MUCHAS GRACIAS (1)

El jueves 26 del mes pasado se llevó a cabo en el Centro Cultural de la embajada de México, que ostenta el nombre del ilustre guatemalteco poeta, escritor y crítico de arte guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, el acto en el cual la Fundación Mario Monteforte Toledo, «cumpliendo con su propósito de rendir un homenajes en vida a los guatemaltecos que han hecho aportes significativos a la sociedad «, tuvo a bien honrarme con la Orden Mario Monteforte Toledo por el hecho de ser en este momento el decano de los periodistas nacionales y haber dedicado más de 50 años de mi larga vida al ejercicio del periodismo. Lo cual ya he agradecido reiteradamente y no me cansaré de agradecer, porque, como es bien sabido, no es usual que en este país se honre y reconozca méritos a otro guatemalteco –¡mucho menos en vida!–, sino, por el contrario, se le descalifica o se le calumnia y se le difama para que no logre levantar cabeza. El eterno cuento de los cangrejos que no dejan salir de la olla llena de agua hirviente a ninguno que trate de escapar. Miguel Ángel Asturias («El gran Moyas») solía decir que Guatemala es como una zacatera donde cuando alguien logra empinarse para subrir a respirar, le cortan la cabeza. Razón por la cual no tenemos héroes y los valores que tenemos son menospreciados, aunque sean reconocidos internacionalmente, como son los casos del escritor Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura y premio Lenin de la Paz; el galardonado cuentista Augusto («Tito») Monterroso y el poeta Carlos Illescas. Pero no se le aplaude ni se le dignifica, como lo están haciendo hoy conmigo los miembros de la Fundación Mario Monteforte Toledo y todos los asistentes a este insólito acto. Porque aquí se ha olvidado a numerosos de nuestros valores, como el ilustre escritor, poeta y crítico de arte Luis Cardoza y Aragón, autor, entre otras cosas, del libro «Guatemala, las líneas de su mano»; el maestro José Castañeda, el abogado, historiador, polemista, periodista y político Clemente Marroquín Rojas, fundador del diario «La Hora», primer presidente de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG) y ex Vicepresidente de la República; el brillante licenciado y periodista David Vela Salvatierra, quien durante largos años fue director y editorialista del diario vespertino «El Imparcial» y autor del libro de texto de Literatura Preceptiva; el poeta y escritor antigüeño César Brañas; el escritor Rafael Arévalo Martínez, autor, entre otros, del libro «Ecce Pericles»; el periodista y poeta quichelense Francisco («Paco») Méndez; el escritor Carlos Samayoa Chinchilla, autor de «El dictador y yo» sobre su experiencia cerca del dictador Jorge Ubico; la poeta Luz Méndez de la Vega; el brillante periodista «Neco» Galicia, autor de geniales columnas tituladas «Cámara», que publicaba en «La Hora»; o el escritor Virgilio Rodríguez Macal con sus inspiradas novelas sobre el Petén; el poeta y dramaturgo  Miguel Marsicovétere y Durán; el periodista Carlos Samayoa Aguilar, comentarista de «El Imparcial»; el inspirado poeta antigueño Augusto Meneses, etcétera. Algunos de ellos que vivieron en el extranjero lograron reconocimiento y renombre, pero quienes han vivido y muerto en nuestro país, descansan en paz en el olvido. Hizo bien el genial Enrique Gómez Carrillo de irse de Guatemala, huyendo de un marido celoso, a radicarse en Francia, para escribir los muchos extraordinarios libros que escribió y casarse en Argentina con la Reina del Couplé español Raquel Meyer y posteriormente en Paris con la salvadoreña Consuelo Suncín. Sin desestimar a los periodistas fundadores de «Prensa Libre», Pedro Julio García, Salvador Girón Collier, Isidoro Zarco Alfaza, Álvaro Contreras Vélez (aunque éste nació en Costa Rica) y Mario Sandoval Figueroa. Ni a los cronistas deportivos Alfonso («El Negro») Anzueto López, Humberto Arias Tejada y Carlos Larrañaga Gomar, recientemente fallecido. Tuvieron suerte de haber tenido que vivir en el exilio, en México, quienes han tenido éxito y reconocimiento con sus obras literarias, así como actualmente la tiene nuestro  compatriota el inspirado y exitoso cantautor Ricardo Arjona, nacido en Jocotenango, Sacatepéquez, de haber triunfado en México, porque en su patria jamás lo habría logrado por la tradicional envidia y la pequeñez de los guatemaltecos. Duele decirlo, pero es verdad.Escultura vanguardista de José («Pepo») Toledo Ordóñez denominada Ángel de las Ideas Fugitivas, que, según la explicación del autor, «representa lo que ocurre a un escritor ante el dilema de enfrentar con horror una página en blanco». Esta fue la segunda Orden que se ha concedido. La primera fue el año pasado al autor y editor guatemalteco Carlos Humberto López, residente en México desde hace muchos años, propietario de la Editorial «Paxis», donde, entre otras cosas, es catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A continuación estas fotos tomadas por la Agregada Cultural de la Embajada de México, Sandra López: la mesa que presidió el acto estuvo ocupada por la señora Ana María Toledo de Marroquín, actual Presidenta de la Fundación Mario Monteforte Toledo, quien leyó una sinopsis de mi vida, el autor de este blog, el escultor José Toledo Ordóñez y el periodista, escritor y poeta José Luis Perdomo, quien tuvo a su cargo hacer mi presentación y la hizo en una forma novedosa, con preguntas acerca de lo que él, en su generosidad, piensa de mi trayectoria periodística y personal, por lo cual le estoy muy agradecido.

Mi admirado y querido amigo el empresario y escultor José («Pepo») Todelo Ordóñez haciéndome entrega de su escultura emblemática. Estoy convencido de que este insólito honor se lo debo a su generosa amistad y no a mis merecimientos. Sinceramente, es la única explicación que concibo por haber decidido hacerme este inmerecido homenaje.

Un aspecto de la concurrencia en la que vemos al Consejero de la Embajada Mario Puga, Encargado de Negocios ad interim desde que se marchó el embajador Eduardo Ibarrola y hasta que arribe, el el próximo lunes el embajador, Carlos Tirado Zavala, a quien desde ahora le doy la más cordial bienvenida y le deseo mucho éxito en su gestión. Siguen la ex Embajadora de Guatemala en México y actual Viceministra de Relaciones Exteriores, señora Rita Claveríe, el periodista Mauricio Barrera, el ingeniero José Ángel Lee, ex Regente de la Ciudad de Guatemala; y atrás el ingeniero, empresario, periodista y admirado escritor Francisco Pérez de Antón, seguido por el licenciado Alejandro Maldonado Aguirre, también ex embajador en México y actual Magistrado de la Corte de Constitucionalidad, el licenciado Eduardo Palomo Escobar y el empresario Christopher Dent. Atrás de ellos estaban sentados mis queridos amigos el embajador Edmond Mulet, subsecretario de las Naciones Unidas para las Misiones de Paz, quien está de visita en nuestro país, como suele hacerlo todos los años, el empresario Ernesto («Neto») Villa Alfonso y el licenciado Danilo Parrinello.

Otro aspecto de la mesa que presidió el acto y la primera fila de la concurrencia, entre la que destacan el famoso pintor y escultor guatemalteco Manolo Gallardo y Rodrigo Carrillo Waelti acompañado de su esposa y sus hijos menores.

Otro aspecto de la numerosa concurrencia

Otro aspecto más de la numerosa concurrencia.

Para agradecer tanto el homenaje de la Fundación Mario Monteforte Toledo como la asistencia del numeroso público, comencé leyendo estas palabras: señoras y señorescomienzo por agradecer profundamente a la Fundación Mario Monteforte Toledo, en general, y a mi querido amigo José «Pepo» Toledo Ordóñez en particular porque comprendo que de su generosa amistad proviene que se me otorgue este año la Orden que lleva el nombre del periodista y prolífico escritor. Asimismo, agradezco a ustedes su presencia porque estoy seguro de que se hayan tomado la molestia de asistir significa que me distinguen con su amistad.

Reitero que no soy merecedor de la Órden Mario Monteforte Toledo ni, mucho menos, de la enorme cantidad de palabras elogiosas que han expresado sobre mi las personas que me han antecedido en el uso de la palabra, particularmente mi querido amigo el admirado periodista y escritor José Luis Perdomo, cuyas palabras solamente las justifica su amistad que tanto me honra.

Siempre he creído y he expresado que los periodistas no deben recibir premios, preseas o reconocimientos por hacer lo que les gusta hacer, por satisfacer lo que ha sido su vocación. Porque creo que el mejor premio es el que se lleva en la conciencia de semtir la satisfacción de saber que se ha tratado de hacerlo de la mejor manera que ha sido posible de acuerdo a sus posibilidades intelectuales y físicas.

En mi caso personal, creo que se ha cumplido el mito que un niño se envenena las venas con el olor de la tinta de imprenta, porque yo acompañé a mi papá muchas veces a las imprentas en las que te le imprimían un semanario que tuvo durante sus últimos años de vida, y desde entonces me he venido dedicando al periodismo. No se si para bien o para mal, pero a pesar de que me ha causado tantos problemas y frustraciones, me ha dado muchísimas satisfacciones, al extremo que si se me preguntara qué me gustaría hacer si volviera a vivir contestaría que periodista.

Para no correr el riego de aburrirles con un largo discurso sobre lo que ha sido mi vida periodística, porque podría ser como una de esas larguísimas telenovelas que llamamos culebrones, he decidido ir proyectando muchas fotografías de interesantes aspectos de mi paso por la vida, como si fuese un Odiseo de regreso a Ïtaca. Espero que no voy a fastidiarles. (Fin del discurso leído)

Acto seguido se comenzaron a proyetar fotos de mi largo trayecto por la vida de de casi 84 años, las cuales yo fui explicando lo más detalladamente que me fue posible procurando no aburrir a la concurrencia. Comencé diciendo, de manera improvisada, que en Guatemala no se puede vivir del periodismo, pero sí se puede morir por ser periodista y expresar con sinceridad y franqueza lo que se siente y se piensa. Agregué que en Guatemala lo más peligroso que hay es destacar en cualquier terreno, pero con mayor razón por expresarse con libertad y franqueza. Les conté que un día me dijo en Buenos Aires mi inolvidable amigo Miguel Ángel Asturias: «Andate de Guatemala vos Palmis, porque estás destacando demasiado y allá eso es muy peligroso». Y relaté algunos de los dolorosos incidentes en los que las policías secretas de los numerosos gobiernos totalitarios que se han sucedido me persiguieron, me encarcelaron, me torturaron y me expulsaron del país. Y cómo en una oportunidad después de encarcelarme y torturarme me fueron a dejar al río Suchiate sin dinero y sin documentos y tuve que solicitar asilo político a México. Y otra vez, luego de encarcelarme me fueron a tirar al río Paz, en la frontera de El Salvador, donde compartí varios meses de exilio con los inmortales poetas Roque Dalton García, genial salvadoreño asesinado por la guerrilla comunista de su país, y Otto René Castillo, genial guatemalteco autor del poema que dice en una de sus partes «Vamos patria a caminar, yo te acompaño», asesinado por la represión de la extrema derecha de nuestra patria. (Continuará)

Twitter: @jorgepalmieri