derechos humanos, la igualdad de género o la promoción de la mujer», de acuerdo con el Departamento de Estado. (Fin del boletín de la CNN-México)

Mi comentario: siempre me había caído bien la señora Michelle Obama, «Primera Dama» de Estados Unidos de América por el hecho de ser la esposa del presidente Barack Obama. Pero, con el debido respeto a su condición de mujer, esta vez «la regó», como suelen decir los mexicanos cuando alguna persona mete la pata. En Guatemala se suele decir que «la cagó», en lenguaje vulgar. Es indudable que le ha informado mal la señora Heather Higginbottom, subsecretaria de Estado para Gestión y Recursos. No le informó, por ejemplo, que la jueza Yasmin Barrios no actuó con imparcialidad, como corresponde a un juez, sino en todo momento puso de manifiesto su parcialidad, su ánimo de condenar a priori, a como diera lugar, al general retirado Efraín Ríos Montt. No le informó tampoco que ese juicio fue muy criticado por las personas que no estaban alineadas con la subversión guerrillera porque no se cumplió lo que en un Estado de Derecho se llama «Debido Proceso de Ley» al no permitir durante un tiempo al acusado tener un abogado defensor y por no haberle permitido leer un documento en el que él basaba su defensa. Es indudable que la señora Michelle Obama no fue informada de las arbitrariedades que cometió la jueza Yasmín Barrios durante el juicio –que fue eminentemente político y no judicial–, ni de la indebida injerencia de personas nacionales y extranjeras en el caso, como algunos embajadores que asistieron a las audiencias para impresionar a los jueces, como el de Estados Unidos, al extremo que después de haber pronunciado su fallo la jueza levantó los brazos en señal, de triunfo, como suelen hacerlo los boxeadores cuando ganan una pelea y saludan a quienes les aplauden. Lo cual judicialmente se llama prevaricato.

¿Es esta la actitud de una jueza que merezca ser aplaudida por Michelle Obama?

Por otra parte, si el Departamento de Estado quería demostrar en esa forma su parcialidad en un juicio que se celebra en un país supuestamente libre y soberano, como Guatemala, ¿por qué condecoraron solamente a la jueza Yasmín Barrios y no también a los otros dos jueces (un hombre y una mujer) del tribunal que juzgó el caso? ¿Acaso solamente esa jueza fue la que emitió el arbitrario fallo condenatorio contra Ríos Montt por un supuesto delito que realmente nunca ocurrió en Guatemala? 

No me cabe la menor duda de que esta condecoración (o lo que sea) a la jueza Yasmín Barrios tiene una doble intención. Sobre todo ahora que ha fallecido el magistrado Barrientos, hasta hace poco tiempo presidente de la Cámara Penal, ella tratará de ser nombrada para sustituirle en dicho cargo. ¡Solo eso faltaría! Alguien como Claudia Paz y Paz en el Ministerio Público y ella como presidenta de la Cámara Penal, ya solo faltaría que los partidarios de los guerrilleros subversivos se hagan cargo del gobierno del país.

A través de la Historia, la potencia hegemónica americana se ha caracterizado por su doble moral, porque no se debe olvidar que en esos años se estaba pasando por la llamada Guerra Fría, y Estados Unidos exigía a los países bajo su órbita de influencia que se manifestaran contra el comunismo en general y contra el gobierno comunista de Fidel Castro en particular, lo cual hizo que en la Constitución se estableciese la cláusula que prohibía la ideología comunista y el Ejército guatemalteco implementara la política de «Seguridad Pública», por la cual persiguió a las personas que tuviesen ideas izquierdistas. Sin embargo, después de que las autoridades legalmente establecidas en Guatemala sostuvieron durante más de tres décadas una lucha contra la subversión guerrillera comunista, ahora vienen a darse golpes en el pecho y baños de pureza contra los oficiales del el Ejército de Guatemala que no hizo más que cumplir con su deber al oponerse a que una subversión inspirada en Cuba se adueñase del poder en nuestro país.

De hecho, así han sido por todas partes. Mientras convino a sus intereses, sostuvieron dictaduras en Centroamérica: el supuesto general Jorge Ubico Castañeda, en Guatemala, el supuesto general Maximiliano Martínez, en El Salvador, el supuesto general Tiburcio Carías Andino, en Honduras, y el general Anastasio Somoza García, en Nicaragua. Ellos eran sus fieles colaboradores de los Estados Unidos, y tuvieron ayuda norteamericana mientras les fueron útiles. No debemos olvidar la anécdota famosa de cuando el entonces Secretario de Estado Cordell Hull le dijo al presidente Franklin Roosevelt que el presidente Somoiza quería visitarle en el portaviones en el que se encontraba navegando por el Caribe, y Roosevelt le contestó: «Ah, he is a son of a bitch!» (que quiere decir «Ah, ese es un hijo de puta!» A lo que Cordell Hull le recordó: «Yes Mr. President, but let’s not forguet that he is our son of a bitch», que quiere decir «Sí, señor presidente, pero no olvidemos que él es nuestro hijo de puta!». Pero después uno de los descendientes del primer Somoza de la dinastía fue derrocado con la ayuda norteamericana.

Ni hay que olvidar que en el manicomio de Guatemala usaron a los enfermos mentales como conejillos de indias para hacer pruebas sobre la sífilis. Ni hay que olvidar tampoco que en 1954, por defender los intereses económicos de las compañía bananera United Fruit Company que su embajador John Peurifoy complotó abiertamente contra el gobierno establecido y la Central Intelligence Agency (Agencia Central de Inteligencia) organizó y patrocinó una invasión de mercenarios a Guatemala encabezada por el coronel Carlos Castillo Armas, con la colaboración de los gobiernos títeres de Honduras, Nicaragua y El Salvador, para derrocar al Segundo Gobierno de la Revolución, encabezado por el coronel Jacobo Árbenz Guzmán, quien había sido legalmente electo por el pueblo.

3.- Interesante artículo publicado en EL PAIS de España

El primer año sin Chávez, deja una herencia de fragmentación y pesimismo.

El sucesor del comandante, Nicolás Maduro, parecía afianzado en diciembre tras la victoria en las elecciones municipales, pero enfrenta ahora una grave crisis económica y de seguridad.

El presidente Nicolás Maduro ha repetido en distintas ocasiones que sus adversarios pensaban que, una vez muerto Hugo Chávez, se extinguiría la revolución bolivariana. Sin embargo, a un año de ese deceso, quienes gobiernan Venezuela en nombre del chavismo siguen en el poder, no sin tropiezos. ¿Quería decir entonces que la presencia del líder no era tan decisiva? ¿Que poco y cosmético sería lo que en definitiva iba a cambiar en la política venezolana con la muerte delComandante Supremo?

“Pudiera decirse que estas últimas tres semanas de activación de la protesta en Venezuela es una muestra de que la sociedad también se está preguntando eso”, asoma como respuesta la psicóloga social y filósofa Colette Capriles, profesora de la Universidad Simón Bolívar (USB) de Caracas. “¿De verdad se murió Chávez? ¿Las cosas están iguales? Uno queda con la sensación de que nada de esto habría pasado con Chávez al mando. Es como si apenas ahora se estuviera poniendo a prueba qué fue lo que de verdad cambió aquí”.

El propio velatorio del exteniente coronel, ante cuyo féretro desfilaron cientos de miles de personas, lució como un anticipo de las dificultades que se asomaban. Ciertamente, el comandante había despejado los posibles pleitos de su sucesión al apuntar en público a Maduro como su delfín. Pero no sería fácil dejar la gestión de una franquicia tan fuertemente personalista como la del chavismo en manos de una burocracia que quizás no había cuajado lo suficiente.

Maduro en efecto ha hecho lo que ha podido en las circunstancias que sobrevinieron: hace tan poco como el reciente mes de diciembre, aparecía afianzado en el poder luego de las elecciones municipales. Y si por estos días enfrenta el desafío de una grave crisis de orden público, es en parte una situación incubada por su predecesor, sobre todo, en el campo de lo económico.

Mientras tanto, él ha tenido que lidiar con las apetencias de otras figuras del chavismo que encabezan, cada una, sus propias tribus. “Dentro del chavismo están funcionando las fórmulas personalistas, cada jefe está fortaleciéndose a la vez que mantiene una alianza táctica con las otras facciones”, describe Colette Capriles. Aún aceptado como un primus inter pares, Maduro habría sentido la necesidad de apoyarse en el ala izquierda del chavismo y de la asesoría cubana. “Por eso, si Maduro está haciendo cosas distintas a Chávez no es porque le provoque, sino porque no tiene otra opción. Al apoyarse en esos aliados, tiene que pagarle tributo al modelo cubano y a la izquierda política del chavismo. Ahora la gente, chavista o no, siente con claridad que estamos en una transición hacia un modelo que parece más calcado del régimen cubano. Maduro no puede darse ese lujo que Chávez sí se daba, el de ir y venir de una posición a otra sin nunca jugárselas todas, que le salía perfecto”.

Al desaparecer la fuerza de gravedad del Gigante-otro apodo quepostmortem le asignaron sus adoradores-, como si Júpiter saliera de órbita, sus subalternos han querido ocupar el espacio. Hasta ahora, el poschavismo ha conseguido mostrarse con relativo éxito como un gobierno colegiado, en particular, sostenido por una détente pactada entre Maduro y el poderoso presidente de la Asamblea Nacional y jefe del partido oficial, Diosdado Cabello. Sin embargo, ya empiezan a hacerse visibles las primeras fracturas, manifestadas en los reclamos de un ala radical agrupada en el colectivo Un grano de Maíz, por ejemplo, o las críticas vertidas la semana pasada por el gobernador del estado de Táchira, José Vielma Mora, contra la gestión de las protestas por parte del gobierno. La atomización del archipiélago chavista también deja otro rastro, aunque menos visible: la parálisis. En muchos temas, fundamentalmente en el económico, la gestión actual de gobierno es un vaivén de órdenes y contraórdenes que refleja el equilibrio de pesos entre las distintas facciones oficialistas y que produce como sumatoria el inmovilismo.

La fragmentación es el signo de la política después de Chávez. Pues su ausencia también profundizó las brechas al interior del polo opositor hasta el punto en que, recomienda Colette Capriles, sería preferible “dejar de hablar de la oposición como un todo y referirse a un campo opositor donde coexisten distintas fuerzas”.

La coyuntura política posterior a la desaparición física del comandante favoreció una dinámica centrífuga en la oposición, que está en pleno proceso de desgajar las dos corrientes que cohabitaban en su seno: una más gradualista y política, que apuesta a lo electoral, en principio encarnada por el ex candidato presidencial y gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles Radonski; y otra de mayor ruptura, liderada por Leopoldo López y María Corina Machado, que, sin renunciar a lo electoral, considera necesario hacer presión activa en las calles.

Que la muerte de Chávez haya podido tener ese efecto sobre sus adversarios tiene una explicación simple, según el consultor político Edgard Gutiérrez: “De no desaparecer Chávez, no habría existido la necesidad de organizar unas elecciones presidenciales en abril de 2013. En esas elecciones presidenciales que Maduro ganó por un margen mínimo, se consolidó el liderazgo de Capriles Radonski pero, enfrentado a una prueba de fuego, éste defraudó a un sector opositor que valoró como un error que Capriles no llevara sus impugnaciones del proceso electoral a la calle. Si Chávez hubiera estado en el poder desde octubre de 2012, otra habría sido la reacción del elenco opositor”.

Gutiérrez detecta en los estudios de opinión otra diferencia resaltante, que denomina la frustración de las expectativas. “Maduro no ha tenido una luna de miel con el electorado desde que ganó por escasa ventaja, nunca ha estado cómodo en el poder”, compara, “mientras que Chávez siempre tuvo el viento de cola a favor. Gozó del mayor boom petrolero de la historia del país y con eso impuso un modelo arbitrario de distribución de las riquezas que creó una sensación de bienestar. Y cuando el boom petrolero se agotó, Chávez apeló al endeudamiento externo para seguir financiando la ilusión de bonanza en tanto estuvo con vida. Eso se acabó. Chávez era un sinónimo de estabilidad política y de prosperidad. Maduro no es visto así. En los estudios, 70 por ciento de los entrevistados se dicen pesimistas sobre la dirección del país. Es algo que trasciende la división entre chavistas y no chavistas”.

De acuerdo al analista, todo este movimiento en el lecho de la opinión pública alimenta una tendencia a la búsqueda de un cambio que, en lo inmediato, “no quiere decir que el chavismo vaya a salir del poder” pero se traduce en una percepción de que “esto no funciona como antes, de que ese hombre por el que el comandante mandó a votar no sirve” y a la postre debería generar mayor desafección por las propuestas socialistas.

Sólo la distancia del tiempo servirá para ratificar si el paso de Hugo Chávez por la tierra dividió la historia de Venezuela en un antes y un después. Pero lo que ya va quedando de relieve, a un año de su partida, es que ese eventual “después” no tendrá que ser mejor para el chavismo. (Fin del artículo de EL PAIS)

Twitter @jorgepalmieri