CANDIDATOS PRESIDENCIALES (9)

Carátula de Prensa Libre del 22 de marzo, día en el que solicitaron el divorcio

El presidente Colom y su esposa podrán decir que fue parte de su vida privada ese beso público bajo la sombra del Palacio Nacional de la Cultura ante miles de personas acarreadas, pero si así fuere se habrían besado en privado, en la intimidad de su alcoba matrimonial, pero no en público. Un beso en en los ante tanta gente y a la sombra del Palacio Nacional, no tiene nada de privado. Puede explicárselos mejor que yo el muy bien pagado excelente consejero de publicidad venezolano Juan José Rendón, que supervisa la campaña publicitaria de Sandra Torres de Colom después de haber asesorado exitosamente a varios exitosos candidatos presidenciales, como los colombianos Álvaro Uribe Gómez y su sucesor Juan Manuel Santos y aún al actual presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez.

No hay tal «vida privada»

Uno de los atgumentos absurdos que está empleando el  ingeniero Álvaro Colom Caballeros, Presidente Constitucional de la República, para tratar (en vano) de impedir que se continúe hablando del «divorcio voluntario» que ha solicitado su esposa, señora Sandra Torres Casanova de Colom, con el evidente objetivo de evadir o «jugarle la vuelta» a la prohibición constitucional que contiene el Artículo 186 de nuestra Constitución Política para que pueda optar a la candidatura presidencial, es que es un acto de su vida privada y nadie tiene derecho a inmiscuirse en ella. Otro argumento es que quienes están haciendo todo el escándalo son «los mismos» que trataron de derrocarle cuando «el caso Rosenberg». ¿A qué se refiere? ¿Qué tiene que ver el asesinato o suicidio del abogado Rodrigo Rosenberg Marzano con este caso? ¿Quiénes son los supuestos implicados en un complot para impedir que Sandra Torres Casanova de Colom pueda ser inscrita como candidata a la Presidencia de la República… y después probable sucesora de su marido? ¿Es verdad que hay un «complot» contra ella o son más de sus usuales mentiras?

Evidentemente, el mandatario de Guatemala no comprende que su divorcio no es un acto común y corriente de su vida privada, y solamente lo sería si, para comenzar, él no fuese el Presidente de la República y su esposa no fuese la llamada «primera dama del país», debido a esa circunstancia. El periodista mexicano Joaquín López Dóriga se lo dijo en la entrevista que le hizo en su noticiario de Televisa. Pero, además, si no fuese obvio que el divorcio entre ellos es una taimada simulación que podría ser calificado de con el propósito de evadir la prohibición constitucional contenida en el inciso c) del Artículo 186 de nuestra Carta Magna para ser inscrita como candidata del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) para desempeñar la primera magistratura de la Nación. Y esto puede ser catalogado como «fraude de ley». Por lo que -aunque él diga lo que quiera- su divorcio no es precisamente un simple hecho de su vida privada, porque podría acarrear serias consecuencias políticas en nuestro país. Como, evidentemente, no lo fue tampoco privado el teatral beso en los labios que se dieron el 21 de marzo, o sea diez días después de que ella presentó la solicitud de «divorcio voluntario«, sobre una tarima construída frente a la Plaza de la Constitución y en las gradas del Palacio Nacional de la Cultura, parados frente a miles de guatemaltecos traídos por el partido UNE y por el gobierno indudablemente con fondos del Estado. Con los años que han vivido y la larga experiencia política que tienen, ya deberían saber que las personas que se dedican a la vida pública no tienen derecho a tener vida privada. Con más razón cuando se trata del presidente de cualquier país del mundo y la llamada «primera dama». Además, esa evidente simulación de divorcio para evadir lo que estipula la Constitución constituye un delito. No el divorcio en sí, porque ese sí es un acto de carácter privado, pero sí la razón por la cual solicitan el divorcio, que es burlar la prohibición contenida en el artículo 186 de la Constitución de la República. Y otro delito flagrante es amenazar públicamente con que va a dar a conocer hechos de la vida familiar de otras personas que, según sus propias palabras,¨ven la paja en el ojo ajeno y no ven la gran viga que tienen en los de ellos». ¿A quiénes se refiere? Por otro lado, esas amenazas son indignas de un estadista.

Por ejemplo, el 17 de enero de 1998, una página de Internet dedicada a noticias, el «Drudge Report«, recogía cómo el prestigioso semanario «Newsweek» había retirado una historia del periodista Mike Isikoffel, sobre la apasionada relación amorosa clandestina que sostenía  en la Oficina Oval de la Casa Blanca el 42 presidente de los Estados Unidos de América, William Jefferson («Bill» ) Clinton, con una joven becaria de 23 años de nombre Monica Lewinsky lo cual provocó un escándalo mundial sin precedentes y estuvo a punto de causarle su destitución del más alto cargo en el gobierno de la nación más poderosa del planeta. Al extremo que fue interpelado en el Senado y puso en grave peligro tanto su vida familiar como su vida política. Y por más que alguno de sus defensores alegó en vano que era un acto privado, estuvo a punto de ser echado de la Casa Blanca.

El Presidente William Clinton en compañía de la becaria Monica Lewinsky

Fue tan grande el escándalo que se armó que obligó al mandatario del país más poderoso del planeta a convocar a una conferencia de prensa -que fue cubierta por todas las cadenas de televisión- en la que dijo y repitió su tristemente célebre frase: «I did not have sexual relations with that woman!» que traducido al español quiere decir «¡Yo no tuve relaciones sexuales con esa mujer!» Pero después admitió que aunque no consumó propiamente el acto sexual (con penetración), sí observó con ella un comportamiento inmoral y se descubrió que ella se metía bajo su escritorio para practicar el sexo oral. Por más que trataron en vano de hacer creer al pueblo estadounidense y a los medios de comunicación que se trataba de un hecho en la vida privada del presidente Clinton y se armó el gran escándalo que, según la opinión de sus defensores no hay nada más privado que una mamada o chupada del pene, o sea un acto de sexo oral.

Monica Lewinsky, becaria de 23 años de edad, mostrando el tamaño de su histórica boca con la cual practicó el sexo oral al presidente Bill Clinton. Con lo que se hizo mundialmente famosa y ganó mucho dinero con sus entrevistas en los medios de comunicación y los libros que se publicaron. Pero no alegó que era su «vida privada» a pesar de que hay pocas cosas en la vida más privadas que un acto de sexo oral y lo hacía escondida bajo el escritorio presidencial en la famosa Oficina Oval de la Casa Blanca. Además, sus reiterados actos de sexo oral no comprometían el desarrollo de la vida de su país.

Y el presidente Clinton se vio obligado a pedir perdón públicamente a la «primera dama» Hillary Rodham Clinton y a su hija Chelsea. Por cierto que hay que reconocer que la actual Secretaria de Estado de ese país se comportó como una gran dama y no reaccionó como una airada mujer engañada (o cornuda), como muchas personas esperaban que lo hiciera. Pero gracias a su comportamiento tan ejemplar fue pre candidata a la Presidencia de EE.UU. por el partido Demócrata y ahora es nada menos que Secretaria de Estado.

Hillary Rodham Clinton no perdió la compostura en ningún momento, con lo cual demostró que en verdad merecía el calificativo de «primera dama». Sinceramente, me atrevo a decir que no creo que la señora Sandra Torres de Colom podría reaccionar en la misma forma en iguales circunstancias.