PRIMERA MISCELÁNEA DEL 2012

1) A sólo 11 días del cambio de gobierno, esta mañana fue entrevistado el aún Presidente Constitucional de la República, ingeniero Álvaro Colom Caballeros, en el programa titulado «A primera hora», de la cadena de Emisoras Unidas, y cuando le preguntaron en qué posición califica su gobierno de 1 a 10, él respondió que «un poco más de 8». ¡Qué cinismo! Ya lo había dicho antes en su programa de radio semanal habitual por la radio oficial TGW titulado «Despacho Presidencial», por lo que creo que es probable que él realmente lo crea. ¡Será el único que lo crea! Sin embargo, es otra, mucho más baja de 8, por cierto, la calificación que le otorga el pueblo y, desde luego, la que arroja el resultado del mismo a juzgar por todo lo acontecido durante ese período y por la enorme deuda que nos deja. No digo que éste haya sido el peor de los gobiernos que hemos tenido en Guatemala en el transcurso de los últimos años, como bien lo dijo recientemente el periodista Juan Luis Font, en una de sus habituales columnas en elPeriódico, porque el peor para mí no fue el del controvertido ex presidente Alfonso Portillo Cabrera, sino fue, indudablemente, el nefasto régimen del abogado Óscar Berger Perdomo y Eduardo Stein Barillas. Mismo que, además, fue también uno de los más corruptos que hemos tenido en la historia reciente. No me explico por qué no le han «escarvado» un poco los «negocitos» ($$$$) de sus hijos y de su yerno. Lo de la construcción de la Terminal Aérea La Aurora no tiene madre! Cuando llueve le caen goteras, todavía no funciona el aire acondicionado y hasta la fecha no hay un lugar apropiado (por lo menos decente) para que las personas reciban a los viajeros que llegan. En otra entrevista anterior le preguntaron a Colom por qué motivo cree que será más recordado y él respondió «por mi sencillez», y en eso es probable que tenga cierto grado de razón. Pero el tono de su voz y sus respuestas pusieron de manifiesto lo que verdaderamente es: ¡un pobre diablo sin categoría que en mala hora llegó a ocupar la Presidencia de la República! No se le podrá acusar de haber sido un mandatario arrogante o engreído, es verdad, pero ha sido ridícula la excesiva protección que ha tenido, con una cantidad de vehículos en su caravana y de guardaespaldas hasta cuando está en el Palacio Nacional o en la Casa Presidencial –¡Qué ridículo!– las cuales probablemente han sido de las más numerosas entre todos los presidentes del área. Sin contar con la absurda caravana de vehículos y el número de «guaruras» que ha acompañado a quien fuera su esposa, la señora Sandra Torres Casanova, a quien Colom calificó justicieramente como «una de sus mejores ejecutivas». ¡No cabe duda de que así fue! De hecho fue la principal ejecutiva de su gobierno y manejó millones de quetzales en sus programas, aunque nunca fue funcionaria pública. Ella era la máxima autoridad del país. En otras palabras, la mandamás. Y va a ser la razón por la cual será recordado su período presidencial. En lugar de decir que por su sencillez dijera que por ser un mandilón que no tuvo el carácter para moderar el comportamiento predominante, intolerante y autoritario de su esposa. Y por la absurda insistencia de ella –que él apadrinó– en tratar de ser candidata a la Presidencia de la República a pesar de la prohibición Constitucional contenida en el inciso c) del artículo 186 de la Carta Magna. Dicho de otra manera, lo que más perjudicó al gobierno de Álvaro Colom fue que desde que se celebró la primera Junta de Gabinete su llamada «primera dama» tomó parte y, como si el gobierno fuese bicéfalo y ella fuese co-presidenta, se permitía el abuso de discutir y hasta regañar a algunos de los ministros de Estado. Por lo menos a algunos de los ministros que lo soportaron, porque hubo alguno que no lo soportó y protestó, y otro que prefirió renunciar a tener que soportar sus impertinentes intromisiones. Sin embargo, adoptó «por sus pistolas» muchas de las funciones que constitucionalmente le correspondían al pobre Vicepresidente de las República, doctor Rafael Espada. ¡Qué diferencia con la discreta y encantadora «primera dama» anterior, Wendy Widmann de Berger!

2) A propósito del tradicional tratamiento de «primera dama» a la esposa del presidente de la República en turno, felicito a la profesora Rosa Leal de Pérez Molina por haber declarado en varias oportunidades en diferentes medios de conque ella no quiere ser llamada «primera dama» sino desea que se la llame simplemente «esposa del presidente de la República –¡como debe ser!– porque no cree que sea justo que se la llame «primera dama» sobre todas las otras damas del país.  No obstante lo cual, ya su propia hija se refirió a ella como «primera dama». Como que ella todavía no se ha enterado de lo que ha declarado su mamá, pero ésta aún está a tiempo de corregirla. Por lo demás, hay razones para creer que esta señora sí hará un buen papel como esposa del presidente de la República en turno.

3) Les confieso que a mí en lo personal me ha dado muchísimo gusto que el general retirado Otto Pérez Molina, presidente electo de la República, haya declarado a los periodistas que durante su gestión ya no se va a tocar «El rey quiché» como honores presidenciales –como lo ha hecho Álvaro Colom–, sino se va a volver a emplear «La Granadera» como se hizo durante muchos años durante los gobiernos pasados. Pero el responsable de que se dejara de tocar fue el tristemente recordado ex presidente Óscar Berger Perdomo. Y explicó que los honores no son para la persona, sino para el cargo que desempeña como Jefe del Poder Ejecutivo y representante de la unidad nacional, un honor como el que se rinde al lábaro patrio. Esta noticia no me agrada porque me parece como volver al tiempo del «chafarotismo», lo cual no es positivo para el país, ni mucho menos es del agrado de quienes tuvimos que soportar la actitud imperial de algunos de los gobernantes militares que en cuanto les tocaban «La Granadera» se sentían emperadores.Pero en la mayoría de los países civilizados –y con más razón si son gobiernos democráticos– a los presidentes no les tienen que recibir con algún honor musical, sino que sencillamente ellos se presentan y con eso basta. En todo caso, lo que hacen es que envían a los «adelantados» a anunciar su llegada para que estén preparados para recibirle. Pero yo nunca he oído que a los presidentes de México, o de Chile o de Argentina o de Colombia les toquen alguna marcha cuando llegan a algún lugar. Tampoco a los dictadores comunistas cubanos Fidel y Raúl Castro. ¡Ni siquiera al vanidoso dictadorzuelo venezolano Hugo Chávez lo reciben con honores! En los Estados Unidos de América nunca le tocan honores al Presidente de la Unión, salvo en los actos estrictamente militares en los que, por su calidad de comandante en jefe, le tocan «Hail al líder». A mí me gusta escuchar «La Granadera» (que realmente es el himno Centroamericano), pero no cuando se lo tocan al paso de un presidente de la República. Pero si tanto es el gusto del general Pérez Molina de que se la toquen, que lo hagan exclusivamente en los actos militares. Sin embargo, en el último tradicional almuerzo de la «Cofradía de los Viernes» lo consulté con todos los cofrades asistentes y todos –todos sin excepción– expresaron que a ellos sí les parece bien que se vuelva a tocar «La Granadera», pero sobre todo que ya no se toque «El rey quiché». A lo mejor yo estoy equivocado en mi opinión. No sería la primera vez y si Dios me da vida para seguir escribiendo probablemente tampoco será la última.

4) No crean que realmente el «fin del mundo» será el 21 de diciembre del año en curso, como lo pronosticaron o predijeron los astrólogos mayas. Pero tampoco debemos olvidar que históricamente ellos «desaparecieron» sin que se haya sabido a dónde o por qué. Así que tampoco hay que dejar de creerlo. ¡Más nos vale que comencemos a ponernos en bien con Dios y con nuestros semejantes!

5) Mis calurosas felicitaciones a mi viejo amigo Luis Domingo Valladares Molina: la primera y más importante es que el 26 de diciembre del año pasado cumplió 102 años de vida –¡nada menos!– su respetable progenitora, la encantadora señotra María Molina de Valladares («Mariíta», como le llamamos todos los que la queremos), por lo que esa tarde de 18:00 a 20:00 horas ofrecieron un convivio familiar en la vieja casona de la 11 avenida y 9a. calle del Centro Histórico. Mis felicitaciones también para sus otros hijos y todos sus demás descendientes. El otro motivo es que el Ministerio de Relaciones Exteriores le otorgó la la Orden del Quetzal en el grado de Gran Cruz el lunes 19 de diciembre a las 19:00 horas en el Salón Guillermo Sáenz de Tejada Herrera de la Cancillería, «por su larga y excelente labor en pro del arte guatemalteco». Me disculpo por no haber posido asistir a ninguna de las dos invitaciones y le envío un cordial abrazo.

6) Me despido de ustedes por unos cuantos días (muy pocos) porque esta tarde volaré en Interjet a la Ciudad de México para participar en un reconocimiento que me honra y satisface mucho, del cual más adelante les contaré detalladamente. Pero espero que estaré de regreso antes del día del cambio del poder, o sea «el 14 a las 14», como solía decir el «desaparecido» ingeniero Leonel López Rodas, ex ministro de Energía y Minas, ex presidente del Congreso de la República, candidato presidencial del PAN. ¿Qué será de su vida? Aunque no me han invitado a asistir a esta ceremonia. A pesar de que hace algunos años creí que Roxana Baldetti era mi amiga. Pero así es la vida. ¡Ni modo! Ésta será la primera vez, en muchos años, que los nuevos gobernantes no me invitan a su investidura. Ojalá que todo les salga muy bien. Aunque no creo que el lugar más apropiado sea ese gimnasio o Domo donde lo van a hacer. Por ahora, les deseo que todos ustedes gocen de unos buenos días. ¡Hasta pronto, si Dios quiere!

Twitter @jorgepalmieri